Después de ocho años a la cabeza de la ONG Oceana en Chile, el abogado Alex Muñoz asumió en 2016 como director para Latinoamérica de Pristine Seas National Geographic, cargo desde el cual acaba de firmar un compromiso, junto al Ministerio del Medio Ambiente, que fija un año para que Juan Fernández sea la primera comuna de Chile 100% libre de plástico.

  • 27 febrero, 2019

Los habitantes del archipiélago Juan Fernández se refieren coloquialmente a los chilenos continentales como “los plásticos”, desde que hace décadas atrás comenzaron a llegar los primeros turistas nacionales a la isla y con ellos, el plástico. Ha pasado poco más de un año desde que el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad aprobara la creación de un área protegida en el archipiélago, que suma 286 mil km2 entre el Parque Marino y el Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos.

El conjunto de islas visibles que asoman en la superficie son los picos de los montes submarinos que albergan una biodiversidad con un 90% de especies endémicas. Ahí la reina es la langosta, que convive con otros seres como el lobo fino de Juan Fernández, especie que se creyó extinta durante años y que hoy se encuentra en grandes cantidades. La riqueza marina de esta zona no se debe solo a las bondades de la naturaleza, sino también al cuidado responsable por parte de los pobladores de la isla. Alrededor de mil personas viven en Robinson Crusoe y más del 60% se dedica a la pesca. Ellos han sabido organizarse desde que en 1935 se autoimpusieron normas para limitar la extracción de langosta a los meses que van desde octubre a mayo, y permitiendo sacar solo aquellas cuyo cuerpo supere los 11,5 centímetros y jamás una hembra que esté cargando huevos. Sin esas exigencias posiblemente habrían arrasado con la producción de tan apetecido crustáceo.

Uno de los continentales que se ha ganado el respeto de los isleños por su aporte al trabajo de conservación marina que se ha hecho en la isla durante los últimos diez años es Alex Muñoz, primero como director ejecutivo de la ONG Oceana y desde 2016 como director para Latinoamérica de Pristine Seas National Geographic. Muñoz calcula que desde 2009 ha viajado a la isla unas treinta veces, conoce a todos los representantes de los gremios y a gran parte de los vecinos, y los últimos días de enero volvió para firmar un compromiso junto a la ministra del Medioambiente, Carolina Schmidt, y a dirigentes de la pesca y el turismo, mediante el cual se fija un plazo de un año para que Juan Fernández sea la primera comuna de nuestro país 100% libre de plástico. “Durante su historia, la isla ha tenido distintos hitos respecto de la conservación de su medioambiente. No es fácil vencer las inercias del mercado y menos en un lugar tan remoto. Que Juan Fernández pruebe que se puede asumir este desafío sería un ejemplo para el mundo”, dice el representante de National Geographic. La idea es reemplazar el plástico por otros materiales, y cualquier pieza plástica que entre a la isla deberá reciclarse o volver al continente.

Animal político

Muñoz estudió Derecho en la Universidad de Chile y se define como un animal político. No milita ni participa de la política partidista pero le apasionan los derechos humanos, la transparencia como mecanismo de control y el trabajo con las comunidades. A los 23 años entró a trabajar en un consultorio de la Municipalidad de Huechuraba representando a mujeres víctimas de violencia doméstica. Conocer la cruda realidad del machismo dominante en tantos hogares le hizo convertirse en militante del feminismo. También cuenta con orgullo que uno de sus principales hitos como abogado fue cuando junto a unos compañeros de universidad decidieron presentar una demanda contra Chile ante la Corte Interamericana de Derechos por la censura a la película La última tentación de Cristo. Luego de seis años ganaron la causa y eso marcó un importante precedente, ya que Chile tuvo que cambiar su Constitución. Luego trabajó junto al profesor José Zalaquett en el Centro de Derechos Humanos de su universidad y se hizo cargo del primer Programa de Transparencia, Anticorrupción y DD.HH. “Fue una revelación aprender nuevas formas de controlar el poder político y económico a través de la transparencia, y es algo que he seguido usando toda mi vida para descubrir abusos y así generar cambios para frenarlos”, cuenta el abogado.

Con la misma lógica se fue interesando por el tema medioambiental y en 2003 formó parte del equipo de la ONG Oceana, que tenía como misión la creación de áreas marinas protegidas, regular el impacto de las salmoneras y también de las termoeléctricas a carbón, entre sus prioridades. “Fuimos los primeros en usar la denominación zonas de sacrificio para referirnos a los lugares donde había problemas ambientales y sociales”, señala. Por esos años, el director de Oceana en nuestro país era el economista Marcel Claude, a quien Muñoz define como un “líder narciso que usó la organización para hacer proselitismo político”. El abogado tuvo tantos reparos con la administración de Claude que su permanencia ahí fue corta: “Una experiencia amarga, pero que me dejó con las ganas porque me enamoré de la conservación y la organización”.

Entonces partió a estudiar un máster en Derecho Internacional en la Universidad de Washington y luego, cuando Oceana Internacional despidió al economista y ex candidato presidencial, Muñoz asumió como director ejecutivo de la ONG, cargo que mantuvo por ocho años. Aquí la historia del abogado se acerca al mundo marino y su conservación.

En esta última década ha participado de distintos hitos medioambientales, a través del trabajo directo con las autoridades, con distintas organizaciones y sobre todo con comunidades locales como las de Punta de Choros, Rapa Nui y Juan Fernández, entre otras. Muñoz es enfático en afirmar que le interesan los resultados, independiente de los gobiernos de turno. Durante el primer período del presidente Sebastián Piñera se creó el Parque Marino de Motu Motiro Hiva en la Isla Salas y Gómez. Y en la pasada administración de Michelle Bachelet se declaró zona no extractiva toda el área del Parque Marino Nazca-Desventuradas, que comprende 297.000 kilómetros cuadrados de océano alrededor de las islas San Ambrosio y San Félix.

