El fuerte crecimiento experimentado por esta joven viña llevó a sus ocho dueños fundadores a tomar la decisión de incorporar nuevos inversionistas. Y vaya qué socios eligieron: José Manuel Urenda, Osvaldo Pérez, Peter Buerger y Richard Macaire, quienes a partir de abril ingresaron a la propiedad de Quintay, una viña del nuevo mundo que está dando que hablar en todas las latitudes. 

  • 30 abril, 2008

El fuerte crecimiento experimentado por esta joven viña llevó a sus ocho dueños fundadores a tomar la decisión de incorporar nuevos inversionistas. Y vaya qué socios eligieron: José Manuel Urenda, Osvaldo Pérez, Peter Buerger y Richard Macaire, quienes a partir de abril ingresaron a la propiedad de Quintay, una viña del nuevo mundo que está dando que hablar en todas las latitudes. Por Sandra Burgos; fotos, Gabriel Pérez.

 

 

Dicen que para armar un buen negocio hay que tener un poco de suerte y visión. Sin embargo, si a estos dos elementos se le agregan ingredientes como decisión y coraje, se puede llegar a la pócima perfecta para alcanzar el éxito. Definitivamente, una mezcla de todos estos componentes dió origen a Viña Quintay, un proyecto de amigos que partió hace cuatro años y que creció en forma tan vertiginosa que hizo necesario a sus socios abrir la propiedad a nuevos inversionistas, con la finalidad de obtener recursos frescos para enfrentar un agresivo plan de inversión y crecimiento.

Osvaldo Pérez, Felipe Larraín, Alvaro Rencoret, Felipe Aldunate,
Hernán Gómez, Peter Buerger, Felipe Morandé, Jaime Charles,
José Manuel Urenda y Alberto Rencoret (en cuclillas).

La decisión no fue fácil: hace unos meses los fundadores Felipe Aldunate (gerente general de la viña), Hernán Gómez, Pablo Gómez, Edmundo Eluchans, Jaime Charles (presidente), Felipe Larraín, Felipe Morandé y la familia Rencoret decidieron embarcarse en la búsqueda de nuevos socios, que no sólo aportaran dinero, sino también conocimiento y redes que permitieran hacer crecer a la compañía.

Explican: se presentaron cerca de siete interesados en ingresar a la propiedad; todos ellos, empresarios de diversas ramas que querían sumarse al proyecto. Tras varias conversaciones y reuniones, finalmente los fundadores decidieron invitar a destacados hombres de negocios,todos con “espaldas”, contactos y conocimientos que potenciaran la viña.

Uno de ellos es José Manuel Urenda, presidente de Agunsa, quien además de ser primo de uno de los socios originales (Edmundo Eluchans), es un viejo conocido de la viña, ya que en estos años le ha prestado servicios a través de las oficinas que tiene Agunsa en más de 50 países y apoyará en la búsqueda de distribuidores.

Otro de los elegidos fue Osvaldo Pérez, dueño de Laboratorios Davis, quien llegó a Quintay por la tierra. Dueño de un campo en la zona, “una viña pequeña de 17 hectáreas, pero que tiene una producción que a los enólogos les ha gustado bastante, que abastece a Quintay” –acota Pérez–, fue contactado por Hernán Gómez (uno de los fundadores) quien le manejaba toda la parte técnica de la viña.

“Como conocía el proyecto de Viña Quintay, le dije que si en algún momento había alguna oportunidad de ingresar a la propiedad, ya sea porque alguien se quería retirar o porque se requería de un aumento de capital, me avisaran… Y justo estaba este proyecto de iniciar con bodegas propias la vinifi cación, y se requerían capitales adicionales. Así que Hernán me contactó, hablé con Felipe Aldunate sobre el enfoque, la filosofía y los planes de negocio, de cómo pretenden desarrollar esta viña boutique y lo encontré tan interesante que dije que estaría encantado en participar, y aquí estamos”, señala Pérez.

Por lo tanto, su vínculo con la zona, así como su expertise en manejo de mercado y retail, lo sitúan como un excelente socio que puede contribuir mucho al desarrollo estratégico de la viña.

