Foto: Verónica Ortíz

  • 30 agosto, 2019

“Nos avisaron que se concretaría la extradición de Mauricio Hernández Norambuena desde Brasil el domingo en la noche, a última hora. El primer sentimiento que te invade es el de una profunda serenidad y calma. Eso es lo que finalmente genera la justicia. Después de 23 años de impunidad y denegación sistemática de justicia, uno de los autores intelectuales del asesinato (de su tío, el ex senador UDI Jaime Guzmán) cumplirá finalmente condena en Chile. Volver a creer en la justicia es primordial para nosotros como familia. Esa noche me acordé mucho de mi abuela. Para ella esto fue muy brutal. El año 91 trabajaba en turismo y partía a fines de marzo de ese año a un viaje por distintos pueblos de Alemania, para las semanas musicales de Bach. Antes de irse, se juntó con Jaime, quien le leyó el discurso que tenía preparado para la sesión del Congreso Pleno en la cual se discutiría la reforma constitucional que permitía al Presidente de la República indultar a condenados por hechos calificados como terroristas. Cuando terminó de leerlo, mi abuela le dice: ‘¿Te das cuenta de que con esto estás firmando tu sentencia de muerte?’. Jaime le respondió: ‘Sí, mamá, es una posibilidad, pero esto hay que hacerlo por las convicciones y principios que tenemos’. Por primera vez en su vida mi abuela dejó un listado con los hoteles donde estaría en ese viaje, por si necesitaban ubicarla. Jamás lo había hecho antes. Cuando le avisaron en el hotel que el embajador de Chile en Alemania estaba esperándola en el lobby porque necesitaba hablar con ella, dijo: ‘Mataron a Jaime’.

El 1 de abril de 1991 yo estaba en mi casa, había vuelto del colegio, cuando recibí la noticia. Llamaron a mi mamá para contarle que le habían hecho un atentado a Jaime y que una bala solo le había rozado un brazo. Partió al Hospital Militar creyendo que ese era el diagnóstico.

Éramos cercanos y teníamos una relación estrecha. Era mi padrino. Tenía 15 años cuando lo mataron. Se necesita más tiempo para poder responder si quiero ver o no a Hernández Norambuena. Que decanten las cosas. Hoy no tengo ganas de verlo pero tampoco me niego en el futuro. Estoy intentando aportar a generar un clima más de reconciliación que de enfrentamiento. Me pregunto de qué sirve el dolor. Tanto el que ha sentido mi familia como el de aquellos que aún no encuentran los cuerpos de sus seres queridos. El 2023 se cumplen 50 años del Golpe y las heridas en nuestro país aún no cierran, la reconciliación la siento lejana. Llegó el momento en que una nueva generación tiene que tomar esta posta. Necesitamos más diálogo. Asumo que no es fácil, pero hay que explorar si en la otra vereda hay interés. Puede no haber voluntad, y lo voy a entender perfectamente. Pero al menos hay que intentarlo.

En política sobresale exclusivamente el conflicto y el enfrentamiento. No así los gestos. El que tuvo Gabriel Boric con mi familia, de pedirle perdón por su entrevista con Palma Salamanca en París –estando prófugo de la justicia y siendo quien mató a Jaime a tiros– y por el episodio de la polera, fue algo que no esperaba. Lo valoro profundamente. Fui muy acogedor con él, pero también le hice ver lo duro que había sido para nosotros su encuentro.

Tengo cero complejo de mi domicilio partidista. Valoro los aportes que ha hecho la UDI, pero también soy muy crítico de su pasado. Obviarlo sería un simplismo. El pasado es parte del presente en política, por lo que te tienes que hacer cargo de él. Te guste o no. Te acomode o no. No me veo cambiándome de partido. Sería como pasar del Colo a la Chile. Imposible, impracticable. Lo que no se hace en el fútbol, tampoco se hace en política ni en la vida.

La semana pasada fue de hartas emociones. Por la extradición de Hernández Norambuena y, en lo laboral, por la aprobación del proyecto de Modernización Tributaria en la Cámara de Diputados después de un año de su presentación. Se trata del proyecto tributario que más larga tramitación ha tenido desde la vuelta a la democracia. Me hubiera gustado ver más disposición del Congreso en apurar una iniciativa como esta, que es clave para generar mejorías en la calidad de vida de las personas. Hacer crecer a Chile desde el Ministerio de Hacienda es una tarea desafiante. Y trabajar bajo el liderazgo de Felipe Larraín, un privilegio.

A pesar de la vorágine diaria del gobierno, hay que hacerse un tiempo para conectarse con uno. Es necesario. Agradezco que ‘Los Insufribles’ no me hayan expulsado y que todavía me soporten, dejándome tocar en la banda. La batería es un instrumento terapéutico, potente, pero difícil. Requiere mucha coordinación y adelantarse a los compases que vienen. Parecido a lo que se requiere para aprobar un proyecto de ley. Revisitamos The Cure, Los Prisioneros, Pixies y Cerati, entre otros”.