El arquitecto Yves Besançon tiene su oficina en la torre Santa María. En el piso 19 para ser más exactos, y desde allí tiene una vista privilegiada de Santiago. Dice que le gusta mirar por la ventana, porque observa el nuevo eje que se forma en torno a la Avenida Andrés Bello que recorre la […]

  • 8 abril, 2013
Yves Besancon

Yves Besancon

El arquitecto Yves Besançon tiene su oficina en la torre Santa María. En el piso 19 para ser más exactos, y desde allí tiene una vista privilegiada de Santiago. Dice que le gusta mirar por la ventana, porque observa el nuevo eje que se forma en torno a la Avenida Andrés Bello que recorre la ribera sur del Mapocho.

Le gusta, sobre todo, por una razón personal: coronando esa avenida se levantó el mega proyecto comercial más importante construido en Chile en la última década. Un símbolo de la ciudad que se ama o se odia: el Costanera Center, al que está ligado desde sus inicios, pues es parte del equipo que trabaja en su diseño desde hace 24 años y su arquitecto jefe.

Ha sido un tránsito largo y criticado, pero muy exitoso a juzgar por los números: dos millones de personas lo visitan al mes, la cifra promedio más alta de la industria. Se ha transformado, por lo demás, en un hito turístico, con filas de personas que se sacan fotos junto al edificio. Besançon –cuya oficina también ha estado detrás de proyectos como Portal La Dehesa, hotel Hyatt y Torre Interamericana– cree que la diferencia de opiniones es algo natural cuando se construyen iniciativas de envergadura. “Quiero saber qué arquitecto u oficina se negaría a hacer la torre más alta de Chile”, exclama. Mientras varios de sus pares alegan que Santiago no necesita más malls, él acusa que hay un doble estándar: “Chile es el país que más superficie de mall tiene por habitante en el mundo, lo que es curioso. Y digo curioso porque es contradictorio: con quien hables te dice que odia los malls, que son espantosos y que nunca van. Pero se llenan”.

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-¿Qué le parece esta “cultura del mall” que algunos críticos dicen que se ha instalado en Chile y que representa Costanera Center?

-Me pregunto cómo una cosa tan odiada en un inicio tiene tanta aceptación pública. De hecho, tiene más aceptación que algunos candidatos y más convocatoria que las marchas sociales más importantes del 2012. Estos son proyectos criticados y se dice que matan el espacio público, pero los malls SON el nuevo espacio público. La gente los visita porque se siente segura y evita el traslado por toda la ciudad, como tener que ir a comprar una goma de mascar a Recoleta y luego ir a la lavandería al otro lado de Santiago. Esta cosa del ‘mal del mall’ es insólita, ya que son los nuevos espacios urbanos y están total y absolutamente consolidados.

-Se dice que en una ciudad desarrollada un mall de estas dimensiones, en una avenida congestionada, no habría tenido cabida.

-No es así. Es cosa de ir a París y visitar en medio de la ciudad las Galerías Lafayette que son tan grandes como Costanera Center y que están repletas de gente el día entero. Hay un poco de desconocimiento, la gente no quiere ver lo que realmente sucede. Y en ese sentido tratamos de que nuestros malls sean lo más ciudadanos posibles. Por ejemplo, en Costanera Center se nos criticó que desconocíamos el espacio público. ¡Nada menos cierto! Ampliamos las veredas, está rodeado de vitrinas, y tiene un primer piso con restaurantes y locales.

-¿No era preferible hacer un mall de estas proporciones lejos del centro de la ciudad, como es habitual en Estados Unidos?

-Es que hay dos conceptos: los malls de ciudad como Costanera Center, y los de suburbio. Los de suburbio son cajas cerradas que se levantan en grandes terrenos fuera del radio urbano que son mucho más baratos. Pero hay malls en el centro de la ciudad que deben ser de más pisos, porque el terreno donde se levantan es muy caro. Al mismo tiempo, dan una solución a la gente que vive cerca para no producir viajes de largo aliento. Entre menos uno se movilice es mejor. En París uno llega a Lafayette en transporte público que es de primera calidad.

-En Santiago es distinto, porque el transporte público deja harto que desear.

-Pero cosa curiosa, pese a que el transporte en Chile es malo –aunque está mejorando mucho– los estacionamientos de Costanera Center nunca han estado a full capacidad. Es decir que no toda la gente llega al centro comercial en auto, sino que, pese a las falencias, el 45% de la gente que lo visita llega en transporte público, caminando o en bicicleta.