También fue incorporado al selecto grupo el empresario de ascendencia aleman Peter Buerger, dueño del centro de logística Golden Frost, quien además participa en el negocio naviero, así como en la concesión del puerto de Callao, en Perú, y con presencia en el movimiento de carga en Argentina y Colombia. Por su origen, Buerger tiene mucho contacto con Alemania, lo cual permitirá a la viña abrirse camino en ese país, así como potenciar su logística.

Peter Buerger llegó a Quintay por Felipe Aldunate, a quien conoció mientras trabajaron por cerca de siete años en la empresa de verduras y hortalizas congeladas Minuto Verde. Sus conocimientos de logística y transporte motivaron a Aldunate a invitarlo a la viña. “Es mi primera vez en el mundo del vino. Me interesó la viña porque hay todo un trabajo de marca que desarrollar, muy interesante, que se debe proyectar en Chile y el mundo. Espero poder contribuir en ello”, comenta Buerger.

El cuarto nuevo accionista es el inglés Richard Macaire, quien participaba en la propiedad de ED&F Man Sugar, uno de los principales consorcios de distribución de azúcar en el mundo y que además es dueño de Iansa. Vive en Inglaterra y tiene una propiedad en Casablanca, a través de la cual abastece de uva a Quintay. Además, junto a su hijo David, los apoya en el desarrollo del mercado inglés.

 

 

 

 

El fin de la viña virtual

 

 

Felipe Aldunate explica que todas estas nuevas decisiones se fueron presentando como frutos de la dinámica del crecimiento. “Quintay es una viña que partió tratando de romper ciertos dogmas segun los cuales un productor de uvas pasa a vender vinos y luego desarrolla un mercado de exportación. Lo nuestro no fue así. Fuimos ocho amigos que un día decidimos armar una viña en un nicho que estaba poco desarrollado y que es el de los vinos que se dan en zonas frías. Juntamos hectáreas que cada uno tenía en distintas zonas el valle de Casablanca, con lo cual logramos una variedad de uvas impresionante que nos permite conjugar las mejores cepas y obtener vinos que en poco tiempo han conseguido importantes reconocimientos”. De paso, también lograron potenciar un nuevo mercado para los vinos chilenos: el del sauvignon blanc, con la idea de ir más allá del cabernet sauvignon y del carménère, que se han convertido en las cepas insignes.

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La idea fue buena; tanto así, que la producción se multiplicó en poco tiempo. Partieron en 2005 con 1.600 cajas, el 2006 pasaron a 6 mil y en 2007 vendieron 10 mil. Este año esperan cerrarlo con ventas por 20 mil cajas, mientras las proyecciones incluidas en su plan maestro consideran para 2012 llegar a las 60 mil cajas.

Lo más notable de todo esto es que se ha hecho con puros aportes de los socios: “no tenemos endeudamiento financiero”, explica Aldunate. Los fundadores de Quintay aportaron la mejor uva de sus cerca de 700 hectáreas en la zona de Casablanca y Leyda para el abastecimiento de la viña, lo que conlleva una inversión cercana a los 50 millones de dólares.

“Partimos en 2005 como una viña virtual, sin enólogo ni bodega, pero sí con gente que tiene propiedades y produce uva, que no viene del negocio vitivinícola, pero que sí ha destacado en sus diversos ámbitos de acción, todos amantes de Casablanca, del vino y del trabajo bien hecho”, señala Aldunate.

Con una materia prima de primera calidad, Quintay negoció con la Viña William Cole la utilización de su bodega. Asimismo buscó el apoyo de Geo Wines, con la cual tienen una asociación estratégica que incluye el posicionamiento de la viña en los mercados extranjeros. A ello se suma un acuerdo con Distribuidora Errázuriz, comercializadora e importadora de vinos y licores, que es la encargada de la venta de los productos de Viña Quintay en el mercado nacional.

También fue clave la asesoría de Alvaro Espinoza, elegido como el mejor enólogo de 2007 en el mundo por Wine Spectator, una de las revistas de vinos más respetada de Estados Unidos, y quien también fue homenajeado hace poco en Inglaterra, al recibir uno de los premios más apetecidos de la industria mundial del vino: “Personalidad del Año”, en la nueva versión del conocido International Wine Challenge del Reino Unido.

