El grupo que llegó a reunir a 120 mujeres para coser mascarillas para hospitales como el Hospital de la Universidad de Chile, del Pino y El Salvador. Hoy, luego de haber realizado más de 7.000 unidades con una red de voluntarias, se adentra con nuevos productos: toallas higiénicas ecológicas, almohadas para pacientes intubados e incluso están en proceso de crear una cooperativa.

  • 6 julio, 2020

La idea se gestó a mediados de marzo. La bioquímica Patricia Romero (34), más conocida como Icha, fue contactada por la agrupación Médicos en Resistencia, desde donde le plantearon la inquietud de la falta de mascarillas para el personal de la salud en algunos recintos hospitalarios. Romero, que es profesora de técnicas textiles latinoamericanas, decidió entonces contactar a cinco amigas -Patricia Ogaz, Katherinne Navarrete, Bárbara Valdivia, María José Ortíz y Beatriz O’Brien- para comenzar a idear lo que hoy se conoce como “Costureras a toda máquina”. El primer paso fue investigar cómo podría imitar una mascarilla del tipo N95, que brindara protección y seguridad. Cuando llegó al diseño, luego de días de estudio, análisis de telas y pruebas -el que está en proceso de certificación en el Cibyb de la U de Chile- el grupo comenzó a idear un manual público y armar una red de costureras que se basaran en esas instrucciones y crearan las mascarillas con sus cinco capas de tela. Hoy son 120 costureras voluntarias.

Entre telas

Uno de los sellos de Costureras a toda máquina es que sus mascarillas se anudan con cintas de algodón, sin elástico, y que no se apoyan en las orejas. Esto se diseñó así ya que personal de la salud les manifestó que con los turnos extendidos por la pandemia de Covid-19, el roce de las cuerdas les hacían heridas.

En el peak de producción, llegaron a realizar mil mascarillas semanales, cifra que actualmente bajó a 200 o 300 dependiendo la semana. “La cuarentena total en la Región Metropolitana incidió en esta baja ya que las costureras no pueden ir a los centros de acopio a buscar el material para coser”, explica la socióloga Beatriz O’Brien, una de las cinco fundadoras de la agrupación.

Junto con la llegada de las voluntarias, hubo un llamado a donar desde los tres mil pesos que les cuesta fabricar diez mascarillas. En ese llamado recibieron donaciones de telas también como es el caso de Aramark, que donó uniformes antiguos. Con las donaciones que recaudaron donaron siete mil unidades a diferentes hospitales y CESFAM no solo en Santiago, sino también en regiones.

Con el pasar de las semanas, la demanda fue bajando y una de las fundadoras planteó la idea de continuar con la agrupación pero comenzar a hacer otros productos. Fue en esos días cuando desde la toma Dignidad en La Florida le manifestaron que su principal necesidad eran las toallitas femeninas. Así, llegaron a un diseño hecho de tela que logra ser cómodo, lavable y reutilizable. Este lunes comenzarán con la primera tanda de entregas de mil unidades.

El equipo se encuentra diseñando dos productos más: mascarillas con mica transparentes para personas sordas y un modelo de cojín para pacientes intubados. Este último, cuenta O’Brien, es más complejo de realizar por lo que les ha tomado más tiempo llegar al prototipo correcto.

“El próximo paso es proyectarnos en el tiempo”, dice. A través de una cooperativa y un plan de negocios público, pretenden replicar el modelo en otras regiones y así mejorar la calidad de vida de las costureras, que según la Fundación Sol son 500 mil solo en la Región Metropolitana. Partirán por Pucón y Alto Hospicio, donde las contactaron para imitar el trabajo.