Por M. Cristina Goyeneche Fotos: Verónica Ortíz Para cualquier aficionado al golf con más de 30 años, Tiger Woods, o más bien la carrera de Tiger Woods en las canchas de golf a lo largo de los 38 años que viene jugando, es casi la única vara para medir a un futuro campeón en los […]

  • 17 junio, 2016

Por M. Cristina Goyeneche
Fotos: Verónica Ortíz

Joaquin-Niemann

Para cualquier aficionado al golf con más de 30 años, Tiger Woods, o más bien la carrera de Tiger Woods en las canchas de golf a lo largo de los 38 años que viene jugando, es casi la única vara para medir a un futuro campeón en los greens. Por eso, cuando el 30 de diciembre pasado se regó la noticia de que, con 16 años recién cumplidos, el chileno Joaquín Niemann era quien se llevaba para su casa la copa del afamado Junior Orange Bowl versión 2014, el checklist a la tabla de comparación comenzó a correr al instante.

Que fuera el tercer chileno en ganar el torneo (Benjamín Alvarado lo hizo en 2002 con -5 y Juan Cerda en 2011 con -6) no llamó la atención. Lo destacable para el mundo “adulto”, fue que Eldrick “Tiger” se llevó el Orange Bowl con más edad que Niemann y que con siete palos bajo el par, el chileno había replicado el triunfo del astro norteamericano. Por cierto, que en la copa gigante que hay en la sede del campeonato, en Florida, está estampado el nombre de ambos… en realidad de todos los campeones a lo largo de la historia. Sólo faltó decir que “Tiger” y “Juaco” tienen un palo de golf en la mano desde los 2 años. Fue a esa edad que el ex –y quizás futuro– número 1 del mundo apareció en CBS News y el show de Mikel Douglas mostrando sus proezas con el putter. Para Joaquín la historia fue otra. A los dos años, su juguete favorito era el juego de palos de plástico con el que le pegaba a una bola en el jardín de su casa.

Sentado en la terraza del Club de Golf de Cachagua, matando las horas en los fireways con un grupo de amigos, días antes de jugar el primer abierto playero de la temporada 2015, Joaquín Niemann dice que sabe quién es Woods, pero no muestra ni un asomo de ganas de querer seguir sus pasos y, mucho menos, de admirarlo ciegamente.

Para su adolescente mirada es el norirlandés Rory Mcllroy, hoy el líder planetario del golf, quien llama, en parte, bien en parte, su atención. Woods, nada. Un viejo que ya hizo lo suyo habrá pensado mientras yo, en el grupo de los “tigerwoodistas” cometía la ridiculez de preguntarle si lo admiraba, lo seguía o soñaba con replicar sus conquistas. Lo de Niemann es hacer su propio juego y no contaminarse de nada. Ni siquiera le gusta ver partidos de golf. Ni en vivo y en directo, ni a través de una pantalla. Escuetamente, comenta, le aburre. Prefiere jugar.

Tampoco le gusta mucho la parte “obligada” de los campeonatos, el Proam, día en que los clubes arman grupos en que mezclan un profesional y tres señores amateur. Por cierto, que a él lo suman como la estrella del cuarteto, pero definitivamente no le hace gran gracia, caminar durante casi cinco horas por 18 hoyos con tres señores que, con suerte, duplicarán su edad y que, con total certeza, la triplicarán.

Así que, eliminando del mapa cualquier figura local o extranjera con la cual compararse, digamos que durante 2014 Niemann alcanzó a dejar una huella bien marcada en la historia de este deporte. En el listado de conquistas relevantes hay que decir que inauguró el año ganando el Optimist International en San Diego, Estados Unidos (para seguir con las comparaciones odiosas, Tiger lo ganó consecutivamente entre los 8 y los 15 años, perdiéndolo sólo a los 10). El itinerario de triunfos siguió en Japón, donde fue parte del equipo nacional que voló hasta el oriente en el invierno para competir en el Junior World Cup. Niemann regresó como tercero en la tabla general de posiciones.

Luego vino la copa como el mejor jugador amateur en el Abierto de Chile disputado en Los Leones, y que formó parte del competitivo circuito profesional del PGA Tour Latinoamérica. Es verdad que Benjamín Alvarado lo ganó a su misma edad, pero en un tiempo en que no venían jugadores top del mundo a disputarse una bolsa de 150.000 mil dólares en premios como la que hubo en la última versión.

Niemann continuó calentando motores ganando el Abierto del Club de Polo, su propia cancha. Los asistentes fueron enfáticos en decir que la final no fue apta para enfermos cardíacos. El ganador del primer lugar se resolvió después de tres hoyos de desempate, donde pelearon mano a mano Niemann, Benjamín Alvarado, que también iba de local, y Cristián León.

Para ponerle más sabor al triunfo de esta promesa, hay que decir que Alvarado lleva varias temporadas jugando en el PGA de Estados Unidos, la liga más competitiva del mundo, y que León acaba de asegurar su ingreso al circuito Web.com Tour para 2015. No pudo llevarse a casa el cheque del ganador –no hay premios en dinero a nivel amateur– pero superó a dos cracks. Y Niemann, callado como es, y con un poder de concentración que todos sus profesores destacan, dio cancha, tiro y lado.

El solitario triunfo del Orange Bowl

El cierre del año no pudo ser mejor. Al igual que para todos los torneos en los que compite internacionalmente desde pequeño, armó su bolso y se embarcó rumbo a Florida, para jugar el Junior Orange Bowl. Natalia Villavicencio, parte del grupo de niñas que también está dando que hablar en el circuito femenino, voló con él para competir en su categoría. Solos, cada uno por su lado, enfrentaron los tres días de campeonato. Niemann, ya sabemos, ganó con siete palos bajo el par y su único festejo fue recibir, y contestar, un montón de whatsapp acumulados en su teléfono. El tiempo le alcanzó justo para tomar la copa y salir corriendo al aeropuerto y no perder el vuelo que lo tendría horas antes del fin de año en Chile.

