La subsecretaria de Salud Pública tiene una misión encumbrada por estos días: aplanar la curva de contagiados por Covid-19. Quienes trabajan con ella aseguran que la doctora de la Universidad de Chile tiene buenos pergaminos para ello. Que su carácter y empatía han sido esenciales en esta tarea. Salvo, para contrapesar a su jefe, Jaime Mañalich.
Por María José Gutiérrez y María José López

  • 2 abril, 2020

La doctora se relaja cocinando. Loreto Daza, periodista y escritora, cuenta que su hermana, la subsecretaria de Salud Pública, tiene varias máquinas gastronómicas. Y que con ellas suele deleitar a sus invitados. Sin embargo, desde que se inició la cuarentena por el Covid-19 la doctora de la Universidad de Chile poco ha podido practicar su hobby: por razones de higiene, en la semana evita entrar al área donde solía comer junto a sus tres hijos y su marido, el también pediatra, Sergio Salas.

Aunque su trabajo no requiere la visita a hospitales, sí debe ir todos los días a La Moneda: a las 8 de la mañana se reúne con el Presidente Sebastián Piñera y con el ministro de Salud, Jaime Mañalich. Ahí analizan el panorama de la crisis y encabezan una conferencia de prensa sobre los avances de la pandemia. El resto de la jornada lo pasa en su oficina en el Ministerio de Salud hasta después de las 8 de la tarde. Y aunque intenta hacer reuniones por teleconferencia, es inevitable tener contacto con otras personas. Por lo mismo, antes de entrar a su hogar, en Lo Barnechea, se saca los zapatos, se lava las manos, se cambia de ropa. Y se vuelve a lavar las manos.

Estos días no han sido fáciles para la doctora. Tiene la tarea de desplazar la curva de contagios de Covid-19, que ya superan los 3.400 casos y los 18 muertos. Se le recrimina a ella y al ministro poca transparencia en los datos de enfermos, decesos y tests que se realizan a diario. La semana pasada, tras la insistencia y reclamo de los alcaldes, le planteó a Mañalich entregar más detalle. El lunes 30 de marzo juntos decidieron revelar la cifra de contagiados por comuna sólo cuando esta supere los 4 casos. “Si hay un solo contagiado, es muy fácil para la comunidad dar con el nombre. Y eso hay que evitarlo”, ha señalado ella a su equipo.

Lo mismo pasa con el número de tests. Ha explicado que en un principio el ministerio sólo tenía acceso a datos de centros públicos. A los privados había que solicitar la información. Por eso a mediados de marzo se estableció como protocolo que todos los establecimientos del país deben hacer llegar el detalle. Gracias a eso se tiene certeza, han dicho las autoridades, de que a la fecha se han realizado 37 mil exámenes, que son entre 2.500 y 3.000 diarios, de los cuales entre un 8% y 10% sale positivo.

Tiene claro que la poca información se presta para confusiones. Pero está convencida de que esto es parte del proceso natural de un virus nuevo en el que tanto autoridades como ciudadanos están aprendiendo a enfrentar.

La pediatra y la campaña

Fue Marcela Cubillos quien la recomendó. La ex ministra de Educación tenía como pediatra de sus hijos a la doctora Paula Daza, quien en 2013 trabajaba atendiendo en una consulta privada en Vitacura y como directora de Docencia, Desarrollo y Comunicaciones en la Clínica Dávila. Entonces, cuando Andrés Allamand inició su carrera a La Moneda, su mujer le dijo que la médico de la Universidad de Chile debería entrar en la campaña. Y así lo hizo: fue la gestora del programa de salud. En todo caso, el senador RN sabía quién era ella: su padre, Pedro Daza, era un histórico militante en la tienda política.

Después, Paula Daza siguió la posta con Evelyn Matthei. Aunque no son amigas, un doctor que trabajó con ellas asegura que tuvieron buena sintonía: “Paula se entiende bien con las personas de personalidad fuerte.” Otro complementa: “De hecho, ella es fiel admiradora de Margaret Thatcher”. La alcaldesa, por su parte, cuenta que: “Primero la conocí mientras fui ministra de Trabajo. Y enganchamos. La encontré inteligente, grata, abierta y con muchas ganas de ayudar en cualquier cosa pública que hubiese. No tiene ego y se la juega por las causas”.

