A diez años de su quiebre con el sector eléctrico, el ex gerente general de Chilectra, Marcos Zylberberg, regresa con un revolucionario proyecto de producción de biodiesel y etanol a partir de algas. El tema lo tiene tan entusiasmado que hasta se le ha ido la timidez, y en un acto pocas visto en él, […]

  • 4 mayo, 2007

A diez años de su quiebre con el sector eléctrico, el ex gerente general de Chilectra, Marcos Zylberberg, regresa con un revolucionario proyecto de producción de biodiesel y etanol a partir de algas. El tema lo tiene tan entusiasmado que hasta se le ha ido la timidez, y en un acto pocas visto en él, se ha parado frente al ministro de Agricultura y la comisión de energía del Senado para explicarles que su alternativa es lo mejor que le podría pasar a Chile.
Por Lorena Medel; fotos, Enrique Stindt.

Ya no es el impenetrable de hace diez años. Ya no intimida. Ahora se ríe, echa tallas, conversa mirando a los ojos y, lo que es más impresionante, no está pendiente del minutero de su reloj.

Y aunque sigue siendo desconfiado y muy cuidadoso a la hora de emitir una opinión, es indiscutible que el Marcos Zylberberg de estos tiempos tiene poco y nada de aquel ejecutivo algo altivo e inalcanzable que integró el núcleo duro de Enersis en su época de gloria… Lo que no te mata te fortalece, como dijo Nietzsche. Y él, vaya que salió fortalecido de todo el episodio “operación del siglo”, multas y demases.

Claro que su caso no es ni por asomo el del tipo arrepentido que haría todo distinto si la vida le diera una segunda oportunidad. No. Zylberberg está tan convencido de haber actuado de buena fe, que dice que si la nave del pasado lo llevara de vuelta al año 97 haría exactamente lo mismo. Que si salió fortalecido fue porque aprendió a ver el mundo de otra manera, porque se dio cuenta que tenía grandes amigos y porque si no hubiera sido por ese episodio, probablemente muchas cosas buenas que vinieron después no hubieran ocurrido.

La confesión, en todo caso, vino más de una hora después de empezada la entrevista. Cuando se dio cuenta que nadie tenía intenciones de pasarle la cuenta, cuando una simpática anécdota lo hizo reírse a carcajadas. Cuando se convenció, de verdad, de que era un buen momento para desahogarse… Antes de eso, hay que decirlo, la conversación estaba para quedarse dormido.

Lejos de lo que proyecta, Marcos Zylberberg es impresionantemente tímido. Introvertido. Cuidadoso. Le tiene terror a las grabadoras, le carga la cosa pública y ni hablar cómo lo asustan las cámaras fotográfi cas. Casi se murió cuando llegó la hora de posar para nosotros. Y al día siguiente de la reunión, llamó para aclarar algunos puntos que, según él, podían caer en el terreno de la confusión… Reacciones comunes, dicen, en mentes brillantes como la suya.

Pero en fin. No lo entrevistamos para halagarlo ni para hablar solo de las Chispas, la multa y las sanciones de la SVS.

También nos interesaba saber de su vida actual, de sus inversiones en Prospecta, de sus negocios vinculados con las energías renovables, de su relación con José Yuraszeck. Mil cosas. Y lo pillamos justo, pues el empresario está en plena campaña –por no decir lobby– para dar a conocer su nuevo proyecto de biodiesel y etanol a partir de algas. Un negocio sumamente futurista, loco, extraño… pero que tal como él lo describe, podría ser una revolución de aquí a cuatro años.

-¿Cómo se metió en este tema?

-A mí me gustan mucho los temas de innovación tecnológica. Y cuando partió la última crisis del petróleo me quedó claro que, a diferencia de las veces anteriores, esta vez el precio no iba a bajar a los niveles antiguos. Básicamente por la entrada de la demanda de China e India. Entonces empecé a estudiar el tema de sustitución del petróleo. En un principio mi idea era hacer algo en relación con el etanol y el azúcar. Y tenía todo planeado para partir con un proyecto en Brasil. Pero después me metí en el tema del biodiesel y deseché la idea.

-¿Qué lo hizo cambiar?

-Apareció a la venta un paño de mil hectáreas en la desembocadura del río Limarí. Lo fui a ver y me gustó. Por las características del terreno se me ocurrió que ahí se podía plantar alguna especie que tuviera relación con la producción de energía.

