“He conocido a más de 15 presidentes de Chile. Me tocó ser adversario político de Salvador Allende, pero eso no quiere decir que no lo apreciara como ser humano. Luchaba contra él pero al mismo tiempo sentía su embrujo, era un personaje muy querible. Lo mismo me pasó con Fidel Castro cuando estuve con él […]

  • 3 agosto, 2018

“He conocido a más de 15 presidentes de Chile. Me tocó ser adversario político de Salvador Allende, pero eso no quiere decir que no lo apreciara como ser humano. Luchaba contra él pero al mismo tiempo sentía su embrujo, era un personaje muy querible. Lo mismo me pasó con Fidel Castro cuando estuve con él en Cuba por ahí por el año 1985, nos pasamos la noche conversando hasta que amaneció. Al final, hasta me ayudó a hacer la maleta porque tenía que irme al aeropuerto. Era un hombre increíble, con gran cultura, capaz de hablar de cualquier cosa. Con un poder de comunicación que te cuesta entender que estés del otro lado. Los empresarios no somos distintos de los dentistas o los alfareros. La gente habla de nosotros porque vivimos en una época materialista y por lo tanto somos estrellas, ya que nos dedicamos a lo que todo el mundo quiere, que es la generación de riqueza. Pero si vas atrás y escarbas en la historia de Roma, te va a costar encontrar información de quiénes eran los empresarios, porque en ese entonces importaban los acontecimientos políticos y el conocimiento. Lo que importa ahora son los Trump; los empresarios triunfantes.

Desde chico tuve gran inclinación hacia las humanidades, pero mi ramo estelar eran las matemáticas y eso hizo que terminara siendo ingeniero civil. Mis aficiones siempre pesaron mucho: la música clásica, la ópera, la literatura, y sobre todo la historia. Shakespeare ha sido una de las pasiones de mi vida, porque es un tremendo ñato. Hace unos 50 años me propuse traducir y adaptar Trabajos de amor perdidos y ahora lo acabo de publicar. La grandeza de Shakespeare es mostrarte la universalidad del personaje, Otelo existe todos los días. El ser humano en seis mil años de historia que conocemos ha cambiado todo, pero sigue siendo el mismo. Con los mismos apetitos y las mismas pasiones. Las mismas tonterías que hizo Julio César las hace Piñera ahora. Se inventarán bombas atómicas, cohetes supersónicos, pero la fuerza más grande que existe en la naturaleza es la razón humana, por lo tanto, no hay nada más importante que la filosofía, aprender a usar la mente para investigarse a uno y al universo. ¿Qué puede haber más importante que eso?

Me gustaría ser recordado como un buen papá y un buen marido. Fui hombre público en una etapa que no es de la cual me siento más orgulloso. He tenido en la vida una cosa que todo el mundo estima como una bendición y no lo es: la precocidad. Eso implica responsabilidades cuando uno todavía no está preparado para sustentarlas. Fui el más joven de todos los presidentes que ha tenido la Sofofa, me gustaría haber tenido ese cargo como pienso hoy. La historia de Chile sería distinta. No me arrepiento, pero lo habría hecho mejor. Allende cayó en términos de factibilidad política, con el paro que convocamos en noviembre del 72 y luego agonizó nueve meses más hasta la tragedia que fue el Golpe y que pudo evitarse. El espinazo ya se lo habíamos quebrado. Si Allende hubiera oído los tambores a tiempo, no habría pasado lo que pasó. Fui a Washington en octubre del 73 con la instrucción de decirles a los gringos, a Kissinger directamente, que habría un gobierno militar el tiempo necesario para plebiscitar una constitución nueva y que máximo en tres años se volvería a una estructura republicana. Luego Pinochet, a través de la verticalidad del mando, impuso 17 años de poder personal. Ese fue el segundo Golpe de Estado que desvió completamente las intenciones primeras. ¿Qué haría distinto si volviera a vivir? Habría amarrado mejor el paquetito con los militares”.