En ambas presidenciales trabajó con Emilio Santelices, a quien conocía porque tenía un cargo similar al de ella, pero en la Clínica Las Condes. Fue él quien la acercó a Sebastián Piñera, en 2017. “La invité a participar en la campaña. Y cuando se constituyó el equipo de gobierno le propuse su nombre al Presidente. Además de su amplio conocimiento, tiene muy buen manejo de grupos de trabajo, tranquilidad para tomar decisiones complicadas, capacidad de organización y liderazgo. Nos afiatamos absolutamente”, relata el ex ministro de Salud.

Quienes han trabajado con ella, recuerdan que durante la crisis de Quinteros, Santelices estaba fuera de Chile y fue ella quien tuvo que subrogar. Su equipo cercano le recomendaba no enfrentar ella la contingencia ni las vocerías porque le iba a afectar negativamente. Ella respondía: “Me llaman de La Moneda. Tengo que ir”. Tras la crisis fue bien evaluada por Piñera. Santelices explica: “El Presidente tiene una alta valoración de ella. Todos sus asesores también. Ella se ganó un espacio de confianza en el seno del gobierno en virtud de su excelente desempeño”. Lo mismo ocurrió con el plan nacional de cáncer. “Era un proyecto que no existía”, relata el ex jefe de esa cartera.

En junio del 2019 salió Santelices y entró Jaime Mañalich, quien llegó con parte de su equipo en comunicaciones y gabinete. En la subsecretaría de Redes Nacionales asumió Arturo Zúñiga. “Él es un hombre de plena confianza del ministro. No así Paula. A ella no la conocía. Y al principio se notó”, explican desde Salud.

La subsecretaria solía conversar e intercambiar ideas durante las reuniones con Santelices, cosa que no sucedió con Mañalich. “Se sintió algo sola”, relatan personeros de Salud. “Ella no se lleva mal con nadie. Solo que con él, esos espacios de debate duran 10 minutos. No hay tiempo. Y al final, la decisiones las toma él solo”, relatan de esa cartera.

Sin embargo, dice una persona del círculo de la subsecretaria, tras superar la crisis del Compin –entidad que depende de ella y que comprometió el pago total de las 27 mil licencias médicas que había retrasadas–, en octubre pasado, Paula Daza sintió que se había ganado la confianza del ministro. Y que eso se ha notado en esta contingencia. “Pese a lo que varios opinan, ella sí se siente respaldada por él. Mañalich tiene un estilo fuerte, carácter, pero eso a Paula no le incomoda”, relata un médico cercano. De hecho, ella ha dicho que en “esta guerra, se necesitan personas como él, con carácter y autoridad”.

Dice un funcionario de gobierno que Paula Daza fue de las primeras personas en decir que en esta crisis había que poner atención a Temuco. Y que el ministro la escuchó. Lo mismo con la cuarentena. Tras escuchar las recomendaciones de su equipo (sus asesores directos son Elvira Tagle, Johanna Acevedo, Silvia Santander, María Paz Grandón, Patricio Herrera, Rodrigo Fuentes, entre otros), Daza llegó a la conclusión de que lo mejor era cerrar el Colegio Saint George, el fin de semana del 13 de marzo. Luego, propuso el plan de las cuarentenas: ir bloqueando zonas afectadas por periodos y no promover un lock out total. “Si ocurre eso, se frenará la enfermedad pero tendremos muertos por hambre. O, en otros casos, se dejará de obedecer la restricción y el contagio se disparará”, habría señalado. Alguien que trabaja con ella añade: “A fin de cuentas, es lo mismo que opina el ministro. Solo que los estilos y la forma de decir las cosas, son opuestos”.

Con todo, ella ha asegurado que a pesar de la presión de la crisis sanitaria, está con energía para trabajar en esto. “Lo ve como una oportunidad para aportar con su conocimiento en algo tan importante,” relata su hermana.

