El control de daños provocados por la crisis financiera deja en evidencia la caída de varios ejecutivos que encabezaron el boom subprime y que, después, tuvieron que responder con sus cargos por las pérdidas acumuladas. No crea, en todo caso, que lo están pasando muy mal. Indemnizaciones y bonos les ayudan a digerir el mal trago.

  • 19 marzo, 2008

 

El control de daños provocados por la crisis financiera deja en evidencia la caída de varios ejecutivos que encabezaron el boom subprime y que, después, tuvieron que responder con sus cargos por las pérdidas acumuladas. No crea, en todo caso, que lo están pasando muy mal. Indemnizaciones y bonos les ayudan a digerir el mal trago.

 

 

De héroes a villanos. De referentes a indignos. Es el sello del éxodo de ejecutivos que experimenta el mundo financiero en estos días marcados por la crisis subprime, la contracción económica y la virtual parálisis de los mercados.

 

Charles Prince dejó Citigroup en
noviembre con unos 30 millones
de dólares bajo el brazo a pesar de
las pérdidas de la institución.

Era de esperar. Wall Street no tiene misericordia y esos 180.000 millones de dólares que se estiman entre pérdidas y amortizaciones no serían asumidos por la industria sin que cayeran los responsables. Por cierto, en este negocio los cambios de ejecutivos son frecuentes y, en los últimos años, se había visto un creciente proceso de fuga de talentos hacia el sector del capital privado y hedge funds. Pero ahora es distinto: las partidas de los meses recientes tienen que ver con el tema de la responsabilidad, más que con el enriquecimiento personal. O tal vez la ambición sí tuvo algo que ver: si Stanley O’Neal no hubiera emprendido una loca carrera por el crecimiento de Merrill Lynch (elevando al mismo tiempo su perfil de riesgo), tal vez aún tendría empleo.

No es que lo esté pasando mal. O’Neal dejó su puesto como CEO de Merrill Lynch en octubre, después de 21 años en la firma y menos de una semana antes de que el banco anunciara una pérdida de 7.800 millones de dólares. Bajo el brazo, un paquete de 161,5 millones de dólares. No fue despedido, ya que según los directores de la firma, no había causal para ello. En cambio, jubiló. El viernes 7 compareció ante un comité de la Cámara de Representantes, donde sostuvo que no recibió indemnización alguna, que los 161 millones de dólares eran por acciones y opciones que ganó en los años anteriores a 2007. Hoy es miembro del directorio de Alcoa, el principal productor de aluminio del mundo. 

 
 
 
James Cayne dejó el cargo
de CEO de Bear Stearns, pero se
mantuvo como presidente. Claro,
es dueño de casi el 5% de la firma.

 

 

 

A la misma audiencia asistió Charles Prince, quien dejó Citigroup en noviembre –con unos 30 millones de dólares en acciones y opciones– después de que la firma informara unacaída de 57% en sus ganancias del tercer trimestre. Las utilidades para el año 2007 se desplomaron 83,21%, a pesar de un alza de 8,65% en sus ingresos. No le falta entretención: además de ser parte del directorio de la empresa de productos de consumo Johnson & Johnson (es miembro del comité de remuneraciones), integra el Council on Foreign Relations, The Business Council y The Business Roundtable. El tercer “invitado” de los parlamentarios fue Angelo Mozilo, aún CEO de Countrywide Financial, la mayor hipotecaria de Estados Unidos y protagonista de la crisis desde el comienzo. La acción de Countrywide cayó 86% el año pasado y, tras el congelamiento de los mercados de crédito y capitales, su única alternativa a la desaparición era ser comprada por una empresa más grande. En medio de críticas, Mozilo, quien obtuvo 121,7 millones de dólares el año pasado por la venta de acciones de Countrywide (operaciones sujetas a una investigación federal), aceptó no recibir 37,5 millones de dólares por indemnizaciones y comisiones de consultoría relacionados con la venta de la firma a Bank of America, la que aún debe concretarse.

Los tres ejecutivos trataron de ganar la simpatía de los parlamentarios presentándose como ejemplos de superación. O’Neal habló de su modesta niñez en el sur –su abuelo fue un esclavo emancipado–, Prince dijo que fue el primer miembro de su familia en asistir a la universidad y Mozilo describió cómo fundó Countrywide con un presupuesto mínimo desde un pequeño departamento en Nueva York.

 

 

 

Chicos populares

 

En su momento, los tres fueron celebridades en el mundo de los negocios. Mozilo aún se jacta de que entre 1982 y abril del año pasado hubo un aumento de 23.000% en el precio de la acción de Countrywide. Una lástima que desde esa última fecha el papel haya perdido cuatro quintos de su valor.

