Ante el anuncio del reajuste de gabinete de esta tarde, recordamos la entrevista que Capital realizó con el ministro de Educación, Gerardo Varela,  hace unas semanas.

  • 9 agosto, 2018

En la oficina de Gerardo Varela hay colgado un collage con varias fotos que su equipo de trabajo le dio para su cumpleaños. Al lado, una imitación de la revista Time que dice “embajador de la revolución de la educación pública de Melipilla”. Fue un regalo que recibió del alcalde de esa comuna.

-¿Se identifica con el título? ¿Es usted revolucionario?

Gerardo Varela, mientras posa para las fotos, guarda silencio.

El de ahora, para bien o para mal, es un ministro mucho más cuidadoso que el recién asumido jefe de Educación, que trataba a sus hijos de “campeones” por su buen uso de condones. Evita –y sus asesores lo cuidan de ello– salirse de libreto.

-“Más serio que Varela”, dicen varios ahora…

El ministro sonríe.

La pelota al piso

Gerardo Varela Alfonso nació el 15 de junio de 1963 en Santiago. Es el menor de los dos hijos hombres que tuvieron Esperanza Alfonso, dueña de casa, con Raúl Varela, ingeniero civil, experto en seguridad industrial, prevención de riesgos y accidentes del trabajo. Su padre jugó en primera división en la Universidad de Chile y le inculcó su pasión por los deportes: “El fútbol y el tenis fueron grandes compañeros de mi juventud. Heredé en algo su talento. Jugaba de puntero derecho”, cuenta el ministro.

También intentó que su hijo siguiera sus pasos profesionales. Pero ahí tuvo menos éxito. “Recuerdo las vacaciones en Tongoy donde siempre tuve una lucha con mi padre, quien quería que fuera ingeniero y por eso todos los veranos tenía que hacer ejercicios de matemáticas de (Alfredo) Baldor. Pero a mí me gustaba la historia y siempre fui lector”, indica desde su oficina en el séptimo piso del ministerio.

A los 16 años, el entonces alumno del Colegio Saint George decidió estudiar Leyes. Entró a la Universidad de Chile y en 1990 se integró a la firma Cariola, Díez, Pérez-Cotapos. Seis años más tarde, se convirtió en socio del bufete. Desde ahí lideró grandes negociaciones y litigios, oficio que combinó con una de sus grandes pasiones: las columnas en El Mercurio.

Ahí su pluma fue catalogada como una de las más agudas entre los “opinólogos” de derecha. Hablaba sin tapujos de su rechazo a la gratuidad en la educación superior y defendía el lucro. Eso, sumado a su lejanía con este mundo, hizo que su nombramiento provocara desconcierto en algunos sectores. Sin embargo, para él, este no era un mundo extraño, dice: “La vocación pública siempre ha estado en mi familia. Mi abuelo, Enrique Alfonso, fue ministro del Interior de Pedro Aguirre Cerda, ministro de Agricultura de Jorge Alessandri, candidato a presidente en 1952 y fue juez”.

Varela reconoce que la tarea ha sido “muy difícil”, y que desde su época de universitario que no estudiaba tanto. Para atender mejor las necesidades locales, ha recorrido siete regiones de Chile y su meta es haber visitado el país completo a fines de este año.

-¿Lo mejor y lo peor de los primeros 100 días de gobierno?

-El desafío de la educación. Es una actividad noble, en que hay mucha gente con gran vocación, y ponerse a la cabeza de esto, que es el proyecto emblemático del presidente Piñera, es un honor.

-Si lo comparamos con otros períodos, Educación ocupa menos espacio de la agenda que en gobiernos pasados.

