En Capital desde hace meses teníamos entre ceja y ceja la idea de confeccionar un especial de contenidos verdes. Para ello no sólo acudimos a documentos, sino que convocamos a un selecto grupo de entendidos, quienes nos suministraron guías para abordar el tema.

 

  • 14 abril, 2009

 

 

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CON EL CO2
HASTA EL CUELLO

Nunca antes la conjugación de dos elementos como el carbono y el oxígeno (CO2) habían sido tan importantes para Chile. La razón es una sola: estamos en los descuentos de lo que será una de las negociaciones más gravitantes a nivel mundial sobre cambio climático. Nuestros niveles de emisiones, crecimiento y aspiraciones de ingresar al OCDE, nos pueden jugar en contra. Por Sandra Burgos y Paula Vargas

En diciembre de este año, Copenhague se convertirá en el centro de atención del mundo desarrollado y en vías de desarrollo. Allí comenzará la discusión de lo que se conoce como el período post Kioto –en referencia al protocolo internacional sobre cambio climático vigente entre 2008 y 2012– y de los compromisos que las naciones del mundo asumirán a partir del 1 de enero de 2013.

La negociación va más allá de los asuntos medioambientales. En realidad, se trata de definir un nuevo modelo energético mundial, elegir los recursos naturales que se podrán explotar y establecer la competitividad de las industrias internacionales en el futuro. Incluso, definir un modelo social de comportamiento que sea sustentable.

Aunque nuestro país ratificó Kioto, no se vio obligado a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, como ocurrió con las naciones más industrializadas, pero los alcances de la nueva discusión, sumados al comportamiento de Chile en la materia, hacen prever que esta vez las decisiones que se tomen no nos dejarán indiferentes, ni al Estado ni a las empresas locales.

Somos responsables del 0,2% de las emisiones globales de CO2, pero midiendo en términos absolutos, estamos dentro del 25% de los países con mayores emisiones del mismo. Adicionalmente, nuestra tasa de crecimiento de las emisiones acumuladas entre 1990 y 2005 está dentro de las más altas del planeta y equivale al promedio de lo que han crecido en el mismo período China e India. “Si se miran las cifras mundiales, Chile es el primer país occidental en crecimiento, está en el lugar 14 y se presenta con un mayor PIB per cápita que algunos de los países de Europa del este, que ya están aplicando medidas de mitigación de sus emisiones. Eso nos deja en una posición delicada”, explica Juan Eduardo Vásquez, gerente de la división Negocios y Gestión de Energía de Colbún.

Si a esta performance sumamos nuestra aspiración de llegar a formar parte de la OCDE, las cosas se complican más, ya que recibiremos presiones para establecer compromisos de mitigación de CO2 equivalentes a las que están asumiendo los integrantes de este selecto grupo de países.

“En el ambiente se respira que esas son las intenciones de la Unión Europea y Estados Unidos. De hecho, los americanos han sostenido que tanto India como China no pueden tener una condición de ventaja respecto a un desarrollo económico que se estaría haciendo a costa de una gran cantidad de emisiones”, asevera Vásquez.

Manuel Antonio Sánchez, director de Poch Ambiental, estima que lo más probable es que países como Chile caerán en un anexo voluntario, porque nuestras emisiones per cápita son muy altas y muy cerca de China en el ranking. “Al año 2007 emitíamos del orden de 80 millones de toneladas de CO2; es decir, cerca de 5 toneladas de CO2 per cápita; en 2005 estábamos alrededor de 3,9. Eso es mucho, pensando en todos los compromisos que se establecerán a futuro, ya que a nivel global se quiere llegar a las 3 toneladas per cápita de emisión”, afirma.

Lo que está en juego

A nivel de autoridades, la defensa se sustenta en ese 0,2% de las emisiones globales atribuibles a Chile. En otras palabras, las exigencias que se nos planteen tendrán un mínimo impacto en la situación mundial. Y punto. Pero esta política tiene riesgos, porque la exigencia de mitigación puede venir a través de medidas sectoriales, afectando –por ejemplo– a la minería del cobre o la producción vitivinícola.

MEXICO VERDE

Aunque la problemática de México es mucho más compleja que la local (por el nivel de emisiones que genera ese país: superior a las 6 toneladas per cápita), es un referente en la escena latinoamericana, al ser una de las pocas naciones emergentes con un plan de acción concreto, que incorpora metas y propuestas de adaptación y mitigación de emisiones de CO2 en un horizonte de 40 años.

Capital conversó con el líder de la delegación mexicana frente al Cambio Climático, Fernando Tudela, quien manifestó que estos avances vienen de un convencimiento a nivel ejecutivo y empresarial: “no podemos darnos el lujo de ser pasivos en esta discusión, somos un potencial perdedor del cambio climático y si no tomamos en serio estas materias y compromisos, puede significar una pérdida de competitividad que nos dejaría fuera de los principales mercados mundiales”.

Tudela explica que la meta es llegar a las 2,8 toneladas per cápita al 2050. “Pero no podemos hacerlo solos, necesitamos el apoyo de los países desarrollados y de un esquema de cooperación financiera”. Por ello, han constituido un potente grupo de negociación junto a Corea del Sur y Suiza, en el que sus consultas y propuestas son materia de discusión.

 

Eso explica los esfuerzos de las multitudinarias delegaciones de países como Brasil y México (ver recuadro) y su protagonismo en prácticamente todos los paneles e instancias de negociación. Muy distante, por cierto, de la tímida presencia chilena en la materia. El propio representante chileno de la Cepal para Kioto, Eduardo Sanhueza, dice que esta pasividad nos pasará la cuenta. Recién llegado de la última convención de cambio climático en Bonn, entrega sus advertencias: “estamos siendo tremendamente poco agresivos en aspectos que debieran preocuparnos. Por ejemplo, debimos tener una discusión mucho más activa en el tema de huella de carbono, donde claramente está en juego la competitividad de la industria exportadora, por la gran barrera comercial que implicará la medición de las emisiones desde la producción, el transporte y su llegada al punto de venta. Pero no estamos en esas discusiones”.

