Fue en agosto de 2004. Ese mes, Antonio Carracedo, Federico Fanta y Víctor Petermann, dueño de la reserva biológica Huilo Huilo, crearon Recimat, una empresa recicladora de baterías automotrices, que se hizo cargo de las cuatro mil toneladas de desechos peligrosos –borras anódicas– que se almacenaban hasta ese entonces en los patios de salvataje de […]

  • 8 noviembre, 2018

Fue en agosto de 2004. Ese mes, Antonio Carracedo, Federico Fanta y Víctor Petermann, dueño de la reserva biológica Huilo Huilo, crearon Recimat, una empresa recicladora de baterías automotrices, que se hizo cargo de las cuatro mil toneladas de desechos peligrosos –borras anódicas– que se almacenaban hasta ese entonces en los patios de salvataje de las mineras de Calama. 

Se trata de un residuo que se desprende de los ánodos de plomo que se utilizan en el proceso de extracción del cobre. Para reutilizar los residuos de este mineral altamente contaminante, se funde junto a otros componentes, para luego formar un lingote de plomo que después se usa como insumo para la creación de nuevos ánodos. 

Fue Codelco la que se contactó con Carracedo, quien a través de su empresa Inppamet era proveedor de ánodos de la minera, para que ideara un sistema de reciclaje de estos desechos. Así fue como instaló un horno de fundición en Calama y creó una nueva empresa dedicada solo al reciclaje: Recimat. Pero en 2009 se acabó el stock de borras anódicas y Carracedo, junto a su hijo, que trabajaba como gerente general de la empresa, tuvo que buscar otra fuente de plomo: las baterías de la industria automotriz.

Desde entonces que Recimat se dedica al reciclaje de baterías. Estas provienen principalmente de las mineras, como Codelco o Minera Escondida, y también de empresas automotrices como Derco, Metrobus, Transantiago y Hyundai. La tecnología que utilizan se llama ALP System (Automatic Loading Protection System), la que se encuentra en proceso de obtener la patente comercial.  

Actualmente, Recimat recicla cerca de 130.000 baterías al mes que luego se transforman en 1.400 lingotes de plomo de una tonelada cada uno. Para el futuro, sus socios proyectan expandir su tecnología y favorecer al reciclaje global de estos residuos tóxicos. Además, desde marzo de este año la empresa trabaja con la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago en el desarrollo de tecnologías para reciclar baterías de litio y tienen pensado inaugurar una planta en África en un plazo de tres años.