Tras el triunfo, Niemann se catapultó como una promesa con las miradas muy concentradas sobre sus hombros. Unánimemente, quienes han trabajado con él cuentan que sus condiciones para transformarse en un astro del golf están dadas. Sólo queda ver qué dice el tiempo… y la vida. Como bien explica Francisco Lyon, director ejecutivo de Golf Action: “A los 16 años cabe hablar de promesa, a los 20 ya pasó el momento”.

Aunque le quedan dos años para terminar el colegio –estudia un par de horas por las mañanas en el Atletic School– él tiene claro que el paso siguiente será aceptar una de las ofertas de beca que de seguro le hará una universidad norteamericana (nada descabellado, pues varias de ellas lo pusieron en la mira tras lo hecho en el Orange Bowl) y ahí crecer como amateur en uno de los circuitos más competitivos de la “industria”.

Quemada esta etapa, estimemos 21 o 22 años, dará el paso al profesionalismo. El PGA norteamericano es su norte. Pero eso aún es ciencia ficción.

En la cancha de práctica de Cachagua jugó el Abierto sin descollar, y en un deporte que en verano arde en Chile, mientras varios de los top ten del ranking profesional, más los mejores amateur de Chile, estén transpirando en Marbella para jugar el abierto de su club, Niemann estará acarreando su bolsa de 14 palos reglamentarios por las canchas del Pilar Golf Club, en Buenos Aires, para competir en el Latin American Amateur Championship.

La expectación a nivel amateur de este torneo es total. El ganador consigue tarjeta liberada para el Master de Augusta –la cumbre máxima-máxima-máxima de los majors de golf– y el primer y segundo lugar clasifican al Open Championship, al U.S. Open. La noticia se sabrá el 18 de enero, día en que se conocerá el resultado de esta titánica, pero no imposible tarea. Pese a las esperanzas puestas en él, Niemann no juega a ganador. El sitio web oficial del Latin American Amateur Championship pone a otro chileno, contemporáneo de Niemann, como favorito del certamen. Se trata de Guillermo Pereira, de 19 años, y quien terminó como primero en el ranking del World Amateur Golf Ranking (WAGR). Y si la historia le suena conocida… a los 3 años jugaba en su casa con palos de mentira y a los 8 ya se paseaba por Sudamérica y Estados Unidos compitiendo. La pista para Niemann no está ganada.

Hecho su juego en Argentina, los pasajes del joven tienen como destino Lima, específicamente el 10° Campeonato Sudamericano Amateur de Golf, donde también espera tener una actuación significativa. De ahí Chile y el resto de los torneos locales. Por ahora.

El juego mental de “Joaco”

La práctica sin descanso, por gusto, desde que mostró su amor incondicional por este deporte, sumada a la capacidad de tener una muy buena concentración en cada tiro, sin dejarse llevar nunca por los buenos o malos momentos son, a juicio de los expertos, las dos grandes virtudes de este joven cuyos inicios no son muy distintos a los de cientos de deportistas en el mundo. Su papá era aficionado al golf, él lo acompañó desde pequeño por las canchas y, a diferencia de sus otros cuatro hermanos donde Joaquín es el penúltimo, fue el único en tomarle el gusto.

Partió en Las Palmas de Talagante guiado por Gonzalo Orfila; siguió becado en el Sport Francés bajo el mando de Edgardo Lutter y en 2013 dio el salto al Club de Polo como pupilo de Eduardo Miquel, hoy también entrenador de Benjamín Alvarado, Paz Echeverría y Nicolás Geyger, más una larga lista de promesas. Entremedio, compitió en todos los torneos que pudo, los cuales iba escogiendo su padre en conjunto con los entrenadores.

Golf Action, organización creada por un grupo de amantes de este deporte para potenciar el talento de jóvenes entre 7 y 21 años y prepararlos para la competencia, resultó para Niemann una de las calves en su crecimiento. No sólo procuran organizarles 12 torneos al año en diferentes canchas del país, sino que además los apoyan y promueven en el exterior. Hoy tiene a 250 niños jugando anualmente, 12 jóvenes amateur entre niños y niñas estudiando en universidades americanas por las que compiten y como sus ex pupilos a todos los jugadores chilenos que hoy hacen ruido en el extranjero: Marc Tullo, Benjamín Alvarado, Santiago, Russi, Cristián León, Cristián Espinoza, Juan Cerda, Nicolás Geyger y contando…

Francisco Lyon, director ejecutivo de Golf Action, cuenta que parte de su trabajo fue acompañar a Niemann en el extranjero. “El 80% del golf es mental y Joaquín ha avanzado mucho ahí. Era mal genio en la cancha, rabiaba. Me acuerdo de haber estado juntos en Argentina y tener que decirle que si seguía así, lo mandaba de vuelta a Santiago al instante. Pero eso era cuando tenía algo más de 10. Ahora es todo un adulto de 16, que con toda calma comenta su avance en manejar la presión y los nervios antes de entrar a la cancha. “Hay que olvidarse del hoyo pasado y pensar que si algo salió mal, se puede arreglar adelante. No hay que botar la toalla”, explica Lyon. Eso sí, lo que no ha cambiado es que a “Joaco” no le gusta para nada que ni su papá ni sus hermanos lo sigan cuando está compitiendo. ¡Caprichos de artista! •••