Aunque también es de los que aseguran que los principales compromisos serán consensuados entre los “grandes”, como la Unión Europea, Estados Unidos y las economías emergentes –China, India, Brasil y México– advierte que Chile igual tiene que defenderse o, al menos, involucrarse en la discusión de asuntos que, de seguro, nos afectarán. “Necesitaremos financiamiento internacional y transferencia tecnológica para adoptar medidas de adaptación y mitigación de emisiones de gases contaminantes, pero los únicos que están peleando esto son Brasil y México, y ellos defienden sus intereses, no los nuestros”, advierte Sanhueza.

Coincide el encargado de energía y medioambiente del PNUD y académico de la Universidad de Chile, Raúl OʼRyan: “para crecer tendremos que aumentar nuestras emisiones y esa preocupación también hay que plantearla. Chile debe ser capaz de negociar esquemas de control de emisiones que no le sean tan desfavorables, y para eso tiene que juntarse con países similares de Latinoamérica y asiáticos para tener una posición negociadora conjunta y más potente”. Y eso, al parecer, no está ocurriendo.

El gerente general de Colbún, Bernardo Larraín, dice que el gran desafío es tener un posicionamiento estratégico de Chile y las compañías frente a este tema. “El fenómeno existe y trae consecuencias económicas”, sentencia, y agrega que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) tienen un costo, que hoy no es 100% conocido, pero que pronto será explícito. “Ya lo es en el mercado europeo, en Estados Unidos es inminente que se establezca un sistema de cap and trade (fijación de límites máximos e intercambio de los derechos de emisión), mientras que México anunció recientemente que también adoptará un sistema similar en los sectores energéticos. Este costo, indeterminado hasta ahora, pronto será explícito, por lo que el tema relevante es ver cómo llegará a países como Chile”. Añade que “si uno analiza las dinámicas de las fuerzas políticas y económicas, finalmente este costo llegará a Chile, ya sea por razones de regulación, porque la OCDE lo impondrá si somos miembros, o por razones de mercado o fuerzas proteccionistas”.

La carrera de Chile

En el equipo negociador de Chile, encabezado por representantes de la Conama, dicen que hay conciencia del peligro. De hecho, manifiestan la necesidad de reforzar las posiciones y la delegación oficial que asiste a los foros, sobre todo en las próximas convenciones, donde se debieran analizar propuestas concretas para los países en desarrollo.

Aunque todo indica que no somos la delegación más activa, en el último tiempo nuestra participación en la discusión sobre cambio climático va más allá de la anecdótica charla de Al Gore o de la visita del príncipe Carlos. Se han comenzado a movilizar los esfuerzos en diferentes frentes, como lo prueba el Plan de Acción de Cambio Climático desarrollado por la Conama, en cuyo marco se presentó en diciembre un estudio que detectó los sectores más activos en cuanto a emisiones de CO2: energía, minería, industria, transporte y agricultura. El inventario sólo consideró cifras hasta 2006 –es decir, previo a la crisis energética, período en que se aumentó la quema de combustibles fósiles para generación de energía– por lo que a la fecha la cifra de emisiones en el sector energía se estima significativamente mayor.

Pero sobre metas de emisión y medidas concretas es poco lo que se ha avanzado. Salvo el ministerio de Agricultura y la CNE, las otras reparticiones parecen más alejadas del problema. Agricultura tiene un plan de acción avanzado, trabaja en propuestas concretas para el agro y el sector alimenticio, donde Chile pretende obtener la categoría de carbono neutral.

En Energía, la máxima autoridad de esa repartición, Marcelo Tokman, señala que allí han encendido una luz de alerta en la materia: “es un tema que hay que tomar en consideración, porque puede haber una expansión de la oferta energética en base a diversos tipos de tecnologías y algunas de ellas pueden ser muy intensas en emisiones de GEI, lo que –eventualmente– puede significar algún tipo de restricción para el país”. Aprovechar el potencial hidroeléctrico, con miras a tener un mayor control sobre las emisiones, y mantener acotada la participación del carbón en la matriz energética, sería una opción a seguir.

Y detrás de esta definición hay más que buenas intenciones. Tokman destaca que la meta es no superar los promedios de emisiones de los países miembros de la OCDE, que llegan a 10,93 toneladas de CO2 por habitante. El asunto es que todo está presionando para que el valor actual de 10,93 vaya a la baja. Concretamente, para el año 2030 habrá que cumplir una media de 3,2 toneladas de CO2 per cápita y a los países de la OCDE se les exigirá algo más estricto aún. Una interrogante resume el problema: ¿Cómo puede Chile seguir creciendo si ya supera el objetivo 2030?

Pero Bernardo Larraín ve una oportunidad. Cita un paper reciente del Banco Mundial, el cual explica que Latinoamérica tiene un potencial de mitigación de GEI muy eficiente si apunta a la eficiencia energética, si se reduce la deforestación en Brasil y se utiliza el gran potencial de energía renovable, en particular la hidroelectricidad.

“La gracia es que, además de ser abundantes, estas fuentes de mitigación tienen una relación costo/beneficio muy favorable en relación a las opciones de mitigación que tiene el mundo desarrollado. El desarrollo del gran potencial hidroeléctrico de Chile es la forma en que el país se debe posicionar en este tema del cambio climático, porque el mismo Banco Mundial estimaba que sólo un 22% de este potencial está desarrollado. Eso nos permitiría acercarnos a ser un país carbón neutral, tal como lo plantea Costa Rica, que se ha posicionado como un país verde, con un turismo ecológico muy desarrollado y donde el 60% de la matriz energética es hidroeléctrica. Si bien el desarrollo de la hidroelectricidad debe ser el pilar de nuestra posicionamiento estratégico frente al cambio climático, también debemos hacer respetar nuestro derecho a tener un complemento térmico eficiente, en circunstancias que la generación a carbón –por ejemplo– representa sólo un 15% de la matriz energética en Chile hoy, en comparación con sobre un 50% del mundo desarrollado”, asevera.

 

 

La temida huella de carbono

Uno de los mayores temores de los sectores productivos chilenos es que los países desarrollados comiencen exigir la trazabilidad de la huella de carbono; es decir, que se obligue a los productos importados a informar sobre las emisiones de GEI que significó su elaboración y transporte.

