Rodrigo Delgado ha sido una de las voces que se ha escuchado con más fuerza desde el mundo municipal durante la pandemia. Asegura que la relación entre alcaldes y el ministro Jaime Mañalich ha ido de menos a más. Sobre un nuevo aplazamiento del plebiscito, el edil de Estación Central recomienda no seguir “picoteando temas” e invita a consensuar un diagnóstico de la realidad que enfrentará el país: “Esto es clave para poder avanzar en todos los temas cotidianos, entre ellos, una elección”, reflexiona.

  • 11 mayo, 2020

«La gente ha valorado –durante la crisis social y sanitaria– que los alcaldes hayamos llevado el discurso del sentido común a la misma mesa donde conversan los expertos. Así, hemos puesto en la balanza el sentir del Chile profundo, sus emociones, sensaciones y sentimientos”, señala el alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado.
Durante la crisis sanitaria, los ediles del país han jugado un rol protagónico. Y entre ellos, Delgado, quien también ejerce como presidente de la Asociación de Municipalidades de Chile (Amunch), ha tenido aún mayor visibilidad.
Todo esto partió el domingo 15 de marzo al mediodía, cuando un grupo de alcaldes de la Región Metropolitana llegó hasta La Moneda para reunirse con autoridades de los ministerios de Interior, Educación y Salud. La idea era abordar las medidas a tomar en los colegios, frente al aumento de casos por Covid, y presionar para que el gobierno dictaminara una suspensión total de clases en el país, pese a que en horas previas el ministro Mañalich había descartado esta opción por recomendación del comité de expertos del Covid-19. El alcalde de Estación Central fue una de las voces que más se oyó ese día.
“Después de esa conversación se creó la Mesa Social Covid-19, en la que participan ministros, alcaldes, representantes del colegio médico, expertos sanitarios y autoridades del mundo académico entre otros actores”, asegura Delgado, quien destaca la labor que han ejercido los ediles en esta crisis y la relación construcctiva que se ha dado en la Mesa Social.
-¿Usted cree que las sensaciones y sentimientos de la gente debieran tener el mismo peso que la ciencia a la hora de tomar decisiones frente a la pandemia?
-No es que los expertos tengan más o menos razón que la gente. Pero cuando se toman decisiones hay que considerar lo que está pasando en la ciudadanía. Por ejemplo, ese domingo 15 de marzo los apoderados a lo largo de todo Chile, sin distinción política o socioeconómica, se estaban organizando precisamente para no mandar a sus hijos al colegio al día siguiente. Entonces, aunque el comité de expertos recomendara que los niños siguieran asistiendo a clases, en la práctica, no había ánimo para acatar esa resolución. ¿Cuál es el rol de los alcaldes en este contexto? Debemos llevar a la mesa las preocupaciones de la gente y asegurarnos de que se ponderen igual que las recomendaciones de los expertos. En ese caso concreto, creo que se cumplió el objetivo y no fue un error suspender las clases.
-Pero hay casos en que la ciudadanía tiene ideas preconcebidas que se alejan de la realidad y eso también puede dificultar la toma de decisiones, por eso generalmente se escucha a los expertos.
