Por: Aldo Cerda, ActionAbility Institute.

  • 2 agosto, 2019

Cuando se piensa en modernidad constructiva, Sanhattan, al igual que la mayor parte de las grandes urbes, responde con edificios intensivos en el uso de metal y vidrio. Hoy en día, producto del cambio climático, los equipos de aire acondicionado deben estar diseñados para sobrecargas más frecuentes, dada la intensidad de los eventos climáticos extremos y de cómo ellos se expresan en las islas de calor urbana que se acumulan bajo la infraestructura de hormigón. Pero es la misma manufactura de ese acero y de ese vidrio la que genera emisiones de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. No es de extrañar entonces que, casi en paralelo, los alcaldes de Nueva York y Londres estén proponiendo una suerte de restricción –incluso se habló de moratoria en la Gran Manzana– a los edificios de esta materialidad.

El sector construcción es responsable de casi un cuarto de las emisiones de CO2 a nivel global cuando se considera el ciclo de vida completo de las obras (no solo sus insumos, muchos de ellos intensivos en emisiones, sino también las faenas mismas y el consumo de energía en la operación de las obras una vez terminadas). Como contratendencia, han empezado a surgir opciones de edificios en altura a partir de vigas estructurales de sofisticada ingeniería en madera (carbono neutral), o que el concepto ZEB (zero emissions building) se expanda en el mundo desarrollado para considerar no solo la autogeneración de energía, sino también un mínimo consumo de ella.

ANTEPROYECTO DE LEY DE CAMBIO CLIMÁTICO

Uno de los aspectos que cuenta con el mayor respaldo entre los especialistas de este tema ha sido la propuesta legislativa de reformulación del impuesto verde a las emisiones de CO2, ampliando el alcance a todas las fuentes fijas de emisión significativa, y que se permita el uso de instrumentos de compensación, lo que podría gatillar el despegue de una industria de reducción de emisiones en el país, particularmente en el ámbito forestal y en el de eficiencia energética.

Pero ¿qué pasa si finalmente la reforma tributaria no ve la luz?

Una de las opciones que comienza a tomar fuerza, y que se ha hecho ver en la consulta pública respectiva del anteproyecto de ley de cambio climático, es que ese componente “migrara” a dicho cuerpo de ley, el que probablemente en el ambiente COP25 se aprobará expeditamente.

El tema del “precio al carbono” goza de amplio respaldo técnico, y los mismos especialistas señalan que no es necesario entramparse en esta etapa de desarrollo acerca de si se trata de un ETS (emissions trading scheme), tax-and-trade (impuesto y uso de offsets como se propone hoy), u otro sistema híbrido. Lo importante es entregar la señal de precio de las emisiones a los distintos sectores involucrados, y posteriormente –posiblemente a partir de 2020– empezar a sincerar la realidad del sector transporte, y escalar la magnitud del impuesto a valores compatibles con el precio social (un orden de magnitud superior).