El gerente general de la Asociación de AFP dice que cuando asumió este cargo, en diciembre del 2015, jamás pensó lo que ocurriría después. «Hoy, el gremio se asocia a algo negativo, y eso ha tenidos costos personales. Mis hijos ven las noticias y el rechazo que existe (…) y no entienden que su papá trabaje para las AFP. Por eso hay que hablarlo en la casa y explicar la realidad». Ad portas de dejar su puesto, asegura que «no me produce alivio irme en este momento. Me voy con pena de que no se haya podido hacer al cambio de pensiones». 

  • 17 julio, 2020

“Lo que pasó el miércoles en la Cámara de Diputados, fue un retroceso para las pensiones. Seguí toda la transmisión en vivo, y a medida que los votos se fueron confirmando, sentí frustración.

Soy el mayor de cuatro hermanos: dos hombres y dos mujeres. Nací en Santiago, tuve una infancia feliz y la suerte de haber estudiado en el Saint George. En la época en que yo era alumno, el colegio inició un proceso de inserción social. Así, cuando tenía 16 años, en tercero medio, viví durante un tiempo con una familia en su casa en El Salto. Ellos eran Sara y Manuel, tenían tres hijos, la Carola, Manuel Alejandro y Belén, todos cercanos a mi edad. Tuvimos una relación muy cercana, veranearon con mi familia y sigo en contacto con ellos hasta hoy. De hecho, la Belén me eligió su padrino de confirmación. Fue una gran experiencia personal.

Cuando salí del colegio, quería estudiar Economía. No había tantas universidades en esa época, la disyuntiva era la UC o la Chile, y por distintas razones, elegí Ingeniería Comercial en la Católica, sabiendo que era el paso para ser economista. En la época universitaria le dediqué bastante tiempo a armar una fundación que se llamaba Trabajo en la Calle (hoy, Quiero mi Casa). Partió a la par con Techo para Chile, y su objetivo era acompañar a familias vulnerables en el proceso de la casa definitiva.

Tras egresar, sabía que uno de los mejores lugares para trabajar en políticas públicas era el Ministerio de Hacienda. Quería llegar a ese lugar y, como paso anterior, fui analista del BHIF (hoy BBVA), y esperé a que se abriera un cupo en el gobierno. En esa época Ricardo Lagos era el Presidente, y su ministro, Nicolás Eyzaguirre. Tuve la suerte de que se abrió un espacio y me seleccionaron para entrar al “cuartito azul”, que era como se le llamaba a la oficina de analistas, un salón pintado de ese color y donde mi jefe era Marcelo Tokman. Nos tocó principalmente encargarnos del financiamiento del Plan Auge, Chile Solidario y temas que desencadenaron en el proyecto de pre y post natal. Hubo cambios en el Segundo Piso y, por diferentes situaciones, entré a integrar ese equipo. No soy de ningún partido político, nunca he militado, y fui afortunado en trabajar con un grupo multidisciplinario liderado por Eugenio Lahera y compuesto por historiadores, abogados, filósofos. En esa época aprendí la importancia que tiene trabajar con personas que tienen miradas diferentes a las de uno. Los problemas son complejos. Por eso me ha gustado pasar por distintos sectores.

Viví en Princeton, en el Estado de New Jersey, donde estudié un Máster en Asuntos Públicos. Yo me casé joven, a los 24, y en esa ciudad, cuando tenía 28, nació mi primera hija. Hoy tengo cuatro. Vivimos unos meses en Ginebra, donde hice la práctica en la Organización Mundial de Comercio. Después de eso nos trasladamos por un año y medio a Washington, donde me desempeñé en la OEA en el área de modernización del Estado cuando José Miguel Insulza era el secretario general. Después me tocó trabajar con Mario Marcel cuando fue jefe de división en el BID.

En Washington me contactó Leonidas Montes, quien encabezaba la Escuela de Gobierno de la UAI y me pidió dirigir el master de Gestión y Políticas Públicas. Después de eso, terminé dirigiendo el MBA.

Luego por razones más bien personales, me cambié a la UDP. Había sido ayudante de Fernando Lefort quien tenía un proyecto que consistía en buscar formas para generar impacto en las personas y familias que estudiaban en la Facultad de Economía y Empresa. Eso me hacía harto sentido. En 2015 me seleccionaron para la beca Eisenhower Fellow que elige entre 20 a 30 personas del mundo. Estuve dos meses entre Ohio, California  y Texas. La idea era aprender cómo trabajar en políticas públicas desde lo privado. Después volví a Chile y se abrió un proceso con un head hunter donde buscaban a alguien para un gremio. Y así fue como, en diciembre de ese año, asumí como gerente general de las AFP.

