BONAIRE Cincuenta años atrás Bonaire prohibió la caza con arpón y luego decidió proteger sus arrecifes; eso cuando aún a nadie le interesaba la ecología profunda. El resultado es que ahora Bonaire es uno de los mejores lugares para bucear en el mundo: eso porque hace ya décadas sus principales arrecifes y todos los spots […]

  • 2 septiembre, 2012

BONAIRE

Cincuenta años atrás Bonaire prohibió la caza con arpón y luego decidió proteger sus arrecifes; eso cuando aún a nadie le interesaba la ecología profunda. El resultado es que ahora Bonaire es uno de los mejores lugares para bucear en el mundo: eso porque hace ya décadas sus principales arrecifes y todos los spots de antología -Alice in Wonderland, Country Garden o Sweet Dreams- están muy bien conservados por el Bonaire Marine Park. Y en todos es fácil maravillarse con rayas gigantes, peces lobo, meros, peces trompeta, peces ángel, barracudas, erizos de mar, cangrejos ermitaños, etcétera, etcétera.

Bonaire es la más pequeña de las islas ABC (Aruba, Bonaire  y Curazao) y, dicen, de aquí a poco podría convertirse en el Mónaco del Caribe. Confirmado como territorio holandés hace no más de dos años, el lugar tiene todo lo que faltaba en el vecindario: estilo, tranquilidad y una profunda belleza que no sólo la ha convertido en Meca del buceo internacional sino también en uno de los mejores destinos para practicar kite y windsurf. De hecho, Branson -el excéntrico dueño de Virgen- navega aquí cada año.

Bonaire – de 288 km2 y no más de 10 mil habitantes- está más cerca de Venezuela que de Miami, las Bahamas o Puerto Rico. Y, en general, para llegar hasta allí los fanáticos del buceo suelen volar desde Caracas o bien Estados Unidos, previa escala en Curazao. Ya en el aeropuerto uno se da cuenta de que buena parte de los visitantes rayan con las aletas y los snorkels; basta saber que Kralendijk, la capital, significa en holandés  “arrecife de coral”.

¿Puede imaginar cómo es vivir en un país cuya capital se llama Arrecife de coral?  Sea como sea, muy cerca del aeropuerto los turistas (tempranamente excitados y aún sin siquiera haber abierto las maletas en sus respectivos hoteles) no aguantan más y desenfundan plomos y mascarillas a orillas del camino y luego se lanzan a chapucear.

Hacia el final del viaje, no menor es recorrer la pequeña isla y algunos de sus notables atractivos. Entre ellos el lago Goto donde se estima que viven unos 20 mil flamencos.  O  Fort Oranje, un fuerte del siglo XVII que construyeron los holandeses para proteger una isla que, en verdad, a nadie le interesaba más que a ellos mismos.

Increíble es el mercado de Rincón, la otra mini ciudad en la isla; sí o sí hay que andar en kayak en los manglares de Sorobon (www.mangrovecenter.com) y hacer trekking en el Parque Washington Slagbaai. Por último, un imperdible de Bonaire es bucear en las cavernas submarinas, travesía que en Jentis Tours comienza a bordo de una destartalada van (www.junetis-tours-com). Una vez en el sitio se baja con soga de cáñamo. El viaje es alucinante porque, literalmente, estará buceando debajo de la isla. Algo único y especial.

 

ISLA COCOS

Si hablamos de buceo en Centroamérica, Cocos -en Costa Rica- es el lugar. Claro que eso de Costa Rica es un decir: Cocos está a 550 kilómetros de la costa y, como no hay aeropuerto, la única forma de llegar es en pequeños barcos que tardan casi dos días. ¿Una locura? Puede ser. Es eso lo que hace que Cocos sea Cocos; una isla remota, lejana, que ha ganado su fama (gruesa fama) gracias a que sus aguas están infectadas de tiburones.

¿Por qué ir entonces? Buena pregunta. Cocos está tan aislada que buena parte de las especies que viven ahí sólo existen ahí. Es lo que explica que, hace no mucho, la UNESCO declarara a la isla Patrimonio de la Humanidad.

