Por: Vivian Berdicheski Fotografías: Verónica Ortíz Dice que no vio la luz al final del túnel ni a San Pedro abriendo las puertas del cielo, pero que estuvo postrado como Mr. William Clark, su personaje en la teleserie Pampa Ilusión –que le significó estar acostado durante los 114 capítulos–, lo estuvo. De hecho, cuenta que […]

  • 18 agosto, 2016

Por: Vivian Berdicheski
Fotografías: Verónica Ortíz

HECTOR-NOGUERA

Dice que no vio la luz al final del túnel ni a San Pedro abriendo las puertas del cielo, pero que estuvo postrado como Mr. William Clark, su personaje en la teleserie Pampa Ilusión –que le significó estar acostado durante los 114 capítulos–, lo estuvo. De hecho, cuenta que fue uno de sus roles favoritos. Hace seis meses que un accidente a caballo en Cachagua lo dejó no sólo sin poder caminar, también perdió sensibilidad en gran parte de su cuerpo. Lo más grave fue el daño a la médula cuando recibió el latigazo tratando de sostener al caballo. Además, al caer, se quebró la segunda cervical, se dañó el pulmón, la nariz y algunos dientes.

Héctor Noguera la sacó barata. Hace dos semanas le quitaron el cuello ortopédico y, aunque las secuelas son evidentes –sólo puede mover con dificultad su cabeza para arriba y abajo–, según los doctores la rápida recuperación se debió a su buen estado físico. El actor, que no da pistas de que acaba de cumplir 79 años, ha sido un ferviente deportista: nada, hace yoga, corre, entre otras actividades.

Sorprendente también fue que a los tres meses de ocurrido el accidente, haya emprendido –con cuello y todas sus secuelas– una gira por el país presentando el monólogo La vida es sueño.

“El teatro compromete muchas más partes del ser humano que, por ejemplo, el jogging. Te desarrolla la mente, la memoria, la imaginación, la expresividad y la sociabilidad. Estar con otros y la relación que se produce entre las personas a través del teatro es muy bella y fértil”, señala.

Hoy más que nunca señala estar lleno de planes y proyectos. Por esa razón se indignó al leer, hace un par de semanas, un artículo en El Mercurio que afirmaba que es un famoso cesante. Nada más lejos de la realidad. Se desempeña como decano de la Facultad de Artes de la Universidad Mayor; es director artístico y fundador de Teatro Camino –en octubre debutará con el monólogo El epicedio, de la lírica griega antigua–, y se prepara para los ensayos de la obra Jardín basada en una novela homónima de Pablo Simonetti, bajo la dirección de su hija Emilia, en el Teatro de la Universidad Católica.

“Hoy se me acercaron dos personas compungidas y me dijeron: ¡así es la vida, hay que aceptar la vejez! En un rato viene un periodista para preguntarme qué hago durante mi cesantía. En conclusión, si no estás en televisión eres cesante, el resto no es trabajo. Y lo peor es que la gente se queda con esa idea”, cuenta molesto.

Mr. Kaplan

Se inició como actor en los años 60 en fotonovelas que aparecían en la revista Ecran. Lleva en el cuerpo 22 teleseries, 4 series, 120 obras teatrales y 18 películas, desde El chacal de Nahueltoro (1969) pasando por dos dirigidas por Pablo Larraín: Fuga y la recién estrenada Neruda.

