Este 30 de abril la Tompkins Conservation hará entrega oficial de los Parques Patagonia y Pumalín al Estado de Chile. “Desde que dijimos que íbamos a donar nuestros parques la gente nos ha escrito pidiéndonos que no lo hagamos. Al hacer esta donación sabemos que Conaf no tiene recursos pero pretendemos elevar el estándar”, dice Carolina Morgado, directora ejecutiva Tompkins Conservation Chile.

Por Sofía García-Huidobro

Foto Verónica Ortiz y Tompkins Conservation

Se trata de la mayor donación de tierras de un privado a un Estado. Cerca de 407.000 hectáreas forman parte del Protocolo de Acuerdo entre el Estado de Chile y la organización fundada por Douglas y Kristine Tompkins, firmado en marzo de 2017. Éstas, sumadas al aporte estatal, permitieron la creación de cinco Parques Nacionales -Pumalín Douglas Tompkins, Melimoyu, Patagonia, Cerro Castillo y Kawésqar- y la ampliación de tres Parques Nacionales ya existentes -Hornopirén, Corcovado e Isla Magdalena-. Carolina Morgado trabaja hace 24 años en la fundación Tompkins y hoy es la directora ejecutiva para Chile. Como tal, ha sido la persona a cargo del proceso de traspaso al Estado.

Ahora, explica Morgado, viene una nueva etapa en la que se enfocarán en cuatro ejes: el convenio de colaboración con Conaf, posicionar la Ruta de los Parques de la Patagonia, impulsar un fondo privado que pueda recibir aportes nacionales e internacionales y trabajar en la consolidación de la Corporación Amigos de los Parques de la Patagonia.

Llevan cerca de un año trabajando en los distintos aspectos que derivan de la donación y una vez que se abran las licitaciones para los hoteles, campings y centros de información que forman parte de los parques, permanecerán al menos hasta el mes de octubre colaborando con los privados que se adjudiquen la administración de esas instalaciones. Además se ha establecido una mesa técnica para el convenio con Conaf – específicamente con la Gerencia de áreas silvestres protegidas-.

En el caso del parque Patagonia, la directora ejecutiva afirma que seguirán a cargo del programa de vida silvestre por los próximos cuatro años, eso contempla conservación de cuatro especies: puma, huemul, ñandu y cóndor. “Estamos empezando a estudiar para meternos en temas de conservación marina ojalá en parques espejos a los que hemos creado en tierra y tenemos otras ideas de preservación para especies que están al borde de la extinción en nuestro país”, cuenta Morgado sobre lo que viene por delante.

Picassos en la plaza

-¿Qué opinas de la desconfianza que genera el traspaso de los parques al Estado?

-Desde que dijimos que íbamos a donar nuestros parques la gente nos ha escrito pidiéndonos que no lo hagamos. Por un lado Chile es un país donde no hay confianza en las instituciones públicas y definitivamente no hay confianza en el poder de gestión que tenga Conaf porque uno se da cuenta que no ha habido un foco ahí. Para mí el problema es la visión del Estado: dónde ponemos nuestras fichas. Si bien Chile tiene una tradición republicana de crear parques nacionales -el parque Vicente Pérez Rosales se creó en 1926 y desde ahí en adelante cada Presidente ha creado durante su mandato por lo menos un parque-, la institución que los maneja está totalmente desfinanciada. Cuando nosotros hacemos esta donación, sabemos lo que estamos haciendo, no somos ciegos, pero hemos determinado que nuestro rol como fundación privada sin fines de lucro es ayudar a fortalecer la institución pública.

-A nivel internacional, ¿qué tan precarios son nuestros parques nacionales?

-Nosotros estamos en un nivel bien bajo respecto de lo que se invierte, porque los parques no han sido vistos como un activo dentro de nuestra economía si no que se consideran un gasto. Y un gasto poco urgente comparado con las otras necesidades que un país puede tener. Pero nosotros -que llevamos cerca de 25 años ayudando a crear parques nacionales-, sentimos que la ruta de los parques le da una vocación al territorio, convirtiéndolo en motor de economía local. Hemos tratado de demostrar que cuando planificas bien, e inviertes, se crean polos de atracción turística y se desarrolla un buen turismo que es consecuencia de la conservación. Es maravilloso que la gente haga parques, de cualquier categoría, pero Douglas y Kris siempre han dado un ejemplo que me parece muy bueno: “Hacer un parque privado es como tener un Picasso en tu living, pero hacer un parque nacional es tener un Picasso en la plaza pública”. Al hacer esta donación nosotros sabemos que Conaf no tiene recursos pero pretendemos elevar el estándar. Chile aceptó y ahora hay que hacerse cargo.

-¿Qué herramientas de financiamiento extras podrían adoptarse?

