Por: Vivian Berdicheski Retrato: Verónica Ortíz Durante años, el arquitecto Felipe Assadi escribió una columna en un diario que de manera irónica y cruda criticaba las ciudades y en particular a nuestra capital, desde la pintura en la acera, los bancos en las plazas, el aeropuerto, hasta la construcción de la Costanera Norte. En 2012 […]

  • 12 noviembre, 2015

Por: Vivian Berdicheski
Retrato: Verónica Ortíz

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Durante años, el arquitecto Felipe Assadi escribió una columna en un diario que de manera irónica y cruda criticaba las ciudades y en particular a nuestra capital, desde la pintura en la acera, los bancos en las plazas, el aeropuerto, hasta la construcción de la Costanera Norte. En 2012 dejó de hacerlo y se concentró en los proyectos de su oficina, el decanato de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae y en terminar un magíster.

Hoy, dice que extraña escribir, que encuentra que hablar de ciudad es un ejercicio exquisito y lamenta que las universidades y colegios estén más preocupados de la posición en el ranking y el Simce, que en alumnos que sean capaces de reflexionar. “La crítica es buena”, dice.

Hace un mes lanzó Felipe Assadi, la primera monografía editada por Finis Terrae y Arquine, esta última la más prestigiosa editorial de arquitectura latinoamericana. En 280 páginas, que comprenden 12 años de trabajo tanto en Chile como en el extranjero, se presentan 22 obras de Assadi entre casas, hoteles y edificios, además de siete proyectos aún en desarrollo. El libro, además de contar con bellas fotografías, lleva textos en inglés y español del propio Assadi; Miquel Adrià, director de Arquine, y Alberto Sato, arquitecto y académico argentino-japonés.

Assadi y Miquel Adrià se conocieron en 2000 en México. Cinco años después, el editor le propuso hacer un libro, el que no llegó a puerto. En el último congreso Arquine, que se realizó en Chile el año pasado, finalmente la idea se concretó. Había mucho material, así que en 12 meses el libro quedó listo. Entre las anécdotas de este año de trabajo, el arquitecto cuenta que cuando el editor Miquel Adrià lo llamó para comentarle la solución a la que se había llegado para la portada, no le dio mayor peso a sus palabras (le dijo: está infartante), pero cuando tuvo la primera aproximación al libro que da la idea de ser un bloque de cemento, quedó sorprendido y rápidamente le encontró sentido: “Cada día estoy más propenso a lo primitivo, alejado del detalle constructivo pegote, superfluo, lleno de chichés que no sirven para nada. Estoy tratando de ponerme de nuevo los bototos con barro e irme a la parte de atrás de la casa a trabajar con el material y esa portada refleja eso, un bloque de cemento en bruto”.

Felipe Assadi es integrante, aunque un tanto menor, de la generación que junto a Klotz, Aravena, Irarrázaval, Radic, entre otros, puso a la arquitectura chilena dentro de la órbita internacional. Sus trabajos tuvieron eco en revistas especializadas, abrió su oficina antes de los 30 años y recibió el Premio Promoción Joven del Colegio de Arquitectos de Chile en 1999.

Precisamente a raíz de este libro nos reunimos, pero fue inevitable hablar de Santiago, la sociedad y el momento actual. “Es difícil dar mi opinión de la ciudad porque siempre he sido crítico y es muy difícil ser crítico positivo, sobre todo cuando uno ve que las platas se gastan mal, que la gente va a estudiar afuera y vuelve con proyectos soñados pero imposibles, que los que están a cargo de los proyectos no tienen recursos para llevarlos a cabo, que todo lo que se hace es a corto plazo, que no hay mirada a futuro y nos convertimos en unos expertos en poner el parche”, confiesa.

-Después de casi tres años sin escribir tus críticas, ¿qué opinión tienes de Santiago?

-Creo que Santiago siempre ha sido una ciudad que tapa un hoyo con otro hoyo, cuando hay plata se tapan hoyos más grandes y cuando no hay, igual se destina más plata. Por ejemplo, lo que está pasando con la rotonda Pérez Zujovic, que ahora se llama Pérez Zujovic y le sacaron la palabra rotonda. Ahí la cosa se ve peor que antes y antes de la rotonda estaba bien. Entonces vamos empeorando día a día.

