Esta semana la Patagonia se teñirá de rojo. Veintidós ciclistas vestirán trajes de ese tono para recorrer 1.000 kilómetros por los paisajes más extremos del sur de Chile, con el propósito de recaudar fondos para la investigación y tratamiento del cáncer de sangre. Se llaman fireflies (luciérnagas) Patagonia y la idea se exportó desde los alpes franceses, donde un grupo de reconocidos directores y Productores ingleses, entre ellos, Ridley Scott, El autor de gladiador, encabezó una hazaña similar Para solidarizar con familiares de pacientes que sufrían esta enfermedad.
Fotos: Fireflies Patagonia

  • 13 marzo, 2020

El cáncer de Jordan, la hija del director inglés Ridley Scott, iluminó a dos chilenos a crear una carrera en beneficio de esa enfermedad, causante de más de 9 millones de muertes en el mundo al año. La historia se remonta a mayo del 2001. Entonces, y como todos los años, el autor británico que estuvo detrás de las películas Gladiador, Alien y Blade Runner, se preparaba para asistir al Festival de Cannes. Parecía ser un encuentro más con los capos del cine mundial. Pero no lo fue.
Al ver cómo sufría su hija, quien padecía leucemia, se propuso solidarizar con ella y experimentar de alguna manera el desgaste físico que ella atravesaba. No quiso hacerlo solo. Entusiasmó a un grupo de conocidos, entre ellos productores, directores y fotógrafos del cine, a llegar a esa ciudad de la costa francesa a través de un esforzado viaje en bicicleta por la ruta de los Alpes, uno de los itinerarios de ciclistas más desafiantes de Europa que conecta a Ginebra con la Ribera Francesa.
Aceptaron el desafío. Quienes conocen la historia cuentan que una noche, en pleno circuito, se perdieron y, sin el equipo ad hoc ni la tecnología requerida, la luz de unas luciérnagas los guiaron en el camino. Siguiendo la mística de la experiencia bautizaron su hazaña con el nombre de los insectos, Fireflies, y la siguieron repitiendo todos los años. Hoy, es una de las obras de beneficencia que más recauda recursos para el cáncer: más de 2 mil millones de pesos.
Esto llegó a oídos chilenos 13 años después.
Fue durante una filmación en 2014 para Mercedes-Benz cuando los socios de la productora chilena La Casa Films –Polo Luisetti y el canadiense radica- do en Frutillar, Axel Brinck– conoció a Ridley Scott. Cuentan que quedaron impresionados con la historia y la iniciativa. Y, tras hacer el recorrido en cuatro oportunidades junto a los Fireflies, le propusieron a Scott exportar el ride benéfico a la Patagonia. “Déjanos presentarte la idea,” le dijo Polo Luisetti al británico.

En pocos meses los chilenos –con ayuda del ex- perto en mountainbike, Canuto Errázuriz– hicieron el scouting de la ruta y la fotografiaron completa. “La ruta patagónica tenía componentes muy distintos a la euro- pea. La mayor parte de la pista es sobre grava y tierra volcánica con muy poca pista pavimentada y se recorren pampas, glaciares, volcanes activos y una naturaleza su- mamente salvaje con cerros, mar y grandes extensiones de agua dulce,” agrega el director de La Casa Films.
Con la tarea hecha, volvieron a la casa del director en Londres y después de la presentarle la idea, él respondió: “¡Háganlo!”. “El problema –les dijo Scott– es que nunca nadie más va a querer venir a los Alpes”. El único compromiso era que todo lo recaudado en las inscrip- ciones debería ir la fundación Bloodwise –dedicada al estudio y desarrollo de la cura contra la leucemia– que forma parte del hospital londinense de Hammersmith y que dirige la mujer de Scott, Sandy Watson.

La “no” carrera

En 2015 fundaron Fireflies Patagonia.
No se trata de una carrera. No hay premios ni pri- meros lugares. Esta es una campaña que se realiza en un lugar extremo para solidarizar por los que padecen cáncer. Ninguno de los participantes sabe lo que les deparará el día siguiente, transformándose así en un viaje que tiene mucho más de épico que de aventura.
El primer año se inscribieron 10 ciclistas, todos extranjeros: cinco ingleses, dos estadounidenses, un francés, un mexicano y una neozelandesa.

Esa primera hazaña partió en Malalcahuello –reserva nacional de montaña en la Región de la Araucanía– y terminó en Tagua Tagua –reserva ubicada en el valle del río Puelo–, para luego tomar un avión desde Puerto Montt a Santiago y rematar con un ascenso de 3.250 metros de altura por la Ruta G-21 que culminó en Valle Nevado.
Por estos días se lleva a cabo la cuarta versión.
La tarde anterior a la partida, los 22 ciclistas que este año participarán del ride se reunirán en una de las mesas del comedor del Lodge Tagua Tagua, en el lago Puelo, lugar donde alojarán la primera noche.
En una ceremonia se les entregará la preciada tricota roja distintiva de los Fireflies. En los costados de la camiseta aparecerán grabados todos los nombres de los pacientes con cáncer que los ciclistas honrarán en esta oportunidad. “Lo que motiva es llevar en tu pecho los nombres de tu mamá, de tu suegra, y el de todos los familiares y amigos del equipo. Uno no co- rre por una sola persona, corre por todos y eso afiata al equipo de manera increíble”, comenta Axel Brinck.
Por primera vez cinco mujeres –todas chilenas, entre 55 y 25 años– serán parte de esta aventura. Entre ellas están Dominique Lavanchy e Isidora Solari, fundadoras de la organización ciclística “Las reinas del pedal”.
El discurso inaugural no dará mayores detalles de la ruta, solo los lugares de destino y los lodges, hoteles y campamentos donde alojarán. Se les pide tener respeto por la naturaleza y por las comunidades locales por la que pasarán, comprometiéndose a reducir la velocidad en lugares poblados. Las salidas serán a las seis de la mañana y el promedio del recorrido diario fluctúa entre 8 y 16 horas según las capacidades de cada uno.

