Es la primera mujer en llegar a la Federación de Criadores de caballos de raza chilena. Elizabeth, hija del empresario Alberto Kassis, ha puesto toda su energía en el mundo equino y también en cultivar sus raíces palestinas. De hecho, con el apoyo del Bank of Palestine, está embarcada en un proyecto para llevar la hipoterapia a la tierra de sus ancestros.
Foto: Lori Ricigliano

  • 18 noviembre, 2019

Elizabeth Kassis Sabag se relaciona intensamente con sus caballos, con el campo chileno y con sus raíces palestinas. Su obsesión en todo esto, dice, es la defensa total de las tradiciones.

Es hija del empresario Alberto Kassis y durante 20 años trabajó en las empresas familiares (Cial Alimentos S.A, Inmobiliaria Sinergia, Agroindustrial ALKA). Renunció a ello en 2007 para embarcarse en una actividad que, según cuenta, le da sentido a su vida: la crianza de caballos.

En 2008 viajó con su padre a Brasil para visitar criaderos árabes. Tres años después fue a Estados Unidos y ahí compró yeguas para empezar seriamente con este oficio. Hoy tiene sus haras en Melipilla, donde cría un centenar de pura sangre árabes y chilenos. Pero no es un hobby. Ha hecho un camino profesional en todo esto. Uno de sus caballos, Lindo Chico, ha sido elegido tres veces como campeón nacional.

Esta pasión le abrió otras fronteras. Condujo los  programas Caballos en La Red y Caballos, Vinos y Destilados para la cadena Mundo Fox. Además, en 2017 produjo una película protagonizada por Gonzalo Valenzuela y la argentina Celeste Cid, donde se aborda el tema del síndrome de Asperger y cómo la hipoterapia ayuda a las personas con esa condición.

Madre de dos hijos, Elizabeth ha cabalgado lejos en un mundo netamente masculino. Es la primera mujer en el Directorio de la Federación de Criadores de Caballos de Raza Chilena y, además, desde el año 2018 es presidenta de la Asociación Nacional de Caballos Árabes de Deportes en Chile.

“Muchas personas me dicen: ‘Qué glamorosa es tu vida’. Yo les digo: ¿En serio crees eso? Porque estar con tus caballos todo el día, significa que te levantas a las 4 o 5 de la mañana si es que va a parir una yegua o si hay un caballo enfermo. A veces pasas la noche en la pesebrera muerta de frío. ¿Has dormido alguna vez en una pesebrera? ¿Te has tapado con paja? Cuando un caballo nace, yo estoy ahí. Y cuando muere, también. Soy la única que le pone la inyección a mi caballo y muero con ellos, a su lado. Eso no es glamour. Eso es vínculo, es amor”, reflexiona.

-Funcionas en el mundo del campo, de los caballos; trabajos asociados a lo masculino. ¿Cómo ha sido eso para ti?

-Mira, desde chica me moví en un mundo súper masculino. Por muchos años fui hija única, porque mi hermana nació 5 años después, y me juntaba con mi primo que sigue siendo como mi hermano. Teníamos la misma edad. Él estaba en un colegio de hombres y yo me sentía mucho mejor con sus amigos que con mis compañeras. Mi mamá peleaba conmigo. Olvídate lo que le costaba ponerme un vestido. Me gustaba andar arriba de los tractores, de los árboles, del caballo. Y, por otro lado, desde chica siempre fui a la fábrica con mi papá, donde las únicas mujeres eran las secretarias y la jefa de despacho.

-Ahora estás en una Federación de Criadores. ¿Ha sido difícil ser una más ahí?

-Para mí, no. Quizá para ellos sí, porque tienes razón, en el mundo de los caballos, los hombres no están acostumbrados a que estén las mujeres. Y aquí llegó una mujer, y con pantalones. Entonces, yo creo que a ellos les ha costado.

-¿Y cuál es tu sello en ese espacio?

-No voy a generalizar, pero no sé si los hombres se han dado cuenta del papel tan importante que cumple la mujer en el campo. Sostener una familia va mucho más allá de llevar la casa. También es mantener las tradiciones. Entonces, finalmente, la mujer es la gran guardiana de las tradiciones de Chile y del mundo. Y un país no existe sin sus tradiciones.

-La globalización provoca un poco eso: la disolución de la identidad. Lo bueno es la interconexión, pero desdibuja otras cosas.

