Por Patricio Abarca Foto: Verónica Ortiz Elías Figueroa tenía 16 años y jugaba feliz en un entrenamiento al medio de la cancha cuando lo llamó el técnico de Wanderers de Valparaíso y le cambió la vida para siempre. “Pibe, me falta un central y usted tiene físico, así que me va a tener que jugar […]

  • 16 mayo, 2014

Por Patricio Abarca
Foto: Verónica Ortiz

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Elías Figueroa tenía 16 años y jugaba feliz en un entrenamiento al medio de la cancha cuando lo llamó el técnico de Wanderers de Valparaíso y le cambió la vida para siempre. “Pibe, me falta un central y usted tiene físico, así que me va a tener que jugar ahí”, le dijo el argentino.

“No me gustó. Nunca me gustó ese puesto. Yo era volante. La verdad es que hasta hoy no entiendo cómo terminé jugando allí”, dice con cara de asombro el propio Figueroa, 50 años después, sentado en el living de su departamento en Concón. El que fuera elegido como el mejor defensa central en la historia de Chile y el mejor en su puesto en el Mundial de Alemania 74, viene llegando de una resonancia a la rodilla cuando ahora lo llaman de radio ADN para que opine sobre el hecho que conmueve a la Selección de Chile: la operación a la rodilla de Arturo Vidal.

-¿Si usted hubiera seguido de volante, hubiera sido como Vidal?
-Yo era un poco como Vidal. Entiendo que él también pintaba para central. Que le decían el sucesor de Elías, pero se mantuvo como volante. A mí también me gustaba ir al ataque. Hacía hartos goles. Cuando jugaba en Brasil había una jugada en que la aguantaban el lateral y el puntero y yo avanzaba sin que nadie me marcara hasta que llegaba libre. Servía como desahogo  para hacer un gol. Vidal tiene esa ambición de hacer goles. Y bueno, cómo son las cosas, ahora los dos estamos jodidos de la rodilla.
Pero las distancias entre uno y otro siguen siendo siderales por el momento. Figueroa no sólo estuvo en tres mundiales y fue elegido tres veces el mejor jugador de América. Su despegue fue tan apabullante que a los 19 años, para debutar en Inglaterra 66, tuvo que pedir permiso notarial por ser menor de 21 años.

“Y me había casado a los 16. Vivía un poco adelantado. Ir a ese Mundial fue impresionante. Eran unos estadios maravillosos. Uno no sabía mucho. Incluso nos hablaban de Sandro Mazzola, que era ídolo de Italia, que era extraordinario, que saltaba como tres metros. Pero jugamos con ellos y no pasó nada. Es que yo tenía personalidad”, recuerda.

-Perdón, pero por mucha personalidad que tuviera se habrá asombrado con los jugadores que vio.
-Bueno, conocí a Eusebio, de Portugal, y era extraordinario. Fuimos muy amigos con el tiempo. Pero es que cuando era joven yo decía, si ellos son buenos, yo también. Era la arrogancia de la juventud. O quizás fue por mi niñez. A los dos años me hicieron una traqueotomía, después tuve asma y me dijeron que no iba a poder hacer ningún deporte. A los 11 años tuve poliomelitis y a los 12 años, con muletas, tuve que empezar a aprender a caminar de nuevo. Siempre tuve que superar barreras. O así lo veía yo. Y si pasaba una valla, buscaba la siguiente. Eso me hizo tener personalidad. Claro que siendo muy joven a todos no les caía bien que yo fuera así.

-¿Le ponen Don Elías por su técnica o por la personalidad de entonces?
-(Risas) Un poco por las dos cosas. Cuando me acuerdo de ese momento me digo que no volvería a hacerlo. Tenía 17 años, jugaba por La Calera y enfrentaba a Colo Colo. Estaba en el área y cuando iba a despejar la pelota venía encima el argentino Walter Jiménez. Para evitar el rebote amagué y le hice un túnel. Después se vino encima un brasileño, Roberto Frojuelo, y lo mismo, amagué, le hice un túnel y salí jugando. Hernán Solís relataba el partido y dijo: “Estamos ante un don jugador, don Elías”. Y quedó. Fui irresponsable, pero son cosas que te salen en el momento.

-Después del Mundial de Inglaterra, usted parte a Peñarol de Uruguay, que era como irse a la Juventus hoy.
-Puede ser. Era un equipo que ganaba todo en Sudamérica, que jugaba todas las copas internacionales que se hacían en Europa. Eso fue fundamental para mí como jugador, llegar a ese medio tan exigente. Allí también aprendí a ser bravo. Mire, todavía tengo una cicatriz aquí en la ceja. Me la hicieron cuando recién empezaba en Chile. Era un poco ingenuo. Después de todo lo que aprendí en Uruguay, ya no me pasó más.