Su último protagónico en la pantalla grande fue Mr. Kaplan (2014), del director uruguayo Álvaro Brechner, cinta que fue prenominada como mejor película extranjera para los Oscar 2015, y nominada como mejor película iberoamericana en los Premios Goya, y por la cual el propio Noguera fue premiado en los festivales internacionales de Biarritz, Montecarlo y La Habana. Mr. Kaplan estuvo cerca de 20 semanas en cartelera en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y además fue exhibida en Alemania y España, donde recibió múltiples elogios. Por ello, el actor no se explica por qué en Chile tuvo tan pocas funciones. Una espina que tiene clavada en el corazón porque siendo él un actor querido por la gente, premio nacional de Artes de la Representación 2015, la película quedó fuera del circuito comercial. “Creo que las distribuidoras se rigen por patrones muy rígidos. Piensan que las películas sin acción o sexo no funcionan. Las películas latinoamericanas que se dan aquí son aquéllas que vienen precedidas de un enorme éxito mundial, como Relatos salvajes. Recién ahí se atreven a darla. Me ha sido muy difícil explicar lo sucedido a los productores de Mr. Kaplan. Quizás, al igual que las radios, debería existir un porcentaje de cartelera establecido para producciones que cuentan con directores, actores o productores chilenos”, señala.

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En la recién estrenada Neruda, Noguera tiene una pequeña intervención como senador contrario al vate. Sobre los comentarios de que la historia no se ajusta a la realidad, responde: “Cuando se toca en Chile a los grandes personajes como Pablo Neruda, Violeta Parra o Gabriela Mistral, siempre se piensa que hay que hacer un homenaje, y no tiene por qué. En otros países, las películas son acerca de las personas y se esmeran por mostrar la parte más humana de ellos. Aquí, si no es un homenaje, todo el mundo se enoja. Creo en el derecho de tener la libertad de poder fabular sobre los personajes que son tuyos”.

Noguera, que hace un mes recibió el Premio Personalidades Distinguidas 2016, que entrega la Universidad del Pacífico, por su aporte creativo, espíritu de servicio y trayectoria profesional, dice que, a la hora de elegir un nuevo rol, se fija en el texto y el director.

Cree que se debe interpretar la versión del director sí o sí porque, finalmente, es él quien mantiene la impronta de la obra. “El escenario es la mejor tribuna para hablar de democracia, pero no es democrático en sí. El teatro, y en general las artes escénicas, son muy jerárquicos. Me acuerdo de que trabajé en este teatro (Camino) con Raúl Ruiz como director y él paraba durante los ensayos 30 minutos para hablar de cosas que no tenían que ver con la obra. Al principio los actores se inquietaban, pero Raúl lo tomaba con una calma enorme. Decía que no nos preocupáramos porque ese rato que hablaba con el elenco podíamos conocer sus gustos, lecturas, rabias, odios, etc. Y eso era importante para que se entendiera su visión”, cuenta.

Uno de los roles que ha marcado su historia actoral es el monólogo barroco La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. Lo ha llevado a distintos puntos del planeta. La primera vez que lo interpretó fue a los 30 años, en el Teatro de la Universidad Católica, bajo las órdenes de Eugenio Dittborn; luego lo codirigió con Erto Pantoja; la tercera vez, lo dirigió su hijo Diego, quien incorporó tecnología, otorgándole un nuevo matiz, y también está su propia versión.

La vida es sueño ha ido cambiando a través del tiempo. Mi interpretación, los comentarios que hago y el sentido de la obra dejo que cambien. No tengo propósito de hacer hincapié en tal o cual aspecto, sino que en el juego con el público la obra se va enriqueciendo y tomando nuevos matices. Hay diálogos que se afirman más, otros que aparecen o desaparecen. Es una obra muy viva. La acabo de hacer en Los Ángeles en un teatro para 700 personas y llegaron 650, en todos los lugares que se presenta se llena en un 90%”, dice.

Camino al andar

Estudió Teatro en la Universidad Católica y su decisión profesional fue un escándalo para su familia porque, además de ser hijo único (su padre murió cuando tenía dos años y ocho meses), se pensaba que estaba condenando a su madre al hambre y el desprestigio social. “Aunque lo encontró horrible al comienzo, después estuvo feliz”, cuenta riendo.

Tiene cinco hijos. Del primer matrimonio con Isidora Portales tuvo a Piedad (trabaja en teatro y cine)y Amparo (actriz) y del segundo con Claudia Berger (coach de animadores, actores, etc.) a Diego (músico, actor y dramaturgo), Emilia (actriz y directora) y Damián (estudió piano, percusión y literatura). Uno de los grandes dolores del actor y su familia fue la muerte, a las siete horas de nacer, de su primera hija con Claudia. “Venía con múltiples problemas, incompatibles con la vida”, cuenta.

