“Uno en la vida tiene que elegir, apechugar con la decisión y no andarte cuestionando ni dándole vueltas. Yo, por ejemplo, elegí entre periodismo y economía. ¡Cómo me hubiera cambiado la vida ser economista! Después elegí ser mamá y nunca anduve lloriqueando porque no podía trabajar jornada completa, porque mi prioridad eran mis hijos y […]

  • 22 noviembre, 2018

“Uno en la vida tiene que elegir, apechugar con la decisión y no andarte cuestionando ni dándole vueltas. Yo, por ejemplo, elegí entre periodismo y economía. ¡Cómo me hubiera cambiado la vida ser economista! Después elegí ser mamá y nunca anduve lloriqueando porque no podía trabajar jornada completa, porque mi prioridad eran mis hijos y lo fueron siempre. 

Uno cuando elige tiene que asumir los costos, y eso es como un desgarro. Dejas una parte fuera, a la cual renuncias. Como cuando renuncié al piano, que toqué durante quince años, por entrar a trabajar jornada completa al diario. Disfruté el piano, pero me iba a quitar tiempo con mi familia. Eso a veces me duele. 

Antes yo no tenía tiempo. Ahora escribí un libro, voy a clases de baile y pinto, lo que ha sido un oasis, una revelación. Puedo estar cuatro horas pintando y me ausento. No tengo hambre, no tengo sed, no tengo frío… Entre la pega y los niños, no hay tiempo para hobbies. Con la edad, voy a tener tiempo de volver a cosas que postergué y que ahora voy a poder elegir. Uno está llena de intereses y los va postergando porque no te caben en la vida no más. Elegir es postergar otras cosas. 

Uno vive tan acelerado, tan exigido. Los periodistas, o están enchufados, o no están. No es una profesión a medias, en la que uno diga “le voy a dedicar medio tiempo no más”, porque al final no estás. Los periodistas somos muy esclavos, hay que pagar un costo demasiado alto de renuncia y de esclavitud. 

Por el periodismo no respeto suficientemente las barreras de intimidad que la gente respeta. Estoy acostumbrada a franquearlas. Y me doy cuenta porque, aunque no esté haciendo periodismo, sigo siendo la misma que trata de ir al tiro a concho y lo más rápido posible. Eso es una deformación de periodista y la gente tiende a ser mucho más cauta y no es tan inquisitiva, no trata de llegar a fondo. 

Soy un gancho perfecto para el linchamiento en redes sociales, porque no soy políticamente correcta. Yo discrepo de la opinión de los otros periodistas y todo el grupo de izquierda de Twitter no quiere más conmigo. Si buscas mi historial por esa plataforma, te vas a deformar, porque eso no soy yo. 

En el periodismo, he cosechado lo que he sembrado. Lo que siempre me ha caracterizado es que me atrevo a decir mis opiniones aunque vayan contra la marea. Me atrevo a hacer cosas que personas que son más cautas no dicen. No digo que sea una virtud, pero yo arriesgo mucho, lo que va con mi carácter. Cuando me dicen ‘es que tú eres tan valiente’, yo digo ‘¿seré demasiado temeraria? ¿Por qué me felicitan tanto cuando aparezco en programas de televisión?’. Yo no quiero ser la Juana de Arco, no me interesa. 

¿Acaso para vivir en sociedad no hay que decir las cosas como son? ¿Hay que ser siempre políticamente correctos? Por el camino políticamente correcto uno termina callando las cosas importantes”.