-Si no queremos como Estado que se impongan ideas preconcebidas que puedan ser erróneas según algunos, tenemos que invertir más en comunicar mejor. Debemos hacer un mea culpa, en el sentido de que como autoridades no hemos comunicado bien y por qué la gente prefiere creerles a las redes sociales o a los vecinos, en vez de escuchar a los expertos. Hay que preguntarse: ¿qué está pasando, cuál es la desconfianza y qué no hemos hecho bien para que no nos crean? Pero no nos hemos hecho esas preguntas, entonces criticamos a la gente porque tiene ideas preconcebidas y porque siente temor por situaciones que, según los expertos, no debieran preocuparse, pero al final del día algo estamos haciendo mal porque la gente simplemente no confía.
-¿Cree que sería recomendable, como han planteado algunos, que la vocería en el tema Covid-19 la haga algún miembro del comité asesor y no el Minsal, para que el mensaje sea más creíble para la población?
-Jaime Mañalich se ha ido ganando la confianza de la gente a base de su trabajo y los números. Creo que la mayoría de la ciudadanía apoya el trabajo serio y responsable respecto del plan sanitario que han propuesto el ministro y su equipo. Costó instalar esta confianza y efectivamente el estilo del ministro tal vez ha generado resquemores en muchos segmentos, entre los alcaldes sin ir más lejos. Sin embargo, nadie pone en duda que lo que importa de una autoridad sanitaria es que conduzca la crisis sanitaria como corresponde y creo que en eso lo ha hecho bien. Una prueba de que la gente lo escucha es la alta audiencia que tienen las cadenas nacionales diarias para informar el estado de la pandemia en el país. Entonces, no creo que haya que cambiar de vocería, pero sí es positivo complementar con otras voces, como lo han hecho muy bien la ministra Karla Rubilar o la subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell.
Según Delgado, podría ser útil también incorporar en las vocerías a quienes participan en la Mesa Social Covid-19. “Dentro de esta instancia hay personas que podrían hacer excelentes vocerías. Por ejemplo, el doctor Enrique Paris explica muy bien. Todos los que de alguna u otra forma tenemos tribuna debemos ser muy responsables en lo que decimos, y en el caso de los alcaldes, podemos lograr un buen promedio en transmitir el sentir de la gente e interpretar a los expertos. Pero claro, para poder hacer esa pega, el gobierno tiene que confiar más en nosotros”.
-¿Siente que hay desconfianza por parte del gobierno hacia los alcaldes?
-En ciertos momentos hemos sentido esa desconfianza, justamente por los dichos del ministro Mañalich en relación con algunos alcaldes, sobre sus supuestas motivaciones electorales en las actuaciones que tienen respecto de la pandemia. Creo que si la autoridad sanitaria tiene un problema puntual con alguien, es bueno que lo converse con esa persona y no generalice. Con todo, pienso que la relación entre el gobierno y los alcaldes en esta crisis sanitaria ha ido de menos a más. Los alcaldes nos hemos ido ganando un espacio.

