28 de enero de 1985. Cerca de medio día, los siete tripulantes del transbordador Challenger, vuelo STS-51L, estaban listos para despegar. Era un día totalmente frío en Florida, pero nada detuvo los planes de despegue. Los tres motores principales se encendieron y fueron aumentando en potencia mientras comenzaba la cuenta regresiva. Al llegar a cero, […]

  • 28 enero, 2016

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28 de enero de 1985. Cerca de medio día, los siete tripulantes del transbordador Challenger, vuelo STS-51L, estaban listos para despegar. Era un día totalmente frío en Florida, pero nada detuvo los planes de despegue.

Los tres motores principales se encendieron y fueron aumentando en potencia mientras comenzaba la cuenta regresiva. Al llegar a cero, se encendieron los dos aceleradores laterales, la plataforma se abrió y el Challeger quedó libre para empezar su viaje.

Durante el primer minuto, todos los espectadores, tanto los que estaban en el lugar de despegue como quienes veían la misión por televisión, celebraron. Pero a los 72 segundos de vuelo, cuando el Challenger estaba a 15 kilómetros de altura, el vuelo STS-51L estalló en pedazos ante la mirada atónita del mundo.

El presidente de EEUU de ese entonces, Ronald Reagan, dio un discurso horas después del desastre. “Nunca habíamos sufrido una tragedia como esta”, señaló el político. Reagan se dirigía a todo un país consternado por la tragedia del Challenger.

Dos semanas después, los buceadores de los equipos de rescate localizaron el compartimento de la tripulación con los restos de los seis astronautas y la profesora aún abordo. Todo indicaba que sus muertes no fueron instantáneas. Gran parte de los fragmentos del Challenger también fueron recuperados y sometidos a un examen exhaustivo para determinar las causas de la explosión.

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Esta no fue la primera catástrofe espacial, pero su retransmisión en directo convirtió la tragedia del Challenger en un terrible accidente que se quedó grabado en las retinas del mundo y que marcó, sin duda, la carrera espacial.

Las razones del desastre fueron las bajas temperaturas, ya que el frío de esa mañana afectó los anillos de goma que protegían herméticamente las juntas de los aceleradores. Nadie consideró que el viento de la noche anterior provocaría esta catástrofe.

Segundos después del despegue, como se pudo apreciar posteriormente en el vídeo, un humo negro apareció en la parte inferior del acelerador derecho. Las juntas habían fallado, pero nadie se había percatado del problema.

Los gases comenzaron entonces a adentrarse en la grieta abierta, actuando como un verdadero “soplete” que afectaba al acelerador y al tanque de combustible. La vorágine de fuerzas aerodinámicas a las que el Challenger se vio sometido hicieron el resto. A los 74 segundos del despegue, el transbordador se desgarró cuando estaba a quince kilómetros de altura. Millones de litros de hidrógeno y oxígeno explotaron en el aire, conformado la enorme nube de vapor de agua que se observó en directo.

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Los vuelos del transbordador se reanudaron en septiembre de 1988 y continuaron regularmente durante quince años más. Pero en 2003 ocurrió una segunda tragedia, esta vez con la pérdida total del Columbia y su tripulación.

La NASA había estimado que podría producirse un accidente fatal en el trascurso de todo el programa, a razón de un centenar de vuelos por vehículo. Pero aquel nuevo desastre acabó de sellar la suerte de una nave que empezaba a considerarse poco segura. En 2011, después de 133 misiones realizadas con éxito y dos terribles fracasos, los transbordadores fueron retirados.