-No comparto esa observación. Se aprobaron 36 leyes en el gobierno pasado, y tiene mucho más protagonismo mediático la aprobación que la implementación. Pero el trabajo de implementación es tanto o más desafiante que el legislativo. La gestión es menos vistosa, pero el Sistema de Financiamiento Solidario (Sifs) para la educación superior es un proyecto que debiera dar solución a los 120 mil alumnos que tienen deudas. También debiera complementar la gratuidad ampliando la posibilidad de elección de todos aquellos que están en universidades que no tienen gratuidad, o que tienen muchos alumnos que no pertenecen a los seis primeros deciles.

-¿Es esa la principal iniciativa que ha emprendido durante estos cuatro meses?

-Sí, y Todos al Aula, que preside Mariana Aylwin, que busca mirarnos como ministerio y ver qué podemos hacer mejor. Es, como decimos los futbolistas, poner la pelota al piso, parar, mirar qué estamos haciendo, qué podemos hacer mejor, qué ha quedado obsoleto.

Ni sequía ni obstrucción

-La oposición acusa al gobierno de sequía legislativa. ¿En qué área debieran ser los próximos anuncios de Educación?

-Tenemos algunos proyectos que están de arrastre y que se vienen discutiendo, como por ejemplo, el de asistente de educación. Tenemos además el de financiamiento solidario, que está en la comisión del Senado, el proyecto que aumenta al séptimo decil la gratuidad en el CFT e IP (centros de formación técnica e institutos profesionales)… No estoy de acuerdo con lo de la sequía.

-El ministro Gonzalo Blumel se defendió diciendo que hay un freno, una obstrucción.

-No diría que hay un freno. El ministro Blumel ve todo Chile, todos los proyectos. En Educación estamos trabajando bien con la senadora Yasna Provoste, y la presidenta de la comisión de Diputados, Cristina Girardi. Les he dicho, “no esperen demasiada legislación, porque acabamos de hacer un cambio estructural importante en materia educacional”. Estas 36 leyes no son triviales, incluyen nueva educación pública, educación superior, una nueva superintendencia, una nueva subsecretaría… Ahora, sí tenemos desafíos que suponen legislación. Debemos buscar algún sistema para mejorar el financiamiento en materia de educación parvularia, y es probable que en el segundo semestre ingresemos con algún proyecto, tenemos que verlo con el presidente. Yo creo que los miembros de las comisiones de educación son expertos y no hemos tenido demasiadas críticas, pues entienden que hay un desafío importante.

-Los críticos del SIFS, que reemplazará al Crédito con Aval del Estado (CAE), dicen que beneficia a las universidades privadas, no así a las del Cruch.

-Se acaba de promulgar la ley de universidades estatales, que viene con 500 millones de dólares para esos planteles. Ahora, el resto de las universidades del Cruch, las que tienen gratuidad en general, poseen menos matrícula gratuita que algunas privadas, como la Diego Portales, donde el 60% de su matrícula es gratuita. Hemos complementado este beneficio, sobre todo a aquellos que no estaban en gratuidad, que no sacaron los buenos puntajes de los que están en la Católica o la Chile.

-La Confech también establece que no elimina la cultura del endeudamiento…

-Las economías modernas funcionan a base de endeudamiento. Y lo importante es que el endeudamiento genere un activo. Cuando usted se compra una casa, usted se está comprando un activo. La idea es que no lo agobie. Y por eso se empieza a pagar 18 meses después de que egresa. Se paga por 15 años, no paga cuando está sin trabajo, nunca paga más del 10% de su remuneración, si gana menos del mínimo tampoco. Toda esta plata va a ir a la administradora para que les siga prestando a las futuras generaciones. Nos hemos preocupado del stock de deuda del CAE. A esos 120 mil estudiantes que hoy están en Dicom, les hemos querido dar una solución y entrar en el mismo sistema de pago.

-Se dice que es menos “solidario” que el Cepes (Crédito Estatal para la Educación Superior) de Bachelet.

-¡Nooo! Exige menos acreditación, el otro exigía acreditación máxima, hay 220 mil alumnos que antes no se beneficiaban. Este es 220 mil veces mejor.

