Un reciente estudio desarrollado por un consorcio de instituciones lideradas por la Universidad de Maryland, el Rocky Mountain Institute y el World Resources Institute (“Fulfilling America’s Pledge”), pone de manifiesto que el compromiso original de EE.UU. frente al Acuerdo de París (26-28% de reducción de sus emisiones totales respecto al año 2005), está lejos de cumplirse. El estudio proyecta, en cambio, un escenario de reducciones de alrededor del 17% (es decir, el principal emisor histórico de gases de efecto invernadero emitirá de 1,2 mil MtonCO2 anuales más que lo comprometido por el expresidente Obama).

  • 26 septiembre, 2018

Por Aldo Cerda, ActionAbility Institute

 

Si combinamos lo anterior con la demora que se ha verificado en Europa para prohibir los automóviles de combustión interna en un plazo compatible con los compromisos europeos respecto al Acuerdo de París, resulta claro que hay una alta probabilidad de no cumplimiento global, lo que es doblemente grave si se considera que las contribuciones nacionales, aún de verificarse íntegramente, no permitirían generar una trayectoria de descarbonización compatible con el escenario en que el aumento de la temperatura no supera los 2ºC (un estudio del MIT sugiere que la trayectoria real se situaría más en el rango de aumento de los 3,5ºC), lo que generará impactos catastróficos en los países más vulnerables como Chile.

Pero no todo son malas noticias en el informe señalado. Las líneas de acción del presidente Trump en orden a estimular la generación eléctrica a base de carbón, o a promover mayores desarrollos gasíferos y petroleros, puede ser compensando por la acción que estados como California, ciudades como Nueva York y el sector privado promuevan para mitigar los impactos del cambio climático.

Y el esfuerzo privado puede provenir de los lugares más insospechados: la semana pasada, ExxonMobil anunció que se ha unido al proyecto insignia para combatir el cambio climático de la industria del petróleo y gas (Oil and Gas Climate Initiative), revocando su decisión de no unirse a la alianza que formaron BP, Shell y Total, entre otros, hace cuatro años. Su compromiso es aportar 100 millones de dólares a un fondo climático, en una clara señal de que la empresa estadounidense está profundizando su posición en el tema. Al respecto, Darren Woods, su director ejecutivo señaló: “Harán falta los esfuerzos colectivos de muchos en la industria energética y la sociedad para desarrollar las soluciones escalables y asequibles que serán necesarias para abordar los riesgos del cambio climático”. 

Otras dos compañías petroleras estadounidenses, Chevron y Occidental Petroleum, también son parte de la iniciativa, lo que lleva a que el consorcio represente un 30% de la producción mundial de estos hidrocarburos, y que sus contribuciones lleguen a los 1,3 billones de dólares. 

  

La transición a un hidrógeno verde

La primera semana de septiembre se desarrolló la segunda conferencia internacional de hidrógeno verde en el país, y dentro de las múltiples presentaciones que se realizaron destaca la de Cédric Philibert, de la Agencia Internacional de Energía. El experto destacó que Chile tiene sobrada capacidad para liderar la transformación energética a base de hidrógeno no solo por la amplia disponibilidad de energía solar a bajo costo en el norte del país, sino también a partir de energía eólica en el sur, combinado con el desarrollo de aplicaciones basadas en amoníaco, que son más sencillas de producir y transportar.

Hoy en día, con una matriz energética que tiene un factor de emisión superior a 0,5 tonCO2/MWh, el análisis de ciclo de vida de los vehículos eléctricos es prácticamente equivalente a los de combustión tradicional, por lo que esa opción es poco eficiente para mitigar los impactos del cambio climático. Sin embargo, la opción del hidrógeno es más atractiva para Chile, dado el escenario energético existente que permitiría transformarlo en un vector energético a costo competitivo.

Las mayores apuestas en este campo se están dando a nivel de transporte en la minería, pero si el mismo subsidio que hoy existe para el diésel (por menor impuesto específico), se utiliza como incentivo para la transformación del parque de buses y camiones del país a híbridos a base de hidrógeno, el sector que está al debe de los esfuerzos de descarbonización de la economía podría transformarse en un clúster virtuoso de desarrollo sustentable.