-¿Y por qué ese lugar de encuentro no puede ser un parque en vez de un mall?

-Me preguntan por qué no pudo ser un parque, un acuario, un museo. Claro, hacer parques, museos y acuarios con la plata de otros, ¡pucha que es fácil! La verdad es que las ciudades necesitan en lugares estratégicos, servicios estratégicos, porque si no se transforman en ciudades dispersas. Lo que no quita que estos malls deben crear espacio público.

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-¿Costanera Center se hizo cargo de generar esos espacios?

-Se ha hecho un esfuerzo grande por hacerlo. Cuando estén terminadas todas sus etapas se levantará un parque a la salida de Luis Thayer Ojeda. Además se está construyendo otro parque indoor en el techo del mall, que permitirá que la gente del centro comercial y de las oficinas use ese espacio para descansar.

-¿Qué le parece que un proyecto tan criticado se haya convertido en el icono de una nueva era o clase social? Se le ha bautizado como un mall de público “transversal”.

-Es un mall del nuevo Chile. Llegan buses de otras ciudades con gente que se queda por dos días a comprar, se sacan fotos y se ha convertido en un aporte a la integración. Todo eso ayuda, acabo de llegar de París y la mezcla allí es absoluta: gente de diferentes razas, clases sociales, todos bien educados. ¡Vamos hacia eso! Y la única forma de lograrlo es que integremos a todo el mundo y no sigamos viviendo en barrios exclusivos llenos de rejas.

-¿Qué pasó con la demora de la torre?

-La verdad es que el propietario siente que no está atrasado en nada. Se sigue avanzando por dentro, con miras a que esté terminada a final de este año.

-Otros malls, como el de Castro, también han sido duramente criticados. ¿Qué le parecen estos cuestionamientos?

-Acabo de estar en Chiloé y no me gustó el mall. Tampoco me gustaron los colores con los que se pintó la Catedral de Castro: la pintaron de amarillo con fucsia. Obviamente en arquitectura se comenten errores, pero los problemas reales del mall de Castro, más que de diseño, son de otra índole: se entregaron antecedentes que no eran reales respecto al uso del espacio. Es decir, como arquitecto tengo la responsabilidad de entregar datos veraces cuando pido un permiso de obras, porque si digo que un espacio es para una bodega y luego resulta que se hará un local comercial, obviamente que el proyecto pierde sentido.

Pensando la ciudad

-¿Santiago ha avanzado en materia de planificación urbana con este gobierno?

-El Presidente nombró una comisión presidida por la Antonia Lehmann que tiene el fin de analizar cómo gestionar el espacio público, fijar normas, controlar la densidad, lo que creo que es una discusión inédita y positiva. Pero tampoco creo que debamos ir al extremo de no permitir nada y que no se pueda densificar la ciudad. Santiago es una ciudad que ya tiene siete millones de habitantes, y donde es inevitable la venida de la gente de provincia. En el mundo el 56% de la gente ya vive en la ciudad, y en Chile más del 88%.

-¿Es posible pensar en un desarrollo más horizontal y amigable de la ciudad, que privilegie la protección de barrios y no la construcción en altura?

-La pregunta es si es realizable. Creo que es más bien una teoría y la verdad es que yo pido que nos imaginemos cómo serían las ciudades chinas si no fueran densas y verticales. Si fueran dispersas se produciría una catástrofe mundial de sustentabilidad al extenderlas hacia los lados y no hacia arriba. Por lo tanto para mí, dispersar la ciudad en baja altura es un planteamiento bonito pero utópico, aunque habría que repartir anticonceptivos y píldoras del día después para que la gente no se reproduzca y fuéramos un número determinado de gente en la ciudad.

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-En Chile las ciudades no se caracterizan por ser armónicas ni muy integradas. ¿Existe más exigencia en estas materias hoy al desarrollar proyectos?

-Claro que sí. Hoy existe mucha conciencia, y eso se ve en los grandes inversionistas inmobiliarios, que insertan en sus proyectos áreas verdes y espacio público. Pero lo que no mejora es la política de viviendas sociales que siempre se han tirado a la periferia. No se obliga a que en las comunas centrales haya viviendas de este tipo. Soy partidario que los municipios se deshagan de sus toneladas de terrenos y los entreguen al servicio social y dejen de especular con su valor.

-¿Y cómo se satisface a la vecina que no quiere al lado de su chalet un condominio de viviendas sociales?