Andrea Rudnick, jefa de Proyectos de Poch Ambiental, explica que la huella de carbono permite administrar la eficiencia de una compañía, porque identifi ca los focos de emisión y, por ende, dónde se pueden hacer las reducciones en toda la cadena de producción, desde las adquisiciones, la producción misma, almacenamiento, embalaje, transporte y lugar final de consumo e, incluso, los residuos posteriores.

Agrega que esta práctica en un momento se hará más extensiva en Chile. “Ya sea porque estemos en el anexo reclasificado o porque nuestros mercados de destino lo están exigiendo, estaremos obligados a tener un inventario de nuestras emisiones y a hacer reducciones. Además, aquí hay un tema gravitante para Chile, porque si los países desarrollados acuerdan que en la huella de carbono se deben incorporar las emisiones por concepto de transporte, el impacto para nuestros productos será alto”, considerando lo lejos que estamos de los mercados de destino y el nivel de emisiones que produce el transporte.

Si la teoría dice que faltan años para que Chile se vea obligado a iniciar un plan de mitigación formal de emisiones, en la práctica el mundo privado ya siente las exigencias de los países desarrollados. Marina Hermosilla, gerente de Asuntos Ambientales de la cementera Polpaico (ver recuadro), señala que si bien no son exportadores, han tenido clientes que están preocupados por la trazabilidad. “Hay un cliente con matriz española que nos pide que por cada venta que le hacemos, indiquemos cuáles son las emisiones de efecto invernadero involucradas en el hormigón que compran”.

Otro caso: en Inglaterra –uno de los principales destinos de exportaciones de fruta y vino– hay cadenas de supermercados como Tesco que han empezado a exigir a sus proveedores la trazabilidad de la huella de carbón.

El presidente de la Asociación de Exportadores, Asoex, Ronald Bown, señala que por ahora son mercados aislados los que están recomendando incorporar la huella de carbono al etiquetado de los productos, principalmente las manzanas destinadas a supermercados ingleses y que es nuestro principal envío a ese país. De ahí que los exportadores hayan encargado un acucioso estudio de la huella de carbono en estas frutas, el que está en su fase final. Bown adelanta los resultados y advierte que se trata de emisiones muy similares a las presentadas por las manzanas neocelandesas, nuestra principal competencia.

Otra industria que se ha sensibilizado en este tema es la vitivinícola. René Merino, presidente de Vinos de Chile, consigna la existencia de empresas que en sus reportes de sustentabilidad han incorporado la huella de carbono, preparándose para cualquier medida que restrinja el comercio.

Asimismo, algunas viñas están trabajando en conjunto con CristalChile en soluciones de mitigación del CO2, con envases con una menor cantidad de vidrio (ver recuadro). Las viñas también apoyan los esfuerzos para alcanzar la etiqueta de emisores de carbono neutral. Una acción similar desarrollan las empresas Forestales.

Preocupados también por la trazabilidad están en la minería. Algunas empresas trabajan en lo que denominan Ciclo de Vida del Cobre. El asesor de eficiencia energética de Collahuasi, Diego Lizana, explica que está en sus planes el contar en un futuro próximo con la trazabilidad del CO2 emitido por sus productos. “Además, nuestra compañía está elaborando desde febrero del año pasado un programa de eficiencia energética e hídrica, para disminuir los aportes de GEI”, señala.

La minera del grupo Luksic Antofagasta Minerals participa en el Carbon Disclosure Project, que reúne a las FTSE 100, en un programa que comprende la divulgación de emisiones de CO2, la declaración de un sistema de gestión que lleve a reducir las emisiones con metas concretas e iniciativas de búsqueda y explotación de energías alternativas. Los resultados de este proyecto se harán oficiales y públicos en mayo de este año. “Esta información nos permitirá gestionar y mitigar las emisiones de CO2 de forma comparable con la industria que participa en el proyecto”, explica el vicepresidente de Asuntos Corporativos de la firma, Francisco Javier Veloso.

Así que en el sector privado no se cruzan de brazos. Mantener la competitividad internacional y las puertas abiertas en los mercados de destino son la clave de un negocio que ha permitido a Chile posicionarse como un exportador de fama internacional. Y con la fama no se juega.

 

EL APORTE ECO-GLASS
Una de las compañías que se está adelantando a las exigencias que puedan llegar a imponer los países de destino de nuestras exportaciones, es Cristalchile. El gerente comercial de la firma, Danilo Jordan, comenta que a fines de 2007 empezaron a recibir de parte de sus clientes un input del problema que se comenzaba a visualizar con las emisiones de CO2. Empezaron a estudiar las alternativas y al poco tiempo encontraron una respuesta: había que fabricar envases más livianos, que utilizaran menos vidrio. Con ese diagnóstico partieron a Inglaterra –uno de los países más exigentes en materia de emisiones de CO2-, para analizar la industria del vino y las soluciones que ellos han implementado. “Hicimos un estudio de los envases y trabajamos en el diseño de botellas que mantuvieran el mismo look, pero que fuesen más livianas. Ahí definimos una familia de envases que resultó bien atractiva y que denominamos eco-glass”, explica Jordan.

Las nuevas botellas son entre 10% y 15% más livianas, lo que significa una reducción en el tonelaje que se exporta de vino -por concepto de envase- y que tiene una relación directa con menor generación de CO2. “Con eso lo que estamos diciendo es que si hoy se exportan 40 millones de cajas de vino, nosotros vamos a aportar entre 15 mil y 20 mil toneladas menos de vidrio, lo que significa una menor generación de CO2 y una baja en los costos de los fletes al extranjero”.

Adicionalmente, esta nueva línea de botellas tiene la ventaja de ser más económica. “Nosotros buscábamos hacer botellas ecológicas y más livianas; lo conseguimos y, a la vez, con efectos óptimos, ya que nos resultó un producto más barato, lo cual hemos traspasado a nuestros clientes”. Jordan revela que hoy ya tienen al 20% de sus clientes embarcados en este proyecto, “y estimamos a fines de este año a lo menos un 80% de los envases que entregamos en botellas eco-glass, que está destinada a vinos más masivos, que son el 80% de las ventas de nuestra compañía”. La nueva propuesta de Cristalchile –empresa del grupo Claro, controlador de Capital– ha tenido una buena recepción no sólo en Chile, sino también en clientes de Inglaterra y Canadá.