Fotos: Verónica Ortíz

A las empresas: “Acerquémonos”

-¿Le complica trabajar sobre la marcha de trabajos de otro gobierno con el cual no estaba de acuerdo?

-A ver, aquí se dio una discusión legislativa que terminó con ciertas leyes que se dictaron y que en general gozaron de consenso, y como lo dije en su oportunidad, yo he jurado defender la Constitución y la ley, y me preocuparé de que estas leyes se implementen bien y no se produzcan aquellos efectos negativos que visualizamos cuando se discutía.

-¿Por ejemplo?

-Que la gratuidad no desfinancie a las universidades que entraron en ella. Para ello, creemos que nuestro sistema de financiamiento solidario complementa eso. En educación pública se logró un razonable consenso, primero en la gradualidad, pero que la uniformidad en calidad no le haga perder el sabor local. En Temuco, piden mayor educación respecto de las raíces mapuches, pero en Arica, es la cultura aymará la que quiere introducirse.

-Lo vimos la semana pasada con Bernardo Larraín, de Sofofa, visitando liceos técnicos profesionales. Entiendo que una de sus metas es incluir al sector privado.

-Uno de los errores en materia educacional del gobierno pasado fue no alentar las alianzas público-privadas, las que, a mi juicio, son muy virtuosas para la educación técnico profesional. Les he dicho a las empresas “acerquémonos, tienen mucho que aportar, no tengan miedo, no los vamos a criticar”. Valoro la recepción que he tenido tanto de Bernardo Larraín, como de la Cámara Chilena de la Construcción, y de la CPC con Alfonso Swett.

-Es un cambio de paradigma. ¿El mundo público necesita al sector privado para ser mejor?

-Por supuesto. La educación necesita al mundo privado. El mundo público necesita al mundo privado para mejorar la educación. Yo no creo en los compartimentos de estanco en la sociedad. He discutido tanto que la producción de bienes públicos no son estatales.

-¿A los empresarios les ha llamado la atención que los convocara?

-Sí, porque ellos siempre han estado dispuestos a colaborar. Muchos se quejaron de que en el gobierno pasado no los recibían o no les daban pelota. Ahora la situación es distinta. Por ejemplo, estamos preparando con Icare y CPC un foro educacional importante, en que queremos traer expertos mundiales que digan qué hacer en educación en el siglo XXI.

-Expertos dicen que hay 150 mil niños que están en colegios insuficientes. Representan dos años de retraso escolar. ¿Qué van a hacer? Entiendo que se está pensando cerrar aquellos que no cumplen los estándares…

-No por el momento. Corresponde cerrarlos en cuatro años más. Y lo que queremos, es que nadie nos diga que no hicimos el esfuerzo por salvar a todos esos alumnos y a todos esos colegios. El énfasis que le hemos pedido a la agencia de calidad es que se centre en esos 800 colegios de baja calidad. Cuando se cierra uno, se afecta una comunidad. Pero esa comunidad tiene que entender que si ese colegio se cierra después de cuatro años, es porque se hizo el esfuerzo completo.

El fin de las bromas

-¿Echa de menos sus columnas? Sus cercanos aseguran que ese espacio le apasionaba y que hoy le hace falta.

-Sí… y las he tenido que reemplazar por discursos.

-Está claro que ahí tiene que ser más cuidadoso…

-Sí, por supuesto. Es otro tono la solemnidad ministerial. Hay que acostumbrarse…

-Luego del traspié del condón, ¿se cuida más que antes, pide más revisión para los discursos?

-A ver, las columnas las chequeaba y los discursos también, y por supuesto que a veces me los preparan porque no tengo tiempo. Pero siempre he doble chequeado las cosas que voy a decir, porque ya no soy Gerardo Varela, soy un ministro que represento a un gobierno y a un programa que el presidente me ha pedido llevar adelante, de manera que todo aquello que conspire contra el propósito de este ministerio hay que eliminarlo. Y en eso estamos trabajando.