El viaje es así: se llega a San José y luego a Punta Arenas, el puerto desde donde parten los numerosos barcos, especializados en buceo, que dicho sea de paso serán el único lugar donde podrá alojar durante la aventura. Cocos en verdad mide poco más de 20 kilómetros cuadrados, así es que olvídese de bares, restaurantes, hoteles. Pero bueno… Ud. no ha viajado hasta Cocos para que le pongan una pulsera…Ud. ha llegado aquí para bucear.

Bueno saberlo: Cocos tiene solo dos bahías donde anclan los barcos (Chatham and Wafer); el resto son profundos bajos en los que se puede bucear junto a tiburones martillos, silkys  o puntas plateadas.

Vale el dato: si bien varias compañías operan entre Costa Rica y Cocos (4 mil dólares cuesta el viaje, promedio por persona) una de las más interesantes es Deep Sea: la insólita empresa creada por Steve Drogin (Q.E.P. D.), el gran aventurero de los fondos marinos. Pese a morir a los 69 años, Drogin alcanzó a ver concretado el gran proyecto que le quitó tantos dólares como sueño: el primer submarino con vista en 360 grados; un prodigio de la tecnología y el diseño (autoría de Sea Imagine), hoy operado por la empresa Undersea Hunter justamente en Cocos.

Funciona de la siguiente manera: usted llega, lo recibe el piloto. Y, junto a otro pasajero, se prepara para la inmersión.  No hay que preocuparse de nada. Dentro del Deep Sea, todo está seco, descomprimido y la autonomía es de 72 horas bajo el mar.  Claro que lo mejor ya lo estará imaginando: afuera está lleno de terroríficos tiburones. Ud. está muy cómodo en el submarino. Y nadie lo saca de ahí. Wow.
www.underseahunter.com

 

FIJI

Si vuela desde Los Ángeles a Nadi, la capital de Fiji, tardará poco más de diez horas. Y ojo que ahí el viaje recién habrá comenzado pues luego hay que seguir en avioneta a Vanua Levu, la segunda isla más grande. Y, por último, irse por mar o por tierra hasta Savusavu, la bahía donde está el centro familiar de buceo que construyó y diseñó Jean Michel Cousteau, el hijo arquitecto del mismísimo Jacques Cousteau.

Podrá imaginarlo. En Fiji todo es raro, distinto, atípico. Basta saber que es un país que no tiene fronteras y la jefa de estado sigue siendo la reina Isabel. Lo bueno es que el lodge de Jean Michel sí que es occidental y cuenta con veinticinco cabañas de ensueño que parecen sacadas de algún especial de  Travel & Leisure.

Mucho confort, buena comida y un servicio que incluye a biólogos profesionales son parte de la oferta. El resto es agua y arena; mucho nitrox (ese gas que permite bucear a altas profundidades); peces pelágicos de gran tamaño y fantásticos corales blandos que son, en buena parte, responsables de toda la fama que se ganó Fiji entre los buceadores adictos a los gases y la cerveza.
Lo otro es el mito Cousteau. Cineasta y ecologista acérrimo, Jean Michel llegó a pelearse duramente con su padre, quien incluso lo demandó en tribunales por el uso de la marca “Cousteau”. Con todo (y pese a todo), Jean Michel logró forjar su propio éxito y, de hecho, en su currículum figura haber convencido al presidente Bush de que creara el área marina protegida más grande de Estados Unidos. Y fue, además, la persona que se hizo cargo de Keiko, la orca que inspiró la célebre película Liberen a Willy. Claro que su gran acierto (aparte de las más de 70 películas que ha hecho, incluida una que ganó el Emmy) es haber fundado Ocean Futures Society, organización dedicada a la investigación y protección de los mares.

Ya irá imaginando, entonces, de qué va el Centro Cousteau en Fiji: un lugar fantástico con todos los chiches del sueño playero, pero además los servicios de lo que allí llaman L’Aventure Jean-Michel Cousteau; o sea un plan de actividades para buceadores y no buceadores en el que, junto con las inmersiones, se le hace al turista una clase de las cosas que se observan bajo el mar. Imperdible es Jackson; un spot marcado por corales púrpura y, en general, todo el arrecife de Namena junto al mar de Coro.

