El médico Tomás Regueira se reúne semanalmente con el Subsecretario Arturo Zúñiga. Fue quien estableció el criterio de manejo de última cama; organizó un sistema de turnos que funciona 24/7 para asesorar a intensivistas de todo el país y es quien prende las alarmas cuando la demanda por camas críticas aumenta más rápido que la oferta. “Todavía no estamos en el peak”, asegura.

Cada día, alrededor de las 10 de la noche, el jefe del Centro de Pacientes Críticos de la CLC Tomás Regueira (44) hace los últimos llamados: a cada uno de los jefes de medicina intensiva de los hospitales y clínicas del país para saber cuántas camas tienen ocupadas y cuántas disponibles. Las ordena y hace un nuevo recuento que publica a diario la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi), entidad que preside desde hace un año y medio y cuyo período vence en noviembre.

A comienzos de marzo, cuando la asociación empezó a asesorar al Ministerio de Salud en la crisis del Covid-19, pidió al gobierno la información del número de camas críticas y dónde estaban. “Nos dimos cuenta que había una gran ausencia de datos”, cuenta el médico. “Ahora eso cambió, pero en ese momento me dio impotencia de no poder tener la información para poder participar como sociedad intensiva”, dice. Llamó a Alberto Dougnac, decano de la Facultad de Medicina de la U. Finis Terrae. “Necesitamos información de dónde se están saturando los enfermos para levantar las alarmas cuando sea necesario”, le especificó. Dougnac armó un grupo de 30 estudiantes quienes desde entonces llaman cada día a cada centro para chequear la disponibilidad de camas. Pero cuando es ya de noche, y la información aun no llega -porque no todos responden a los internos-, el propio Regueira se involucra personalmente y llama directo a los jefes para apurar el proceso. Ese sistema paralelo de conteo- la Unidad de Gestión Centralizada de Camas (UGCC) tiene sus propias cifras, pero no son públicas- es en base al cual el médico ha sido enfático en los últimos días en señalar la necesidad urgente de que todos los centros -públicos y privados- aumenten rápidamente su número de camas. De acuerdo a ese último recuento, la ocupación en la Región Metropolitana está en 94%.

-¿Sigue sosteniendo que no hemos llegado al peak?

-Todavía no estamos en el peak. Las medidas de aislamiento van a tener efecto a partir del miércoles o viernes. Mientras la demanda sea mayor a la oferta de camas, no hay peak sino acumulación. Creo que será a fines de mayo a nivel de contagios, y la primera quincena de junio en el uso de camas.

-¿Está de acuerdo con la «obligación» que planteó hoy el ministro Mañalich a las clínicas privadas de duplicar sus camas críticas al 15 de junio?

-Es fundamental que aumentemos a la brevedad el número total de camas críticas en la RM. Todos: público y privados; además de intensivistas, anestesistas y todo el equipo de salud.

“Yo a veces sería más agresivo”

En enero, cuando Tomás Regueira vio lo que se venía convocó a los jefes de intensivo de todos los establecimientos del país. “Es complicado para los médicos porque aquí hay muy poco trabajo en red. Hay centros universitarios, públicos, privados y cuando uno está de presidente de la sociedad es difícil sacarles tiempo a los intensivistas que están desarrollando sus propios proyectos en sus centros”, dice. “Vamos a hacer todo lo posible para colaborar con que la mortalidad sea la menor posible”, les señaló. Armó un plan de cuatro aristas: acercarse al Minsal a ofrecer ayuda; capacitar a todas las personas que trabajan en el área de la salud a través de guías, podcast y material que se actualiza permanentemente en la web de la Sochimi; tener la epidemiología de lo que estaba pasando; y cuarto lugar, tener una voz social para la comunidad.

En la actualidad en la Sochimi trabajan cinco personas en el directorio ad honorem. “Como se cayeron todos los eventos ha costado mantener el flujo de caja de la sede, el personal de planta. Ha sido un tema levantar las lucas”, asegura.

A principios de marzo fueron invitados a la mesa de Salud Pública, al alero de la subsecretaria Paula Daza para ayudar con medidas en la fase de contención del virus. “Fuera de nuestra competencia. Como intensivos no estamos en los síntomas de los casos Covid”, dice Regueira. Entonces se cambiaron a la de la subsecretaría de Redes Asistenciales, que lidera Arturo Zúñiga. “Se nos puso el desafío de capacitar y establecer criterios de triage (clasificación de pacientes de acuerdo a su riesgo y gravedad para priorizar las atenciones): tener alguna idea de qué pasaba si la pandemia nos pasaba por arriba, cómo manejar la última cama”, dice. Además se les solicitó generar un sistema de turnos de enfermeras, kinesiólogos y médicos 24/7 que asesoran por teléfono a todas las unidades de cuidados intensivos en distintas materias, desde cómo usar los ventiladores nuevos, hasta cómo dar una droga. El sistema ha estado operativo sin parar desde hace un mes y medio.

Hicieron, también, una alianza con el hospital digital: todos los días desde mediados de marzo realizan una o dos capacitaciones en línea. En total se han conectado 45 mil personas, y tienen un promedio de 7 mil descargadas los videos. “Ha sido un esfuerzo inmenso para capacitar a las personas que se están reconvirtiendo”, explica.

