A poco más de un año del cierre de la planta de Iansa en Linares, los últimos habitantes empiezan a abandonar la población que la empresa azucarera construyó en los años 60 para sus trabajadores. Escombros, ventanas rotas, maleza, agua estancada y remolachas, es el desolador panorama de la que en algún minuto fue una de las comunidades más prósperas de la región.
Texto y fotos: Sofía Neumann

  • 30 agosto, 2019