Por: Aldo Cerda

  • 1 octubre, 2019

Tal como en el caso del movimiento por los derechos civiles, la masiva movilización que lideró Greta Thunberg en Nueva York el viernes 20 apuesta a catalizar un cambio cultural que, más temprano que tarde, golpea las puertas de los representantes del poder político.

La reacción más visible de este impacto corrió por cuenta de Amazon. Más de mil de sus empleados había anunciado que se ausentarían de su lugar de trabajo para protestar por la inacción de la empresa respecto al cambio climático, y más de ocho mil habían firmado una declaración donde pedían un compromiso formal de la empresa para reducir su huella de carbono.

Jeff Bezos se movió rápidamente y el día previo al Climate Strike anunció un ambicioso plan de mitigación climática, que no sólo adelanta a la meta de carbono neutralidad al 2040, sino que también hizo pública la huella de carbono de la empresa, la que asciende a 44.4 MtCO2e, de los cuales 13% corresponde a emisiones directas (alcances 1 y 2) y el 87% restante a emisiones indirectas, donde se destacan la logística externa -casi un tercio del total– y el LCA (análisis de ciclo de vida) de la manufactura de bienes con marca propia (27% del total).

Como una empresa que se precia de servir las necesidades de sus clientes, Amazon reaccionó a lo que se percibe como un driver de responsabilidad extendida que será parte de los determinantes de la demanda por los bienes y servicios que ofrece, y uno podría anticipar un comportamiento similar de las otras empresas de base tecnológica. Pero los resultados son, por decirlo de algún modo, mixtos.

Facebook y Google se habían adelantado con agresivos programas de compra de energía renovable para sus operaciones. Pero todas ellas, en particular Microsoft, Amazon y Google, enfrentan presiones para cesar sus contratos de provisión y administración de datos que ayudan a mejorar la economía digital de compañías petroleras y gasíferas (todo lo contrario a una estrategia proclima). ¿Cuál de las dos tendencias se impondrá en las compañías tecnológicas?

AMBICIÓN CLIMÁTICA: ¡AL MENOS TRIPLICAR NDCs!

Las principales organizaciones mundiales de ciencia climática unieron sus fuerzas para producir un informe histórico para la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas, subrayando la evidente y creciente brecha entre los compromisos climáticos de los gobiernos y la realidad del fenómeno, que empeora respecto a las previsiones previas de sus impactos.

El informe, United in Science, destaca la urgencia de la transformación socioeconómica en sectores clave, como el uso de la tierra y la energía para evitar un aumento peligroso de la temperatura global con impactos potencialmente irreversibles.

Algunos hallazgos son:

a) El quinquenio 2015-19 es el más caluroso de cualquier lustro del que se tenga registro histórico.

b) La pérdida de hielo antártico se ha sextuplicado en las últimas cuatro décadas.

c) El aumento del nivel medio del mar se ha incrementado 25% respecto a la década previa y el océano ha visto aumentar su acidificación un 26% desde el inicio de la era industrial.

d) La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzará los 410 ppm este año. ¿Cuándo el planeta experimentó algo parecido? Hace 3-5 millones de años, cuando el mar se elevaba más de 20 metros respecto al nivel actual y la temperatura superaba los 2-3ºC.

La brecha de emisiones en 2030 entre los compromisos incondicionales de los países y los niveles consistentes con las rutas de menor costo hacia el objetivo de 2°C es 15 GtCO2e. La brecha en el caso del objetivo de 1.5°C es de 32 GtCO2e. Se estima que las NDC actuales disminuirán las emisiones globales a 2030 en hasta 6 GtCO2e, en comparación con la continuación de las políticas actuales. Este nivel de ambición debe triplicarse aproximadamente para alinearse con el límite de 2°C y debiera aumentar casi cinco veces para el límite de 1,5°C. Una meta casi imposible.