El Premio Nacional de Ciencias afirma que sería maravilloso que una situación como la actual abriese un espacio a la colaboración, porque solo así podremos detener la propagación de la enfermedad. Pero, agrega, hay oportunidades que nos unen como humanidad y otras que nos separan.

  • 17 abril, 2020

A sus 91 años Humberto Maturana ha vivido distintas situaciones, algunas relacionadas con enfermedades graves. Cuando tenía 12 años contrajo tuberculosis pulmonar y estuvo enfermo durante más de cuatro años, primero en reposo y luego hospitalizado. “Era un mal muy destructor hasta que se encontró un procedimiento. Nosotros sabemos que ahora tenemos que suprimir los contagios de coronavirus, y cuando ocurra, se nos va a abrir el mundo y será maravillosa la oportunidad de encontrarnos. Pero para eso debemos tener la audacia de ser juntos”, dice el biólogo y filósofo.
Maturana conoció a la docente en biología cultural Ximena Dávila en 1997 y hace ya 20 años crearon el Instituto de Formación Matríztica. Juntos han publicado varios títulos y en noviembre pasado lanzaron La historia de nuestro convivir cotidiano, un libro donde se plantean conceptos que en estos momentos resultan totalmente atingentes. La importancia de la “conducta ética social”, la “incertidumbre entendida como desconfianza” o la “coherencia de la naturaleza”, son algunos de ellos. La dupla, instalada frente a la cámara, responde algunas inquietudes sobre los tiempos que rondan.
“El vivir humano es dinámico y está siempre marcado por hitos. Nosotros tenemos un amigo que murió de Covid-19, y cuando algo así te toca, ya es definitivo. Una experiencia dolorosa como esta nos muestra lo vulnerables, y a la vez arrogantes, que somos como seres humanos. Viene un virus, que ni siquiera es un ser vivo, no lo podemos ni ver, y arrasa con la economía, con la salud y con el vivir cotidiano del planeta completo”, señala Dávila respecto de los efectos de este virus aún en pleno curso.
El Premio Nacional de Ciencias afirma que sería maravilloso que una situación como la actual abriese un espacio a la colaboración, porque solo así podremos detener la propagación de la enfermedad. Pero, agrega, hay oportunidades que nos unen como humanidad y otras que nos separan. Ante esa afirmación, su socia acentúa la importancia de relacionarnos en el mutuo respeto y honestidad: “Solo así recuperaremos la energía”. También destaca algunos actos democráticos y usa de ejemplo a aquellas empresas que se dedicaban a hacer ropa y ahora están confeccionando mascarillas, o a los fabricantes de cerveza que pasaron a producir alcohol gel, esto en contraste con aquellos políticos orientados a la crítica y que no se ponen el traje de la colaboración. “Si queremos construir, necesitamos soltar el apego a nuestras ideologías, en un acto de humildad”, sostiene Dávila.

Ximena Dávila

Lo que vendrá

La palabra incertidumbre se repite en los análisis y conversaciones de las últimas semanas como un sentimiento común. Pero el biólogo, y coautor de la teoría de la autopoiesis junto con Francisco Varela, señala que aquella es la base de nuestras existencias porque nunca hemos sabido lo que va a pasar en el futuro. “La cuestión es cómo queremos convivir con esas circunstancias y cómo decidimos orientar nuestros quehaceres. Según cómo llevemos el presente, irá apareciendo el futuro”, afirma Maturana.
“No conozco lo que viene mañana, pero si lo vivo con miedo o angustia, voy a marcar un camino. Cuando nos abrazamos para el Año Nuevo, no teníamos la más remota idea de que no íbamos a poder abrazarnos en unos meses más. Pretendemos controlarlo todo, pero un virus nos tiene por las cuerdas”, suma su compañera en la Matríztica. Asegura que es difícil lidiar con nuestras emociones en estos momentos; podemos creer que estamos bien y mantener la calma, pero en nuestro interior están sucediendo muchas cosas. “Somos como un iceberg, se nos ve la punta, pero lo que permanece sumergido en nuestro inconsciente es inmenso. No somos robots”, afirma sobre el amasijo de acontecimientos que debemos procesar. “‘Todo va a estar bien’ no debe ser solo una frase catártica bonita, hay que considerar también lo mal que podemos llegar a estar, y enfrentar el dolor”, dice.
Respecto de las teorías que plantean este periodo de encierro como una especie de venganza de la naturaleza para recuperar terreno, la dupla toma distancia. Maturana explica que la naturaleza opera sin dirección determinada y que somos los seres humanos quienes decidimos el curso que estas transformaciones siguen. “Si tengo la actitud de aprovecharme de la situación del otro para mi beneficio personal, interfiero generando un espacio de desconfianza”, argumenta. Dávila agrega que solo los humanos reflexionamos y que la naturaleza no tiene intenciones, pero, concede: “Para el mundo natural esto ha sido un regalo porque nos hemos detenido. El planeta y su atmósfera se han limpiado sin la plaga humana”.
Ambos coinciden en la relevancia de la reflexión para alejar la angustia y la ansiedad. ¿Cómo encontrar ese espacio en medio de tanta información, teletrabajo, quehaceres domésticos y una enfermedad contagiosa? “Conversando”, concluye Maturana.