Foto: Verónica Ortíz

  • 23 septiembre, 2019

“Cuando supe que había ganado, me asombré mucho. No me lo esperaba. Uno no sabe quiénes fueron los físicos, matemáticos, astrónomos, entre otros expertos, que postularon al Premio Nacional en Ciencias Exactas. Hay personas muy buenas en estas disciplinas, investigadores muy reconocidos… no tenía por qué pensar que iba a ser yo la distinguida en esta oportunidad. Para mí significa una enorme alegría y satisfacción. Este premio no reconoce solo mi trabajo, sino el de muchos que trabajan conmigo.

CEDENNA (Centro para el Desarrollo de la Nanociencia y la Nanotecnología) es un centro muy grande. Somos más de 200 personas que día a día tratamos de hacer ciencia de la mejor calidad y transformarla eventualmente en tecnología. Me siento muy contenta porque se reconoce el área donde trabajo, que es la física de sólidos. Hace muchos años que la Física no había sido premiada. Lo tomo como una oportunidad de relevar la importancia de esta disciplina en la cultura y en la sociedad.

Lo que más me gusta de la nanotecnología y de la nanociencia es la posibilidad de estudiar una cantidad inmensa de fenómenos. Las nanopartículas magnéticas tienen múltiples aplicaciones, como por ejemplo son muy adecuadas para la remoción de contaminantes y metales pesados en aguas y suelos, se utillizan en sistemas de grabación y lectura de información, y en el transporte dirigido de drogas para el cáncer por ejemplo. Un proyecto muy interesante en el que trabajamos como Centro, como parte de un consorcio financiado por un proyecto del programa Horizon 2020 de la Comunidad Económica Europea, es el uso de nanopartículas magnéticas para la detección temprana de cáncer colorrectal.  Cuando uno logra transformar todo ese conocimiento en tecnología es fantástico, pero lo interesante de la nanociencia es poder trabajar con personas de diferentes formaciones. Esto nos permite aprender mucho, y entonces producir algo que pueda tener impacto en alguna parte, que pueda solucionar un problema. Eso es tremendamente gratificante.

Cada vez que uno termina un paper, es enormemente satisfactorio. El transformar ese conocimiento y aplicarlo en algo concreto son años y años. Es distinto a cuando terminas un paper. Eso tiene un momento definido. Tú cerraste tu artículo y se lo mandaste al editor de la revista. En tecnología son muchos momentos, y es un trabajo de muchos años hasta poder crear un producto.

Me gustaría que en el país haya más científicos, hombres o mujeres. Como hay menos mujeres, es el género en el que más podemos crecer, y por eso me he preocupado en difundir que el ser científica es absolutamente posible y compatible con la vida personal, que es lo que en general preocupa. Por la cultura de nuestro país, todavía no hay una equidad completa de género. Pero cada vez menos brechas.

La ciencia está en la vida de cada persona. Desde la mañana cuando encendemos la luz, cuando nos subimos al auto, al metro o a lo que sea para transportarnos. La vida entera está llena de ciencia. La manera en que se diagnostican las enfermedades y en la que estudiamos contiene ciencia. Nuestra vida ha sido totalmente tocada por esta, no solo la mía, sino la de todos nosotros. Yo creo que en general ha estado cambiando la valoración de la gente en ese sentido. Hace 20 años atrás el ser científico era una cosa extraña, una persona que estaba en un laboratorio y no tenía ninguna vinculación con la sociedad. En los últimos años eso está cambiando. La sociedad en general ha empezado a valorar el trabajo de los científicos. Ahora se entiende mucho más que la ciencia es también un camino para que nuestro país pueda transitar hacia el desarrollo. Nos falta mucho, pero estamos en una situación muy diferente a 10 años atrás”.