La nueva conciencia ambiental abre nuevas oportunidades a las ciudades en general y a los proyectos urbano-inmobiliarios en particular. La actual realidad climática justifica ofrecer un producto distinto e innovador que, favoreciendo a la comunidad, sea a la vez un negocio rentable: los ecobarrios. Llegó la hora de pensar la arquitectura y el urbanismo en […]

  • 1 junio, 2007

La nueva conciencia ambiental abre nuevas oportunidades a las ciudades en general y a los proyectos urbano-inmobiliarios en particular. La actual realidad climática justifica ofrecer un producto distinto e innovador que, favoreciendo a la comunidad, sea a la vez un negocio rentable: los ecobarrios. Llegó la hora de pensar la arquitectura y el urbanismo en términos de futuro.
Por Felipe Cádiz

Ya no se puede hablar del medio ambiente sin concebirlo como marco de referencia incuestionable para cualquier intervención humana. Por lo mismo, junto con el urbanismo, se ha vuelto un tema transversal para el siglo XXI.

Cuando a comienzos de este año, en el Foro Económico de Davos, científicos de todo el mundo coincidieron en que la temperatura del planeta está subiendo y seguirá subiendo por la acción humana –con serios efectos sobre la magnitud de hielos y glaciares, el nivel de los mares y en la frecuencia de sequías y tormentas– una nueva agenda llegó para quedarse.

Entre algunos efectos mundiales visibles se menciona que desaparecerían 279 especies animales, que los glaciares antárticos se adelgazarán como nunca antes y que el Kilimanjaro ya ha perdido 82% de su capa de hielo en 80 años. En 2003, la ola de calor en Europa causó la muerte de miles de personas en Francia y el Reino Unido. En diversas regiones la vegetación está despertando antes de tiempo y se asegura que Indonesia podría perder hasta 2 mil de sus 18 mil islas de aquí al 2030.

¿Y Chile? Se pronostica un futuro de sequías y costas inundadas. El 90% de los glaciares andinos está disminuyendo, mientras que el desierto avanza paulatinamente hacia el sur. En Campos de Hielo Sur se están contrayendo los glaciares 30 metros por año y se ha indicado que los recursos hídricos comenzarán a escasear desde Santiago hacia el norte del país.

Hay quienes sostienen que en el planeta han ocurrido ciclos históricos de calentamiento y glacialización independientes del hombre, pero ello no le resta importancia a la urgencia de actuar. El problema es real y cuantificable, más allá de sus causas.

URBANISMO BIOCLIMATICO

En este escenario es importante reflexionar sobre las directrices de crecimiento y desarrollo que marcarán el futuro de los asentamientos pequeños y medios en el siglo que comienza. La escala local aparece a priori adecuada para empezar a materializar las nuevas tendencias medioambientales. La actual legislación sobre ciudades que permite la planificación y desarrollo de nuevos núcleos urbanos (ver Ciudades privadas, Capital Nº 188) y abre espacios a la renovación de sectores urbanos (¿Renovación sin destino?, Capital Nº 175), nos muestra que la ciudad crea sus propias condiciones intrínsecas ambientales, independientemente de las de su entorno y con sus características particulares propias.

En el cruce entre el medio natural y el medio urbano, los principios generales de sustentabilidad y equilibrio medioambiental son reivindicados desde numerosas disciplinas. Ya en los Diez libros de arquitectura de Vitrubio se mencionaba “la disposición de los edificios según las diversas propiedades de los lugares” y “ la elección de lugares sanos” para la creación de las urbes.

Como principio general es importante no perder de vista que, en todo proyecto de planificación urbana, hay que considerar el entorno natural, el ciclo del agua, el tratamiento de residuos sólidos, el ahorro energético, la rehabilitación o la arquitectura bioclimática y la resolución de problemas de accesibilidad, entre otros. Es necesario equilibrar el diseño urbano con las variables climáticas y topográficas específicas de cada lugar.

Aun cuando cada sitio con su entorno y características necesitará de medidas específicas, existen líneas comunes de los planes de desarrollo para lograr un equilibrio urbano-ambiental:

• Potenciar los usos mixtos para reducir viajes y el consumo de energía para el transporte fomentando los recorridos peatonales. El ecobarrio no destierra al vehículo privado, pero ha de proponerse calmar o templar el tráfico.

• Integrar, ampliar y diseñar convenientemente la red de espacios libres urbanos. El empleo de las especies autóctonas, aclimatadas y con menor necesidad de cuidados o de agua se torna imperativo.

• Corresponde planificar con densidades moderadas o altas, considerando la relación estrecha entre arquitectura y urbanismo, con recomendaciones para el diseño de las edificaciones con sistemas de acondicionamiento pasivo, ventilaciones, invernaderos y muros de inercia térmica que permitan ahorros energéticos. Considerar la cubierta como la quinta fachada, con grandes posibilidades de actuación: cubiertas estanque, cubiertas verdes, tejados con cámaras de amortiguación, etc.

• Aprovechamiento de los recursos naturales; sol, viento, agua de lluvia y control sobre los residuos sólidos, para efectos de reciclado, ncineración, recuperación de la materia orgánica, entre otros efectos. En concreto, la ciudad crea sus propias condiciones intrínsecas ambientales, independientemente de las de su entorno y con sus características particulares propias. Al pensar la forma urbana adecuada, surgen diversas ideas atendibles:

• La red de vialidad debe considerar la orientación de la estructura urbana principal, la adaptación o no a la topografía la relación de ancho de calles y plazas por ventilación y soleamiento.