Y buscando llegué a la higuerilla, que es la planta que produce el castor oil, más conocido como aceite de ricino y que se usa en la producción de biodiesel. Pero a poco andar, uno de los profesionales que trabaja conmigo descubrió que los rendimientos del aceite de palma, la palmera asiática, eran muchos mayores a los del aceite de ricino. Entonces decidimos seguir estudiando el tema, para ver qué se estaba haciendo en el mundo, hasta que llegamos a las algas.

-Que era más efi ciente que el aceite de palma…

-Mucho más que cualquiera. La soya tiene una productividad de hasta 45 mil litros de biodiesel por kilómetro cuadrado al año. El rapessed, que es lo que está proponiendo el ministro de Agricultura, produce hasta 130 mil litros por kilómetro cuadrado. El aceite de palma, que fue lo que me entusiasmó al principio, produce 580 mil litros por kilómetro cuadrado. Pero resulta que las algas tienen una productividad que puede alcanzar los 18 millones de litros. La diferencia es sustancial.

-¿Cómo un alga se transforma en biodiesel?

-El alga se mete en un medio con agua, en un tubo por ejemplo, luego se le enchufa CO2, se le aplica un poco de alimento (fosfatos y nitratos) y se expone sol. La luz fija el carbón en el alga y la transforma en un producto de consistencia grasosa. De ahí se extrae el aceite que luego se convierte en biodiesel. Como también produce azúcares, por la presencia de carbón, además es posible extraer etanol y como subproducto queda un residuo rico en proteínas que sirve como alimento para peces o animales.

-¿Todas las algas sirven?

-No. En el mundo se han estudiado 3 mil especies, de las cuales se han seleccionado 300. No todas responden de la misma forma a la presencia de agua y sol. Las que más sirven son las microalgas, parecidas a las que se dan en los bordes de las piscinas.

-¿Y Chile produce ese tipo de alga?

-¡Muchísimas! Y no solo eso. Tenemos grandes ventajas respecto de otros países. De partida, la zona norte presenta una alta radiación solar, cosa que es vital para el proceso de fotosíntesis.

Luego está la Corriente de Humboldt, que hace que las temperaturas sean estables. Difícilmente bajan de diez grados y escasamente suben de 30. Eso es primordial, pues uno de los grandes problemas que tiene este proceso es el frío. Si el alga se congela, se muere. Y está el agua, pues el mar está ahí. También tenemos la ventaja de contar con grandes extensiones de tierra inutilizada, tierras desérticas, que no representan un gran valor para la agricultura.

-Bueno, y en esa zona están las principales centrales termoeléctricas ¿verdad?

-Sí. Y como este proceso captura CO2, también ayuda a disminuir la contaminación de esas plantas. ¡Uf! Está lleno de benefi cios. Si Chile la desarrolla bien, esta industria podría convertirse en un líder a nivel mundial.

-¡Ay, pero no lo diga todavía! Mire lo que le pasó a Schwager por promocionar tanto el Chiss antes de tiempo.

-¡Oiga, pero no compare! Esto es una cosa revolucionaria. Aquí hay mucho estudio, mucho ensayo y error… Y se me olvidaba algo. Como absorbe CO2, también tiene la gracia de los bonos de carbono. Ahora que está todo el tema del calentamiento global, el señor Gore y compañía…

-¿No le gusta el señor Gore?

-Encuentro curioso que sea considerado el padre de todo este tema. Solo eso.

-¿Fue un chileno quién descubrió el biodiesel a partir de algas?

-¡No! Fueron los gringos. A mediados de los 70, el gobierno norteamericano, preocupado por los altos precios del petróleo, les encargó a unos científi cos que buscaran la forma de sustituirlo. Probaron con distintos elementos, hasta que llegaron a las algas. A mediados de los 80, sin embargo, el precio del petróleo se vino al suelo y el gobierno dejó de fi nanciar el tema. Años después, un científi co que trabajaba para la Nasa retomó el estudio para efectos de producir combustible y alimentos para las naves espaciales. Fue él quien desarrolló un exitoso biorreactor, que son estos tubos (muestra una imagen de computador) donde se desarrolla todo el proceso.

-¿Existen plantas de cultivo de algas para biodiesel en el mundo?

-No. Solo a nivel piloto, en Estados Unidos. Chile será el segundo país con el piloto que yo voy a levantar. A menos que haya algún señor tratando de hacer lo mismo en alguna parte del mundo y yo no lo sepa.