-¿Siempre fue bueno para las bromas? ¿En el colegio, por ejemplo?

-No era el divertido del curso, era el primero del curso. Mi papá era simpático, en mi casa siempre hubo sentido del humor. Mis niños también tienen mucho sentido del humor. Es parte de la forma en la que nos relacionamos en la familia. Practicamos un ejercicio que consiste en buscar juegos de palabras.

-¿En qué consiste?

-(Ríe) Es lo que los gringos llaman puns. Buscar juegos de palabras. No se me ocurre ni uno ahora, pero The Clinic es experto. Puedo pensar en varios, pero son irreproducibles.

-¿Ha empeorado su relación con el presidente por sus metidas de pata?

-No, yo siempre he tenido una buena relación con el presidente, una relación profesional, de admiración, yo creo que es notable lo que él ha hecho, los sacrificios por el país… el manejo del sector público, de los números. Yo tengo una buena relación con él.

-Pero lo retó por sus salidas de libreto…

-Y con razón. Eso no hace que empeore la relación. Esto no es personal. Es parte de la natural dirección que él debe hacer de todos los ministerios. Él sabe que yo no venía del sector público y, como tal, lo que ha hecho es enseñarme, explicarme, mostrarme. Retarme es una forma de decir… Yo agradezco mucho esa guía. Siempre uno ha tenido maestros en la vida. El presidente es uno de ellos. En mi vida privada y en la universidad también tuve.

-¿Quién era su maestro en su vida privada?

-Sebastián Obach. Él me enseñó mucho del ejercicio profesional. Augusto Bruna, Raúl Valdivia, en la universidad Enrique Barros, Antonio Bascuñán, Pablo Rodríguez… tuve buenos maestros.

-¿Creyó que este trabajo sería más, o menos difícil?

-Pienso que ha sido lo suficientemente difícil para no tener ninguna expectativa. Esta pega es, lejos, la más desafiante de mi vida. Es una tremenda oportunidad poder reinventarse a los 55 años, tener un desafío nuevo. En mi vida anterior, me quedaba más de lo mismo. Y de repente a uno le piden hacerse cargo del ministerio más grande de Chile, el con el mayor presupuesto, uno de los más difíciles, y sentí el entusiasmo, el mismo vértigo que siento frente a un desafío. Lo tuve y lo sigo teniendo ahora.

¿Educación de calidad? “En cuatro años”

-Parlamentarios UDI presentaron un proyecto para eliminar la llamada “tómbola”. Aquello tuvo críticas de expertos, como Sylvia Eyzaguirre y Mario Waissbluth. ¿Qué opina usted?

-Si solo fuera una tómbola en que los padres dependen enteramente de la aleatoriedad para designar colegios, sería una mala idea. La idea original de este proceso de elección se ha ido refinando y mejorando. Hoy, el factor aleatoriedad está diseñado solo para asignar los cupos en exceso. Este es un sistema que ya lo definió el Congreso y yo lo que quiero hacer es aplicarlo de manera que, en lo posible, la mayoría de los padres dejen a sus hijos en los colegios que postulan. Este es un instrumento que debe estar siempre siendo revisado y mejorado. No creo que sea perverso en sí mismo.

-Antes de ser ministro criticaba la “tómbola”. Ahora lo veo más en la línea de lo que dicen Sylvia Eyzaguirre y Waissbluth.

-Ni tanto ni tan poco. Todos estos sistemas pueden discutirse en el Congreso, y es bueno que haya discusión. Pero este sistema tiene una gran virtud. Y es que mejora la transparencia. Entonces, a mí no me parece malo per se.

-Con la subsecretaria María José Castro publicaron una carta la semana pasada en El Mercurio con el título “Educación parvularia, la verdadera educación superior”. ¿Qué están preparando?