“La idea es que experimenten tal cual la enferme- dad, como una incertidumbre muy dura”, comenta Brinck. También les explicarán que como no es una competencia, el que llega primero tiene la obligación de devolverse a motivar y acompañar al que va último. Ese es el espíritu de este ride. También les presentarán al equipo que los acompañará en ocho camionetas cargadas de repuestos, teléfonos satelitales y lo necesario para la extrema aventura. El staff de apoyo de 20 personas, compuesto por doctores, cocineros, asistentes técnicos y un equipo de rescate extremo a cargo de Outdoor Rescue Team, tendrá la tarea de asistirlos en todo momento. Además, un equipo de producción cinematográfica y de fotografía inglés los grabará en todo momento para un documental de Movistar, el sponsor principal.
Todo este aparataje y el costo operacional que implica cada ciclista –más de 3 millones por persona– explican la razón del reducido número de participan- tes. El clima se transforma en la principal amenaza, ya que, según sus lugareños, es posible experimentar las cuatro estaciones en un solo día. “Debemos tener las condiciones y la capacidad de evacuar de forma segura y expedita a todo el grupo en caso de que se nos ponga a nevar por días, se nos corte un camino o se nos cierre un paso fronterizo a Argentina”, comenta Luisetti.
Las exigencias de la carrera obligan a sus organizadores a realizar una selección muy exhaustiva y para ello, Canuto Errázuriz y Felipe Laso –fundador de la consultora de comunicación estratégica B&W–, ambos directores de FF, contribuyeron con su expertise. De los más de 450 postulantes, solo 22 fueron elegidos. Estos no deben ser expertos ciclistas, pero necesitan tener las habilidades básicas para reparar bicicletas y los mínimos conocimientos de sobrevivencia extrema.
Cristóbal Mardini, uno de los participantes de la versión 2019, vuelve a enfrentar este año el desafío en honor a su madre. En el total del recorrido pasado quemó 25.000 calorías. Por lo mismo, la alimentación –pastas y corderos patagónicos, por lo general– juega un rol esencial.

Donación al Calvo Mackenna

Fundada en sus orígenes como una agrupación sin fines de lucro y con el compromiso inicial de donar lo recaudado a Bloodwise en Inglaterra, a partir de la tercera versión los organizadores empezaron a donar parte de lo obtenido a la fundación chilena Vivir + Feliz –que busca mejorar la calidad de vida de los niños que tienen cáncer–, a través de sus Cen- tros Oncopediátricos Integrales (TROI) en el hospital Calvo Mackenna en Santiago y en el que se está construyendo en Temuco, ciudad que tiene la tasa de cáncer infantil más alta de Chile: 12 por 100 mil niños menores de 15 años, siendo las leucemias el cáncer que más afecta (35%).

Considerada por la revista RedBull como unos de los rides sociales más duros y logísticamente más complejos y costo- sos del mundo, el valor de la inscripción es de 3.800 dólares por persona (unos 3 millones pesos chilenos). Eso cubre el alojamiento en los mejores lodges y hoteles de la Patagonia, como el Lodge Nevados de Antillanca, Teski Lodge y Hotel Valle Nevado, entre otros, y al equipo que acompaña a los ciclistas. Como funciona como un fundraising, cada participante debe comprometer- se, además, a hacer una donación de 2.500 dólares, que van directamente a Bloodwise a través de un enlace en el momento de la inscripción. El aporte a los TROI chilenos se obtiene directa- mente de los sponsors. Los auspiciadores también becan a algunos de los ciclistas que no pueden pagar la totalidad de los costos, y puntualmente este año beneficiarán a un ciclista que sufrió la quema total de su casa durante el estallido social.
El grupo de participantes se ha preparado dura- mente. Se ejercitan pedaleando al menos 170 kilómetros diarios, los 3.500 metros de ascensión a Valle Nevado y manteniendo una alimentación balanceada y cargada en proteínas. Para esto, Anglo American –uno de los auspiciadores– los ha apoyado con una campa- ña para crear conciencia y seguridad en los ciclistas en la ruta. Además, será uno de los anfitriones del gran evento de cierre el día 15 de marzo, cuando los 22 ciclistas lleguen a Santiago y hagan el último esfuerzo y suban a Farellones. “Ese momento es espectacular. Se repleta de miles de ciclistas que usualmente recorren la vía y nos aplauden y alientan”, comenta Luisetti, quien ha realizado seis veces el tour de los Alpes comandado por Scott y cuatro el organizado en la Patagonia. Todos esperan ver llegar a las luciérnagas rojas, que dejan en la pista sus últimas reservas para salvar la vida de otros.