-¿Cuánto cuesta hacer una cosa así?

-El piloto unos 10 millones de dólares. Una primera escala industrial unos 40 millones y una planta competitiva a escala comercial unos 600 millones. Este es un proyecto que debiera partir de 100 hectáreas para terminar en unas 2 mil hectáreas. Con eso podríamos alcanzar una producción anual de 150 millones de litros de biodiesel, que es más o menos el 2,5% del consumo chileno y 100 millones de litros de etanol, que es como el 3% del consumo de gasolina en Chile.

-¿Y cómo pretende fi nanciar todo eso?

-El piloto está basado en mi propio impulso. Pero para la planta se va a necesitar inversionistas institucionales. Hay algunos norteamericanos interesados, pero no he cerrado nada todavía. Es que aún no tengo decidido dónde se va a levantar la planta. Lo único que tengo claro es que va a ser en el norte. Ahora, si todo sale bien, voy a estar produciendo el 2011.

{mospagebreak}JUGANDO AL LOBBISTA

-Parte de la crítica que se les hace a los biocombustibles es que utilizan tierras fértiles, lo que de alguna manera restaría espacio para la producción de alimentos. Y al encarecerse la producción de alimentos, los más perjudicados son los pobres.

-Eso lo dice incluso Fidel Castro… Dice “estos señores ricos van a andar en sus autos, movidos con alcohol producido a costa del mayor precio que tienen que pagar los pobres por sus alimentos”.

Eso no necesariamente es así. En el caso del etanol brasileño, por ejemplo, las tierras que se utilizan son aptas para producir caña de azúcar y no alimento. Y en el caso de las dos iniciativas que yo creo que Chile debiera seguir, la de las algas y la de la madera, no se usan tierras fértiles. Muy por el contrario.

-¿Y cómo anda el biodiedel de alga en términos de precio? ¿Es realmente m

-A los precios actuales, flota. En cambio el biodiesel de otro tipo de elementos, como el raps, no creo que flote a menos de 100 dólares el barril.

-¿Por qué, entonces, el ministro de Agricultura es partidario del raps?

-Yo creo que su interés pasa porque los agricultores usen campos que de otra manera se dedicarían al pasto. Es para darle actividad a una parte del sector agrícola. En Alemania el raps flota por el subsidio estatal. La norma de biodiesel que usan allá impide la competencia de otros biodiesel. Los europeos y en particular Alemania tienen una larga historia de subsidio a sus agricultores.

-¿Y usted está haciendo lobby con el ministro?

-Me he juntado con todos quienes he podido, para que entiendan que la norma del yodo, que es la que se aplica en Alemania y que acá se quiere emular, no tiene ningún sentido ni técnico ni económico. Ojalá no nos perdamos en leseras proteccionistas.

-¿Eso podría pasar?

Claro. Si se aprueba la norma alemana quedan afuera todos los otros biodiesel, salvo el de raps. Ahí no solo estaríamos pagando más caro sino además es probable que nunca tengamos las cantidades de biodiesel necesarias para el país.

-¿Tiene alguna idea para manejar las fluctuaciones de precio? Se lo pregunto porque para tener industrias como la que usted propone, de varios cientos de millones de dólares de inversión, es imperioso establecer algunas condiciones que permitan su sustento.

-Se podría establecer algún tipo de contrato de suministro con algún usuario tipo Enap o Codelco. Y en ese sentido, se podría licitar un porcentaje del abastecimiento, digamos el 3%, a un precio que fluctúe dentro de una banda de precios, que podría ser entre 55 y 75 dólares. Si el precio cae por debajo de 55, al productor de estos combustibles renovables se le paga 55. Pero si pasa de los 75 dólares, por poner algún techo, este proveedor tendría que entregar a 75. De esa forma se garantiza que el proyecto funcione… La otra alternativa es que haya una obligación en el uso de biodiesel. Que se diga, por ejemplo, que en Chile un 5% de los combustibles tienen que venir de fuentes renovables, tal como se está pidiendo para la energía eléctrica. En Estados Unidos hay normas que promueven que un 5% del consumo energético venga de biocombustibles. En Europa ya están en el 7,5% y es probable que en cinco años lleguen al 12%.

-¿Hay más gente interesada en meterse en esto o usted es el único genio loco?