La comunidad

El trabajo en Oceana fue enriquecedor, pero intenso, y Alex empezó a resentir los costos de posponer su vida personal. En 2015, dos muertes cercanas lo hicieron replantearse su ritmo de vida; perdió a un amigo íntimo y también se vio muy afectado por la muerte del conservacionista Douglas Tompkins, con quien le tocó trabajar en distintas instancias. Ese año renunció a Oceana y fue entonces que el reconocido buzo y explorador catalán de National Geographic, Enric Sala, lo invitó a unirse a la prestigiosa institución internacional que ya cumple más de 130 años de existencia. Desde la división de Pristine Seas para América Latina, el abogado ha seguido trabajando estrechamente con la comunidad de Robinson Crusoe. Aunque es claro en señalar que las ONG deben saber delimitar su rol: “Las comunidades locales tienen que ser las dueñas de sus decisiones y administrar sus propios recursos, de lo contrario, se cae en una eternización de las ONG que me parece totalmente indeseable. Nosotros no somos los importantes. Es un error cuando las organizaciones externas se sienten los dueños del lugar”. En localidades alejadas del gobierno central y con pocos habitantes, como es el caso de Juan Fernández, la capacidad de generar comunidades unidas es vital.

En 2012, y con solo 27 años, Felipe Paredes se transformó en alcalde de Robinson Crusoe, porque aunque siempre sintió rechazo hacia la actividad política, comprendió que para generar cambios había que involucrarse. “La gente de aquí es bien de armas tomar. Entiendes rápidamente que cuentas con los que tienes alrededor y que te guste o no tienes que ponerte de acuerdo con ellos: “Los gobernados se autogobiernan”, señala Paredes y recalca que a pesar de la desconfianza propia del isleño hacia el afuerino, al conocer a Alex Muñoz supo que a través de él estaba la oportunidad de ir más allá y concretar acciones. “El mundo científico y de las ONG está lleno de ego, pero Alex se ganó la confianza a través de un actuar correcto. Él supo identificar una chispa intensa en nuestra comunidad que permitiría comenzar cambios importantes”. Lo mismo opina Marcelo Rossi, residente de la isla hace más de veinte años y actual tesorero del sindicato de pescadores: “El aporte de Alex Muñoz ha sido medular para nuestra comunidad. Él creyó en el sueño de tener un ecosistema marino protegido, por eso, ya es parte de nuestra historia”.

El representante de National Geographic se siente contento con lo logrado, aunque insiste en la importancia de impulsar nuevos liderazgos para que los cambios continúen y también en la urgencia de involucrar más a las mujeres en la toma de decisiones del territorio isleño, que históricamente ha sido un lugar profundamente machista. “Yo sería el más feliz del mundo si en 10 años el océano en Juan Fernández se mantiene tan bien como está hoy”, dice el abogado que se enamoró del mar.

Recuadro: EL EFECTO TSUNAMI

El tsunami de 2010 y el accidente del CASA 212 se han transformado en fantasmas permanentes de la isla. Dos eventos trágicos donde además de perder a seres queridos -19 personas murieron por efectos del tsunami-, los isleños han tenido que cargar con el estigma de convertirse en un destino asociado a la fatalidad. La etiqueta de “isla maldita” que recibió Robinson Crusoe tras el accidente que le costó la vida a Felipe Camiroaga, junto a un equipo de TVN, y al grupo de voluntarios del Desafío Levantemos Chile, incluido el empresario Felipe Cubillos, se transformó en duelo nacional y lamentablemente trajo consigo la idea de que la isla es un lugar particularmente peligroso lo que afectó drásticamente al turismo y por ende a la actividad económica.  Estigma injusto considerando que hay siete vuelos semanales y en los últimos siete años no han sufrido ningún otro accidente. Recién el año pasado las visitas se han ido normalizando, y en la isla afirman que no les interesa el turismo masivo por lo que se han enfocado en atracciones específicas y relacionadas con el entorno como buceo, avistamiento de aves, pesca deportiva y trekking. En materia de reconstrucción es fácil apreciar cuales son las nuevas viviendas y construcciones, pero aún falta. La Escuela Dresden, arrasada por la ola de la madrugada de ese 27/F, todavía funciona en un lugar provisorio, y otros varios servicios operan en containers habilitados. Al ex alcalde Felipe Paredes le tocó vivir ambos eventos de manera especial, para el tsunami, además de ayudar a rescatar a sobrevivientes, y también cuerpos, fue el primero que logró llegar hasta la oficina de la Dirección de Aeronáutica para comunicarse con el continente y avisar que un tsunami había afectado a la isla y que necesitaban ayuda urgente. Paredes en ese entonces era concejal y no tardó en pasar a ser parte de los voluntarios del Desafío Levantemos Chile que trabajó en las obras de reconstrucción, y donde alcanzó a hacerse amigo de Felipe Cubillos y de Sebastián Correa. El 2 de septiembre del 2011 él los estaba esperando en la pista de aterrizaje de la isla para llevarlos al pueblo, y desde ahí pudo ver los dos sobrevuelos de la aeronave y luego como ésta desaparecía para siempre. “Fue muy duro perder a gente que me había hecho creer que saldríamos adelante. Pero el tsunami nos enseñó que lo importante no es lo material. Yo creo que nos fortalecimos, el espíritu fue: “nos tenemos que volver a parar””.