• 13 septiembre, 2018

The Global Commission on the Economy and Climate se creó en 2013 para examinar cómo la comunidad internacional podría lograr sus objetivos de desarrollo dentro de las limitaciones impuestas por el cambio climático. Es una organización “Davos-friendly” de exautoridades de gobierno junto a expertos en economía y negocios (como el ex ministro británico Nicholas Stern), financiada por un conjunto de siete gobiernos (sin incluir a EE.UU.), y que opera de manera independiente a ellos.

Su proyecto estrella, la New Climate Economy, ha generado tres grandes informes que, a diferencia del IPCC, propone resultados en forma rápida, utilizando datos de beneficios y costos actualizados. La semana pasada entregaron su cuarto informe, el cual presenta una visión de urgencia y oportunidades que se resumen como sigue (los costos del cambio climático aumentan día a día, mientras las soluciones se encuentran disponibles cada vez a menor precio): 

El tiempo se está agotando: si la humanidad no genera una trayectoria sostenible para 2030 (recordemos que el Acuerdo de París establece compromisos menores a lo requerido), será imposible limitar el calentamiento global a 2ºC, lo que abre el espacio para el escenario de daños extremos derivados del cambio climático. 

La clave está en la infraestructura: el mundo en desarrollo necesita un enorme flujo de inversiones para nueva infraestructura, mientras el mundo desarrollado tiene a gran parte de su infraestructura disponible cerca del final de su vida útil. Eso significa que el planeta está al borde de un enorme auge de la infraestructura que determinará los resultados de emisiones durante los próximos 50 a 100 años. Se espera que se inviertan US$ 90 billones (millones de millones) en infraestructura hasta 2030, lo que representa más que todo el stock existente en la actualidad, y gran parte de esta inversión se materializará en los próximos 12 años.

La sustentabilidad es costo-efectiva: en las cinco áreas examinadas –energía, ciudades, alimentos/uso de la tierra, agua e industria/innovación/transporte– el cambio a tecnologías y técnicas sostenibles ahorraría billones de dólares hasta 2030 por mayor productividad, innovación y reducción de los costos de salud.

Equidad: los impactos del cambio climático y de la transición hacia la sostenibilidad se concentrarán tanto en países como en ciudades y comunidades, por lo que cada decisión sobre políticas públicas e infraestructura debe tomarse teniendo en cuenta no solo consideraciones de eficiencia, sino también de equidad.

“Patchy”: la lucha contra el cambio climático muestra progresos en muchas áreas, especialmente en energía, pero es un mosaico, inconsistente e insuficiente, para lograr objetivos compartidos a largo plazo.

Carbon pricing: las políticas públicas deben incorporar precios para el carbono (que internalicen los costos del cambio climático), reducir los subsidios a los combustibles fósiles (y otras políticas que impiden la sostenibilidad), invertir en infraestructura sostenible, aprovechar el potencial y flexibilidad del sector privado y proteger a las comunidades vulnerables (avanzando en las prácticas de adaptación).

En sus más de 200 páginas, el informe cuantifica los beneficios de la sostenibilidad sobre el statu quo, y donde más se destaca este balance de costo y beneficio es a nivel de ciudades, donde un diseño orgánico, inteligente y adaptado al cambio climático generará urbes más compactas, conectadas y coordinadas, creando valor económico por hasta US$ 17 billones (millones de millones) a 2050, estimulando el crecimiento económico al mejorar el acceso a empleos y vivienda. Ciudades sustentables pueden fortalecer la resiliencia a los riesgos climáticos y podrían ofrecer ahorros por hasta 3,7 GtonCO2 anuales en los próximos 15 años, es decir, una cifra equivalente a las emisiones totales de la Unión Europea (UE) en la actualidad.