Foto: Verónica Ortíz

  • 19 agosto, 2019

“Soy súper creativa, no soy artista, pero tengo una creatividad que tiene que ver más con la gestión y con trabajar con los artistas. En mi casa no existía el arte. Mi familia, es una familia de inmigrantes árabes, palestinos, sirios, que venían a hacer fortuna a este país o a buscar un nuevo horizonte, dado los conflictos que siguen hasta el día de hoy. Por lo tanto, era una vida familiar, súper aspiracional también en la búsqueda de mejores condiciones de vida, de poder instalarse.

Tener una galería me significó enfrentarme a una pregunta: ¿qué arte es el que verdaderamente me gusta y cómo un galerista puede realmente vender arte desde el gusto propio?  Siempre digo esto: una galería de arte existe en la medida que existen los artistas. Ellos son los catalizadores de tu trabajo, pero tú tienes que estudiar para relacionarte con los artistas, porque en el fondo, el arte no es solamente algo intuitivo, o visceral, como era quizás en los 80, es mucho más.

Lo que a mí me pasó es que el arte me educó. Me enseñó muchas cosas. Del arte, los artistas, la relación de las obras entre sí, la colección, he aprendido muchísimo. Creo que sobre todo a flexibilizar mi vida, a darle libertad, a darle otra disponibilidad frente a las cosas. La sensibilidad ayuda mucho a enfrentar las situaciones de otra manera, la intuición, la empatía. Yo siento hoy día que todo lo que tengo en la galería tiene que ver con la educación, posibilitar ese espacio. Y por eso es que traigo colegios a la galería.

Ha sido lo más difícil de mi vida que me llamaran estafadora. Porque creo que fue injusto, fue ridículo por otro lado, pero lo leyó mucha gente. Y fue principalmente hecho por alguien muy ignorante, porque nunca te preguntaron exactamente qué era lo que habías hecho tú para poder llegar a esa conclusión. Para mí fue súper injusto, yo había puesto toda mi plata, toda mi energía, todo mi tiempo en Ch.ACO, y nunca saqué un sueldo.

Tratarte de estafadora, en medio de un artículo, en una revista que lee todo el mundo del arte, fue un asco. A mí me causó mucho dolor, me dieron ganas de soltar todo. Tuve que volver a mi centro, gracias a la ayuda de mucha gente. Como cuando se te muere tu padre, y te abrazan y ahí sabes quién es quién. Me pasó exactamente lo mismo. Al principio me quise aislar, y después dije, no, ni cagando.

Uno en la vida puede ser muchas cosas. Eso lo aprendí de Elodie (Fulton, su ex socia en Ch.ACO). No solamente soy bibliotecaria sino que soy galerista, he sido empresaria, soy empresaria. Tengo muchos roles, y uno puede compartir todos esos roles. Tengo la sensación de que la gente se engancha en una sola cosa en su vida, y la verdad es que uno puede tener muchas oportunidades de reinventarse. Te flexibiliza hacia otros lugares. Yo me he reinventado muchas veces. Aquí combino todo lo que fui antes y lo combino en lo que hago hoy”.