El castor se adueñó de Tierra del Fuego y sus islas aledañas. Los especialistas no hablan de plaga, pero sí de la invasión de un animal exótico. quienes viven allí lo tratan de bicho. Por culpa de sus madrigueras han sido devastadas reservas naturales únicas en el mundo y su impacto se calcula en 2 millones de dólares, sólo por pérdida de bosques. Llegó al continente y avanza. ¿Cómo erradicarlo?

  • 6 junio, 2012

El castor se adueñó de Tierra del Fuego y sus islas aledañas. Los especialistas no hablan de plaga, pero sí de la invasión de un animal exótico. quienes viven allí lo tratan de bicho. Por culpa de sus madrigueras han sido devastadas reservas naturales únicas en el mundo y su impacto se calcula en 2 millones de dólares, sólo por pérdida de bosques. Llegó al continente y avanza. ¿Cómo erradicarlo? Por Gabriel Galaz.

icolás Larraín, hijo del senador RN Carlos Larraín, vivía con su familia en Cameron, en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Entre 2008 y 2010 estuvo a cargo de la estancia que pertenece a su familia. Su casa estaba al final de la cuenca de uno de los ríos que desembocan en el Estrecho de Magallanes.

Las casas en Tierra del Fuego están construídas en los fondos de los valles para defenderlas del viento. Algo que no implica riesgos, porque los cursos de agua son sinuosos y lentos.

“Yo tenía un castor que vivía a la salida de mi casa”, cuenta Larraín. “Todos los años hacía su castorera. Lo tenía ahí para los niños, porque era simpático verlo”. Río arriba, otros castores construyeron sus madrigueras. “Eran represas cada 30 o 40 metros, por varios kilómetros de caudal”. En agosto, cuando llegó el tiempo de deshielo, creció el río. El agua era contenida por la castorera superior. No aguantó y se desbordó. Luego la siguiente y la siguiente, y así sucesivamente. “Abajo llegó un aluvión”, recuerda Larraín. “El agua pasó a metros de la oficina, a metros de casas. Se llevó un puente, la alcantarilla y el camino”, agrega. Resultado: tuvo que matar al castor.

El ministerio de Medio Ambiente trabaja en un proyecto para erradicar el castor, que a esta altura ya es considerado una invasión en el extremo sur del país. El programa es cofinanciado por el Fondo Mundial para Medioambiente (Global Environment Facility, GEF), organismo internacional que aportará 2,5 millones de dólares. “Es un proyecto de un año y medio en el que Chile, como contraparte, debería aportar un monto similar”, explica Leonel Sierralta, jefe de la División de Recursos Naturales y Biodiversidad del ministerio.

Por su parte, el Servicio Agrícola y Ganadero también ejecutará un plan de control del castor. “Este programa significa una inversión total cercana a los 600 millones de pesos para los años 2012 a 2014, de los cuales 450 millones son aportados por el

El castor llegó a Tierra del Fuego en 1946. La marina de Argentina trajo 25 parejas desde Canadá. Fueron liberadas en el lago Fagnano, 60 km al norte de Ushuaia, del que Chile comparte una pequeña porción.

gobierno regional”, señala Nicolás Soto encargado de la División Protección Recursos Naturales Renovables del SAG de Magallanes.

El problema ha escalado tanto, que incluso especialistas del gobierno de Estados Unidos, ONGs de ese país, de Nueva Zelandia, Argentina y Chile se juntaron en 2008 en Buenos Aires para estudiar qué hacer con los roedores. Su conclusión fue tajante: había que erradicar al animal del sur del continente.

Pero, ¿por qué el Estado va a gastar cerca de 4 millones de dólares en la caza de un roedor que habita, literalmente, en el extremo más austral Chile? “La segunda amenaza mundial a la biodiversidad son las especies invasoras, como el castor”, explica Bárbara Saavedra, directora para Chile de la Wildlife Conservation Society (WCS) y quien lidera el proyecto de conservación Parque Natural Karukinka en Tierra del Fuego.

Y el diagnóstico a futuro no es muy alentador: “podemos augurar que de aquí a 50 años haberá colonizado varios cientos de kilómetros y destruido varios cientos de miles de hectáreas de bosque nativo, de reservas mundiales de la biodiversidad, únicas en el planeta”, agrega la experta.

