Los programadores de software para móviles son los nuevos “niños mimados” de Silicon Valley. Simplemente no hay suficientes para cubrir toda la demanda. Por Federico Willoughby Olivos.

  • 6 mayo, 2011

Los programadores de software para móviles son los nuevos “niños mimados” de Silicon Valley. Simplemente no hay suficientes para cubrir toda la demanda. Por Federico Willoughby Olivos.

Para nadie es sorpresa que un desarrollador de software más o menos bueno, que hable inglés y se establezca en la bahía de San Francisco tiene la pega lista. Porque pese a todo el outsourcing tecnológico que Silicon Valley ha hecho en India, la cantidad de software para móviles se hace poca para una industria que no para de crecer. Las cifras y los expertos indican que los móviles tienen asegurado un crecimiento más que sólido para los años que vienen (hay consenso en que el futuro se viste de pantalla touch, 4G y formato tablet) y se espera que en 2011 la venta de aplicaciones alcance un total cercano a los 15 mil millones de dólares.

Así, desde estudiantes universitarios, sitios web, empresas consolidadas e, incluso la industria de los videojuegos están acelerando el desarrollo de aplicaciones y productos para móviles. Ahora, el problema es que simplemente no hay mano de obra disponible en Estados Unidos. La tecnología es tan nueva (Apple recién abrió su AppStore el 2008) que las compañías han gastado un dineral en retener a los trabajadores que se manejan en el desarrollo para móviles, además de pagar costosos reentrenamientos en el upgrade de quienes no se manejan en los nuevos programas.

Por ello, el sueldo promedio de uno de estos ingenieros subió desde 76 mil a 150 mil dólares al año y muchas empresas empezaron a pagarles a jóvenes recién salidos de la universidad lo mismo que a empleados que llevan 10 años de contrato. De acuerdo al periódico Wall Street Journal, el número de ofertas de trabajo que incluyen la palabra iPhone se triplicó; y en las que aparece Android se cuatriplicó en los sitios de búsquedas de empleos.

De hecho, Ning –firma que desarrolla redes sociales a la medida–, consciente de la escasez, diseñó un plan que considera visitas a las universidades para “contratar en verde” y regularmente hace seminarios sobre tecnología que también le sirven para cosechar talentos.

Y claro, también están las que simplemente se cansaron de buscar en Estados Unidos y optaron por otras alternativas. Por ejemplo, Where –una empresa de Boston que maneja una red de espacios publicitarios para móviles– abrió un centro de desarrollo en Croacia para apoyar su laboratorio y el desarrollo de productos. Actualmente cuenta con 18 ingenieros, pero espera sumar, gracias a los profesionales croatas, con 60 expertos a finales de año. E incluso empresas como Twitter y Groupon han hecho outsourcing en determinados momentos, por falta de capital humano.


Link

virb.com. No es por dejar a nadie fuera del mercado, pero con tanta opción online la sola idea de contratar a alguien para que te haga una página web suena un poco a 1996. Lo que no es habitual es que uno de esto servicios sea destacado por los Webbys (una especie de premios Oscar de la web). El servicio tiene un costo de 10 dólares mensuales, incluye hosting y diseño y es una verdadera joyita. followupthen.com. Fácil herramienta que permite recordar, vía correo electrónico, en qué quedó el mail que se envió ayer, hace un mes o hace 6 meses. Lo bueno es que manda sólo un correo (no es spam) y se usa poniendo en el mail “con copia oculta” a un destinatario especial que entrega el software. Ideal para ejecutivos.

 

Fastsociety.com . Tremenda manera de ahorrar tiempo. La idea es que un grupo de amigos, colegas o una organización se agrupen en torno a un mismo número. De esa manera, un mensaje se manda a ese número y les llega a todos. Ideal para armar asados de manera rápida.


Futuro

Telefono… no de palo, sino de papel. El diseñador Chengyuan Wei se volvió minimalista y regresó a sus orígenes con este teléfono que se arma cual origami. Ojo, no hay nada que doblar, sólo que cuando hay que contestar o se quiere hacer una llamada, deja de ser una superficie plana y agarra dimensiones 3D.