 

ISLA DE PASCUA

Rapa Nui -un triangulo que flota en el mar, a 3.526  km. de la costa de Chile y a 4 mil km. de Tahití- es una isla de origen volcánico, con tres grandes conos extinguidos en cada vértice, amén de muchos y pequeños volcanes que asoman por todos lados. En Pascua, el único pueblo es Hanga Roa, una armónica villa con vista al mar y casi cuatro mil habitantes, muy parlanchines, que hablan español y pascuense.

En la isla, todos los servicios y buena parte de las hosterías y hoteles se concentran en la avenida Policarpo Toro. Desde ahí se visita emblemáticos lugares como Ovahe y Anakena, las dos únicas playas. O bien los formidables motus; grandes rocas sobre el océano. Sin duda uno de los spots de buceo más bellos del mundo.

Pero antes de hablar de inmersiones, que queden claras al menos dos cosas: Rapa Nui posee un clima tropical lluvioso, sin excesiva humedad, con temperaturas que en verano rara vez superan los 25º C. Pese a ello se trata de una isla con escasa vegetación y definitivamente más eucaliptos que palmeras. O sea, un remoto destino con una belleza muy distinta a la de cualquier catálogo polinesio de turismo. Eso y su extraordinaria cultura hicieron que la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad. Aparte, la mitad de Pascua es un parque nacional cuya entrada se paga sólo una vez en Orongo.

El punto es este: viajar a Pascua y pasarlo bien es una cosa. Ir y que tu anfitrión sea el mítico Mike Rapu es otra distinta. A saber: Mike Rapu es un capo entre capos. Chef con pergaminos, es autor de su propio libro de recetas  (en sociedad con Pedro Ibáñez, dueño del célebre Explora).

Pero donde en verdad se luce Mike es en el agua; basta saber que el 2000 logró, con sus 71 metros de descenso, el récord sudamericano de apnea constante. Aparte, tiene pergaminos en caza submarina, deporte que practicó por años a alto nivel y le dio una sólida base para luego inaugurar en la isla el Centro de Buceo Mike Rapu; un imperdible de Pascua si lo que se quiere es conocer sus farellones y cuevas submarinas, islotes y bajos.

Inolvidable destino para todo divemaster (o aspirante a serlo), Pascua se caracteriza por su visibilidad de al menos 60 metros, cálidas aguas y un endemismo de al menos 30%. Vai a Heva, el moai sumergido frente a Hanga Roa, sin olvidar los motus (con paredes de hasta setenta metros) son algunos de los imanes de este formidable lugar, todo un orgullo ya sea usted chileno o no.   www.mikerapu.cl

 

HURGHADA, MAR ROJO

Hay que andar con energía (mucha energía) para disfrutar Hurghada. Ok: hay lindas playas, vistas preciosas y ricos hoteles, pero también muchas rusas en topless, rusas buenas para la cerveza en los bares y, claro, muchas rusas semi desnudas disfrutando de sus snorkels por todos lados.

Antiguo pueblo de pescadores, bien plantado al sur de la entrada al Golfo de Suez, en la costa este del desierto arábico, Hurghada es una larga franja de arena repleta de grandes hoteles en los que nunca faltan camas con velos pero sí ventiladores. Nadie puede ir a Egipto sin conocer Luxor o el Valle de los Reyes, pero tampoco Hurghada; un atípico destino en el que se mezclan las túnicas de los beduinos con los sostenes de las turistas más los dulces pescados multicolores.

Anote: a Hurghada se puede llegar manejando desde El Cairo (son unas seis horas) o bien en avión. Una vez allí, clásico de clásicos es tomar un tour de buceo a las islas Giftun que están justo al frente del pueblo. ¿Cómo es? Uf. La visibilidad es absoluta. Uno se siente como flotando en el espacio. Y el non plus ultra es observar los gigantescos corales cerebro que parecen islas en el fondo del mar.

No es broma Hurghada; el lugar es bello. Bello, bello. Y si va en compañía de no buceadores hay múltiples panoramas como visitar algunos oasis o la isla Tiran. Lo otro es comer rico: comer mezzes o hummus frío, aliñado con aceite y pasta de sésamo, que quizás nunca más volverá a probar en su vida.

Nada malo que decir de Hurghada: la temperatura del agua es perfecta, la arena es blanquecina, hay esponjas y peces de insólitas formas. Si Nemo hubiera llegado alguna vez a Hurghada ni en broma hubiera querido volver a su coral.