La compañía ahora se está preparando para enfrentar una segunda etapa en esta cruzada por bajar las emisiones de CO2 y así contribuir a disminuir la huella de carbono de las exportaciones chilenas de vino. Se trata del desarrollo de nuevos envases, con formatos diferentes e incluso más livianos que los que comercializan hoy.

 

 

 

EL EJEMPLO DE POLPAICO
Conscientes de que la industria cementera es responsable de un 5% de los GEI que se producen en el mundo, Polpaico ha tomado el asunto como estratégico. Desde su casa matriz, Holcim -la productora de cemento más grande del mundo- se ha impulsado un completo plan de mitigación de CO2. “Ellos identificaron hace más de 10 años los temas más importantes de los cuales la industria cementera debía preocuparse. En ese reporte apareció, entre otros, la generación de gases de efecto invernadero en la producción de cemento, ya que la reacción química que hace la caliza dentro del horno, en la producción del kinkle, libera CO2”, explica Marina Hermosilla, gerente de Asuntos Ambientales de Polpaico. De ahí se originó una agenda de acción que se llama Cement Sustainability Initiative, que fijó metas de reducción de GEI para cada una de las empresas. “Nosotros tenemos como parte del grupo Holcim, la meta de reducir en 20% los GEI con base al año 1990 a 2010”.
LA APUESTA DEL SECTOR FORESTAL
En el sector forestal están viendo con seriedad el asunto. Gonzalo García, secretario general de CMPC, señala que el tema de la trazabilidad y el footprints de CO2 está comenzando a aparecer en algunos mercados, aunque de manera todavía primaria. “Sin embargo, en un futuro, puede constituirse en un requisito para determinados clientes y mercados”, enfatiza. Es por eso que CMPC tiene un plan que contribuye de tres maneras a reducir la emisión de GEI: desarrollando plantaciones forestales renovables, reemplazando combustibles fósiles por biomasa y reciclando papel. Además, está iniciando estudios que le permitirán en el futuro determinar la huella de carbono de sus productos.



El gerente de Asuntos Corporativos y Comerciales de Arauco, Charles Kimber, anota que en la firma están desarrollando un proyecto para determinar el nivel total de emisiones de GEI que producen en todos los puntos de su cadena productiva. “Una vez conocidas las fuentes y el tamaño de este cálculo podremos definir estrategias para reducir emisiones, hacer más eficientes los procesos energéticos o, simplemente, compararnos con las otras empresas, sectores o productos y comunicarlo adecuadamente”. Asimismo, calcularán el carbono capturado por sus bosques (carbon offset).



Una de las empresas forestales que tiene ya los cálculos de sus emisiones y captura de CO2 es Masisa. Iván Rubio, gerente de Operaciones y Medioambiente de la firma, explica que tienen un balance positivo de carbono. La captura acumulada entre 2003 y 2008 fue de 3,7 millones de toneladas de CO2, obtenidas a través de un patrimonio de 164.620 hectáreas de plantaciones de bosques en terrenos propios. La emisión en ese período fue de 432 mil toneladas de CO2, faltando sólo auditar la captura y emisión de 2008. La compañía ingresó voluntariamente al mercado de bonos de carbono del Chicago Climate Exchange, comprometiéndose a reducir sus emisiones en un 6% al año 2010.

 

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DESAFIOS ECOLOGICOS

En la empresa la escasez de recursos ya no tiene sólo una dimensión económica, sino que también ecológica. Quienes no asuman este nuevo axioma, se encojan de hombro o le quiten la vista al problema, correrán con tanta desventaja que podrían estar sentenciándose a muerte. Por Roberto Sapag.

Hubo una época en que los recursos naturales abundaban y las personas eran pocas. Hoy, la realidad es la inversa, lo cual obviamente no puede ser omitido de la ecuación de las empresas que usan dichos recursos naturales para producir e interactúan con esas personas, ya sea como clientes o como vecinos.

Decimos esto no con la idea de asustar a las compañías para que hagan un vulgar apriete de tuercas de sus gerencias operativas. No. Lo decimos –sin ser presumidos– con la mirada puesta un poco más arriba, en lo que deben ser sus lineamientos estratégicos. Y es que por recursos escasos no sólo se debe entender falta de materias primas, sino que también un ambiente con menos espacio para emisiones, mercados menos tolerantes a productos sin certificado o ineficientes ambientalmente y consumidores cada vez menos indiferentes a lo que sucede en su entorno y en el planeta.

En simple: mientras por un lado los cuatro elementos básicos (el agua, el aire, la tierra y el fuego, léase la energía) se están probando cada vez más perecederos, por otro, variables sofisticadas como las preferencias de los consumidores, las dinámicas sectoriales y los marcos normativos, también se están ajustando, lo cual no sólo pone estrés al día a día de las empresas, sino que también desafía sus estrategias de largo plazo. Para identificar estos retos, ponerles números y olfatear por dónde podrían discurrir, conversamos con tres expertos de primer nivel. Nos referimos al profesor de Ciencias Ecológicas de la Universidad de Chile Javier Simonetti; el profesor universitario, PhD y Master de la Universidad de Iowa Marcelo Mena y al director de la Conama, Alvaro Sapag.

Los retos del destino

No hay dos opiniones. Los macro desafíos de las empresas tienen que ver, por lo bajo, con los cuatro elementos básicos (agua, aire, tierra y fuego). O sea, con su escasez y la necesidad de darles un uso eficiente.

1 Pura energía


El reto energético de las empresas tiene una doble dimensión. Por un lado está producir efi cientemente, sin derroches ni costos onerosos y, por otro, presentar una oferta de productos que sean efi cientes en cuanto a uso de energía. El valor asociado al primer ámbito cae de cajón, aunque no se limita sólo a no derrochar energía o desangrarse en costos. También tiene que ver con que los consumidores se están informando sobre cómo produce cada cual, sobre su huella de carbono, y no pocos están comenzando a castigar a los incumplidores. De ahí que cada vez más empresas estén mirando con otros ojos las energías renovables no convencionales, y no por simpático sino que por pragmático.