-Su mejor Mundial fue el del 74, cuando hace dupla con Alberto Quintano.
-Alberto era un gran jugador. Muy parecido en estilo. Con él empezamos haciendo dupla en un partido realmente difícil, cuando jugamos la eliminatoria y empatamos a cero con la Unión Soviética en Moscú.

-Hablamos del partido más mítico de la Selección chilena, el 26 de septiembre de 1973.
-Claro, en Chile no lo vio nadie. No hay imágenes. A mí me avisan del partido en Brasil, después de jugar por Inter de Porto Alegre contra Sao Paulo. No había celular, así que pedí por la radio que alguien le avisara a mi mujer que iba a Rusia y volvía. Llegué a Alemania para encontrarme con la Selección, iba con un buzo de verano y estuve dando vueltas hasta que pude alcanzar al avión que iba con el equipo en Frankfurt. Me subí y no conocía a casi nadie. Ahí Lucho Álamos me presentó a Quintano. Los rusos habían estudiado mucho a Chile y nos iban a matar a centros, pero en vez de que jugaran Leonel Herrera y Rafael González, que eran muy buenos pero más bajos, el Zorro me puso a mí y a Quintano, que reventamos todo por arriba.

-Se dice que usted tuvo que recurrir a una jugada extrema para anular al mejor de los jugadores soviéticos.
-Claro. Había un delantero, Blojin, que después jugó en el Mundial de España 82 también. Se escapaba y era muy peligroso. Déjamelo a mí, le dije a Machuca, que era nuestro lateral derecho, e hice lo que tenía que hacer.

-Javier Margas explicó alguna vez ese secreto: un tacle que toca la pelota y que pasa a llevar al jugador contrario.
-Exacto. Uno calcula que llega a la pelota, pero con el vuelo viene el choque. Blojin salió hasta la pista atlética. No volvió a crear peligro.

 

LOS TRES GRANDES

Los Mundiales prenden la memoria de Figueroa. Es el momento de la máxima exigencia. Y si bien hay muchos jugadores que pasan a la historia por su calidad, probablemente haya tres que dejaron un rastro superior en una instancia decisiva: Pelé, Cruyff y Maradona. Y a esos tres, el chileno los conoce perfectamente por haber jugado con ellos.

-En un mundial es cuando puede verse a un gran jugador. Le recuerdo una de las jugadas más increíbles de Pelé, ante Uruguay en el 70. Se va solo ante Mazurkiewicz y deja pasar la pelota sin tocarla.
-Impresionante. Nadie había hecho eso antes. Amagar, dejar que la pelota se vaya a un lado y salir a buscarla por la espalda del arquero. Pelé le pega y no es gol, pero es una jugada increíble, hecha ante un rival que no es cualquiera. Yo jugué con Mazurkiewicz en Peñarol y no era fácil pasarlo, pero ahí quedó estático, sin entender. Es que hay ciertos jugadores a los que se les ocurren cosas. Ja, ja, de hecho hacer algo así me recuerda una locura mía.

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-Cuente.
-Estaba jugando por Inter y la pelota se iba al corner. Yo la cubría porque venían dos jugadores detrás de mí. No quería reventarla y veía de reojo que venían a encerrarme. Entonces salto sobre la pelota, la aprisiono con los dos pies, giro y me doy una vuelta de carnero con la pelota en los pies en medio de los dos delanteros. Los miré, salí jugando y después me di cuenta de lo que había hecho. Sólo me salió.

-Usted también jugó con Johan Cruyff, el genio de la Naranja Mecánica de Holanda. Él es protagonista de un penal a los 50 segundos en la final contra Alemania, el 74.
-Claro, él era distinto. Tenía un dribling más largo, estaba en toda la cancha. Él era un tipo vivo. Parten, la tocan todos y él aparece desde la mitad de la cancha hasta que en un segundo está en el área para que le hagan penal. En esa final se muestra el trabajo de una Holanda que revoluciona el fútbol. Y sabe, al final tuve la idea de que ellos llevaban al fútbol el básquetbol. Mi hijo era basquetbolista, fue seleccionado nacional incluso, y cuando lo seguía me fui quedando con esa idea. En el básquetbol está el pivot y el armador marcando una referencia, pero todos se mueven como una pieza. O sea, era cómo los holandeses cubrían la cancha constantemente.