-Cualquier persona podría donar al parque pero en Chile no existen los mecanismos para poder hacerlo porque las donaciones a temas medioambientales están bastante castigadas. Con la Ley Valdés puedes donar para cultura, para educación, o las empresas pueden donar para la Teletón, pero cuando se trata de medio ambiente no hay franquicia tributaria y por lo tanto representa un gasto rechazado. Puedes dar plata para hacer un libro del huemul, pero no para salvar al huemul. Aquí no hay una cultura ni una ley de filantropía medioambiental, y es indispensable que exista si quieres involucrar a la ciudadanía en la protección del patrimonio natural.

-¿Existe alguna moción parlamentaria para cambiar eso?

-Sí, hay un par de iniciativas y también el sector privado de las ONG´s se están uniendo en este minuto para ir con una propuesta. Hay un tema cultural que hay que cambiar: tenemos incorporadas las donaciones sociales pero no el patrimonio natural, eso es algo que tenemos que desarrollar. Hasta aquí hemos planteado que la naturaleza está al servicio del ser humano en una visión totalmente antropocéntrica. La filantropía medioambiental en Chile es inexistente.

-¿Será que el chileno promedio todavía no diferencia entre caridad y filantropía?

-Exacto. Y creo que incorporar la palabra filantropía te lleva a un cambio cultural. Decir que se necesita una ley de donación para el medioambiente ayuda porque el lenguaje va creando realidad. Es mi obligación cuidar aquello que está fuera de mí.

-Después de todos estos años de trabajo en conjunto con distintos gobiernos, ¿cómo te explicas la desconfianza inicial que hubo sobre las intenciones de Douglas Tompkins?

Fue un poco inexplicable. Es como una mentalidad muy antigua antigringa, o no sé… Fue súper raro. Nos pasó de todo pero Doug tenía cuero de chancho y lo importante es que nunca nos rendimos. Cuando la gente vio a autoridades agarrando por el cuello a una fundación que está haciendo un proyecto de conservación, se empezó a preguntar qué país queremos. Eso generó una discusión, y nosotros lo vimos como una oportunidad. Además entendemos que las compras de grandes extensiones de tierra producen conflictos, pero nosotros siempre hemos jugado con las reglas que establece Chile. Nunca invertimos un peso ni en promoción ni en publicidad, pero siempre hemos dado entrevistas y Doug se paseó por varias universidades dando charlas.

-¿Hace 22 años tenían alguna posibilidad de vislumbrar en qué iban a convertirse?

-Totalmente. Nosotros hemos sido absolutamente apolíticos, trabajamos con el que nos pongan por delante y con la agencia que maneje los parques. Con Conaf hemos venido trabajando intensamente, pero no tienen presupuesto y cumplen tantas funciones…

-¿Habría que considerar un presupuesto distinto para Conaf?

-Definitivamente nosotros como país nos tenemos que replantear qué queremos con nuestro patrimonio natural. Tenemos el 21% del territorio protegido, ¿lo vamos a dejar ahí o lo vamos a incorporar a nuestra economía? Esa es la propuesta de la Ruta de los Parques.

 

La despedida

-¿Cómo te sientes con la responsabilidad de mantener vivo este legado?

-A mí me apasiona. Llevo 24 años trabajando con los Tompkins y me siento muy orgullosa de lo que hacemos. Me entusiasma la posibilidad de ayudar desde lo privado a fortalecer la existencia de parques públicos con un buen manejo para la permanencia ecológica. Eso me alucina más que cualquier cosa que hemos hecho. Yo nunca miro para atrás, no tengo pena de entregar los parques, eso era lo que queríamos hacer, sabemos dónde vamos y vamos con los ojos abiertos. Sabemos también los problemas que puedan, surgir pero los vemos como una oportunidad para que los chilenos repensemos qué país queremos.

-¿En estos años has observado un cambio cultural en esa dirección?

-Sí, tremendo. Ahora hay muchas áreas de conservación protegidas. Pienso que Douglas ha sido una inspiración en Chile a mirar la naturaleza de otra forma. Nosotros consideramos que hacer parques es un proyecto ecosocial porque son tanto para las especies como para las comunidades. Pero todavía cuesta entender cómo la conservación nos beneficia.

-¿Falta asumirlo como una responsabilidad social?

-Es que no todo el mundo anda preocupado del planeta, pero porque no entienden que la conservación puede tener un impacto en mi vida.

-¿Crees que la muerte de Douglas Tompkins precipitó este proceso de traspaso?

-Difícil de saber pero pienso que efectivamente cuando murió Doug se acabaron varios cuestionamientos y me siento confiada. Además fundamos una nueva organización que es un hijo nuestro, que ya se tendrá que independizar, y que es la Corporación Amigos de los Parques.

-¿Cómo será la despedida?

-Durante abril tenemos despedidas en el Parque Pumalín y posiblemente en Patagonia. Además tenemos entregas de inventario y un acto comunicacional. La despedida de muchos empleados ha sido emocionalmente fuerte. Llevamos mucho tiempo trabajando juntos, y aunque este momento formaba parte de los planes siempre cuesta cuando llega el minuto. Celebramos que cumplimos la meta pero estamos tristes porque nos despedimos de gente querida. No es una sorpresa pero es difícil.