“Soy la mayor de mis hermanos y de todos mis primos, entonces cuando mis papás se casaron vivimos todos en una sola casa: primos, abuelos, tíos. Mi abuelo era medio patriarcal, tenía una casa gigante, éramos algo así como allegados. Hasta más o menos los cinco años viví ahí. Los recuerdos que tengo son particularmente […]

  • 17 enero, 2019

“Soy la mayor de mis hermanos y de todos mis primos, entonces cuando mis papás se casaron vivimos todos en una sola casa: primos, abuelos, tíos. Mi abuelo era medio patriarcal, tenía una casa gigante, éramos algo así como allegados. Hasta más o menos los cinco años viví ahí. Los recuerdos que tengo son particularmente de esas navidades masivas. Era una instancia única, muy entretenida.

Siempre he sido una persona alegre, en general optimista, poco enrollada y un tanto obsesiva, quizás también, extremadamente competitiva.

Recuerdo una hazaña de cuando era concejal y trabajaba en el Hospital Psiquiátrico de Concepción. Resulta que había un problema muy grande en la ciudad porque muchas personas con esquizofrenia estaban en situación de calle, era gente que no tenía familia… Yo pensaba: ‘Esta gente tiene tratamiento, pero no tienen una familia que les dé el tratamiento’. Así supe que necesitaba fabricarles una familia. Realicé gestiones en la municipalidad, postulé a un proyecto para financiar una casa y empecé a hacer eventos. Hice una corporación, llevamos a Claudio Bravo, a Cachureos, y juntamos la plata. Yo no quería que esa casa fuera como un hospital, entonces me tenía que conseguir un matrimonio que quisiera vivir con 10 personas que no conocían y que, además, tenían esquizofrenia. Era prácticamente imposible (ríe). Como soy católica, pensé ‘solo necesito un milagro’ y recé. Al tiempo apareció un matrimonio dispuesto, diría que siguen viviendo juntos hasta el día de hoy.

El momento más difícil de mi carrera fue cuando tuve a mi quinta guagua, yo era alcaldesa, y en ese momento me obligaban a tomarme el postnatal y dejar a alguien de la Concertación de ese tiempo reemplazándome en el cargo. Yo encontraba que eso era absurdo, que no podían obligarme a dejar a alguien de un signo político distinto al mío en un cargo que yo había ganado. Y dije, “no me pienso tomar este postnatal”. Se metió hasta el Sename y fue duro porque empezaron a cuestionar mi rol de mamá. Hoy puedo decir que mis seis hijos son buenas personas, alegres, solidarios, generosos, respetuosos, buenos alumnos. Ordenar los tiempos no es fácil, mi marido me ha dado un apoyo incondicional siempre. Vivir en Concepción, trabajar en Valparaíso y que otra parte del trabajo sea aquí en Santiago, no es fácil. Veo a mis hijos menos de lo que me gustaría, pero probablemente es lo que les pasa a familias que viven en un mismo lugar, llegan del trabajo y los niños ya están durmiendo.

La primera vez que hice una campaña política tenía 26 años. Eso de ver mis carteles en la calle me daba cierto pudor, darme cuenta de que la gente me miraba, no sé, era un sentimiento raro. Hoy perdí el pudor absolutamente. Eso sí, las insolencias en redes sociales no las leo, las bloqueo. De otra forma sería poco sano. Me considero una persona que no deja corazones tibios. Yo digo lo que quiero decir en el minuto y obviamente eso no significa que sea lo que la gente quiere escuchar.

Con el tema de las campañas políticas y toda esa polémica que se armó, yo decía que la forma en la que se financiaban era un tema transversal en la política chilena. Y así era hasta antes que cambiara la interpretación de la ley, eso no era un delito tributario, como máximo era una falta. Hoy hay un financiamiento legal de las campañas, y la ley debe respetarse. 

Como presidenta de la UDI, siento que mi lucha política es seguir haciendo más grande este partido. Estoy convencida de que son nuestras ideas las que ayudan a mejorar la calidad de vida de la gente, y la única forma de impulsarlas es con partidos políticos, porque así se construyen las democracias”.