En 2017 cumple 80 años. Todavía no ha hecho planes, pero adelanta que está escribiendo su biografía con la ayuda de su hijo Damián, para tratar de lanzarla para el festejo. Ahí contará todas las etapas de su vida, personales y profesionales.

Hace 25 años, después de años de pertenecer al Teatro de la Universidad Católica, decidió apostar por la compañía Teatro Camino, un espacio que representara su punto de vista de las artes escénicas que, dice, requiere trabajo, investigación y reinvención constante. Ubicado en la comunidad ecológica de Peñalolén, el teatro se ha convertido en un punto de encuentro de compañías jóvenes, con propuestas experimentales, tradicionales, etc. También se imparten talleres (dos a seis meses) destinados a personas de distintas edades que no tienen la obligación de ser estrellas, sino ejercitarse.

En un escenario donde varios teatros nacionales han debido cerrar sus puertas, Héctor Noguera reflexiona sobre el modelo de financiamiento de estos recintos. Reconoce que se le ha hecho pesado llevar este proyecto sobre sus hombros y que está convencido de que Teatro Camino necesita aporte por parte del Estado “por el sólo hecho de existir”. “Mi propuesta es crear categorías que no debieran concursar en el Fondart. Esto de concursar tiene algo muy terrible porque tú te cagaste a otro, porque eres tú o el otro. Si existiera esa subvención fija sujeta a ciertos parámetros, uno no le quitaría la plata a nadie porque tienes derecho a tal cantidad por cumplimiento. Por ejemplo, los teatros que tienen 15 años tanta plata, los de 20 tanto, y así”, sugiere.

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No le gustan las nuevas y grandes salas de teatro. Y cuando lo dice apunta directamente al GAM. Lo que le preocupa es la cantidad y calidad de la programación que se debe hacer para congregar en este espacio a dos mil personas de manera sostenida en el tiempo. “Creo que la nueva sala es para grandes orquestas, danza e importantes compañías teatrales extranjeras. ¿Con qué plata produces aquí en Chile? Nosotros gracias a Fitam (Fundación Teatro a Mil) hicimos Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, que tiene más de 15 actores en escena, pero son contados los casos que reciben dinero. Me parece importante que se levanten grandes salas en el país, pero que por ello no se reste importancia a la creación. Se gastan miles de millones de dólares en construir un teatro, pero a un grupo local que pide cinco millones para hacer una obra, le responden: si están locos. Hay que equiparar y ver el conjunto de las cosas”, dice.

“En Chile siempre se ha desconfiado”

El tema país no le resulta indiferente. Se arrepiente de no haber participado en algún cabildo porque se le pasó el tiempo. Y le interesaba entregar su opinión: piensa que los distintos gobiernos ven el arte como prescindible porque no entienden el rol que cumple en el desarrollo de la sociedad. “Si existe bien; y si no, no importa, lo que es fatal”, afirma.

-¿Cómo ve a Chile hoy?

-El país es terriblemente desconfiado y creo que eso ha sido parte de su idiosincrasia, pero ahora hay una gravedad porque entorpece el funcionamiento de las cosas. Quizás es hora de que todo se descubra, se abra, todo lo que está escondido malo aparezca.

-¿Cree que hay una crisis institucional?

-Creo que de alguna manera se produce una crisis. O sea, si todo el tiempo aparecen cosas nuevas que escandalizan, entonces indudablemente que la gobernabilidad se resiente. Por ejemplo, si aquí en Teatro Camino todo anda mal, todos desconfían, todos están haciendo mal las cosas, la responsabilidad recae sobre mí. Es inescapable. Yo puedo corregir cosas y hacer más perfectible lo que se puede perfeccionar, pero si ya te queda la escoba total, es muy difícil volver. •••