-Exactamente. Por eso insisto tanto en que nosotros no podemos perder nuestra identidad. No quiero entrar en temas polémicos, pero ahí está el tema del rodeo. Porque el rodeo es parte de la identidad de Chile. Viene de la época de la Colonia. Claro, se tiene que reglamentar. Pero nosotros, los huasos y la gente del campo, somos los más animalistas de los animalistas. Vivimos para alimentar y cuidar a nuestros animales. Lo que digo es que el rodeo es parte de nuestra cultura y no podemos borrarlo. O sea, no podemos borrar la cueca, nuestras tonadas, los lindos aperos que ponemos encima de nuestros caballos. Tenemos que cuidar y valorar nuestra raza de caballos chilenos. ¿Sabes que tienen el segundo registro más antiguo de la historia?

-Perdón la ignorancia, ¿pero qué significa eso?

-Que nuestra raza de caballos tiene más de 400 años en un registro. Es un valor que no hemos sabido apreciar. Nuestro caballo pura sangre chileno debería estar acuñado en un billete, debería ser ícono.

-Hablas de alimentar a “nuestros animales”, ¿cómo estás viendo el tema de la sequía? En el norte se están muriendo o los regalan.

-Es terrible y está pasando muchísimo. Gracias a Dios, en mi zona todavía no lo sentimos, pero comparto el sentimiento de los criadores en el norte. Tienen que deshacerse de sus caballos porque no los pueden seguir alimentando. Y es ahí donde yo me empiezo a preguntar: ¿qué pasa con las carreteras hídricas? ¿Qué sucede con las políticas gubernamentales de agua?

-A propósito de cambios culturales, ¿cómo ves el tema del machismo?

-Yo me considero machista en el buen sentido. Me criaron en una cultura así y a mí me gusta atender, me gusta darles el espacio que tienen a los hombres. Uno no va a doblegarse ni mucho menos por eso. Además, es lindo que te protejan, que sean cuidadosos en detalles, que paguen la cuenta. Yo creo que son cosas que no las podemos perder. Y no por eso vas a dejar de ser mujer.

Palestina: su raíz

1996 es un año marcado en la biografía de Elizabeth. Viajó a conocer Palestina, la tierra de sus ancestros. Encontró una parte de sí misma que la emocionó y que no abandonó nunca más. Una de las primeras cosas que se propuso fue remodelar la casa de sus abuelos en Belén y crear un Centro de Estudios para la Diáspora; un espacio que busca que cualquier descendiente de palestino que viva fuera de Medio Oriente pueda tener información de sus orígenes y así crear un vínculo con su historia.

Además, se prometió trabajar en distintos frentes para aportar a su pueblo ancestral. Realizó tres conciertos musicales junto a la orquesta del Conversatorio Edward Said en Ramallah, Jerusalén y Belén. Y recientemente filmó un programa televisivo de varios capítulos que se llama Tierra Palestina para fomentar el turismo. Es una serie que filmó allá con un equipo de profesionales locales, que busca mostrar la cultura de ese país y que será transmitido este mes por Canal 13 cable.

Elizabeth reconoce que algo que gatilló su necesidad de ayudar al pueblo palestino, tuvo que ver con mostrar su filme sobre el síndrome de Asperger y los caballos. “Llevar nuestra película ha sido una de las experiencias emocionantes de mi vida”, dice mientras sirve un aromático café con cardamomo.

-¿Por qué?

-Porque hay que ponerse en el contexto de que Palestina no ha tenido cine en los últimos 70 años. Hablamos de tres generaciones que no sabían lo que es un cine. Hasta hace poco no había internet. Para conectarte tenías que estar en un hotel o en un restaurant. Estaban completamente desconectados. La emoción de ver a mujeres mayores, jóvenes, niños, entrando al cine… Verlos llorar; que te den besos en las manos porque les trajiste el cine de vuelta. Me pasé llorando ese viaje entero.

-¿Y es verdad que estás pensando en llevar la hipoterapia a Palestina?

-Sí, pero no sé cuándo. Yo soy súper ansiosa y cuando me pongo una cosa en la cabeza, me gusta realizarla ya misma, pero no es tan rápido como quisiera.

-¿Qué crees que podrían aportar los caballos a los palestinos?

-Muchísimo. Primero, porque antes de la ocupación, la gente tenía sus caballos. Hoy no los pueden mantener. Segundo, porque la conexión que puedes tener con ellos es lo más sanador que hay.

-¿Te gusta la vida que llevas? Para algunos puede ser como bastante privilegiada…

-Yo me siento privilegiada por vivir y porque tengo a mis hijos. No es que no tenga preocupaciones o problemas. He tenido problemas muy duros en la vida, pero hace años que tomé la decisión de que mi vida sería positiva. Mi vida no es como se ve en las fotos de Instagram. Pero decidí sonreír y así se lo he enseñado a mis hijos. La sonrisa es una decisión que tú tienes que tomar.