El segundo ámbito, que se refiere a presentar una oferta de productos eficientes energéticamente, ya no tiene que ver con una moda. “Los consumidores, por convicción y espíritu pragmático, están pidiendo procesos verdes y productos verdes, que les reporten ahorros en agua y en luz. Es más, diría que la gente está cada día más dispuesta a pagar precios más altos a cambio de productos que le brindan estos atributos; entre otras cosas, porque las tasas de retorno, las velocidades de recuperación de esos mayores precios, son cada vez más cortas”, dice Mena.

2 Agua que has de beber


Para Simonetti, uno de los desafíos más potentes que encara el mundo, y por ende la empresa, tiene que ver con la disponibilidad de agua… y agua limpia. “Para hacerse una idea, digamos que un 55% de toda el agua que fluye por ríos, esteros y otros (el agua de escorrentía), está bajo control humano. Una de cada dos moléculas de agua que fluye en el mundo la dominamos nosotros”. Salvo unas cuantas cuencas, dentro de poco no habrá más disponibilidad de agua corriente. De esa escasez brutal se deriva que en este tema palpita un conflicto en potencia.

Y acá, nuevamente, el valor del agua es doble: cómo se distribuye entre distintos agentes económicos y cómo se la devuelve al ambiente. Un tema de gran calado, que involucra al Estado y a cada uno de los agentes económicos (del agro, energía, minería, turismo, etc.), los cuales deben tomar conciencia de que lo que hace uno no es indiferente al otro. “Y acá no se trata de decir que tú usas más que yo (el agro representa el 75%), sino que asumir que esto abarca a todos por igual”. En este ámbito no vale hacerse trampas en el solitario: la reutilización del recurso es clave, lo que supone hacer inversiones y explorar nuevas fronteras tecnológicas.



3 Territorialidad y vecindario


Como la tierra tampoco es infinita, es evidente que cómo la usamos también supone un reto. Y acá no se trata de echarse al bolsillo los derechos de propiedad y decir por decreto qué se puede hacer o no con cada propiedad. Por el contrario, se trata de aportar información para que los agentes económicos tomen las decisiones más racionales y eficientes. Pero también se trata de mirar el conjunto y no a cada una de las partes por separado. Es decir, la noción de territorialidad supone que así como debe haber normas de saturación individuales, también la suma de las emisiones permitidas no debe exceder lo adecuado.

Otra cosa implícita en el concepto de territorialidad se refiere a que cada empresa debe estar consciente de que puede integrarse de mejor manera a su “vecindario”, de modo de, por ejemplo, ver qué residuos de sus vecinos se pueden usar como insumos en sus procesos (la Universidad de Iowa usa para calefacción quacker y biomasa de sus vecinos) y cómo pueden transformar una externalidad negativa en positiva. Al respecto, Mena dice que en Dinamarca hay compañías generadoras que distribuyen distritalmente, a través de tuberías, el calor que se produce en exceso a los hogares vecinos. Lo cual evita que esos hogares quemen otros combustibles para calefaccionarse, algo que se podría pensar, por qué no, para el caso de la Central Renca.

4 Aire al microscopio


Los expertos consultados concuerdan en que el tema de las emisiones aéreas ya está razonablemente abordado. Con todo, sí hay en este ámbito retos potentes en lo mediato, los cuales se derivan de las nuevas normas de material particulado fino. Si bien esa norma contempla una aplicación gradual, si se aplicaran ya las exigencias contenidas para las últimas etapas, sólo dos ciudades en Chile cumplirían las normas (Viña y Valparaíso), lo cual por cierto tendría alcances impensados en cuanto a operación industrial, ya que en los hechos virtualmente todos los centros urbanos del país serían zonas saturadas. Y ojo, que en esto hay plata. El país, las empresas, todos tendrán que hacerse cargo del tema, porque son miles los millones de dólares en salud y vidas lo que cuesta no contar con una atmósfera respirable. Las empresas deben desde ya explorar soluciones tecnológicas de modo de dar con aquellas cuyo costo sea razonable para su operación, ya que llegará el día en que no será presentable que ese costo esté prorrateado en la salud de los habitantes.

Cable a tierra

De todo lo anterior se derivan desafíos verdes muy concretos para las empresas. Este no es un tema que invite sólo a preocuparse, sino que exhorta a ocuparse, a hacer cosas ya. Los mismos expertos consultados nos ayudaron a construir los retos prácticos para el mundo de la empresa, que pasamos a detallar. Sin embargo, hacemos una salvedad: estos no son los únicos desafíos, hay muchos más que se vislumbran si se complica el tema ambiental a nivel mundial y si la presión de las comunidades sigue en ascenso.

1 Ser y parecer verde


De nada sirve ser verde si la comunidad no le cree a su empresa que es verde. Y no se trata de subsanar el asunto con marketing. Ser y parecer verde supone un trabajo integral que esté anclado en el ADN de la compañía, porque la gente yo no se traga el “blanqueo” verde. En el fondo, su empresa debe transmitir algo que es y no sólo transmitir. Y si nos cree, entérese: hay estudios que muestran que en algunas firmas la segunda dimensión más importante para sus clientes es el tema ambiental, después de la calidad del producto en sí.

A este nivel suelen surgir los aprensivos que dicen para qué “gastar” en esto y dar ventaja en el manejo de costos a nuestros competidores. Si usted piensa así vaya reseteándose, porque lo ambiental será un must en la imagen corporativa del futuro. Hacer empresa hace rato que dejó de ser “maximizar utilidades para el accionista” y punto: es maximizar utilidades sin externalidades negativas para el entorno, lo que obliga a evitar, minimizar o mitigar esos efectos.

