“Botar basura es demasiado fácil y la creencia de la mayoría de las personas es que es gratis”, dice Ignacio Ovalle, gerente general del emprendimiento. Entonces: ¿por qué hacer un negocio de un servicio que está percibido como garantizado y que resulta cómodo? Porque en BZero la basura no es basura. Son residuos. Y más de un 70% puede ser reincorporado al ciclo productivo.
Por: Fermín Ibarra

  • 4 mayo, 2020

A Ignacio Ovalle, 36 años, ingeniero civil UC y socio fundador de BZero, le gusta comparar a Chile con una isla, por sus accidentes geográficos. “Y en una isla, cualquier beneficio que generemos nos beneficiará solo a nosotros; así como cualquier perjuicio derivado de nuestros procesos solo nos perjudicará a nosotros”, explica. “Esto hace que tenga mucho sentido que revisemos la forma en la cual hacemos las cosas, particularmente en términos medioambientales. Tenemos una tremenda suerte, pero también una tremenda responsabilidad con lo que nos rodea”, resume.
En Latinoamérica, apenas un 5% –en promedio– de los residuos tiene una segunda vida, a través del reciclaje u otros mecanismos como el compostaje. Y en Chile estamos bajo el promedio: menos del 2% de los desechos son recuperados mediante reciclaje. El otro 98% restante va directo a vertederos. Una cifra bastante negativa, si se considera que entre las naciones de la OCDE, el promedio se acerca al 40% y nuestro país es, por lejos, el que menos recicla.
Ahí entra la visión de Ovalle, quien, junto con sus socios, a comienzos de 2018 fundó BZero y apuntó a un nicho clave: lo suyo es ofrecer programas de reducción de basura en edificios, centros comerciales y empresas, para disminuir sus costos y generar externalidades positivas a través de los residuos, pero en serio. “No bastaba con implementar mecanismos tradicionales de reciclaje, de esa manera no podríamos competir contra un sistema de gestión de basura tan fuerte como el existente hoy en nuestro país”. Se asoció con Kyklos, otra firma local, quienes tienen el 33% de participación de la empresa, para sumar expertise en el rubro del manejo de desechos. Y hoy, luego de un período en el que –literalmente– han tenido que evangelizar y educar sobre el tema, están viendo los primeros resultados: “Tenemos edificios en los cuales hemos evitado que más del 50% de sus residuos lleguen a vertederos y, al revés, se reincorporen al ciclo productivo”, resume Ovalle.
Por estos días trabajan con Banco Santander, Inmobiliaria Territoria, CV Galería, Grupo Patio, entre otros clientes, principalmente inmobiliarias y desarrolladores de centros comerciales. Y a futuro estarán entregando servicios en otras regiones de Chile, así como también miran un país vecino para aterrizar con operaciones.
Botar basura = gratis
Existen dos percepciones que no ayudan a concientizar sobre el correcto manejo de residuos. La primera,
muy común, de que la recolección del basurero municipal es gratuita, está muy expandida en la población (y es, por lo pronto, falsa: los impuestos y gravámenes territoriales financian el servicio). Esto ha llevado también a construir una segunda percepción: deshacerse de la basura está bien, y cumplir con esa mínima responsabilidad de agrupar todos los desechos en una sola bolsa no está mal visto. Ovalle zanja que “vemos esta realidad como un pasivo cultural, económico y ambiental que debe corregirse con urgencia. Es por esto que hemos trabajado en identificar socios y clientes que tengan esta misma visión, y que estén dispuestos a mejorar sus sistemas en forma estructural. La idea es dar la oportunidad a las personas de que gestionen sus residuos de buena manera –clasificando en origen, reciclando, compostando–, con la misma o mayor facilidad de lo que hoy cuesta gestionar su basura. Solo de esa manera podremos cambiar los índices y evitar que casi la totalidad de nuestros residuos terminen en vertederos”.
El modelo de BZero no solo considera mejoramiento de infraestructura (zonas, instalaciones y contenedores) e implementación de más eficientes sistemas de gestión, sino que también aporta con educación, capacitaciones y, a la postre, evangelización sobre este problema, en las comunidades y equipos de trabajo.
Ovalle insiste en la metáfora de la autonomía geográfica del país, protegida por cordillera y mar: “Tenemos la suerte de trabajar y aportar en algo que nos conviene a todos; no la podemos desaprovechar. Tenemos la suerte de trabajar junto a las personas, en donde las verdaderas soluciones en esta materia se resuelven de manera colaborativa. Siento que lo que hacemos nos sirve como una excelente plataforma para empujar iniciativas de impacto para el país, las personas y el planeta”. Como en una isla, pero como ejemplo de otras más.