“Soy una persona proactiva, alegre, siempre mirando las oportunidades más que las amenazas. Eso, en parte, viene desde mi infancia, la cual estuvo muy relacionada con el trabajo en la montaña. Soy parte de la tercera generación que está a cargo de este centro de ski. Me marcó mucho la fuerza que mi padre le […]

  • 23 agosto, 2019

“Soy una persona proactiva, alegre, siempre mirando las oportunidades más que las amenazas. Eso, en parte, viene desde mi infancia, la cual estuvo muy relacionada con el trabajo en la montaña.

Soy parte de la tercera generación que está a cargo de este centro de ski. Me marcó mucho la fuerza que mi padre le ponía al trabajo y a la montaña en particular. Para él la pasión siempre fue y siempre será la montaña, y eso también comenzó con mis abuelos.

Alcancé a vivir ahí un año cuando chico, un invierno. Nos instalábamos arriba porque mi padre, quien lo dirigía en ese tiempo, vivía ahí.

Conocí de cerca el desafío que requiere manejar este trabajo. Desde fuera pareciera ser algo fácil, sólo entretención, pero la verdad es que es distinto. Implica mucho sacrificio. Más aún en esos años: además de las inclemencias del tiempo, los accesos eran muy difíciles. Por otro lado, como mi padre estaba tanto tiempo ahí, mi madre muchas veces hacía de padre y madre.

El año pasado me instalé todo el año en El Colorado. Partí en marzo con mi familia y volvimos en diciembre. Fue una experiencia espectacular. La verdad es que la montaña ofrece un lugar para estar, que es tan auténtico y tan majestuoso, que uno se da cuenta de lo minúsculo que es dentro de este mundo. Arriba te enfrentas a la fragilidad humana… fue algo muy inesperado pero muy lindo vivir. Esa perspectiva, aquí en la ciudad se pierde.

Estar ahí combina lo mejor de dos mundos: tienes toda la ciudad conectada a disposición, pero estás lo suficientemente lejos para que la velocidad y vorágine no te alcancen. Además, no sufres con la contaminación.

Mi padre siempre nos dijo que nosotros no teníamos que estar metidos en la parte ejecutiva de la empresa. Por eso no estaba dentro de mi cabeza esa posibilidad. Yo creo que el hecho de que no haya sido un objetivo explícito, permitió que se dieran las cosas en su momento.

No son muchas las empresas familiares que llegan a la tercera generación, y entre las que existen, las estadísticas no son muy alentadoras: solo el 15% sigue siendo exitoso en el tiempo.

Para que nos vaya bien es importante el desarrollo inmobiliario que vamos a hacer ahora y que va cumplir los sueños de muchos. Lo sé, porque fue tan increíble mi experiencia esos doce meses ahí, que mi intención es que otros puedan vivir ahí también.

Se ve como un negocio muy glamoroso, pero cuando uno lo conoce de cerca, se da cuenta de que no es así. Nada es tan fácil. En un año como este, por ejemplo, con muy pocas precipitaciones, hemos tenido que hacer “magia” combinando la poca nieve natural con la fabricada. Así hemos ido armando las pistas. Pero más allá del negocio, es triste lo que pasa con el cambio climático. Es un asunto grave, lamentable.

Hoy día tengo la suerte de trabajar en algo que me encanta. Y estaría dispuesto a trabajar gratis. No trabajo gratis ahora, pero podría hacerlo. Pocas personas tienen la suerte de trabajar en algo que te apasione. Es algo bien mágico”.