A los pies del volcán Villarrica, entre la región de los Ríos y la Araucanía, hay 55 termas, lo que equivale a la mayor concentración de este espacio en toda Latinoamérica. Las piscinas naturales prometen ser una fuente de descanso y desconexión en medio de tupidos bosques de araucarias, coihues, raulíes y arrayanes. Visitamos cuatro de ellas –que se agrupan en la Asociación Gremial de Termas del Sur– y estas son nuestras impresiones.

  • 17 septiembre, 2019

La falla Liquiñe-Ofqui es lo que eleva la temperatura. Aquel fenómeno geológico calienta las aguas que recorren, bajo tierra, los 1.200 kilómetros que unen el Parque Nacional Tolhuaca, en plena Araucanía, con la XI Región. El magma de los volcanes –el Mocho-Choshuenco, el Puyehue, el Yates, el Hudson, el Convocado, el Llaima y el Villarrica– aumenta el calor de los suelos de esta zona. Tanto, que aquí se levantan 55 termas, la mayor concentración de estos espacios, cuyas piscinas naturales oscilan entre los 37 y 40 grados celcius.

De estas termas, recorrimos cuatro. Todas rodeadas de naturaleza milenaria, lagos, ríos y reservas naturales que forman parte de la Reserva Mundial de la Biósfera llamada “Las Araucarias”.

Estas son, de norte a sur.

Huife

En el kilómetro 33 del camino Pucón-Huife se encuentra una de las termas más exclusivas del sector. Diecisiete litros de agua a 52 grados por segundo llegan a las cuatro piscinas del complejo, renovando el agua constantemente y manteniendo la temperatura óptima. En invierno todas las dependencias, como camarines, comedores y habitaciones, son calefaccionadas con agua termal.

Aquí, al igual que en otros baños termales, no todo es piscinas y spa. Senderos para trekking, cabalgatas y paseos por el día son ofrecidos por la misma administración en el total de 300 hectáreas. El complejo se encuentra a orillas del río Liocura, en una concentración de antiguos arrayanes que valen la pena fotografiar. Además, es posible distinguir la alta presencia de avellanos y laureles. La madre naturaleza se deja apreciar en los paisajes y en el agua cristalina del río, que es posible cruzar por un puente colgante cercano a las piscinas exteriores. Si se tiene suerte, es posible tomar un baño de termas bajo la refrescante lluvia sureña, que cada vez es más escasa. Y si es con un pisco sour en la mano, mejor.

Peumayén

Las termas Peumayén, ubicadas a 5 kilómetros de Huife, destacan por sobre todo por su sofisticada gastronomía. En verano es común que visitantes agenden con días de anticipación y que incluso uno que otro llegue en helicóptero con tal de probar la mano del chef vasco-francés, Michel Moutrousteguy, dueño del restaurante La Fleur de Sel. El recinto tiene forma de ruca, donde el centro es un gran fogón que alcanza la altura máxima del recinto.

Dependiendo de la temporada, el menú va variando. Los imperdibles son la sopa de cebolla, servida en pan de masa madre de campo, el pernil ahumado y el garrón de cordero patagónico braseado a fuego lento. Si tiene posibilidad de probar la liebre primaveral, no lo dude.

Menetúe

En mapudungún significa “lugar de baños”. El complejo de 45 hectáreas, que se conforma de tres piscinas exteriores, otras tres interiores y zonas exclusivas para adultos, cuenta además con lujosos servicios de spa, entre los que se ofrecen hidromasajes, bambuterapia, terapias con piedras calientes y baños turcos, por mencionar algunos. La clave es que todos se realizan con agua termal. Se ubica a 19 kilómetros de Paumayén.

A unos cien metros de las piscinas, caminando cerro arriba, se encuentra una de las viñas más australes del mundo. En ella se cultivan las variedades pinot noir y chardonnay. La gracia es que el riego que las abastece es de agua termal, lo que evita las heladas propias de la ubicación en la que se encuentra. En una latitud similar, pero cruzando la cordillera hacia Argentina, en Neuquén también han logrado asociar la actividad termal a la plantación de uvas para vino.

La viña comenzó hace cuatro años y en dos años más se espera que sean los mismos visitantes los que realicen vino al hospedarse en Menetúe. Hoy ya desarrollan su propia cerveza y agua en botella, cuya marca es Sonk. 

A orillas de la viña, es posible observar la construcción de las tinajas de madera, que se realiza ahí mismo. Cada cabaña cuenta con una tinaja personal, ubicada en altura junto con los dormitorios, en la mitad del bosque con vista al lago Ancapulli y con total privacidad. 

Coñaripe

La terma más grande en la Región de Los Ríos es Coñaripe, un oasis termal que no deja de impresionar. Llegar aquí toma un viaje un poco más largo, ya que se ubica a 91 kilómetros de Menetúe. Este paraíso cuenta con siete piscinas termales con capacidad para 1.500 personas diarias, que en temporada alta alcanzan su máxima capacidad, sobre todo en esos días lluviosos de enero y febrero. El recinto se encuentra en una zona denominada corredor termal, que en sus 50 kilómetros de longitud alberga 24 baños termales distintos.

Estas termas son conocidas por su enfoque étnico y local, además de su gran tamaño. 

En su spa es posible encontrar aplicaciones de miel, chocolate y barro, con diferentes beneficios para la salud y el bienestar. La cercanía de las piscinas con las habitaciones permite darse un baño nocturno sin problema, donde las estrellas se dejan ver, y esa oscuridad que quisiéramos lograr en las ciudades permite apreciar el cielo en todo su esplendor.

Los beneficios

Lo recomendado es bañarse máximo 15 minutos en las piscinas termales y salir para bajar la temperatura, además de mantenerse en constante hidratación.

Algunas de las termas, como el caso de Coñaripe, han desarrollado productos cosmetológicos a base de barro y agua termal. Estos pueden ser utilizados en tratamientos de reumatismo, traumatismo, asma, bronquitis o sinusitis crónicas y psoriasis. El mismo baño en la terma produce un aumento en la presión del cuerpo, incrementando así la circulación sanguína y la oxigenación.

Un detalle importante a la hora de bañarse en estas termas es que todas son libres de azufre y arsénico, a diferencia de otros baños del valle central y norte de Chile.

El corredor de baños termales ofrece mucho más que aguas calientes: promete ser una oportunidad para conectarse con la naturaleza, hacer una pausa y descansar. ¿Y lo mejor de todo? Hay muy poca señal de celular y el Wifi es escaso, algo que se agradece en estos tiempos.