2 Reciclar y reciclarse


Como dijimos, para la primera revolución industrial había muchos recursos naturales y poca gente y en cambio ahora la situación es la inversa: los recursos son pocos y las personas muchas. De ahí que haya que tener procesos productivos más racionales, de modo que cada unidad de insumo genere más unidades de venta. Esto supone también incorporar a la ecuación productiva el reciclaje. “Se puede producir poleras, cuadernos, lo que sea, introduciendo en la parte de los insumos, una parte de reciclaje. El modelo de ‘una pasada’ y a la basura está out. Es irracional –dice Mena– y tendrá sanción social, que la ecuación de un vaso plástico, por ejemplo, sea que por un lado hay un producto que cuesta 15 pesos y dura 2 minutos y por el otro un desecho que se demora miles de años en un basural. Eso desafía toda lógica”.



3 Registro ambiental


Ya sea por políticas comerciales, por exigencias de normativas o porque las contrapartes lo demandan (hay industrias que exigen sello verde para comprar), las empresas van a necesitar llevar sus propias cuentas ambientales. Conocer su huella de carbono, su costo en términos de CO2. Este es un desafío cultural de la empresa, ya que lo que por mucho tiempo fue una externalidad ahora debe ser una parte consustancial de su quehacer. En Chile la toma de conciencia ha sido hasta ahora heterogénea, pese a que esto se terminará imponiendo más temprano que tarde y a que en ese cambio cultural palpita un sinnúmero de oportunidades para crear valor.


4
Repensar procesos


Se debe mirar al “sistema empresa” no sólo desde el input y el output. También hay que meterse de cabeza a revisar los procesos internos, la forma de hacer las cosas. Muchas compañías se han reformulado logrando potentes ahorros en energía y uso de recursos, cuestión que demás está decir es amigable con el ambiente, ya que los recursos son escasos.

5 Prepararse para el futuro


El desafío de asesorarse ambientalmente sobre cómo evolucionará el medio también es una obligación estratégica de las empresas. Hay un cambio climático evidente en marcha y si sube la marea, cambia el sentido de los vientos, deja de nevar o de llover o varía la temperatura, ciertas actividades ya no podrán realizarse donde hoy se ejecutan y otras sencillamente no podrán realizarse. Piense en lo que significa para un centro de ski que deje de nevar… El tema es tan serio que, cuenta Simonetti, hay compañías de seguros que están metiendo este tema en sus ecuaciones e invirtiendo muchos millones de dólares en proyectos para mitigar el calentamiento global, porque los siniestros las pueden echar de espaldas. Este dato debieran mirarlo los escépticos, porque sus competidores lo están haciendo. De hecho, nos dicen que en el agro a nivel internacional le están poniendo número a estas cosas: ya se calcula cuánto cuesta un servicio de polinización si un día llegan a faltar las abejas, cuánto cuesta un agujero más grande en la capa de ozono para la actividad ganadera y cuánto vale un murciélago en términos de control de plagas.

 

 

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VIVIR VERDE

 

Una mirada a la comprometida vida de cuatros ciudadanos que, desde distintas veredas, se la están jugando por un planeta más verde. Por Federico Willoughby Olivos; fotos, Verónica Ortiz.

María Prieto
BIODINAMICA




La agrónoma y titulada en Literatura María Prieto no es precisamente una soñadora. Es algo mejor, ya que además de aspirar a un planeta más armónico, trabaja y vive en pos de ese sueño. Sus métodos son varios: la página web Veoverde.com, desde la cual trasmite regularmente todo lo que una persona tiene que saber para ser más sustentable con el planeta; Plataformaneta (su mix empresarial en que mezcla asesorías de agricultura a empresas –su especialidad– con arquitectura y diseño), además de su propia vida diaria, un lugar donde el verde abunda. Y no es retórica. María viaja en bicicleta para bajar su huella de carbono, sus verduras las saca del huerto que tiene en casa, recicla, tiene una compostera donde produce su abono orgánico y hasta sus productos de belleza son ecológicos. “Creo firmemente en que cualquier persona, sin importar los recursos, puede ser más eficiente con el planeta”.

Pablo Sills
EL GENERADOR


Pablo Sills cosecha tanta energía del sol que, si se pudiera, vendería los watts que le sobran. Es que este arquitecto, con una especialidad en Energía Renovable en la Universidad de Nottingham, Inglaterra, decidió, a su regreso a Chile vivir con su señora en un lugar lo más sustentable posible. Encontraron un edificio en pleno Providencia al que le compraron el último piso y el techo. El resultado es un departamento “verde” que, entre otras cosas, incorpora un sistema fotovoltaico que produce 2.000 kWh, suficientes para en verano desconectarse de Chilectra. Además, calientan el agua con un sistema solar térmico con capacidad de 300lt (para cuatro personas) que los provee del 70% de la demanda anual y tiene tubos de luz que iluminan los espacios ciegos al interior del departamento. Desde su empresa (Diav) asesora en temas de eficiencia energética y arquitectura verde. “Hay que hacer algo urgente, a finales de siglo vamos a estar consumiendo los recursos de dos planetas, y lo cierto es que sólo tenemos uno”.

Matías del Río
EL CONDUCTOR




Y no, lo de conductor no tiene que ver con su trabajo en la tele, sino con el hecho de que Matías es uno de los pocos que en Chile manejan un auto híbrido. Y ojo, que él no conduce este tipo de auto por ondero, sino que es la natural extensión de una obsesión que se le instaló hace un rato. “En rigor, prendí con el tema verde con Al Gore. Cuando escuché su mensaje me empecé a preocupar. Además, creo que es muy educativo para los niños”, cuenta orgulloso. En su casa tiene instalada una ducha ecológica con la que ahorra un 38% de agua, 6 paneles solares y un estanque que se llena por convección (lo que le ha permitido bajar su consumo de gas hasta en un 60%), recicla, persigue las fugas de calor para ser más eficiente en el invierno y su próximo proyecto es crear un riego subterráneo para el jardín de manera de gastar menos agua. “Esto es casi un desafío. Siempre estoy pensando en qué manera puedo ser más sustentable”.

