Margarita Guzmán llegó a trabajar al Centro de Salud Mental (COSAM) de La Pintana en 2007, donde se encontró con una realidad que hasta entonces desconocía: la cantidad de niños, niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual. Muchos de esos niños, con los cuales le tocó trabajar a través del Teatro Reparador, vivían en hogares […]

  • 6 diciembre, 2018

Margarita Guzmán llegó a trabajar al Centro de Salud Mental (COSAM) de La Pintana en 2007, donde se encontró con una realidad que hasta entonces desconocía: la cantidad de niños, niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual. Muchos de esos niños, con los cuales le tocó trabajar a través del Teatro Reparador, vivían en hogares de protección del Sename y Margarita comenzó a involucrarse cada vez más en sus vidas. “Empezamos a preguntar y averiguar dónde se necesitaba más ayuda dentro del Sename y nos dijeron que en la capacitación y desarrollo de los adolescentes que vivían en el CREAD (Centro de Reparación Especializada de Administración Directa) Pudahuel”, cuenta. Así llegaron hasta ese centro, donde viven aproximadamente 100 niños y niñas de entre 12 y 18 años, la mayoría sin escolaridad y con amplios tiempos de ocio.

Les cedieron un primer espacio para hacer talleres de amasandería y en 2012 crearon la Fundación Sentido. Con los años fueron sumando peluquería, computación, cocina y costura a la oferta, perfeccionaron la metodología, e incorporaron otros profesionales al equipo. Hasta la fecha, más de 1.200 jóvenes han participado voluntariamente de estos talleres y menos del 7% se retira. En el éxito ha sido clave la incorporación de otros actores relevantes de la sociedad como la Comunidad de Organizaciones Solidarias, FOCUS, Desafío Levantemos Chile, Fútbol Más, el Fondo Amancay, el Ministerio de Desarrollo Social y personas de la sociedad civil como Virginia Demaria, Mery Palma, Sebastián Ferrer y Yoya Montalva con el equipo de Mi Lady Señorita.

“Más que enseñarles un oficio, buscamos desarrollar sus habilidades blandas, mejorar su autoestima, desarrollar la voluntad, la autonomía y confianza, a ser rigurosos, constantes, respetar a otros, cumplir diferentes roles y tolerar la frustración”, explica Margarita.

“Pero el gran problema –agrega con frustración– es que cuando salen se van directo a la calle, los perdemos o se nos mueren, es tremendo”. El Sename solo acoge niños hasta los 18 años, luego deben sobrevivir solos, sin educación, herramientas ni un techo. Ante esta realidad, Fundación Sentido junto con la Subsecretaría de la Niñez, del MDS y el Sename están trabajando para implementar el primer proyecto de Casas Compartidas para que los jóvenes que deben dejar el Sename, puedan contar con el apoyo para insertarse y empezar una vida sana y feliz. Este piloto cubre todos los gastos de vida para seis hombres y seis mujeres en cada casa, más un monitoreo psicológico y psiquiátrico que les permita ejercitar la independencia acompañados y asegurar la inserción, junto con la evaluación necesaria para que esta solución se transforme en una política hecha y derecha. La iniciativa está basada en Housing First, un proyecto internacional, que erradica la situación de calle. “Es uno de los programas sociales más exitoso en resultados, con 85% de tasa de éxito en EEUU”, explica Margarita.

Al proyecto ya se están sumando los privados, como el Banco Santander y la iniciativa 3xI, impulsada por la CPC, que está buscando una empresa que se vincule y apadrine las Casas Compartidas. Las primeras podrían abrir en 2019, pero Margarita agrega que necesitan aún más aportes del mundo privado para lograrlo: “Es muy frustrante cuando se van a la calle, el deterioro es instantáneo, se nota en la piel, en la mirada, es tan violento, tan claro que viven en el infierno. Se te parte el corazón. Sin casas compartidas no vamos a lograr que se inserten y sean un aporte en la sociedad”, dice.