La cuarentena de Delgado

Rodrigo Delgado fue uno de los primeros alcaldes en pedir cuarentena total para su comuna. Medida que se concretó recién el jueves 3 de abril a las 22:00 horas en Estación Central. Con todo, reconoce que desde esa primera solicitud –a mediados de marzo– hasta ahora el tema de las cuarentenas se ha politizado mucho: “La medida cayó en una lógica binaria donde se llegó al absurdo de pensar que pedir cuarentena total era lo mismo que manifestarse en la plaza Baquedano –o de La Dignidad–, y que aquellos que no querían cuarentena eran todos unos fachos recalcitrantes”.
El edil UDI cree que esto se produjo porque a Chile, la pandemia lo sorprendió en una situación política y social muy complicada y con altos niveles de desconfianza en las instituciones. “Para enfrentar cualquier crisis, un país necesita de instituciones fuertes que transmitan seguridad, certezas y mensajes que la gente entienda mayoritariamente de que se tratan de estrategias positivas para su salud. Pero aquí las instituciones estaban debilitadas, sobre todo a partir del 18 de octubre, entonces los mensajes que daba esa institucionalidad también eran débiles y cuando hay debilidad en el mensaje, se producen las interpretaciones. Lamentablemente, el concepto de cuarentena entró en esa interpretación binaria”, reflexiona Delgado.
Agrega que hoy su visión de las cuarentenas totales ha ido mutando, ya que comprendió que si bien en algunos casos son necesarias, también entrar en este régimen de restricciones supone un proceso muy duro, sobre todo para un segmento de la población que tiene que salir de su casa para ganarse el sustento día a día.
Sobre la expansión de las cuarentena a varias comunass de la RM este miercoles 6 de mayo, Delgado cree que es una medida prudente, pero que es necesario una mayor coordinación entre la estrategia sanitaria y la policial. “La experiencia nos dice que es importante mayores nives de fiscalización y la presencia policial en las zonas calientes de cada comuna donde se producen mayores focos de contagio. Esto para prevenir el contacto entre la gente y también el avance del número de delitos, explica.
-¿Tiene claros los criterios que primaron para declarar la cuarentena en Estación Central?
-En nuestro caso hay que considerar la potencialidad de la comuna de convertirse en un foco explosivo de contagios. Por ejemplo, hay que tener en cuenta el equipamiento metropolitano que tenemos: los terminales de buses y de trenes, el eje Alameda con sus estaciones de metros, el comercio ambulante. Es una comuna de gran movilidad y mucha población flotante, la que genera mayor riesgo de contagio. También tenemos un alto número de adultos mayores viviendo en la comuna. Creo que es acertada esta cuarentena, pese a que no tenemos ni el mayor número de casos ni la mayor tasa de incidencia en la región. Además, hay otro tema: el hacinamiento que hemos visto en estos mal llamados cité, que son verdaderos galpones transformados donde comparten más de 40 familias un baño y espacios comunes muy precarios.
-También hay hacinamiento en los guetos verticales, hay varios en su comuna…
-Los datos ligados a los cité son mucho más complejos. Además, resulta más fácil trabajar con los edificios porque hay comités de administración, y el municipio ha invertido recursos en un programa de sanitización diaria de ascensores y espacios comunes. Muy distinto a lo que pasa con los cité, que son prácticamente laberintos. Ahí no tenemos interlocutores formales porque las personas que están a cargo son básicamente arrendadores inescrupulosos que no les importa nada más que cobrar a fin de mes. En Estación Central identificamos 150 propiedades potencialmente peligrosas de este tipo. El peligro de contagios masivos en estos lugares es altísimo, basta que se encienda la mecha para que se contagien cientos de personas.

El plebiscito y la pandemia

-¿Qué le parece la idea de postergar nuevamente el plebiscito constitucional por la pandemia?
-Quiero conectar este asunto con el concepto de “nueva normalidad” o “regreso seguro”: creo que no podemos estar picoteando temas y lo primero que tenemos que lograr es llegar a un consenso en el diagnóstico de la realidad que enfrentará el país. Ese diagnóstico es clave para poder avanzar en todos los temas cotidianos, entre ellos, una elección. Pero si empezamos a hablar de la elección por un lado, después hablamos de abrir los centros comerciales por otro y del regreso a clases por el otro, y todo por distinto carril, va a ser un desastre. Teniendo el diagnóstico, debemos empezar a darles bajada a los diversos temas cotidianos de relevancia. Y, en ese contexto, creo que hay que hacer un plan general que involucre el calendario electoral que vienen. En esa línea, podríamos perfectamente pensar en procesos eleccionarios, donde la gente mayor vote el día sábado y el resto de la población el domingo, por ejemplo.
-¿Usted sigue con la intención de aprobar en el plebiscito?
-Lo que estamos viviendo es muy grave y ni siquiera le he dado vuelta a una eventual opción de cambio o de mantener mis argumentos respecto al plebiscito constitucional. Ahora, lo que sí mantengo –y que fue mi principal fundamento para decir que aprobaría en el verano– es la idea de que se puede aprovechar esa instancia para un proceso tan necesario como es la modernización del Estado y el fortalecimiento de los gobiernos locales. Creo que hoy más que nunca debe sufrir un proceso de modernización absoluto. El Estado, antes de la crisis social y la pandemia, daba respuestas ochenteras a demandas millennials y eso es muy grave en época de normalidad, pero mucho más en época de crisis. Será el pueblo, soberanamente, el que decida si esta discusión se debe dar en un contexto de incertezas y crisis económica como el que estamos viviendo, o no. Si se da, voy a ser el primero en levantar la bandera del municipalismo. Si gana la opción del rechazo, creo que de todas formas tenemos que poner el tema de la modernización del Estado arriba de la mesa como prioridad, para enfrentar las crisis que vengan en el futuro.

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