En 2019 Francisco Rojas y Julián Marín a través de su empresa Hobe, crearon albergues modulares partir de contenedores reciclables. Hoy en el contexto del Covid-19, reinventan su proyecto para crear cabinas de aislamiento para los centros de salud.

  • 20 mayo, 2020

En 2018, después de analizar distintas municipalidades, el administrador de empresas, Francisco Rojas llegó a la conclusión de que había muy pocas soluciones para las personas en situación de calle. Sabía que en Chile viven alrededor de 20 mil personas en esta situación y que cada año mueren en promedio 30, solo por hipotermia, sin tomar en cuenta los fallecimientos por alcoholismo o hambre. “Se habla de que existen unos 15.000 servicios para las personas de la calle, pero estos pueden ser incluso ir a dar comida. Las camas que hay para estas personas, no superan las 2.000 en la actualidad”, dice.

Con la idea de dar alguna solución a la necesidad de alojamientos coincidió con Julián Marín en la consultora Grado 6. Ambos tenían la misma inquietud y perfiles distintos: Rojas aporta creatividad y Marín aterriza estas y crea un modelo de negocio sostenible. Analizaron varios referentes externos hasta que dos les llamó la atención: la empresa eslovaca Gregory Project que hace casas modulares; y un modelo chino de hoteles capsulares.

Mezclando ambas ideas crearon un sistema de refugios modulares que se montan rápidamente y que no necesitan permisos de edificación ya que no construyen en los terrenos.

A través de su empresa Hobe llegaron a la Municipalidad de Las Condes en 2019, donde les enseñaron “con quien teníamos que hablar, cómo hacer para ser proveedores del Estado, cómo presentarnos”, explican los emprendedores.

Partieron con un albergue en esa comuna con 18 habitáculos, donde durmieron 102 personas el año pasado, 12 de ellas de forma permanente. Aproximadamente 12 iban todas las noches y el resto iban rotando. “El estándar de calidad se basa en preguntarnos siempre si dormiríamos ahí, porque buscamos entregar dignidad a las personas”, dice Rojas. De hecho, de las 12, 9 salieron completamente de la calle y hoy viven en casas. «Cuando las personas empiezan a dormir mejor, empieza a bajar su consumo y les pueden cambiar muchas cosas”, dice Rojas.

Durante el incendio de Valparaíso instalaron cabinas durante 4 meses para las personas que perdieron sus casas. Y ayer montaron un albergue en Limache que durará 5 meses con dos contenedores para 10 personas cada uno. A través de la campaña llamada Movidos por Chile, los emprendedores buscan que las empresas o particulares donen fondos y cada 6 millones y medios se arma un contenedor para 10 personas en situación de calle. Para eso están asociados a la Fundación la Semilla.

Giro

Con la llegada del coronavirus, varios de sus conocidos y familiares les preguntaron a los fundadores de Hobe si tenían alguna idea en mente para ayudar en esta crisis. Según cuenta Rojas, en esas noches que uno no duerme por intentar crear algo, surgió la idea de presentar un modelo dentro de lo que ya sabían hacer, pero con un enfoque en salud para aportar ante la falta de camas hospitalarias. En 48 horas desarrollaron el proyecto.

Se trata de cabinas hospitalarias que aseguran el aislamiento y pueden ser usadas para el control a pacientes positivos, pero asintomáticos, de modo que estos eviten usar una cama clínica. Cada habitación mide 1.90 de ancho y 2.20 de largo. Cuentan con tecnología IOT, que es capaz de medir la temperatura a distancia de los pacientes y con un sistema de limpieza Delphin, el mismo que usan actualmente en los hospitales de Wuhan, en China para combatir el Covid-19.

Al igual que los albergues modulares, estas también son transportables, al igual que los focos infecciosos. “Hemos visto cómo los focos cambian del sur a la zona centro y que dentro de Santiago también va variando, es una cualidad muy importante que se puedan mover, para brindar ayuda efectiva”, dice Rojas.

Están conversando con centros de Bolivia, quienes les pidieron varias cabinas con capacidad para 100 personas y que quepan en una cancha de fútbol, sin embargo, aseguran que las conversaciones con organismos del Estado de cualquier país, siempre son lentas.