En medio de la Patagonia argentina, el biólogo Pablo García Borboroglu muestra orgulloso cómo ha crecido una importante colonia de pingüinos de Magallanes gracias a un meticuloso trabajo de conservación. Su labor, que se extiende a Chile y Nueva Zelanda, lo ha hecho sumar premios y reconocimientos.

  • 23 enero, 2020

Un pingüino se asoma tímidamente entre unos matorrales bajos e inmediatamente un grupo de humanos reacciona apuntando sus teléfonos y cámaras de fotos. “Tranquilos, ya vamos a ver muchos más”, dice el ornitólogo argentino Pablo García Borboroglu (50) a quienes lo siguen rumbo a la playa El Pedral, a 70 kilómetros de Puerto Madryn, donde habita una colonia de más de 2.000 pingüinos de Magallanes. Es el fundador y presidente de la ONG conservacionista Global Penguin Society. Sus acompañantes son un grupo de periodistas invitados por Rolex para conocer la labor que lo convirtió en uno de los laureados adjuntos de la marca suiza en los Premios Rolex a la Iniciativa 2019. La promesa se cumple y a los costados del camino se comienzan a ver cientos de pingüinos, muchos de ellos anidando, otros desplazándose hacia el mar en busca de alimento y algunos pasando el rato en grupos. En 2008 seis parejas de pingüinos llegaron hasta esta zona, entonces la presencia humana; pescadores y veraneantes haciendo fogatas, deportes acuáticos y contaminando el entorno, además de los predadores naturales, constituían una clara amenaza para su supervivencia. Gracias al trabajo de conservación de García Borboroglu, junto a su mujer Laura Reyes, doctora en bióloga, en poco más de una década este lugar se ha transformado en un verdadero santuario. Al principio, los habitantes locales no vieron la instancia con buenos ojos porque la conservación trae consigo una serie de restricciones, pero finalmente el proyecto de ecoturismo ganó terreno.

El ave estrella

Oriundo de la provincia patagónica de Chubut, a Pablo todos lo conocen como Popi. El apodo que su madre le dio de niño prevalece hasta hoy como su principal identidad. De su abuela, cuenta, heredó el interés por la naturaleza, pero aclara: “Yo no soy de esos biólogos que toda su vida creció persiguiendo mariposas”. De hecho estudió leyes dos años, lo cual agradece porque esos conocimientos se han convertido en parte de sus actuales herramientas de trabajo. Sus funciones no son solo catastrar, medir y monitorear a estas aves marinas. También incluyen trabajar directamente con legislación y política. “Yo presento un caso legal para los pingüinos y tengo que argumentar con datos y convencer a distintos actores sociales de que su conservación es importante para el planeta”, afirma el biólogo e investigador que el 2018 ganó el premio Whitley Gold Award, conocido como el “Oscar Verde”.

Existen 18 especies de pingüinos en el planeta, que suman unos 22 millones de individuos, y más de la mitad de ellos están actualmente en peligro de extinción. Borboroglu, que además es investigador de CONICET, lleva trabajando durante más de 30 años para entender y salvar a estas aves. Su trabajo ha beneficiado a 1,6 millones de pingüinos, ayudando a proteger casi 13 millones de hectáreas de hábitat e involucrando a miles de niños en actividades educativas. Global Penguin Society se ocupa de tres especies: los pingüinos de Magallanes, los pingüinos rey y los pingüinos de Fiordland, en Argentina, Chile y Nueva Zelanda. En estos tres países tienen centro de operaciones y al investigador le toca viajar para monitorear las distintas colonias y su desarrollo.

Es un dato concreto que los pingüinos son animales populares, por su aspecto simpático y su gracioso andar. Popi explica que aprovechando su carisma natural se puede proteger a otras especies menos encantadoras, que van desde arbustos hasta gusanos marinos. “Un ejemplo claro es la Reserva de Biosfera de Unesco que creamos, ahí terminamos protegiendo tres millones 100 mil hectáreas, calcula que es como el tamaño de Bélgica. El pingüino como cara visible logra sensibilizar a los políticos y a las comunidades. Aquí se beneficia a otras casi 800 especies y a pastizales únicos en Sudamérica”, dice el experto. Ejemplifica: “Cuando yo muestro en una charla: ‘Este pingüino lo encontramos sofocado con una botella plástica en el cuello’, la gente dice: ‘¡Pudo ser mi botella!’. Las personas se conectan, se emocionan y se sienten directamente interpeladas”.