Además, con el Presidente tiene buena llegada y es respaldada en La Moneda: en su momento el ministro Andrés Chadwick solía llamarla directamente para que encabezara vocerías. Tiene afinidad con Cristián Larroulet, jefe de asesores del segundo piso y con el secretario de Defensa, Alberto Espina. “En general todos los RN la quieren mucho, porque querían mucho a su padre”, dice una ex asesora quien añade que Mario Desbordes también es un gran aliado. En la oposición, en tanto, tiene buena sintonía con Guido Girardi. El senador PPD relata: “Me tocó trabajar con ella en la Ley de Etiquetado. Está muy consciente que uno de los primeros problemas de Chile está en la alimentación. Tiene una muy buena formación técnica, es empática, escucha, tiene habilidades blandas que son fundamentales en su tarea, particularmente en esta contingencia que enfrenta la humanidad. Tengo excelente opinión de ella en todos los aspectos, pero le sugeriría desarrollar más habilidades duras”.

Vida fuera de Chile

El abogado Pedro Daza (quien murió en 2005) y Carmen Narbona tuvieron cinco hijos. Vivieron gran parte de su infancia fuera de Chile. De hecho casi todos nacieron en países distintos: Pedro (médico) y Carmen Paz (arquitecta) en Londres; José Luis (economista), en Buenos Aires; y las menores, Paula y Loreto (doctora y periodista), en Santiago.

El patriarca era un conocido diplomático, masón y radical, que hizo su carrera a nivel internacional: fue embajador en Venezuela, Uruguay y el último chileno en desempeñarse en ese cargo en Bolivia. Además, fue embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y ante las Naciones Unidas, entre 1984 y 1990.

Cuando Paula –sus cercanos le dicen Piolo- cumplió 5 años se mudaron a Montevideo, donde se quedaron 10 años. Estudiaron en el British School. “Como viajábamos mucho, siempre nos matriculaban en colegios británicos para mantener alguna unidad en la formación,” relata Loreto Daza. Cuando la subsecretaria cumplió 15, volvieron a Chile y entraron al Grange. Estuvieron aquí un año y partieron a Caracas. Ahí, a diferencia de lo que ocurrió en otros lugares, y pese a que el padre era masón y la madre atea, los Daza eran alumnos de Los Campitos, establecimiento ligado al Opus Dei. “Los colegios británicos estaban asociados a mucha riqueza, era la época del presidente Alfredo Antonio Pérez, y el estilo de educación que nos inculcaron era más sobrio”, relata la periodista, quien explica que sus padres eran muy liberales, “que te permitían hacer lo que querías. Pero lo único que no se transaba, eran los estudios”. Quienes conocen a la familia aseguran que aquello se respiraba en el ambiente. “No podías ser muy frívolo”, relata alguien que los visitaba en esos años.

Todos eran muy estudiosos, y Paula, creen algunos, era la que dedicaba más horas a esto. Hay un episodio que lo refleja. Su hermana Loreto lo explica: “Cuando vivimos en Uruguay, Paula ponía el despertador a las 6 de la mañana para leer las materias. Mi papá se levantaba a apagarlo para que durmiera”. Según cuenta la periodista, la subsecretaria nunca dejó de ser madrugadora. “Fuimos vecinas por años, y llegaba a mi casa los fines de semana a tomar desayuno a las 9 de la mañana”, relata.

Al cumplir 18 años, llegaron a Chile. Ella entró a estudiar Medicina a la Universidad de Chile y, cuando la familia se mudó a Estados Unidos, luego de que su padre fuera nombrado embajador de la OEA, ella se quedó acá. José Luis, por su parte, nunca más volvió de ese país: se doctoró en Georgetown y actualmente vive en Nueva York, donde encabeza el banco de inversiones QFR Capital Management. Estos días, y desde esa ciudad, le ha mandado mensajes de WhatsApp de apoyo: le dice que Chile lo está haciendo bien, le explica las cosas que están pasando en el país que reside, le envía casos que han tenido éxito, como Corea, y la ha insistido en la importancia de testear. También, apenas se agudizó la crisis en Chile le ofreció venirse a acompañarla, gesto que ella agradeció pero respondió que no era necesario.