Cuando entré había un proceso de discusión de cómo mejorar las pensiones, por eso me pareció interesante asumir esta tarea. Pero la oposición a este gremio no tenía el nivel de influencia de los que están bajo la consigna NO + AFP. No tenía la connotación ni mirada negativa que tiene hoy. Todo cambió en mayo del 2016, cuando se iniciaron las marchas ciudadanas.

Los sistemas de pensiones tienen que responder a la realidad de los países, y yo creo que las AFP, son un actor más del sistema. Y si se planifican cambios, debe haber modificación en ese actor también. Me parecía atractivo participar en la discusión.

Lo que está pasando hoy me afecta personalmente por distintas razones. Me afecta porque hay una cantidad de mentiras y mitos que no son verdad. Y lo que pasa es que en redes sociales hay mucha gente que se escuda para ofender y le ponen atributos y adjetivos que no son. Las personas se refieren a mí con una lógica que dista bastante como persona. A mis hijos también les afecta. Ellos ven las noticias y el rechazo que existe, también son testigos de discusiones en torno al tema en el colegio y no entienden que el papá trabaje para las AFP. Por eso hay que hablarlo en la casa y explicar la realidad. Y desde esa lógica me afecta mucho porque me preocupa la mentira y la desinformación.

Que ahora se apruebe el retiro del 10% es un tema que me frustra, porque debiéramos discutir cómo aumentar el ahorro para mejorar las pensiones y no cómo empeorar las pensiones que es lo que provoca el retiro de fondos. No me gusta que llevemos como país 5 años discutiendo, y que no haya salido del Congreso un proyecto real para mejorar el sistema. Me afecta como afiliado, y me afecta como actor del proceso de discusión.

Por suerte duermo bien. Tengo apoyo en mi familia y amigos respecto de esto. En términos de salud mental creo que llevo bien esto porque estoy disponible para conversar. He conversado con actores sociales, con los opositores a las AFP, con los que creen y no creen en el sistema mixto de pensiones. En democracia hay que conversar con todos y de todo. Uno desde donde está tiene que poner el hombro, la cara y el corazón. Sin duda ha sido mi pega más exigente y la más expuesta en un contexto de redes sociales donde es fácil pegarle a cualquiera.

No hay ningún insulto que me duela más que otro. Me dicen facho o comunista, depende del grupo que quiera criticarme. Otros creen que, por el hecho de ser Larraín, soy pariente de x persona y me tildan de algo que no soy. Tuve la suerte de estudiar en el colegio que estudié, de tener muchas oportunidades, pero me he preocupado que desde mi posición, se puedan generar espacios y de tener un impacto positivo en las personas que trabajan conmigo. Eso tiene una responsabilidad y un valor. No me gusta que el debate sea simplista.

Me siento incómodo en este mundo político actual porque la discusión está en el extremo, y yo creo que en los matices está la riqueza. Es súper fácil criticar el accionar de los gobiernos. Yo tengo reparos en la conducción política de este gobierno, pero es un tema mío personal. Y hay que entender que les tocó en el momento más difícil, dar soluciones de política pública. Y este tema del 10% es un tema mucho más profundo: no se le puede echar la culpa a esta administración. El país se había puesto de acuerdo para avanzar en un proceso de reflexión. Y transversalmente no hay nadie que encuentre que es una buena idea o buena política pública. Y de verdad entiendo que las familias están endeudadas, y pedir mayor endeudamiento es difícil. Pero no se puede decir “esto lo estamos haciendo porque el gobierno lo hizo mal”, porque vamos a hacer que los trabajadores de Chile paguen. Hay otra consigna que se repite estos días que dice que esta medida del 10% busca infringir daño a las AFP. Lo cierto es que el daño se infringe al sistema, no a las AFP.

En todo este tiempo nunca conocí a José Piñera. Nunca me ha tocado conversar con él. Para la entrevista con Juan Manuel Astorga, me acuerdo que me preguntaron: “Cómo se te ocurre ponerlo a él en pantalla para defender el sistema”. Pero la verdad es que nunca me ha tocado conversar de manera directa con él.

Próximamente dejaré de ser gerente general. No me produce alivio alguno irme en este momento. Tengo una disyuntiva interna en dejar este puesto ahora, por eso, y porque me preocupa el tema, voy a seguir vinculado al sistema previsional. La motivación de partir viene desde antes de la pandemia, es una decisión personal pues con la Blanca (su mujer) queremos que nuestros niños tengan acceso a experiencias de vida distintas. Es un proyecto de familia.

Me voy con pena de que no se haya podido hacer al cambio de pensiones. En el Banco Mundial será consultor del área laboral y pensiones. No veré ningún asunto relacionado a Chile y mi jefe directo será Gustavo de Marco».