“La batalla del agua” en Petorca ha dado origen en Dinamarca, Gran Bretaña y Alemania a una fuerte campaña contra los cultivos de palta chilenos, como cómplices de violaciones a un derecho humano fundamental: acceso al agua. Las consecuencias del cambio climático solo harán aumentar la frecuencia de este tipo de historias en la macrozona central. ¿Es posible revertir esta tendencia y transformarla en una oportunidad de desarrollo y diferenciación sustentable para Chile?

  • 8 noviembre, 2018

El ingeniero agrónomo Rodrigo Mundaca, quien lidera la campaña contra los productores de palta en Petorca por el uso del agua, acaba de ser anunciado como el ganador del Premio Internacional de Derechos Humanos de Nuremberg 2019. En el comunicado oficial se señala que este reconocimiento se debe a su lucha de más de diez años “por hacer del agua un bien común y un derecho humano”.

Este premio es reflejo de un contexto mundial, donde la disponibilidad de agua dulce se impone como uno de los Objetivos de Desarrollo Sustentable claves para el futuro. La escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial, una cifra elevada que probablemente crecerá con el aumento de las temperaturas globales producto del cambio climático.

En 2011, 41 países experimentaban estrés hídrico y 10 de ellos estaban a punto de agotar su suministro de agua dulce renovable y ahora dependen de fuentes alternativas. Se estima que al menos una de cada cuatro personas se verá afectada por escasez recurrente de agua para 2050. 

Los productores de palta pudieran estar haciendo la mejor gestión posible del recurso hídrico en Petorca, y operar certificados bajo estándares internacionales de sustentabilidad, pero la imagen de personas vulnerables dependiendo de camiones aljibes para su consumo básico de agua, mientras el entorno que los rodea es de cultivos perennes y lagunas de acumulación, describe un cuadro propio de la avaricia en “Rango”. Al considerar el agua como un derecho humano, la institucionalidad existente en el país de derechos privados de uso del recurso es presentada como un ejemplo paradigmático a nivel mundial de privilegiar los negocios por sobre las personas, y eso constituye una amenaza latente sobre todo el sector exportador.

 

La huella del agua

La huella hídrica de un producto se define como el volumen total de agua dulce que se utiliza para producirlo. Se identifican tres fuentes o dimensiones en esta huella hídrica: la huella de agua azul se refiere al volumen de agua superficial y subterránea consumida como resultado de la producción de un bien; la huella de agua verde se refiere al agua de lluvia consumida. Y la huella de agua gris de un producto se refiere al volumen de agua dulce que se requiere para asimilar la carga de contaminantes que la producción de ese producto genera, según los estándares de calidad del agua ambiental existentes.

Dado que el 70% del uso de agua dulce actual proviene de la agricultura, es claro que el concepto permeó fuerte en las preocupaciones del sector retail internacional respecto al performance de distintos cultivos y diversos proveedores a nivel mundial. Así, tomando en consideración las huellas hídricas de los cultivos primarios, vemos que el promedio mundial varía desde cultivos de azúcar (aproximadamente 200 litros/kg), verduras (300 litros/kg), raíces y tubérculos (400 litros/kg), frutas (1.000 litros/kg), cereales (1.600 litros/kg), oleaginosas (2.400 litros/kg) a legumbres (4.000 litros/kg). 

La huella hídrica muestra grandes variaciones por categoría de cultivo y por región de producción, y este es un tema no menor: a diferencia de la huella de carbono, donde no importa en qué lugar se produzca una emisión de CO2, porque las consecuencias son globales, en el caso de la huella del agua los impactos son locales, y una misma huella en dos lugares diferentes puede generar impactos considerablemente distintos (e.g. si se compara una zona con estrés hídrico como Petorca, con otra con sobreabundancia de recursos, como es el caso de Aysén).

 

La campaña contra la palta de Petorca

La campaña contra la palta se inició en Alemania y se ha extendido a Gran Bretaña y Dinamarca, tanto a nivel de programas de televisión como de medios de prensa escrita. Tres son los elementos clave de los argumentos contenidos en esta: a) la expansión del área plantada de una especie introducida ha generado condiciones críticas de escasez hídrica, particularmente en zonas como Petorca, donde incluso se ha producido un escenario de “guerra del agua”, con extracciones y pozos ilegales sin control; b) Chile es el único país del mundo donde el agua se encuentra privatizada, y donde quienes recibieron en forma gratuita derechos permanentes por ella, generan riqueza en cerros cultivados que muestran verdor todo el año, mientras la comunidad debe abastecerse con camiones aljibe, afectando el derecho humano fundamental de acceso al agua; c) el modelo de monocultivos frutícolas genera impactos negativos en la biodiversidad local, al reemplazarse formaciones vegetacionales que, entre otras funciones ecosistémicas, también contribuyen a la regulación hidrológica de la cuenca.

¿Cómo se minimizan los efectos de una campaña que afecta la imagen país?

Las campañas de este tipo representan externalidades negativas para los sectores que las enfrentan. La disminución de un tercio de la superficie plantada en Petorca pone de manifiesto la respuesta directa de los propietarios individuales de cultivo frente al fenómeno de la escasez hídrica, pero es claro que hay un rol ineludible del Estado para resolver un tema que tiene componentes regulatorios y de coordinación entre actores. 

Al menos desde la perspectiva del impacto de la campaña, el tema central que se debe abordar es el del acceso garantizado al consumo de agua por parte de las comunidades vulnerables que viven en esa zona, y por razones de costo pareciera ser que la mejor opción es el buy back de los derechos de agua que garanticen lo anterior (similar a la experiencia de Australia).

Las decisiones individuales de plantación no debiesen ser objeto de intervención por el Estado, salvo en lo referido al perfeccionamiento del modelo de mercado para derechos de uso del agua. En efecto, cuando se otorgaron los permisos originales, se tenían cultivos de hoja caduca (tipo uva de mesa), y un factor de uso previsible (es decir, tiempo efectivo en que se requería riego), de un 20%. Cuando se cambia el cultivo a paltos, que son de hoja perenne, este factor se amplifica a más de 40%. Es decir, para los mismos permisos otorgados, la demanda efectiva de los agricultores, más que se duplica, y eso debe ser corregido intertemporalmente.

Si existe una lección aprendida de los episodios que se describen al inicio de este paper, es la necesidad de establecer canales permanentes de comunicación con aquellas partes interesadas que son críticas de la gestión de una empresa o sector. No siempre será posible alcanzar acuerdos, pero establecer relaciones mínimas de confianza permitirá acotar los problemas que se enfrentan, ya que buena parte de las diferencias se anclan en asimetrías de información que solo se resuelven con transparencia y proactividad.