• Los espacios libres (parques suburbanos, deportivos, plazas, etc.) deben definirse en tamaño y forma, localización y orientación según las variables del sol, el tipo de vegetación, el tipo de superficie y la permeabilidad del lugar.

• La morfología de las manzanas debe establecer superficies y dimensiones más y las condiciones geométricas en favorables y recomendadas, según la orientación y densidad de edificación permitida.

• El diseño de los lotes tiene que integrarse con el medio natural, cuidando la relación frente/fondo y superficie mínima aconsejable, la ocupación máxima de los sitios y patios así como el porcentaje de edificación y ocupación del suelo. Este último establecerá los usos recomendados, compatibles, tolerables y prohibidos.

Así las cosas, las principales condicionantes de interacción entre el medio natural y el medio urbano son:

El sol y la radiación solar, factor que determina el ángulo máximo de obstrucción solar posible en el solsticio de invierno.

La vegetación, esto es, selección de especies y localización de las mismas para mejorar el microclima local, la humedad ambiental, la radiación, los
controles frente al viento, el ruido, la contaminación y calidad del aire.

El viento y su canalización para optimizar el diseño urbano y los usos de suelo. Con ello se determinan las zonas expuestas y abrigadas. El agua y humedad para mejorar las condiciones de humedad atmosférica local.

La geomorfología del territorio y sus condicionantes como naturaleza de las rocas y características de los suelos, pendientes y exposición a la radiación solar.

Si la revolución verde transforma los negocios globales en términos de retornos económicos asociados a empresas limpias, y si Chile aprovecha bien las oportunidades con la venta de bonos de carbono, ¿por qué no pensar en una revolución urbana verde, creando ciudades frescas y ecobarrios, que generen ahorro de recursos energéticos, de materiales y a la vez entreguen calidad de vida en términos de salud, bienestar social y confort? Estos son los objetivos básicos del urbanismo sustentable.

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ARQUITECTURA BIOCLIMATICA

Hay que tener cuidado con la “ecomoda” que se ha introducido como un factor más a la hora de promocionarla. La arquitectura bioclimática es aquella que diseña pensando en “construir con el clima”, considerando su viabilidad económica y el control térmico interior. Juega exclusivamente con el diseño y los elementos arquitectónicos, sin utilizar sistemas mecánicos, que son considerados más bien como sistemas de apoyo.

Es poca la arquitectura bioclimática que se puede realizar si, de partida, las condiciones urbanísticas no son las adecuadas por obstrucciones solares, exposiciones a viento o malas orientaciones. En tal caso los proyectos siempre serán poco eficientes.

En rigor, esto no es nuevo. Gran parte de la arquitectura tradicional funcionaba según los principios bioclimáticos, en el tiempo en que las posibilidades de climatización artificial eran escasas y caras. Los ventanales orientados al norte (en Chile), el uso de ciertos materiales con determinadas propiedades térmicas –como la madera o el adobe–, el abrigo del suelo o el encalado de las casas en regiones calurosas, no son casualidades. Son exigencias que responden a una función específica.

Las técnicas tradicionales, de hecho, funcionan. ¿Recuerda usted el frescor de una casa de pueblo a mediodía en un día de verano, o cómo el sol que entra por un ventanal orientado al norte evita el uso de la calefacción en invierno? Si esto tiene resultados, ¿no cree que será posible, estudiando cuidadosamente el diseño de la casa, poder ahorrar un importante porcentaje en los gastos de climatización?

Una casa bioclimática no tiene por qué ser más cara o más barata, más fea o más bonita, que una convencional. La casa bioclimática no necesita de la compra y/o instalación de sistemas mecánicos de climatización, sino que juega con los elementos arquitectónicos de siempre para incrementar el rendimiento energético y conseguir confort de forma natural.

El arquitecto debe trabajar de modo interdisciplinario con otros profesionales del campo de la física y de las ciencias naturales y ambientales. El desafío del arquitecto es construir una vivienda sana, agradable, con un diseño moderno, que no contamine ni consuma grandes recursos, utilizando tecnología convencional y, lo más importante, sin aumentar su precio. Debemos ser proactivos.

¿Cómo estamos en Chile?

El Ministerio de Vivienda y Urbanismo estableció en enero del 2006 que, a partir del 5 de enero del 2007, se exige el cumplimiento de normas de acondicionamiento térmico en techumbres, muros perimetrales, pisos inferiores ventilados y ventanas de todas las viviendas. Junto con ello, llamó a un concurso de ideas de diseños arquitectónicos y estrategias de eficiencia energética para la vivienda social rural.

En el mes de marzo fue publicado en el Diario Oficial el nuevo Listado de Soluciones Constructivas para Acondicionamiento Térmico. A estas disposiciones hay que agregar la reciente creación del Ministerio de Medio Ambiente, cuya normativa será materia de discusión legislativa en los próximos meses. El sector privado no se ha quedado atrás. En Chile existen varios edificios con estándares de sustentabilidad. En todos ellos el ahorro en su operación ha resultado considerable, llegando a niveles de consumo inferiores a la mitad de uno similar construido bajo patrones convencionales.

En la X Región se han construido edificios aislados acústica y térmicamente que, aprovechando las radiaciones de luz y calor, han disminuido sustancialmente el gasto energético. Así se ha evitando el uso de aire acondicionado en verano, asegurando 20ºC mediante corrientes de aire desde el sur y logrando que en invierno el edificio actúe como un gran invernadero acumulando energía en el suelo y paredes, ahorrando hasta un 70% de energía.