Todo comenzó en España. Felipe (Pipo) Olavarría trabajaba en un restaurante, cuyo dueño organizaba óperas en beneficio de fundaciones. Quiso participar de esta iniciativa y terminó escribiendo un musical. Claro que no uno cualquiera. El chileno había estudiado educación diferencial en Chile, así que incorporó a niños con discapacidad intelectual al show. Tal fue el […]

  • 22 noviembre, 2018

Todo comenzó en España. Felipe (Pipo) Olavarría trabajaba en un restaurante, cuyo dueño organizaba óperas en beneficio de fundaciones. Quiso participar de esta iniciativa y terminó escribiendo un musical. Claro que no uno cualquiera. El chileno había estudiado educación diferencial en Chile, así que incorporó a niños con discapacidad intelectual al show. Tal fue el éxito de la iniciativa, que Pipo terminó trabajando para la infanta Elena en el desarrollo de su programa de musicales. Pero vino la crisis en España y tuvo que reinventarse. Empezó a conducir un programa de radio de la cadena COPE, en el que entrevistaba a empresarios junto a niños con problemas cognitivos. Estos hacían preguntas fuera de lo común a los invitados, más humanas, lo que de a poco empezó a despertar el interés de las audiencias. El programa se transformó en todo un fenómeno y en uno de los más escuchados en España entre 2009 y 2010. Y de los hombres de negocio pasaron a rockstars. Entrevistaron a Bon Jovi, Hannah Montana, Julia Roberts, entre otras celebridades. 

Pero todo el modelo que había armado se derrumbó cuando empezaron los estragos de la crisis económica en el país ibérico. Felipe decidió que era hora de volver a Chile. Creó una fundación dedicada a la inclusión de niños con discapacidad intelectual y así nació Miradas Compartidas, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de estos jóvenes a través de proyectos de entretención. Escuelas de fútbol, natación, musicales, entre otras actividades, son las que organizan hoy. La novedad: en todos estos proyectos participan niños con discapacidad intelectual y otros sin, de manera de generar verdadera inclusión. “Estos proyectos lo que hacen es que se normaliza su condición, y son ellos los que enseñan a los demás”, explica Felipe.

Para financiar su modelo, Olavarría cuenta con el apoyo de Cinemark, cuyas salas de cine reciben 800 mil personas al año. Así, Miradas Compartidas tiene acceso a poner publicidad de diferentes empresas en la tanda que va antes de que empiece una película, que a cambio financian las actividades de la fundación. De esta manera, las compañías aportan recursos para el desarrollo de las actividades de Miradas Compartidas, pero también participan activamente de ellas. Por ejemplo, en las copas de fútbol interempresas se arman equipos mixtos de ocho jugadores, en los que cada uno tiene cuatro de las compañías y cuatro beneficiarios de la fundación. Equipos de fútbol profesional, como Everton, también se han sumado a la iniciativa. Lo mismo ocurre en los musicales, en lo que actúan alumnos de distintas carreras del DUOC junto a los jóvenes de Miradas Compartidas, que hoy suman cerca de 400. Los shows han sido todo un éxito. En 2016, Grease realizó 11 funciones a tablero vuelto entre Santiago y regiones y recientemente estrenaron el musical Los 80 en el Aula Magna de Escuela Militar, cuyas entradas se agotaron en dos días y al que asistieron más de 3.000 personas. 

Los desafíos 2019 son, a través de la ley de inclusión, poder trabajar más de cerca con las empresas a través de estas actividades y también desarrollar programas educativos para que las personas aprendan a convivir con personas con capacidades diferentes.