-Le recuerdo a Maradona en el 86, el segundo gol ante los ingleses, en el que podría ser el más bonito de la historia de los Mundiales.
-Es que Maradona, aparte de ser muy hábil, era muy inteligente. Podía ver lo que pasaba a su alrededor. Si hay que hacer una comparación, le faltó la fuerza de Pelé, porque él saltaba muy bien para cabecear. Me tocó enfrentarlo y había que aguantarlo arriba. Y usaba los codos, ah.

-Está en la cancha y se escapa Pelé, o Maradona, o Messi, ¿qué hace Don Elías?
-Siempre daba un consejo. Tú puedes pasar por aquí o por allá, pero aquí hay que hacer como el torero, debo indicarte por dónde quiero que pases. Tengo que dominar el espacio y llevarte a dónde yo quiero, y ahí quito la pelota. Lo que pasa es que los tipos como Pelé, Maradona o Messi buscan el cuerpo, se lanzan directo al cuerpo del defensa, entonces te desequilibran. Llevan la pelota pegadita al pie. Pero ojo, siempre hay un segundo que esa pelota se despega. Es el segundo del defensa.

-Habla el defensa que nunca quiso ser defensa.
-Pero si nunca quise ser defensa. Hoy, cuando juego, soy centro delantero. Hago dos golcitos y quedo feliz.

 

LA TIERRA MÁGICA

Brasil está que revienta con la ansiedad de su gente y el escenario es demasiado conocido para Figueroa. Como ídolo de Inter de Porto Alegre, se ganó el respeto de todos los fanáticos. Se recuerda su calidad como jugador, pero también su fiereza, algo que estampó en las pantallas de televisión en los años 70, cuando hizo algo parecido a un Ricardo Lagos.

“Me decían el cotovelo de oro. Cotovelo es codo y me acusaban de saltar y meter los codos cuando cabeceaba. Y una vez en televisión, hablando de eso, me dirigí a la pantalla y apunté con el dedo diciendo: el área es mi casa y yo decido quién entra a mi casa. Ja, ja. Hasta hoy venden una polera en el Inter donde aparezco como el cotovelo metiendo el codo a un rival”, recuerda.

La fama le ha servido. Un negocio suyo funciona con buenos dividendos en Brasil: el vino Don Elías, un producto que está a punto de importar a Inglaterra y que ya se empieza a abrir mercado en Chile.

-¿Está entre los que piensan que Chile va a dejar huella en este Mundial, o en la minoría que lo mira con cautela?
-Para mí hay un partido fundamental. Yo pediría no mirar en menos a Australia en el debut. Hay que tratar de entrar igual que si fuera el rival más exigente del mundo, como si fuera Holanda, España. No se puede mirar en menos porque aparezca como el más débil del grupo. A los chilenos nos ha ido mal pensando que somos favoritos.

-Usted enfrentó a Australia en el 74 y empataron a cero. ¿Qué cambia ahora?
-Las cosas no cambian mucho por el lado de ellos, porque son tipos grandotes, de buen juego aéreo. Bueno, en Alemania nosotros jugamos un partido horrible porque la cancha estaba horrible. Había un diluvio y el agua nos tapaba los pies. Había que levantar la pelota y pegarle. Ese partido nunca se debió haber jugado. Ahora Chile tiene una ventaja más, que es la calidad de jugadores que están en Europa. Muchos van a jugar contra sus propios compañeros en clubes realmente importantes.

-¿Qué jugador cree que será figura entre estos nombres?
-Sin duda Vidal (si se recupera). Me gusta mucho Gary Medel, Jorge Valdivia…

-¿Valdivia? Usted que jugó en Brasil, ¿cree que le sirva jugar allí en vez de estar en una liga en Europa?
-Pero claro. Brasil siempre tendrá una competencia de primer nivel. Lo que le pasa a Valdivia en realidad es como lo que le pasa a Pinilla. Son dos grandes jugadores que tienen que demostrar ahora lo que realmente son. Pero lo que hace Valdivia en Brasil es muy importante. No es fácil estar en una competencia en la que estás jugando con ambientes tan distintos. Chile ahora debuta con Australia en Cuiaba, donde hay casi 40 grados. Después va a Sao Paulo, donde puede haber 12 grados. Esos cambios pueden influir y nadie está pensando en eso.
Cae la noche en Concón y suena el timbre de la casa. Dos estudiantes de Periodismo han conseguido una entrevista con Figueroa, que  sigue administrando su reino como uno de los mejores jugadores de la historia. Tal vez sea el momento en que se enteren de que él nunca quiso ser defensa central. •••