Tras egresar de Medicina, Paula se casó con el cardiólogo, José Luis Vukasovic. Vivieron en Inglaterra y tuvieron un hijo, Juan Pablo, quien es abogado. Luego se casó con Sergio Salas, pediatra también y, al igual que ella, trabajaba en la Clínica Dávila. En esa época nacieron los dos hijos menores: Tomás, ingeniero civil, y Antonia, quien estudia Bachillerato.

Del entorno de la subsecretaria dicen que cuando ella llegó a Chile no tenía mayores amistades aquí. Que es muy cercana a sus hermanos, y que sus amigos están repartidos por los países donde vivió, en el mundo de la Medicina y va forjando lazos con sus pacientes. La primera persona a la que atendió, Alejandra Raffo, por ejemplo, mantiene contacto hasta hoy. “Fue la pediatra de mis gemelas, que tienen 30 años. Tuve una urgencia cuando tenían días y fue ella quien estuvo ahí, siempre conteniendo, apoyando. Nunca más nos dejamos de ver: se transformó en nuestra médico de cabecera y luego en la pediatra de mi nieta que tiene cinco años. Es talentosa e incondicional», relata.

Alfredo Maturana, a quien conoció porque él era profesor de Educación Física del Santiago College, donde estudiaron sus hijos, añade: «Ella se dio cuenta en 2013 que había algo raro con mis plaquetas. Estábamos en un café y por accidente miró mis exámenes. Me insistió en visitar un experto y así supe que tenía leucemia. Ella monitoreó mi enfermedad todo el tiempo. Somos cercanos hasta ahora”.

La carrera y los mentores

La subsecretaria se formó en el Calvo Mackenna, y luego de eso, tuvo dos mentores profesionales. La doctora atendía pacientes en su consulta privada hasta que Antonio Vukusich, entonces director de la Clínica Dávila, la fichó para el establecimiento privado. Su jefe, era Alfredo Misraji, quien relata: “La incorporamos como pediatra y empezamos a hacer el programa americano PALS (Pediatric Advanced Life Support). Para eso viajamos juntos a Estados Unidos varias veces. Empezamos a traer estos cursos a Chile y a otros países de Latinoamérica”.

Compatibilizó su carrera con los estudios: esos años cursó un Diplomado en Investigación y Medicina Basada en la Evidencia, en la Universidad de los Andes y se diplomó en Administración en Salud de la Universidad de Technion, Haifa Israel. Se desempeñó como directora de docencia y desarrollo de Clínica Dávila entre los años 2006 y 2018. Ahí formó grandes amistades, una de ellas, Marisol Cárcamo. “Yo era la gerente de Gestión de Pacientes. Hoy somos el centro clínico que mayor cantidad de alumnos viene a hacer su pasantía. Y la Paula hizo convenios con casi todas las universidades. No solo con alumnos de Medicina, sino también cargos técnicos”, señala. Y agrega: “Es tremendamente estudiosa. Y en esta crisis la veo estoica. Va a resistir. Se ve tan chiquitita, pero es tremendamente fuerte”.

Su carrera como pediatra, dicen los doctores que la conocen, le han entregado herramientas importantes para interiorizarse en la epidemia. “Entienden de pandemias, entiende de vacunas, de políticas públicas”, asegura un profesional de la salud.

Jubilar en Petorca

 En sus ratos libres, además de cocinar, intenta practicar algún tipo de deporte. Suele subir el Manquehue con su hermana Loreto. También nadan en el Club de Providencia y bailan cueca. Se metieron a clases juntas en El Golf 40 y en la Municipalidad de Vitacura. Para ponerlo en práctica, los últimos «18 de septiembre» la subsecretaria ha organizado fiestas en su casa: ahí ella y sus invitados bailan mientras un grupo profesional toca música.

Loreto Daza cuenta que su hermana era la hija regalona de su papá. “Era sus ojos”, confiesa. Solía acompañarlo a Petorca, donde él nació. La subsecretaria suele repetir que cuando jubile, le gustaría hacerlo en esa localidad. Y ahí, dirigir un hospital.