Fernanda Dittborn
LA LIDER

 


Aclaremos: Fernanda Dittborn no tiene un partido político, no tiene cargos en ninguna organización pero… ¡vamos que tiene apoyo! Esta actriz, profesora de teatro y estudiante de pedagogía básica creó el año pasado en Facebook el grupo “Cultura de reciclaje en Chile ¡Ahora!”, una página que hoy por hoy tiene 10.299 inscritos, lo que la convierte en uno de los movimientos de base más potentes de Chile. Ella abrió el grupo para solucionar su propia gran necesidad: aprender todas las maneras que existen para reciclar. Porque pese a que recicla lo que más puede (cartones, latas, bolsas, envases plásticos, papeles), todavía no sabe qué hacer con los envases de papas fritas y el plástico PET. “Hay hambre por aprender. Por eso el grupo tuvo tanto éxito, porque la gente quiere reciclar, pero no sabe cómo”. Además, en la casa de Fernanda los artefactos están desenchufados, tiene ampolletas eficientes y está ahorrando para comprarse una ducha ecológica. “¿Política? No, el grupo no es político, pero yo sí votaría por alguien que pusiera en su programa el tema del reciclaje”, y probablemente también lo harían los otros 10 mil del grupo…

 

 

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Inicio
DE VERDE A DORADO

No se trata de alquimia, sino de la ultima revolución en el modelo de negocios. Ahora la empresa vuelca sus esfuerzos a proteger el medio ambiente, pero haciendo de esta practica un asunto rentable y medular en su estrategia competitiva. Si no lo cree, aquí le presentamos varios casos de éxito en Chile y el mundo. Por Elena Martínez

Ha sido un amor tormentoso, con descalificaciones tajantes al comienzo y remezones fuertes. Pero la escasez y consecuente alza en los precios de los recursos naturales, la percepción ciudadana y, ahora, la crisis económica mundial han colaborado para que la “flecha verde” llegue directo al corazón de las estrategias empresariales.

Esta rápida evolución –algunos la catalogan de revolución– está dejando atrás los modelos tradicionales y separando rápidamente a ganadores de perdedores, porque son las compañías más inteligentes las que ven al desarrollo sustentable como su camino al éxito.

Así, la protección del medio ambiente pasó de ser “un cacho”, en buen chileno (entiéndase: por el costo inicial y el esfuerzo de cambiar el switch al planificar inversiones) o un mero asunto de marketing o responsabilidad social, a transformarse en un factor fundamental para la sobrevivencia y, lo que es mejor, para la creación de valor del negocio.

Toda empresa hoy quiere ser “ verde”. Esmeralda, limón, agua o turquesa, da lo mismo. Las tendencias corporativas mutan bajo distintas denominaciones: responsabilidad social empresarial, desarrollo sustentable, econegocio. Y quienes no pueden teñirse se esfuerzan en parecerlo… aunque esto último puede ser un despilfarro. ¿Por qué? Una mala noticia: el marketing puro no sirve. Ahora sí que importa la sustancia. La advertencia es que colocar lo verde como un símbolo, sin cambios profundos, no dura.

Un libro –Green to gold, de Daniel Esty y Andrew Winston, ambos de la Universidad de Yale– dio la señal de alerta. Como toda obra innovadora, reveló lo que estaba sobre la mesa pero que nadie había visto. Y entonces todos lo asumieron: lo verde puede ser dorado. O sea, puede convertirse en un magnífico negocio. Es más, sería la única manera de mostrar resultados positivos en los balances y de salir adelante cuando los elementos históricos de diferenciación competitiva parecen estar cada día más desdibujados.

Este modelo plantea que las compañías generan valor perdurable o ventaja competitiva sostenida cuando el pensamiento ambiental llega a la médula de su quehacer, lo que pasa por aplicar estrategias que reduzcan riesgos y costos, permitan nuevos ingresos y creen marcas fuertes.

Nace entonces la “ecoventaja”.

Todo un desafío para los negocios. Obligado, además, porque nadie le puede hacer el quite, ya que los mercados están cada vez más moldeados por los factores ambientales. No sólo exigen los ambientalistas furibundos. Bancos y accionistas se hacen escuchar. Quienes se tapan los oídos pueden cometer un grave error.

Gestionar bien –sustentabilidad ambiental– es hoy un verdadero activo. Se evalúa como ejemplo de buena gestión general y del desempeño de las acciones a largo plazo. Otro dato: el mercado lleva a las empresas a internalizar el cambio. Nada de freno al crecimiento. La senda es esta, donde lo “ dorado” no se agota en dinero. Se coopera con el planeta.

Como todo indica que el mercado castigará a cada unidad productiva que no sintonice con el ecosistema, ya hay varias en carrera.

Diseño para el Medio Ambiente es un modelo sistemático que introduce el concepto ambiental en diseño de productos desde el comienzo. La cosmética no tiene cabida. Exige estudiar la cadena de valor para resolver problemas. Se deja atrás la real. Se actúa ante recursos limitados y emerge la oportunidad de los límites.

Un buen ejemplo es Toyota, la firma japonesa automotriz, que hizo historia en la evolución “ verde” con su salto desde la mera eficacia operacional a un enfoque estratégico ante el cambio climático. Explotó la demanda creada por el problema y amplió su posicionamiento. Su auto híbrido –a electricidad y gasolina– es un éxito. Dejó atrás a rivales que anunciaron modelos para el 2010. Su nombre en latín, el modelo Prius, significa anticiparse, justo lo que recomienda el modelo dorado de negocios.

Otra más. Ikea, la multinacional sueca y mayor retailer de muebles, asumió a fondo la inquietud por el cambio climático. Está en la plataforma BLICC (Business Leaders Initiative on Climate Change), que reúne a compañías que bajan emisiones de anhídrido carbónico o CO2 con metas. Ve el problema como un reto para ser más competitiva. Su modelo va por diseños ecológicos, uso eficiente de materiales y gestión de residuos.

¿Cómo se traduce esto en la práctica? De partida, la firma es pionera en el uso de madera con garantía ambiental. Hace muebles, pero está auditando los bosques. Recicla el 85% de sus desechos y busca reducir 25% su consumo de energía. Opera con estrictas condiciones para proveedores, que tienen planes certificados de manejo y para la distribución. De ahí su “embalaje plano”, que reduce volúmenes y emisiones por transporte.

