“Cuando yo era niño, mi papá trabajaba en una empresa textil, en Renca. Me llamaba la atención ese sector industrial, por lo grande que era y el tamaño de sus chimeneas. También recuerdo los campamentos que había en el río Mapocho. Era algo absolutamente común y corriente. Lo triste y contaminado que se veía, con […]

  • 26 abril, 2019

“Cuando yo era niño, mi papá trabajaba en una empresa textil, en Renca. Me llamaba la atención ese sector industrial, por lo grande que era y el tamaño de sus chimeneas. También recuerdo los campamentos que había en el río Mapocho. Era algo absolutamente común y corriente. Lo triste y contaminado que se veía, con un fuerte olor. Y el contraste con el lugar donde yo vivía, que era una casa pequeña, pero en Las Hualtatas. El campamento era algo cotidiano del paisaje, la interacción era muy fluida. Uno tiende a extrañarlo ahora que la ciudad se ha segregado más.

Siempre me dicen que soy hijo de Miguel Ángel Poduje, ministro de Augusto Pinochet. Es un tema que la gente asume como un hecho. Ese señor es primo en segundo grado de mi padre. Nada contra él, pero tampoco ninguna cercanía. Cuando yo estaba en la universidad, en una protesta, cacharon mi nombre y me funaron. Fue heavy porque casi me pegan.

En Santiago faltan tres cosas. Una es la conectividad, la gente se demora mucho en viajar; el metro debe ser el soporte estructural del sistema. Segundo: los sitios eriazos, el descuido del espacio público. Tercero, las condiciones de déficit cualitativo que tienen las viviendas.

Soy concertacionista. La Nueva Mayoría reniega de su pasado y no hay futuro si te acomplejas por él; es una coalición que nació muerta. Me carga el Frente Amplio, es lo más sobrevalorado de los últimos veinte años. Me parece un poco ridícula su postura de superioridad moral y de purismo casi canuto.

La caída de la candidatura de Ricardo Lagos fue muy fuerte, era mi primera incursión en política. Y todo se fue a la mierda. De repente me di cuenta de que nuestra gente se fue a trabajar con Guillier. ‘La política es así’, me decían. Nunca lo pude entender. El Presidente se quedó solo. Fue fuerte, no sé qué enseñanza puedo sacar de eso. En política no puedes tener rencor ni memoria, no puedes picarte. Obviamente, eso generó en mí una reacción de confrontación de ideas. La gracia de Twitter es que puedes hablar con cualquier persona, pero te encuentras con ‘barras bravas’ fuertes, y eso te hace confrontacional. Es una plataforma bastante agresiva.

En Twitter hice una crítica al alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, porque encuentro que no lo ha hecho bien en su comuna. En esa discusión, Cristián Leporati dijo algo de mi papá, pensando que había sido ministro de Pinochet. Hay cosas que uno puede soportar, pero no que un tipo, que se supone que es culto y es director de una escuela, te diga eso por redes sociales. Para mí es inaceptable: yo jamás hablaría del padre de nadie de esa manera. Además, ni siquiera era mi papá. Y Baradit lo defendió, empezó a dar cátedra, siendo que en una conversación reciente había tratado a Mariana Aylwin de la peor forma, misógina y machista.

Hay peleas que no valen la pena y son un absoluto error. Valen la pena las discusiones para empujar proyectos desde todos los frentes: seminarios, prensa, columnas, redes sociales, etc. ¿Qué no vale la pena? Pelear con monos chicos. Es una estupidez.

Ahora estoy más en Instagram, que es mucho mejor. La gente es más buena onda. Twitter hay que suavizarlo un poco, está muy tóxico. Pero si hay pelea, hay que darla”.