El presidente de la Sochimi, en entrevista con Capital TV, se refirió a la situación actual de las unidades de cuidados intensivos en el país. Reconoce que los pacientes críticos por Covid 19 han disminuido en la Región Metropolitana, pero asegura que aun no es tiempo de relajar las medidas sanitarias. Cree que, siendo positivos, a fines de julio la red sanitaria podría estar preparada para pensar en un desconfinamiento gradual. Además, advierte que el personal de la salud está cansado y llama a los chilenos a no bajar los brazos.

  • 17 julio, 2020

Tomás Regueira se ha convertido en uno de los comunicadores más importantes sobre la delicada realidad que viven las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en el país producto de la pandemia por el Covid 19. El médico de la Clínica Las Condes y presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi) conversó con Capital TV sobre la leve mejoría que ha experimentado la red sanitaria nacional en los últimos días, pero advierte que el sistema aun no está preparado para enfrentar el inevitable rebrote que se experimentará una vez que se depongan las cuarentenas.

Regueira reconoce que “estamos todos cansados con las medidas de protección que la autoridad ha puesto y que han sido muy necesarias y buenas para protegernos como ciudad, pero ya muchos se preguntan ¿hasta cuándo? y este “hasta cuándo” tiene muchas respuestas”. En esa línea, apunta a que uno de los factores relevantes en esta decisión es la salud publica que tiene que ver con cuántos pacientes se contagian diariamente y cuántos enfermos hay circulando en la calle, tema que tiene relación con la tasa de positividad. Pero otro aspecto crucial está relacionado con la capacidad médica para atender a los pacientes de buena forma y con calidad.

Al respecto el medico apunta: “Evidentemente cuando abramos la llave va a haber un poco o mucho rebote, no lo sabemos bien y es difícil de predecir porque Santiago es una ciudad con muchas realidades distintas. En este momento tenemos una capacidad aumentada en un 300%, o sea si atendíamos a 100 pacientes en unidades intensivas a comienzos de este año, ahora atendemos a 300 y eso significa que estamos tratando a los pacientes fuera de las unidades intensivas, estamos atendiendo en pabellones, en pediatría y en unidades que antes no eran UCI y eso significa que perdemos calidad y que tenemos el sistema estresado y a la gente trabajando muy cansada. Por eso nos parece como comunidad de salud que un 300% es mucho todavía como para decir que seríamos capaces de hacernos cargo de un rebrote”.

A pesar de esta advertencia, Regueira admite que hay una clara mejora y que los servicios de urgencia están mucho menos exigidos por Covid 19 en la actualidad, sobre todo en el área oriente de Santiago, aunque quedan lugares, como la zona norte, Maipú y la zona sur oriente que siguen muy requeridas todavía. Para ponerlo en perspectiva, el líder de los intensivistas lo explica así: “Si uno mira globalmente, llegamos a ventilar en la Región Metropolitana durante el peak de junio a 1800 personas, hoy estamos ventilando a 1400, o sea objetivamente ha bajado, pero no es parejo en todos los hospitales”. Por ello, asegura, la Sochimi le propuso al gobierno llegar a 1000 camas ventiladas -que es aproximadamente el doble de las 450 que tenían a comienzos del 2020- como un número razonable de ocupación para pensar en el desconfinamiento de Santiago.

¿Cuándo podría suceder eso? Regueira cree que ese número podría alcanzarse a fines de julio. “En tres semanas bajamos de 1800 a 1400 camas críticas y seguimos viendo un descenso progresivo de casos Covids, siendo positivos podemos pensar que en dos semanas, o sea a fines de julio, podríamos acercarnos a ese número”, dice.

Con todo, añade, hay dos problemas que aun no se pueden soslayar. El primero, explica, tiene relación con que el descenso no es parejo. Por ejemplo, el Sótero del Río, el Hospital de La Florida y el Hospital San José están llenos, sobre el 95% de ocupación todavía, mientras que la zona Oriente se ha vaciado más rápido. El otro problema, argumenta, es que se está observando durante los últimos días el ingreso progresivo de enfermos no Covid. Se trata de pacientes con traumas, otras infecciones, daños crónicos, pacientes que hasta hace pocos días no se veían. Esto se traduce en que el descenso en el uso de camas críticas que debiera ser mucho más pronunciado por la baja de casos Covid, finalmente no lo es tanto porque han llegado otros enfermos. “Por eso no es tan fácil hacer proyecciones sobre el descenso real en las unidades intensivas”, remata Regueira.