Hay más. Aprovechó nichos del mercado. Creó Ikea Green Teach para desarrollar paneles solares, fuentes alternativas de iluminación y depuración y ahorro de agua y armó una filial –Poal Investment XXIII– para energías renovables; básicamente, parques eólicos y fotovoltaicos.

La vanguardia va por acá. Hace 4 años la firma tecnológica HP –que impulsa la conectividad para el “hogar de mañana”– constató que 6 mil millones de dólares de nuevos negocios dependieron de la respuesta de los consumidores a su acción ambiental.

Wal-Mart, pronto en Chile, avanza con el “liderazgo del siglo XXI”. Trabaja para bajar en 30% el uso de la energía y usar 100% de energía renovable. Destina 500 millones de dólares anuales a estos planes, pero sabe que habrá ahorros y utilidades por su fortalecimiento corporativo y la adhesión de nuevos clientes. El desafío es bajar costos en la cadena de valor. Si se reconfigura, reducen emisiones de un modo difícil de replicar para sus rivales más pequeños.

Ecoventaja total, dicen los expertos.

Lo barato cuesta caro

No hay cifras exactas de cuánto reditúa ser verde. En pocas compañías hay balances sobre cómo ayuda este cambio en las prácticas. Pero sí se habla de ahorros de dinero y recursos.



En Masisa, la firma chilena de fabricación de madera, se detectó una profundización en la lealtad de los clientes y que una segunda prioridad al comprar –tras el diseño y la durabilidad– es el impacto medioambiental.



La estrategia involucra a sus empresas-clientes en los esfuerzos por tener un verde más intenso. Reduce emisiones y ayuda a otros a bajarlas e integra el Chicago Climate Exchange, que compromete a reducir en 6% las emisiones para el 2010. Plantan árboles de rápido crecimiento –pinos y eucaliptos– que capturen el carbono de la atmósfera y queman biomasa (aserrín y residuos) para lograr energía.



Las dificultades que enfrentan las forestales con el impacto de los costos del carbono pueden ser una oportunidad. Algunas compañías podrían descubrir pronto que remover dióxido de carbono del aire plantando árboles es tanto o más rentable que talarlos.



Desteñir sale caro. Si no, que lo diga Sony, que debió afrontar que 1,3 millones de equipos de la consola Play Station quedaran en la aduana holandesa porque la batería de los controles tenía cadmio. Ello era una violación a las regulaciones sobre sustancias tóxicas. Tras gastar 130 millones de dólares en indagar su cadena de suministro, se detectó que un proveedor chino había usado el metal.



Parte de la ecoventaja es que las firmas prevean daños por el cambio climático en el negocio. Apple, la empresa del popular Steve Jobs, cometió un error poco antes de lanzar el IPhone. Minimizó ser la compañía electrónica peor evaluada en emisión de gases invernadero. Tambaleó su imagen vanguardista. Jobs tuvo que salir a plantear que la manzanita ya era verde, pero que intensificaría su color.



Su última y ambiciosa campaña –“The greenest Apple notebooks”– va por ahí. De paso, acalló a Greenpeace, entregando un plan para bajar el uso de materiales tóxicos como plomo, arsénico y mercurio en su hardware.

Cada gota de agua

Coca Cola es una de las marcas que trabajan para anticiparse. Acaba de lanzar una plataforma de sustentabilidad

–“Viviendo positivamente”–, que marca la senda para los próximos 50 años y que tiene al desarrollo sustentable en el corazón del negocio, basado en 5 pilares: rentabilidad, personas, alianzas con socios estratégicos, portafolio y planeta. “La compañía entendió que si las comunidades donde operamos no se desarrollan de modo sustentable, nuestro negocio tampoco puede hacerlo”, enfatiza Ernesto Escobar, gerente de Asuntos Públicos.

El marketing es un complemento, no el eje. Se difunden las acciones, pero van guiadas por “una estrategia de negocios para acelerar el crecimiento, expandiendo la sustentabilidad y creando valor para los socios y los accionistas”.

Hoy, afirma Escobar, el desarrollo sustentable avanza de la mano de los negocios. No se trata de blanco o negro, donde el que no entra, cae. La compañía lo asume como ciudadano corporativo responsable, en una estrategia global que mira a largo plazo.

Un ejemplo: la meta es devolver al ecosistema cada gota de agua, su insumo básico. En 2007 ahorró un 17% en procesos. Está en planes mundiales de recuperación de cuencas hídricas. Hay proyectos singulares, como el de la planta Embonor en Temuco, que capta aguas lluvias para usos terciarios. Una vía que partió por el nuevo consumidor, el ético, y que deposita en las empresas las expectativas que tenía en el Estado.

Cuatro Estadios Nacionales

La compañía Gerdau Aza cree que el “factor verde” le permite consolidar su proyecto de crecimiento. Es clave para aumentar la capacidad de adquirir la chatarra necesaria, que se traduce en seguir fabricando acero y disminuir residuos. Reciclan un volumen de chatarra suficiente para llenar hasta el tope cuatro estadios nacionales.



Esta dinámica les ha creado un activo en reputación e imagen, lo que constituye una auténtica licencia para operar, que le hace muy bien al negocio. La decisión de ser ambientalmente sustentables la tomaron porque actualmente gestionar una empresa sin considerar este actor “sería un error fatal”, explican a Capital, ya que los consumidores premian o castigan con su decisión de compra a las empresas que lo hacen bien o mal. Se habla claramente de abrir oportunidades.

Están ciertos de que estos temas todavía no son una variable de decisión para el mercado del acero en Chile. Pero es cosa de tiempo, sobre todo ante la tendencia de la construcción sustentable. Por tanto, estiman que existe una ventana que se abre para el acero reciclado.

El "ecotracking"

Agua, energía, cambio climático, biodiversidad y uso de la tierra, químicos tóxicos y metales pesados, contaminación del aire, manejo de la basura, deforestación… Los desafíos no desaparecerán. Lo dicen los expertos, no sólo científicos. También, economistas y expertos en negocios.

Hoy la línea corre por capturar el valor de reducir cargas ambientales a lo largo de la cadena p