-El foco del presidente Piñera es el correcto: preocúpese de la calidad. El gobierno anterior hizo un esfuerzo en aumentar cobertura, y por eso tenemos 200 jardines todavía en construcción y comprometido el presupuesto para terminarlos. Pero no basta el harwdware, hay que darle el software, debemos tener educadores de párvulo adecuadamente capacitados y que hagamos un salto adelante en calidad. Tenemos muchos planes piloto que han funcionado, simplemente hay que empezar a implementarlos, escalarlos, no es un misterio lo que hay que hacer para mejorar la calidad. Pero requiere un esfuerzo enorme; no requiere tantos recursos, requiere gestión. Y no sé si es tan atractivo desde el punto de vista político. Por eso yo creo que el presidente hizo lo correcto cuando me nombró a mí.

-¿Hizo bien en elegirlo a usted? ¿Por qué?

-Yo creo que, al elegirme, el presidente pensó en alguien que hace el trabajo encomendado y trata de hacerlo bien. También en un profesional que tomaría a cargo un área muy importante pero que no va a ser tan vistosa, pues no estamos hablando de la gran reforma sino de volver a poner el foco en la calidad.

-O sea, ¿usted no tiene aspiraciones políticas más allá de este ministerio?

-No, para nada.

-¿Cuándo vamos a tener educación de calidad?

-Tenemos educación de calidad en Chile. La pregunta es cuándo lograremos que los niveles más bajos tengan educación de calidad. Y eso es un proceso que al menos dura cuatro años. Estoy seguro de que en cuatro años más vamos a tener sentadas las bases para que suban su nivel.

-Para entender bien: ¿en cuatro años va a haber educación de calidad en todos los establecimientos?

-Vamos a tener educación de calidad. Vamos a mejorar en todos los niveles. Es el esfuerzo que estamos haciendo. Ahí estamos invirtiendo las platas y la gestión.

-Varios coinciden que el de Educación es el ministerio más complicado y, efectivamente, pocos llegan al cuarto año. ¿Teme que eso le ocurra a usted?

-El cargo de ministro es de exclusiva confianza del presidente, y uno va a durar lo que dure esa confianza. Nuestro equipo quiere permanecer los cuatro años, estamos trabajando para eso, y creemos que nuestra misión, al menos, dura cuatro años.

-Al principio de la entrevista le pregunté sobre lo mejor de este tiempo. Nos faltó hablar de lo negativo.

-Hay algo de efecto en la vida privada. Uno pasa a ser un personaje público y eso obliga a cuidarse en lo que dice, en el humor, en cierta libertad. Nunca más hice deporte en la semana… Son esas pequeñas restricciones en la libertad que cuestan, pero se aprende a vivir con ello.

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El feminismo y los carteles

-“Me traicionó mi pasado de abogado”, dijo a otro medio, para explicar su afirmación de que las mujeres “sufrían pequeñas humillaciones” en los planteles universitarios. ¿A qué se refiere?

-Los abogados hacemos distinciones en cuanto a los grados en que se comete un ilícito. Es distinto el asesinato de un desconocido, que el parricidio, pero los dos son igualmente graves. Lo que dije entonces fue “tolerancia cero a esas pequeñas humillaciones”. Pero aprendí, no hay pequeñas humillaciones, son todas humillaciones.

-¿Qué le pasa cuando en el Congreso se ve a estudiantes con carteles donde se lee “Fuera Varela”, u otros que dicen “El señor Varela no es un interlocutor válido. Es agresivo, violento”. ¿Le complica lidiar con esa contraparte?

-A ver, yo las miro con respeto. Este ministerio ha estado abierto, la gente que me conoce nunca me ha considerado agresivo, puedo tener otros defectos, pero ser violento no es uno de ellos. Creo que es parte del juego político criticar al ministro. Hay que enfocarse en mejorar la equidad de género en nuestras universidades. Eso debe movernos.