Con esta organización liviana, que tiene como eje al gerente general, Felipe Aldunate, Viña Quintay salió a conquistar los mercados, ganando posiciones desde sus primeras cosechas, que han llevado a sus vinos a obtener reconocimientos internacionales de 91 puntos, y ser catalogados como sobresaliente en la revista Wine&Spirit. Además, la viña fue elegida por Lan para servir sus vinos en forma exclusiva en primera clase y business.

Este vertiginoso crecimiento y el creciente reconocimiento los llevaron a asumir planes más ambiciosos, lo cual suponía hacer crecer la infraestructura y buscar socios que proveyeran capitales frescos. “Precisamente para poder llevar a cabo todo este plan de crecimiento, es que consideramos la posibilidad de selección de nuevos socios. No andábamos buscando meros inversionistas pasivos, sino activos que nos apoyaran en desarrollar este plan”, explica Aldunate.

 

 

Peter Buerger,
dueño de Golden Frost
José Manuel Urenda,
presidente de Agunsa
El dueño de Laboratorios
Davis, Osvaldo Pérez
El empresario inglés
Richard Macaire

 

 

 

Nuevos proyectos, nuevos capitales

 

 

Hasta ahora, el proyecto Quintay se había concentrado en la selección de los mejores terroirs de sus propios viñedos para producir un sauvignon blanc de la más alta calidad: Premium y Súper Premium. Hoy, los planes son aprovechar la zona para explorar otras cepas donde l pinot noir y el chardonnay están en el primer lugar de la lista. El primero debutará este año en el mercado, mientras el segundo lo hará el próximo. Después vendrán otras cepas como syrah, merlot y gewürztraminer, contemplados a mediano plazo.

La planificación también contempla consolidar los mercados donde ya están (Estados Unidos, Canadá, Brasil, Inglaterra, Irlanda y Bélgica) y alcanzar nuevos destinos como México, Japón, China, Holanda y Dinamarca.

Estas aspiraciones suponen construir una bodega propia, la cual se está levantando en 6 hectáreas en Casablanca, lo que les permitirá el manejo de su producción y consolidar su marca.

Felipe Aldunate tiene claras las necesidades, como buen experto que es en el tema. Porque además de haber sido gerente de Viña Veramonte, trabajó en la confección del concepto vitivinícola y de turismo de Viña Santa Cruz, de la que actualmente es director. Ese bagaje lo llevó pensar en este nuevo proyecto y comenzar a materializarlo.

Para ello, llamaron a connotados arquitectos chilenos para que participaran en la confección del proyecto de bodega, que debía incorporar cuatro pilares fundamentales: actividad enológica, cultural, turística y gastronómica. Tras una apretada carrera en que participaron profesionales destacados, los elegidos para materializar el proyecto fueron Mathias Klotz y Rodrigo Duque. “Ellos fueron quienes mejor entendieron el concepto que buscábamos, de una bodega industrial que aprovechara de alguna manera la posición de la ruta de Casablanca, por donde pasan 15 millones de personas al año”, explica Aldunate.

La bodega, que demandará una inversión cercana a los 7 millones de dólares, estará ubicada en un terreno a orillas de la Ruta 68. Está siendo construida en altura, con la intención de que pueda ser observada desde distintos puntos. Estará abierta al público, tendrá una capacidad inicial de un millón de litros e incluirá un restaurante, centro de eventos y tienda de vinos y souvenirs. La idea es que con esta obra de arquitectura se dé vida a un circuito enoturístico en Casablanca. Rescatará cosas propias de Chile: la casa española y la chilena, con un patio interno en un segundo piso al cual se accederá a través de una rampa y desde donde se podrán observar la bodega y sus procesos.

¿Un hotel? Por qué no, pero está considerado para un eventual plan post 2015, cuando el valle de Casablanca esté consolidado como destino turístico.

Con esta nueva inversión, Viña Quintay quiere dejar de ser virtual, entrar al mundo real y convertirse en una de las mejores viñas del nuevo mundo… la carrera hacia esta nueva meta ya ha comenzado.