Al otro lado del teléfono Regueira asegura: “No somos el Ministerio de Salud. Estamos tratando de ayudar lo más que podemos, a veces conversando o sugiriendo. Y cuando percibimos que ese mensaje no está siendo recibido, lo hemos sacado como declaración pública a los medios sociales”. Por ejemplo, el uso obligatorio de mascarillas. “Eso lo sacamos y debió ocurrir mucho antes. Yo a veces sería mas agresivo, pero todas nuestras decisiones son consensuadas”, agrega.

-¿Cómo califica la actuación del gobierno?

-Esta es como una llave de paso donde cedes o cierras. Hay que tener mucha información para tomar la decisión: no basta con la tasa de infectados por comunas, por región o cuántas camas críticas tiene cada lugar. Hay que considerar las tasa de depresión, de femicidios, de violencia, el hacinamiento, la pobreza… Yo no tengo esa información. Por supuesto que desde el intensivo mi respuesta es cerrar 2 meses todo, así no vamos a estresar el sistema. Pero vamos a generar otras externalidades. Lo que yo le pido al Minsal es asegurar que el sistema no se sature, que la curva sea lo suficientemente plana para dar respuesta. Esta pandemia arrasó con sistemas de salud de países desarrollados. No podemos tener una sociedad tan crítica que no entienda eso. Tenemos que educar a que la gente se quede en casa.

“Se abrió mucho la llave de paso”

Regueira estudió medicina en la UC, se especializó en medicina interna 3 años y sub especializó otros dos en intensiva en el mismo plantel. Luego hizo un doctorado en fisiología en Berna, Suiza. Cuando regresó a Chile en 2008 se incorporó al equipo de medicina de la UC donde fue jefe de la unidad de intensivos hasta 2014, cuando el entonces director médico de la CLC, Erwin Buckel, y el gerente general, Gonzalo Grebe, lo convidaron a liderar el centro de pacientes críticos de la clínica.

Ahí le tocó compartir con Jaime Mañalich -quien fue gerente y director médico del establecimiento hasta el año pasado-, con el que dice tener una relación positiva, pese a que hablan poco. Semanalmente se reúne con el subsecretario Zúñiga -en general los jueves- quien les da cuenta en qué van respecto a la pandemia, mientras que la Sochimi lo asesora en qué datos hay que estar atentos. “Nos pregunta cosas técnicas concretas: la pertinencia de ciertos antibióticos, ventiladores, de equipos de soporte. Y vamos dando sugerencias o cosas que se pueden hacer mejor. No tengo ningún control sobre decidir cosas. Pero llamo todos los días al doctor Julio Montt, mano derecha de Zúñiga, y al doctor Francisco Pizarro a cargo de UGCC, para ofrecerles ayuda para levantar datos, y les transmito lo que hemos conversado con el equipo. Ojo con esto”, relata.

La semana pasada, Regueira presentó desde la Dirección General de Redes Asistenciales (Digera) a los jefes de servicios, UTI y pabellones sobre la forma en que se deben organizar los hospitales en los días que vienen. “Les di dos mensajes: el crecimiento tiene que ser orgánico e integrado; y segundo, hay que abrir más camas, y eso no va a pasar por pura buena voluntad. El desafío del sistema sanitario es ser proactivos en no acumular pacientes en urgencia. Hace dos semanas entraban los mismo que salían, había una ocupación de 65% y estábamos cómodos. Ahora estamos acumulando pacientes, y cada vez vamos a tener menos espaldas. Hay varias urgencias saturadas”. dice.

-¿Le asusta el Covid 19?

-No estoy asustado. Sí, asombrado y preocupado de cómo nos cambia la vida tan rápido. En lo personal mi familia está cuidada, pero quiero ser lo suficientemente útil y saber que hice lo posible para que menos gente muera. Nuestra mortalidad en ventilación mecánica es alrededor de 10%. Es terrible, pero mucho más baja que en Nueva York donde es de 70%, o Italia. Lo estamos haciendo muy bien, tenemos muy buenos equipos. Me daría mucha pena que subiera a 40% o 50% por no haber sido capaces de dar las respuestas que hay que dar.

Agrega que algo que sí le da temor, y que le da dado pena, es la forma en que se habla de los adultos mayores  «como que fueran desechos. Las familias llegan acá con mucho miedo. ‘Por favor considere ayudarlo porque escucho que nadie les va a hacer nada porque tienen mas de 65’. Eso es injusto porque de ellos son vitales, son las alegrías de sus familias. No es lo mismo adulto mayor, que persona frágil. Si uno junta ambos no corresponde hacer el esfuerzo».

Regueira es casado y tiene cinco hijos entre 17 y 9 años. Cada noche cuando llega a su casa, entra por el patio directo a su pieza. En el baño su hija menor le tiene lista ropa limpia. El médico se ducha, deja todo lo que traía puesto en una bolsa cerrada, desinfecta el celular y todo lo que andaba trayendo lo deja en una caja. “De ahí en adelante mi vida es normal. Los abrazo, comemos juntos, no ando con mascarillas en la casa. Eso es más que suficiente”, señala. “ Y agrega: “Tiene que contagiarse el 80% de la población. Si se contagia uno al día estaríamos encerrados tres años. Por eso esta llave de paso es compleja. En retrospectiva se abrió mucho la llave de paso, pero hay que decir con fuerza que la responsabilidad del contacto social es personal y sin juicio porque si no tengo cómo parar la olla es imposible, pero hay personas que no entienden que aquí se va a morir mucha gente si no respetamos las medidas de aislamiento”.