-En países desarrollados el municipio que no quiere viviendas sociales en su comuna paga fuertes cantidades de dinero al estado para que no estén allí, tal como cuando una empresa paga cuando contamina. Al final es un aumento de impuestos para esos vecinos y lo piensan dos veces antes de aceptarlo. Es fundamental que existan políticas de integración, porque si no vamos a agarrarnos a balazos en muy corto tiempo.

-Carolina Tohá y Josefa Errázuriz han planteado que quieren detener la construcción en altura en Santiago y Providencia. ¿Qué le parece?

-El plan regulador contempla las condiciones de edificación en todos los terrenos y si ese plan autoriza hacer edificios en altura, es porque se pensó que el espacio público era suficiente para ese tipo de construcciones. Si el espacio no es suficiente entonces es problema del plan y hay que cambiarlo. Pero no se puede, después, echar la culpa al privado que construye edificios. Ahora bien, los alcaldes pueden proponer limitaciones, pero no pueden estar por sobre la ley. Si los cambios que piden al plan son lógicos, entonces se los van a autorizar y estará bien que así sea.

-Muchos critican la destrucción de barrios que provoca la construcción de edificios en zonas tradicionales de la ciudad. ¿Tienen sustento esas posturas?

-En parte. Quiero que se regule, pero no que se diga que no se van a construir más edificios. Primero, porque no es cierto. Eso es prometerle a la gente algo que no está en sus atribuciones: los vecinos escuchan a la autoridad que dice que no se van a levantar edificios, pero luego se hacen igual, porque la ley lo permite y todo eso produce desconcierto y enojo. Si a un alcalde no le parece lo que se hace en su comuna debe solicitar un cambio al plano regulador. Estoy de acuerdo que haya cambios en algunos casos, porque hay lugares donde se ha densificado de tal manera que no caben ni los autos. Pero debería haber otra autoridad que dirigiera estos pasos, una autoridad central.

-¿Una autoridad diferente a la del ministerio de Vivienda?

-Hay que inventar mecanismos más ágiles. Un arquitecto a cargo de la ciudad y que tuviera el poder por sobre los municipios sería ideal. Porque al final lo que sucede es que la comuna A hace en la línea que lo separa con la comuna B algo absolutamente diferente a lo que hace la otra. Lo que pasa en Kennedy entre Las Condes y Vitacura, que para un lado es una ciudad y para el otro parece Vietnam. Es evidente que hay que planificar, pero la ciudad crece más rápido de lo que se demora en aprobarse el plan regulador, por eso hay que actuar rápido.

Participación o exclusión

-A propósito de edificios emblemáticos de Santiago, ¿le gusta la remodelación del centro cívico?

-Darle valor a ese conjunto de edificios, un notable ejemplo de arquitectura moderna de los años 50, es un logro. Y que se haya llamado a concurso y lo haya ganado Cristián Undurraga, también. Él conoce muy bien la zona y su proyecto es muy bueno. Además hay una serie de otros proyectos para remodelar otros barrios que son huellas que Piñera quiere dejar al estilo de Mitterrand en París, que le han dado valor a la ciudad.

-Otro problema con que lidiar es la política de “no en mi jardín”: que la cárcel se haga en otro lado y que mi vecino no sea un edificio gigante. ¿Complica la pista?

-Estoy de acuerdo con que exista participación ciudadana, pero eso no puede ser solo para tal o cual proyecto determinado. Debe aprovecharse esa instancia participativa para definir políticas macro que dicten qué tipo de viviendas y densidad va a haber en mi comuna. Encuentro terriblemente excluyente que en Vitacura, por ejemplo, se haya puesto en votación la idea de cambiar en 3 lugares el tipo de construcción, era una decisión lógica, acertada, pero el 84% votó en contra. Ese voto significa: no quiero que otra gente venga a mi comuna. Y por eso no debieron votar sólo los habitantes de Vitacura sino todos los que querían vivir ahí en el futuro. De esa forma se convierte la participación ciudadana en una política de exclusión.

-¿No a la política de preguntar todo entonces?

-Es que la idea del Nimby (Not in my back yard) pasa en todas partes del mundo. Por eso las políticas deben ser democráticas, pero no particulares para cada proyecto. Porque miremos: vota 84% en contra de cambiar Vitacura que era algo lógico y deseable, pero el 90% de la gente de Chiloé aprobó el mall de Castro que muchos encuentran malo. Esas votaciones son siempre en caliente y las decisiones no son a veces las mejores.•••