Aprender a cuidar

Una de las maneras más efectivas para preservar a los pingüinos en particular, y al medioambiente en general, sostiene Borboroglu, es la educación primaria. Por eso GPS concentra ahí uno de sus principales focos de acción. “Estamos mejor que antes. Pero falta mucho más porque ya no alcanza el tiempo; hay cosas que necesitas resolver ayer. Cuando yo tenía 10 años nadie hablaba del medioambiente. Ahora los chicos saben un montón, están concientizados. Esto es un gran logro, y es un éxito porque es desde las comunidades que se ejerce presión”, cuenta García Borboroglu.

El 2019 fue un año de cosechar reconocimientos; además del premio Rolex, que otorga visibilidad y la suma de US$ 50.000 dólares destinados a la fundación, también recibieron un fondo otorgado por el Disney Conservation Fund para crear un “kit digital educativo de pingüinos”, en inglés y español. Como fundación implementan un programa de trabajo en las escuelas del sector que contempla visitas guiadas, jornadas de limpieza de playas y la publicación de un folleto educativo que se llama «Mensajeros del mar». Señalan que más de 6.000 estudiantes han visitado algunas de las colonias a cargo de la ONG.

Global Penguin Society mantiene alianzas con otras organizaciones como National Geographic que, afirma Popi, ha sido fundamental para aprender a comunicar de manera efectiva el mensaje de conservación medioambiental.

Cuando se trata de impulsar nuevas normativas también toca hacer lobby, reconoce el científico. “Las ventanas políticas son cortas y a veces esperas diez años a que los astros se alineen para lograr crear un área protegida”, dice medio en broma. Agrega sonriente: “Ahora todo se está alineando. Estamos en un año fantástico”.

-En este momento, ¿cuáles son las principales amenazas que tienen los pingüinos?

-El cambio climático y la polución marina. Antes era el petróleo y ahora es más el plástico. Y también están las pesqueras comerciales que, con su mecanismo de arrastre, no discriminan lo que cae en sus redes. Otro disturbio es que hay cada vez más humanos en el planeta y nuevos predadores. Esta combinación, en mayor o menor medida, hace que más de la mitad de la 18 especies de pingüino estén consideradas amenazadas. Un ejemplo claro es el pingüino africano, que antes tenía una población como el de Magallanes; más de un millón, y hoy solo tiene unas 20.000 mil parejas.

-¿Cuánto más podría crecer en esta colonia patagónica en los próximos 10 años?

-Es muy variable. Esta colonia creció, creció, creció, luego se estabilizó durante un tiempo y este año pegó un salto impresionante. No es tan predecible, pero existe una especie de expresión de deseo. Todo depende de la cantidad de alimento. Por lo menos ahora contamos con una protección formal, este era un lugar de recreación, pero en realidad se había convertido en zona de sacrificio. Un basural.

-¿Crear una zona de conservación requiere mucho esfuerzo?

-Sí, y a veces el conservacionista se enfrenta a intereses muy fuertes por parte de empresas o comunidades. Cada año, cientos de conservacionistas son amenazados y algunos asesinados, sobre todo en Centroamérica y África. A mí personalmente el trabajo de investigación y papers académicos no me bastó y me puse a pensar cómo lograr que la ciencia tenga más impacto.

El objetivo del investigador argentino se ha cumplido con creces. El trabajo de García Borboroglu y su equipo ha contribuido a proteger más de tres millones de hectáreas marinas y costeras y a preservar la existencia de casi dos millones de pingüinos, además de crear una red que hoy está presente en 19 países.


Un premio al futuro

Los Premios Rolex a la Iniciativa se entregan desde 1976 y se crearon para conmemorar el 50º aniversario del cronómetro Rolex Oyster, primer reloj hermético del mundo. En lugar de reconocer trayectorias -como tantos otros galardones-, este premio busca apoyar a quienes quieren transformar el futuro con proyectos innovadores. Se trata de iniciativas que protejan patrimonio cultural o ayuden a la conservación de hábitats y especies naturales. Los laureados de 2019 fueron João Campos-Silva, biólogo brasileño que busca preservar a un importante pez amazónico; Grégoire Courtine, investigador francés que está desarrollando un implante para tratar lesiones de médula espinal; Brian Gitta, ugandés que está implementando un exitoso tratamiento para la malaria; Krithi Karanth, conservacionista india que busca proteger la fauna de su país; y Miranda Wang, empresaria canadiense que está desarrollando una tecnología para transformar residuos plásticos en sustancias químicas industriales.