-(risas) Ojalá haya más gente. A mí no me interesa tener un monopolio. El mercado es lo suficientemente grande como para que entren todos los que quieran. Y más aún, sería fabuloso que se produjera más allá de lo que el país necesita. Este es un proyecto que tiene una muy buena proyección en la medida que se masifi que. Es cierto que los costos iniciales de desarrollo son muy altos, y eso genera barreras de entrada, pero en la medida que más actores entren, los costos debieran bajar en forma radical.

{mospagebreak}REINVENCION TOTAL

-Hablemos de sus otros negocios. Me contaron que también estaba metido en los laboratorios.

-Sí, soy socio de un laboratorio que se dedica al análisis molecular de peces, cerdos y otras especies. Me metí en esto hace como cinco años y la verdad es que estoy fascinado. Se dio la coyuntura de que yo conozco a las personas que inventaron el método de diagnóstico de salmones (Geraldine Minarz y Ana María Sandino), que consiste en sacarles sangre para ver si están enfermos, en vez de sacrificarlos.

-¿Eso se inventó acá?

Sí, pero con el tiempo los científicos de otros laboratorios comenzaron a decir que era imposible que algo así inventado en Chile podía funcionar. Y cuando ellas lograron probar que era cierto, empezaron a decir que el método era poco preciso. En ese momento les quitaron el fi nanciamiento. Como yo conocía a una de las socias, se acercaron a mí para ver si yo las podía ayudar económicamente. Así fue como entré en esta empresa que se llama Diagnotec, donde tengo el 50%.

-¿Y les permiten operar? Como usted dijo que las habían acusado de incompetencia…

-Sí. Después que todos los laboratorios tradicionales aprendieron la técnica, el método se transformó en estándar. Actualmente, ellas están trabajando en la masificación del diagnóstico, es decir, que en vez de hacer las técnicas en los laboratorios, los productores lo puedan hacer directamente en las pisciculturas. De hecho, están desarrollando un kit que puede ser aplicado directamente por los criadores. Si resulta el impacto va a ser tremendo, pues se va a poder exportar fuera de Chile.

-¿No ha evaluado usar algas en la nutrición de los salmones? Entiendo que se usa en países como Israel.

-Uno de los subproductos que uno puede pensar, si es que echamos a andar las plantas de biodiesel, es que de una ramita de esta producción masiva podamos dedicarla a productos de alto valor agregado. Los salmones se alimentan de harina de pescado y resulta que Chile es deficitario en eso, tiene que importar. Y estas algas podrían ayudar a resolver ese déficit.

-¿Qué le queda a Prospecta?

-Algunos proyectos inmobiliarios. La verdad es que ya no queda mucho. Yo, por mi parte, tengo algunas inversiones inmobiliarias personales. En Miami, específicamente en la zona de Brickell, tengo unos edificios de primera vivienda.

-¿Nada más?

{mospagebreak}-… SU LADO PICOTA

-Disculpe que le haga esta pregunta, pero no puedo omitirla. Usted siempre dijo que no tenía plata para pagar la multa que le correspondió en el caso Chispas. Y hoy lo veo lleno de proyectos, financiando plantas pilotos de 10 millones de dólares y hasta con edificios en Miami. ¿Era broma que no tenía plata?

No la tenía. Por eso tuve que vender la sal. De ahí viene todo el capital que tengo hoy.

-¿Y pagó?

-Todo. Hasta el último peso.

-O sea que ahora duerme tranquilo.

-Medio picado, pero tranquilo.

-¿Es cierto que llegó a estar tan mal que pensó en irse a vivir a Argentina?

-No, nunca. Eso salió en los diarios. Fue un rumor que se echó a correr, que hoy pienso fue parte de la campaña de desprestigio impulsada por nuestros detractores.

-¿Lo pasó muy mal?

-No lo pasé bien. Pero tampoco me mató. Lo hubiera pasado muy mal si yo hubiese actuado de manera poco honorable. Pero la verdad es que nunca tuve la intención de hacerle daño a nadie. Al contrario. Siempre quise hacer algo bueno. Y estoy seguro que nadie salió dañado con lo que nosotros hicimos. El proceso, por lo demás, no fue inventado por nosotros. En él participaron los mejores abogados. ¿Cómo es posible que las mejores oficinas de abogados de Chile y España hayan estado equivocadas?

