“Este año y medio que llevo fuera de la Fiscalía he sido muy feliz. Me ha permitido tener mucha más libertad, que era algo que sentía como una necesidad. Estoy contento como estoy. Y me gusta mucho la actualidad, la contingencia, saber qué está pasando; algo que también heredé de mi padre: nosotros somos cinco […]

  • 26 diciembre, 2019

“Este año y medio que llevo fuera de la Fiscalía he sido muy feliz. Me ha permitido tener mucha más libertad, que era algo que sentía como una necesidad. Estoy contento como estoy. Y me gusta mucho la actualidad, la contingencia, saber qué está pasando; algo que también heredé de mi padre: nosotros somos cinco hermanos y en la mesa se hablaba bastante de las noticias del país y del mundo.

Los 17 años que estuve en el Ministerio Público hice muchas amistades, conocí a mi socio Pablo Norambuena, a mi esposa -la madre de mis hijos- también. Fue un lugar donde me formé como persona y crecí mucho. Recuerdo a la gente con cariño y valoro el trabajo que hicimos ahí.

Es un hecho que Jorge Abbott no tiene liderazgo. Eso obviamente perjudica al sistema, en un momento complejo en que las instituciones están muy cuestionadas. No tengo ningún contacto con él, nunca tuve una relación cercana. Desde que salí de la Fiscalía no nos hemos encontrado.

Postulé sin éxito a ser fiscal regional justamente el año del caso Penta, en 2015. Me parecía que era un paso lógico en la carrera que llevaba en la Fiscalía. Me interesaba poder tener cargos más relevantes dentro de la estructura del Ministerio Público.

Siempre que me preguntan si regresaría, digo que no hay que volver al lugar donde uno fue feliz. Yo fui muy feliz en la Fiscalía, lo pasé muy bien. Tampoco uno puede decir de aquí al futuro ‘de esta agua no beberé’, pero me parece que es una etapa superada.

El caso más complejo que me tocó investigar como fiscal fue el caso de María del Pilar Pérez, un caso de homicidios múltiples cometidos con sicarios, donde se emplearon armas con silenciador. Con el crimen de Diego Schmidt-Hebbel se empieza a desenredar una madeja que da cuenta de que esto no es un simple robo, sino que se trata de un encargo en el que se intentaba eliminar a una familia completa por parte de una mujer que seis meses antes había mandado a matar a su ex marido y actual pareja. Descubrir toda esa verdad para mí ha sido el desafío profesional más grande, porque además iba unido a absorber mucho dolor por parte del entorno respecto del cual investigaba.

Me inmiscuí en esa familia (Schmidt-Hebbel) para entender, conocer y aclarar el caso y en el camino me fui impregnando de mucha tristeza. Fue un tiempo en que sufrí mucho, pero tenía que impedir paralizarme y lograr descubrir qué había detrás. Nunca había tenido más estrés laboral que en ese tiempo.

El trabajo de fiscal es un bien adrenalínico. Descubrir episodios te llena de energía para seguir investigando más. Eso me pasó, por ejemplo, cuando llegué al hombre que había facilitado las armas o al que le había puesto silenciador, o a un sicario que Pérez contactó y luego se arrepintió de asesinar a la familia.

En el caso Penta-SQM ocurrió lo mismo. En el momento que conocimos los correos electrónico en que Iván Moreira pedía el raspado de la olla, se me despertaron todos los sentidos. Es un motor que te permite echarle hacia adelante en una investigación.

‘Somos tontos hasta las 12’ es una frase que decía mi papá. Somos curicanos, él era funcionario público y trabajó mucho tiempo en el SAG. La vinculación con el campo y la provincia trae consigo los dichos. Es curioso, porque uno como abogado prepara mucho sus alegatos y esta frase me salió improvisadamente en el del caso Penta, respondiéndole a la contraparte cuando intentaba insinuar que sus defendidos no estaban en conocimiento de los delitos tributarios.

En mi réplica hice toda una exposición para demostrar de porqué sí estaban en conocimiento y sellé esa intervención contando esta historia. Cuando dije eso eran las 12:05 de ese día, pero fue todo muy casual e improvisado. La frase se transformó en un emblema y representa un sentir ciudadano: ¿hasta cuándo nos tratan de estúpidos? Hay tantas explicaciones que no cuadran por ninguna parte.

La Fiscalía tiene cierta responsabilidad en esta crisis social. Hubo una precrisis que fue más bien del sistema político y tuvo que ver con el descubrimiento del financiamiento irregular. En esta, la Fiscalía fue un actor fundamental que debió haber instado por la sanción de las conductas que descubrió. Pero lo que sucedió fue que terminó siendo parte de un acuerdo transversal para que estas conductas no fueran castigadas adecuadamente y esa precrisis -creo yo- ha contribuido mucho a la que tenemos hoy”.