Los castores colonos
El castor llegó a Tierra del Fuego en 1946. La marina de Argentina trajo 25 parejas desde Canadá. Fueron liberadas en el lago Fagnano, 60 km al norte de Ushuaia, del que Chile comparte una pequeña porción. Los querían para cazar y usar su piel. Su hábitat natural es el bosque frío y húmedo de América del Norte, de modo que el clima de la Patagonia, en el otro extremo del continente, les asentó bien. No debían preocuparse de sus depredadores naturales, como lobos, coyotes u osos. Acá sólo los amenazaba el puma.

Un ejemplar adulto puede medir un metro de la nariz a la cola y pesar alrededor de 25 kg. Es el segundo roedor más grande del planeta. El castor no puede vivir sin agua. Lo protege su pelaje denso de color castaño. Su cola es una paleta de cuero escamoso que al nadar le sirve de timón. Los castores viven en parejas. Las colonias las gobierna el macho. La hembra se dedica las labores de crianza. Tienen cuatro crías al año. Nacen en verano (diciembre a febrero). A los dos años se hacen adultos, dejan la madriguera y se van a construir la propia.

Les acomodan los cursos de agua pequeños y poco torrentosos, como los de Tierra del Fuego. Su plato favorito es la lenga. Cuando ya no encuentra alimento en su predio inundado, parten a colonizar nuevas tierras.

Si hace medio siglo eran 50 ejemplares, hoy se calcula que la población llega a 100 mil. “Para hacerse una idea de lo que significan en tamaño de población, los cisnes de cuello negro son cerca de 12 mil y los flamencos 25 mil”, señala Fabián Jaksic, profesor titular del Departamento de Ecología de la Universidad Católica. Cuando les quedó chica Tierra del Fuego, se echaron al mar para colonizar otras zonas. Hoy ocupan íntegramente las islas Navarino, Hoste, Tierra del Fuego, Dawson y otras, periféricas.

A su paso dejan rastros de bosque muerto que, vistos desde el cielo, son como huellas de pisadas grises en un campo verde. Pérdidas que pueden demorar años en recuperarse, como señala un estudio de factibilidad para erradicar a este animal de la Patagonia, en el que participaron entidades gubernamentales de Argentina y Chile y ONGs internacionales. Según el documento, una vez erradicado el castor, volver a recuperar los ecosistemas destruidos puede demorar 20 años. “Si es que se recuperan”, dice el mismo estudio.

“Son peores que una empresa forestal” señala Fabián Jaksic. Los árboles de América del Norte crecen más rápido que el bosque nativo chileno. La lenga demora 20 años en alcanzar el metro de altura. Por eso, los cálculos hablan de que la recuperación de la biota destruida por el castor tardaría en recuperarse entre un siglo y un siglo y medio.

“Patagonia sin represas… de castores”
Con estas palabras Bárbara Saavedra exhorta a los distintos actores involucrados con el problema del castor. Los norteamericanos tienen un dicho: busy as a beaver (“ocupado como un castor”), porque no se detiene nunca. Como todo roedor, no puede dejar de usar sus dientes, porque éstos no paran de crecer. Si lo hicieran le atravesarían la cabeza. Su fama también se debe a los diques que construye. “Son absolutamente extraordinarios… extraordinarios”, dice Nicolás Larraín. Las represas que levantan no se pueden destruir con una pala o un chuzo. Larraín tuvo que usar una retroexcavadora para eliminarlas.

La castorera, como se le llama a su madriguera, se sostiene en una estructura de troncos de lenga o de coihue de metro y medio de altura, y otro sumergido. Entremedio, el animal coloca barro y piedras que aprieta con las patas y lo reviste con ramas de los mismos árboles que derriba. Con el tiempo el barro se pone duro. Son como las antiguas casas de adobe de la zona central.

Las estimaciones dicen que el terreno de bosque nativo que murió por el trabajo de este animal alcanza las 23.500 hectáreas: algo así como la mitad de la superficie de Santiago. “El 87,8% de los árboles afectados muere por inundación”, afirma Nicolás Soto, del

El Ministerio de Medio Ambiente trabaja en un proyecto para erradicar el castor, que a esta altura ya es considerado una invasión en el extremo sur del país. El programa es cofinanciado por el Fondo Mundial para Medioambiente (GEF), que aportará 2,5 millones de dólares.

SAG.

Pero no es el único daño ecológico. Bárbara Saavedra de WCS, explica que los roedores también ponen el peligro a las turberas. Se trata de humedales que constituyen los stocks de carbono terrestre más grandes que hay en esta parte del mundo y que permiten combatir la amenaza global del efecto invernadero. “Son millones de toneladas de carbono que nosotros tenemos almacenadas en esa área y que es una contribución que Chile está haciendo a mitigar el cambio climático. Los castores están destruyendo eso”, alerta.