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-¿Cuál sería tu planteamiento para Santiago?

-Santiago debería tener un desplazamiento vertical. En el modelo estricto y dramático, yo podría vivir en el décimo piso y trabajar en el primero y tener a mis hijos en el colegio de al lado, pero si la ciudad crece horizontalmente, los desplazamientos se empiezan a cruzar y todo mal. He viajado mucho y no he visto ciudades grandes que funcionen bien, funcionan bien por pedacitos. Por ejemplo, Brasilia en estricto rigor se divide en barrios, las llamadas súper manzanas, donde está tu trabajo, colegio, supermercado, casa, etc. Y entre una manzana y otra no hay conexión, por lo tanto, uno piensa si va o no.

-¿Cuál ha sido un grave error en materia urbana?

-Tal como lo decía Christian de Groote, que llevó una campaña epistolar para debatir sobre aquellas decisiones urbanas que considera fatales para Santiago, la Costanera Norte es una gran idea, pero no lo fueron los accesos. Hoy existen los mismos tacos o peores que los que trataron de eliminar. Igual que el túnel de Pedro Valdivia Norte, pistas de alta velocidad que terminan en un semáforo. Plop. Lo peor de Santiago, definitivamente, es la conectividad.

-¿Participaste en alguna comisión para el desarrollo de políticas urbanas?

-No, pero sí estoy en la comisión del Consejo de la Cultura y las Artes asesorando en la conformación del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Y precisamente hace un mes tuvimos una discusión buscando cuál sería el ministerio que debería albergar arquitectura, ¿Vivienda y Urbanismo; Obras Públicas o Cultura? Queremos partir por algo, entonces estamos diciendo que la arquitectura es un arte, forma parte de la agenda del ministro de Cultura como patrimonio porque es lo más permanente del patrimonio. Pero esta discusión lleva a más y más interrogantes, como ¿qué ministerio vela por la calidad de la arquitectura?

-Cuando tienes visitas del extranjero, ¿qué lugares rescatas para llevarlos a conocer en Santiago?

-En general me llegan arquitectos extranjeros, así que los llevo a barrios que aún conservan parte de la era republicana, que se mantienen bien, como es el cliché de Concha y Toro porque lamentablemente sólo nos quedan los clichés, no hay cosas nuevas que descubrir. Del Centro de Santiago rescato lo que se ha hecho en torno de La Moneda, el Centro Cultural Palacio de La Moneda de Cristián Undurraga, que me parece súper fino, también el Centro Cultural Gabriela Mistral (Gam) por la capacidad de congregar gente de todas las áreas, de todos los niveles socioeconómicos y culturales con una agenda tremendamente buena y amplia que hace que la ciudad tenga otro color. Y los llevo a que conozcan pequeños hitos de la arquitectura moderna como es la Iglesia de los Benedictinos y el Centro de Innovación UC Anacleto Angelini, el último edificio de Alejandro Aravena.

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-¿Ves alguna solución a corto plazo?

-La construcción está chantada, como en lista de espera, no sé si es porque no hay plata o los inversionistas no se atreven a gastársela. Tangencialmente, esta incertidumbre que generan las reformas por alguna razón les pega a la arquitectura o a la construcción. La reforma educacional tiene detenidos los planes de desarrollo de las universidades porque no se sabe si se va a poder invertir en infraestructura, no se sabe si va a poder crecer o no como universidad. Me parece que los errores no tienen que ver con la economía, sino que el país está mal manejado.

-¿Y la burbuja inmobiliaria también es un efecto?

-Por supuesto, hubo una burbuja inmobiliaria que infló precios y que dejó una buena cantidad de proyectos inmobiliarios sin vender y hoy resulta muy difícil que bajen de precio.

-Según tu experiencia, ¿cuál es la mejor arquitectura?

-La que se relaciona con el entorno, aquella arquitectura que se piensa. Un ejemplo es el hotel Awasi, que nos marcó bastante y dejó la vara alta en la oficina. Estuvimos dos años aproximándonos y estudiando el paisaje para trabajar con la mejor justeza y fineza posible.

-¿Y en Santiago, cuál sería el próximo paisaje por estudiar?

-Ninguna, ya no hay nada que descubrir. Todo es cliché. Hay que partir desde cero, pero con una mirada de diseño y que busque el máximo de ahorro energético. •••