“Cuando niño hacía mucho deporte con mi papá. Nos llevaba a nosotros, sus cuatro hijos, a subir cerros, navegar, jugar tenis y andar en bicicleta. Siempre formó parte de nuestras vidas esa rutina. Él murió hace un mes. Ha sido bien impresionante y doloroso, pero aquí estamos. Cuando eso ocurre, uno es capaz de entender […]

  • 24 mayo, 2019

“Cuando niño hacía mucho deporte con mi papá. Nos llevaba a nosotros, sus cuatro hijos, a subir cerros, navegar, jugar tenis y andar en bicicleta. Siempre formó parte de nuestras vidas esa rutina. Él murió hace un mes. Ha sido bien impresionante y doloroso, pero aquí estamos. Cuando eso ocurre, uno es capaz de entender lo que se siente, la ausencia y la soledad. Como ministro, tengo muchas actividades durante el día, tengo mucho en qué pensar los siete días de la semana, y eso a veces no ayuda a dar vuelta la página. Así que uno acompaña el dolor con el trabajo.

Siempre destaco la sencillez de mi mamá y mi papá. Si bien vivíamos en una casa grande, con una situación bastante tranquila desde todo punto de vista, quedé marcado por la forma de ser de ambos. Eso uno lo replica en la vida. Mi padre tenía una empresa de mudanzas y formó una amistad con las personas con las que trabajaba. Él era el dueño, pero siempre con un trato sin distancias protocolares. Cultivaron amistad con personas que quizás tenían una situación socioeconómica distinta. 

Nací en 1972. En mi casa no se hablaba de política. No porque estuviera prohibido, sino porque a mis papás no les interesaba. Ambos eran de derecha, pero no se promovía la participación o la conversación sobre el tema.

Mi primer recuerdo político es de mi hermano mayor trabajando en las campañas previas al plebiscito, apoyando al Sí. Curiosamente se me viene a la memoria un recuerdo de personas que trabajaban en la calle y llegaban a comer a mi casa, para luego seguir en la noche haciendo propaganda. Luego tuve un compañero de colegio que me llevó a la UDI. Y ahí no me fui nunca más. Me identifiqué con sus principios y también me gustó el trabajo en poblaciones, lo que echo de menos, porque lo hacía con más frecuencia cuando era diputado.   

Tengo incorporado dentro de mi vocabulario el concepto de ‘gobierno militar’”. Pero entiendo que eso provoca heridas en algunas personas que vivieron más personalmente esa época, por lo que no tengo ningún problema con quienes se refieren a ese período como ‘dictadura’. Entiendo lo que ocurre cuando se ocupa una u otra expresión.

Ser ministro implica un horario bien fuerte. Yo tengo cuatro niños de distintas edades, hago lo posible por estar con ellos y no perderme ninguna etapa. Me perdí muchas siendo parlamentario, pero es posible compatibilizar. Es difícil decirlo a través de un medio de comunicación, pero hay momentos en que a uno le gustaría poder estar más en casa con su familia. Cuando uno tiene el bichito del servicio público, está obligado a dedicarse a esto.

Después del ministerio me gustaría seguir en política. Una persona que está en un cargo como este siempre dirá algo como: ‘Por ahora estoy 100% dedicado a mi cargo’. Pero quiero seguir en política en el futuro. El cargo de Presidente es el más bonito e importante en cualquier país, pero son mil las variables que determinan que eso ocurra. Hoy no tengo tiempo ni altura política para eso. Es un trabajo maravilloso para el cual se requieren talentos que hay que construir. Todavía soy joven para eso”.