 

Prince llegó a poner orden y levantar la moral en Citigroup, una de las instituciones más sacudidas por las investigaciones sobre la relación entre la banca de inversión y las recomendaciones de los analistas tras la debacle puntocom.

 

Cuando O’Neal asumió la dirección de Merrill Lynch en 2002, identificó las obligaciones de deuda garantizadas (CDO, su sigla en inglés) como un área en la que él y su firma podían dejar una huella. Ese año, Merrill se ubicaba en el lugar 15 en emisiones de CDO. Para 2007, la firma vendía más de estos instrumentos que cualquier otro banco e inversión, recaudando comisiones que rivalizaban con fuentes de ingreso más tradicionales, como bonos y acciones, según datos de Bloomberg. Y la cotización de la firma en bolsa se había triplicado en cuatro años. En junio y julio, le desastre golpeó. El alza en los incumplimientos de las hipotecas subprime hizo caer el precio de los CDO que los contenían. Dicen que O’Neal no quiso escuchar a quienes advirtieron que tal carga de CDO en los libros podía terminar en lágrimas.

 

Dos hedge funds operados por Bear Stearns y muy expuestos a los CDO de Merrill y de otros dieron la señal de partida para la danza de millonarias pérdidas, en abril del año pasado. Los bancos que les habían prestado dinero emitieron un margin call, exigiendo a los fondos que incrementaran las garantías contra posibles pérdidas. Bear vendió 3.800 millones de dólares de sus CDO en un mercado deprimido. Para fines de julio, los fondos estaban en quiebra y 1.600 millones de dólares en dinero de los inversionistas se habían evaporado.

 

Zoe Cruz era copresidenta de
Morgan Stanley y fue varias veces
mencionada entre las diez mujeres
más influyentes de Wall Street.

 

A la luz de la debacle de los hedge funds, el CEO de Bear Stearns, James Cayne, echó al copresidente Warren Spector. En octubre, O’Neal dejó Merrill, seguido por Prince, de Citi, en noviembre. En diciembre, Zoe Cruz, copresidente de Morgan Stanley, renunció. El 8 de enero, Cayne siguió a Spector, dejando el cargo de CEO, aunque siguió como presidente del directorio (es dueño de casi 5% de la firma). Cayne parece haber sido un CEO bastante peculiar. Según The Wall Street Journal, en julio del año pasado, con la crisis de los hedge funds ya declarada, pasó 10 de los 21 días laborales fuera de la ofi cina, o en una competencia de bridge (sin celular o dispositivo de correo electrónico) o jugando al golf. El mismo diario señala que asistentes a los torneos de bridge a los que Cayne era asiduo aseguran que fumaba marihuana al terminar el día.

 

El gerente de los fondos que colapsaron en Bear, Ralph Cioffi, dejó la firma recién en diciembre, con la idea de lanzar otro hedge fund de renta fija. Cioffi era un veterano de 20 años de Bear Stearns y uno de los empleados mejor pagados en los últimos años, gracias a los retornos de dos dígitos de su departamento. Ahora enfrenta, junto a su ex empleador, demandas de inversionistas e investigaciones de la Securities and Exchange Commission y de fiscales federales.

 

Zoe Cruz apareció varias veces mencionada como una de las diez mujeres más influyentes de Wall Street (no es que haya muchas). Cruz era copresidenta de Morgan Stanley y tenía a su cargo los negocios de valores internacionales, incluyendo banca de inversión y trading, además de las operaciones globales de gestión de patrimonio. Forbes la ubicó en el lugar 34 de su ranking de las mujeres más poderosas del mundo y se calcula que en 2006 recibió una remuneración de 30 millones de dólares. Pero, incluso antes de las pérdidas, su estilo de gestión era un problema; tanto, que Morgan Stanley contrató un entrenador personal para pulir su trato con las personas.

 

Bajo la conducción de Dow Kim y Thomas Maheras, Merrill Lynch y Citigroup acumularon posiciones en valores vinculados a hipotecas subprime que llevaron a amortizaciones por 34.000 millones de dólares el año pasado. Kim, copresidente en Merrill Lynch con responsabilidad por las operaciones de trading y mercados, ya levantó un hedge fund, Diamond Lake Capital. En febrero se rumoreó que Maheras, ex copresidente de banca de inversión en Citi, estaba en la lista corta para encabezar UBS. Pero nunca pasó.