Con respecto al resto del país, el médico complementa que la realidad también es disímil: “Claramente la región que está más estresada en este momento es la de Antofagasta, ahí han hecho un trabajo increíble, les saco el sombrero a toda la gente de la Segunda Región, porque han crecido un montón, pasaron de 16 camas UCI a 70 camas UCI. En la ciudad de Antofagasta en particular, han absorbido gran parte del resto de los enfermos de las localidades más chicas y se han sacado la mugre”, revela.

Y prosigue: “Iquique también tuvo su peak, pero ya viene a la baja y Arica tuvo un rebrote como hemos escuchado. En tanto, La Araucanía está bastante llena porque recibió muchos pacientes de la Región Metropolitana, lo mismo en Rancagua que recibió muchos pacientes de Santiago, pero que ahora tiene un brote propio que es pequeño, pero lo suficientemente grande para estresar el sistema sanitario de la ciudad. Por otro lado, nos preocupa Ñuble que está con mucha positividad, pero la que todavía no se refleja en las camas”.

“Estamos cansados y asustados”

Tomás Regueira también se refirió al estado de ánimo en que se encuentra el personal de la salud chileno en estos tiempos de pandemia: “Ha sido largo. Estamos cansados y también asustados, porque la mayoría no vive solo, muchos viven con adultos mayores. Nuestra realidad social es que la gente no solo vive con su familia nuclear, sino que también muchas veces viven con sus abuelos, sus tíos, entonces hay mucho temor de los equipos de volver a sus casas. Hay un sentimiento de trabajo bien hecho, pero también hay mucha pena, piensa que la mortalidad es de un 20% promedio en UCI en Chile, pero hay centros con mortalidades más altas y no es fácil ver morir a un quinto o un cuarto de las personas que atiendes”.

Respecto de los tratamientos, el presidente de la Sochimi, aseguró que en rigor el Covid 19 no tiene tratamiento, pero que en la experiencia hospitalaria chilena son los corticoides los que han tenido mejores resultados. “Nos han servido para frenar un poco la infección e inflamación, para evitar entubaciones, para que la enfermedad sea más corta y menos agresiva. Ahora, advierte, estos no sirven para la prevención y los estudios demuestran que solo sirven en pacientes que desarrollaron neumonía”, explica. Sobre el antiviral Remdesivir, aseguró que existe un solo estudio que demuestra que acorta el tiempo de estadía hospitalaria cuando se toma muy precozmente, pero que no cambia la mortalidad y es tremendamente caro el tratamiento. De ahí que, por ahora, como sociedad de intensivos su recomendación a la autoridad sanitaria es que si hay plata para eso es mejor gastarla en hacer otras cosas, como la trazabilidad de los casos. E insiste, que por el momento y hasta que aparezca una vacuna, la indicación es seguir con lavado de manos permanente, el uso de mascarilla, toser tapándose con el codo y mantener distancia física de 1 metro o 1 metro y medio. “Tendremos que ser menos cariñosos, es triste, pero is the way it is”, indica.

Para finalizar, Regueira dijo que admira mucho a la gente que “ha hecho la pega de quedarse en la casa lo más que puede, que han coordinado las idas a los supermercados, que han respetado el distanciamiento, porque creo que reflejan un compromiso con el deber cívico que tenemos todos de ser solidarios unos con otros”. Al cierre comentó que hay una buena analogía con el montañismo que se puede usar en estos tiempos: “Cuando haces montañismo la mayoría de las muertes ocurren en las bajadas cuando hay un sentimiento de triunfo, un sentimiento de que ya llegué a la cumbre. En ese momento nos desenfocamos, nos desconcentramos. Los llamo a que hagamos bien la bajada, no caigamos, aguantemos un poco más con toda la realidad que eso significa y vamos a salir de ésta, tenemos que llegar a un número suficiente que sea seguro para todos. ¡Así es que vamos que se puede!”.