La psicóloga y doctora en salud pública a cargo del programa Acción Salud UDP, que atiende la salud mental del personal médico, afirma que se les está generando una carga adicional a la situación crítica que hoy enfrentan.

Turnos de más de 12 horas, equipamiento de seguridad que dificulta la movilidad y la inmensa responsabilidad de dar atención a quienes lo requieren de manera urgente, a veces sin contar con todos los medios necesarios. Eso sumado a la carga emocional de hacer frente a una pandemia y a un servicio de salud a tope. La sanidad mental del personal de salud vive momentos críticos y pensando en proporcionarles contención, la Universidad Diego Portales, a través de su Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo, está implementando Acción Salud UDP. Elisa Ansoleaga, profesora de esa casa de estudios y directora del proyecto, cuenta que han armado un programa con múltiples estrategias: la primera, una campaña comunicacional que genere una conversación pública, intervención directa en equipos de salud, y trabajo con las jefaturas intermedias que tienen personal a su cargo.

“A los factores de riesgo para la salud propios de la profesión, se agrega la situación de pandemia. Enfrentamos a una bomba de tiempo, a menos que la desactivemos. Cuando apareció el discurso público de los héroes y la batalla de Santiago, pensé: “Chuta, tenemos que hacer algo””, dice la profesional. El trabajo en salud es colectivo, no individual, enfatiza Ansoleaga. Volviendo a la analogía de la batalla, agrega: “los héroes tienen superpoderes y siempre ganan. En las guerras, incluso en las peores, hay reglas que se respetan. Aquí no. Entonces son metáforas muy inadecuadas que ponen una carga adicional que puede afectar negativamente la salud mental de quienes trabajan en instituciones clínicas”. Confidencia además testimonios de trabajadores de la salud que le han comentado: “los que aplauden desde su ventana, muchas veces son los mismos que se saltan las normas y no cumplen cuarentena”.

Ansoleaga se formó inicialmente como psicóloga clínica de la UDP y luego estudió políticas públicas en la Escuela de Ingeniería industrial de la Universidad de Chile, interesada en comprender cómo las determinantes sociales y estructurales afectaban la salud mental de las personas. Terminó fascinada con la economía y constató que sin adentrarse en los problemas macro del país, las consultas psicológicas continuarán llenas. En 2007 se integró a un proyecto canadiense sobre Salud mental y trabajo en Chile, que funcionaba en conjunto con el Centro de estudios de la Mujer. “Me enamoré del tema. Desde ahí empecé a profundizar en cómo el trabajo, como actividad central de la vida de las personas, espacio de autodeterminación, vínculos sociales y despliegue de nuestras habilidades, entre otras necesidades humanas básicas, está estrechamente vinculado a nuestro bienestar», señala Ansoleaga. Se ganó una beca canadiense para realizar un doctorado en el tema. Lo cursó en Salud pública de la Universidad de Chile y su director de tesis fue Michel Veziná, médico canadiense. Durante tres años viajó a Quebec en el mes de septiembre, y allá trabajó con un equipo multidisciplinario. Tras el terremoto y tsunami de 2010 les llegó a la UDP una solicitud del Ministerio de salud para que realizaran una intervención a los trabajadores de la salud post catástrofe. Armaron un dispositivo de acompañamiento e intervención: un espacio colectivo para que ellos pudieran hablar de lo que les estaba pasando y conectarse con su experiencia. “En las situaciones de catástrofe reina el caos y muchas personas siguen funcionando en modo automático en un mecanismo defensivo muy costoso para la salud mental. El cuerpo humano está preparado para tener momentos de activación y recuperación, entonces dejar todos los interruptores prendidos es ir derecho a la enfermedad». Al terremoto del 2010 siguió el aluvión de Calama en 2015 y el terremoto de 2016 en Coquimbo. En todos esos casos han armado propuestas de intervención dentro del contexto social. Para llevarlo adelante  capacitaron a egresados de psicología UDP, quienes trabajaron en duplas. Han realizado cientos de talleres, de los cuales rescatan experiencias muy valiosas. 

Ahora están desplegados en torno a la pandemia. En estos momentos Acción Salud UDP está trabajando con un programa de intervención que tiene dos componentes: uno denominado clínica psicosocial del trabajo para grupos de trabajadores de la salud que están en sufrimiento producto del trabajo en pandemia y consta de cuatro sesiones. Comenzaron por hospitales y centros de atención con los cuales dicha universidad tiene vínculos a través de sus campos clínicos, y ahora están activando el proyecto con cinco nuevas instituciones. La Clínica Psicosocial del Trabajo ha atendido a dos equipos UTI, una UCI y un equipo de jefatura clínica. También les han realizado intervenciones en crisis a un grupo que tenía a una compañera de trabajo, y a su marido, internados con Covid-19, lo cual los afectó especialmente. En las sesiones grupales los profesionales a cargo pesquisan sintomatologías y realizan derivaciones en caso de que requieran tratamiento individual. Hay un aspecto sensible al cual también se refiere la experta: el sufrimiento ético. Cuando los recursos son escasos y las decisiones están comandadas por el criterio de salvar a un mayor número de personas lo cual enfrenta a trabajadores a decisiones y prácticas muy difíciles reñidas con valores profesionales y personales.

No se puede salvar a todos los pacientes, y tomar una decisión respecto de a quién se le provee de un servicio, muchas veces implica dejar de proporcionárselo a otra persona. “Esa decisión provoca sufrimiento, porque son profesionales  que están formados para salvar vidas. Un enfermero joven me contó que tuvo que sacarle el respirador a una señora mayor para dárselo a una persona más joven. Para él ha sido lo más terrible que ha enfrentado en su ejercicio profesional”, cuenta Ansoleaga.

La psicóloga prefiere asemejar la pandemia a la metáfora del huracán: “Partió en China, lo mirábamos de lejos y no sabíamos cómo iba a llegar aquí. Luego lo vimos azotar Europa y ahora lo tenemos arriba de nuestras cabezas. Tenemos poco control, pero hay cosas sobre las que sí podemos actuar”. ¿Cuáles? “Cuidar el discurso público; independiente del color político. Cuando habla una autoridad, la gente escucha y actúa en consecuencia. Ha habido aciertos pero también fallas comunicaciones que nos han puesto en serio riesgo. Realizar aseveraciones tan potentes, sin contar con toda la información, no corresponde”. Al mismo tiempo la académica señala que es inútil especular respecto de quién podría haberlo hecho mejor. Afirma que esta pandemia es una crisis sanitaria, económica y social, que demuestra que el Estado, tal y como está organizado por ministerios sectoriales, es incapaz de dar respuestas a una policrisis de esta magnitud. “Faltaría una mirada más global para poder aprehender el problema. Los balcones que hemos usado siempre para mirar los problemas hoy resultan segmentados e insuficientes”, asegura Ansoleaga.

Para contactar a Acción Salud UDP: Instagram y facebook @psicologiaudp