“Es como un cáncer que parece estar muy lejos, a 3 mil kilómetros de Santiago. Sin embargo, no vaya a ser que haga metástasis y a la hora de buscar de soluciones sea demasiado tarde”, agrega Saavedra.

Pero no sólo ha significado un problema para la biodiversidad de la Patagonia. Los ganaderos de la zona le declararon la guerra. En la estepa patagónica, donde se lleva el ganado ovino y vacuno, el castor también ha logrado construir sus represas, los que disminuye los valles donde los animales pueden ir a pastar.

Y hasta el departamento de Vialidad de la zona, ha sufrido los embates del roedor. Su acción subterránea, los obliga a revisar todos los años, los ductos de agua que pasan por debajo de los caminos para evitar que se tapen y se generen inundaciones, explican.

“Valles completos, terrenos fértiles, están inundados”, cuenta Larraín, quien recuerda que para parar el avance de los “bichos”, construyeron cercos. “Yo me reía, porque construía un cerco y a los días el cerco estaba en el piso. El castor se había comido el poste que servía para tensar el alambre”, recuerda.

Aunque, en términos económicos, el problema no es para la risa. El SAG calcula que, impacto directo “tangible” llega casi a los 2 millones dólares, sólo por pérdida de bosque primario y recursos.

¿Matar a sangre fría?
En estricto rigor el castor no es una plaga. No ha sido declarado legalmente como tal. Es una “especie exótica invasora”. Su mayor hazaña fue cruzar el Estrecho de Magallanes. Llegó al continente, a la península Brunswick, a unos kilómetros de Punta Arenas y en 1996 la Conaf encontró un ejemplar. “Se llegó a la conclusión de que debió ser llevado por alguien”, explica José Cabello, director de Patagonia Wildlife y que participó junto a Nicolás Soto en la elaboración del Programa de Control de Fauna Dañina. “En 2005 encontramos la primera colonia en la laguna Parrillar”, cuenta.

Esta laguna, ubicada a 50 kilómetros de Punta Arenas, funciona como reserva de agua para abastecer a esa ciudad en la eventualidad de una sequía. Por eso, la llegada del castor a la zona, encendió las alertas: el animal acarrea un parásito que puede producir giardasis o “fiebre del castor”, una enfermedad diarreica, y su transmisión se produce a través de las heces del animal.

Son roedores rápidos. Avanzan a una velocidad que fluctúa entre 2,6 y 6,7 kilómetros lineales de curso de agua por año. Por eso, en el peor de los casos, alertan los expertos, en 50 años podrían llegar al Parque Nacional Torres del Paine.

Sin embargo, Leonel Sierralta llama a la cautela: “las cifras son variables. Es difícil estimar su número y daño, porque la evidencia no es actual”, subraya.

Lo que sí está claro es que se deben tomar cartas en el asunto y detener la conquista del castor. Por eso, son varios los que han pedido licencia para matarlos a sangre fría. La medida ha despertado polémica. Para algunos es la única solución, mientras para otros es un dilema ético porque, en definitiva, el animal no tiene la culpa de haber sido trasladado desde su tierra natal.

El Convenio sobre Diversidad Biológica, vigente en Chile desde 1995, y la Ley de Caza y su reglamento (2003) clasifican al castor dentro de la “fauna silvestre perjudicial o dañina”, y por lo tanto pueden ser cazados en cualquier época del año.

Hay consenso en que el método para capturar al castor debe canalizarse a través de trampas humanitarias. “Es un sistema que permite que el castor muera en un tiempo igual o menor que si lo hiciera su depredador natural”, explica Soto. Sin embargo, hay aprensiones sobre la efectividad de este sistema. “Los tramperos las colocan debajo del agua y el castor muere ahogado”, explica Nicolás Jaksic.

José Cabello, cuya empresa se dedica a prestar servicios sobre manejo de fauna silvestre, cree que hay que aprovechar las externalidades positivas del problema del castor. “Deben ser abordadas inteligentemente para obtener beneficios económicos pro-erradicación y no al revés”, comenta. Como en Argentina, donde ya existen iniciativas que comercializan la piel de castor para fabricar gorros y otros accesorios, lo que podría ser una solución.

Larraín, en cambio, es más práctico: “pago 5 mil pesos por cola de castor. Los cazan con trampas, a palos o con rifle. Ellos se quedan con la piel”, explica.