Mire, todavía nadie es capaz de explicarme en qué nos equivocamos realmente… Se supone que violamos toda la Ley de Valores, del primer al último capítulo, pero nadie nos ha podido explicar nunca cómo y en qué forma lo hicimos.

-¿Nunca se ha arrepentido de haber participado en la operación?

-Jamás. Si volviera al momento en que lo planificamos, lo volvería a hacer. Creo que fue la operación más inteligente e ingeniosa que se había hecho en Chile hasta ese momento y que de no haberse boicoteado hubiese permitido que miles de inversionistas chilenos, incluidas las AFP, hubiesen tenido un rol protagónico en la industria eléctrica en América latina y Europa.

-¿De verdad cree que nadie salió dañado? O sea, supongo que si no hubiera sido así, no se hubiera cambiado la legislación.

-Nadie sufrió daño… Yo veo lo que ha pasado después, con casos de uso de información privilegiada o manejo de precios en el mercado, y no puedo creer que la SVS haya aplicado multas de 10 mil UF o se la pase estudiando sin dictaminar sanciones. En un caso reciente no hubo querellas, demandas, ni nada. Y me imagino que mucha gente salió perjudicada, partiendo por más de alguna AFP. En el caso nuestro todos ganaron. Pareciera que la norma es la del juez de pueblo chico: ayudar a los amigos, perjudicar a lo enemigos y hacer justicia con el desconocido.

-¿Siente nostalgia del sector eléctrico? ¿Se le viene a la cabeza qué hubiera pasado con Endesa y Enersis si todo hubiera resultado como estaba planeado?

No, la verdad es que prefiero no pensar en eso. Con Endesa lo que pretendo es hacer negocios en el futuro. Me encantaría que ellos se interesaran en mi proyecto de biodiesel.

-Usted acaba de decir que vendió Sal Lobos para pagar la multa. De no haber sido así, ¿usted cree que se hubiera quedado?… Hasta donde sé, la oferta de K+S era demasiado buena como para negarse.

Fue una cosa coyuntural. Varios de los socios necesitábamos la plata para pagar la multa, pues había crecido en un 200%, y justo apareció esta oferta. Estuvo de Dios.

-¿Fue buena la experiencia en Sal Lobos?

-Muy buena. No solo por lo rentable del negocio, sino porque además nos permitió el desarrollo de muchas otras actividades. Y como usted dijo, vendimos estupendo. A gente que sabía del negocio y que está haciendo estupendamente bien las cosas.

-Me contaron que después de la venta de Sal Lobos, y del fracaso en el juicio contra la SVS, su relación con José Yuraszeck se anduvo deteriorando…

No, eso no es cierto. Con José nunca hemos tenido una relación de confi dentes, no somos amigos íntimos, pero tenemos una relación muy cercana profesionalmente.

-Pero usted no lo acompañó en CIC y tampoco se metió en la Viña Undurraga.

-Es que no me interesan esos negocios. CIC siempre fue algo muy personal de José. Y el vino… La verdad es que yo prefi ero disfrutar tomándolo antes que meterme a sufrir con los avatares de la industria.

{mospagebreak}YO OPINO

-¿Milita en algún partido político?

No, no me interesa. Por las habilidades que Dios me dio creo que puedo servir mejor a la sociedad a través de la generación de trabajo y bienestar haciendo crecer las empresas en las que participo.

-Pero tiene opinión…

-Sí, claro.

-¿Se suma al porcentaje de desencanto con la presidenta?

Creo que, por ser mujer, las expectativas eran demasiado altas y eso le impuso un nivel de compromiso mayor al que hubiera tenido un gobierno tradicional con cualquier otro viejo pelado. El gobierno ha tenido que enfrentar las mismas expectativas que creó su elección y ha tenido que convivir con problemas generados de una serie de medidas que se fueron tomando en los gobiernos anteriores. El Transantiago, la reforma laboral, el desempleo, el poco crecimiento, las decisiones de abastecimiento energético. Este gobierno ha tenido que pagar todas las cuentas de malas decisiones anteriores. Ahora, creo que le ha faltado ser más proactivo en intentar modifi car resultados que era evidente que iban a ocurrir. El Transantiago, por ejemplo, se podría haber parado.

-¿Se equivocó el Senado con no aprobar el proyecto de depreciación acelerada?

No, estuvo bien que no se aprobara. No tenía ningún sentido si es que solo se ofrecía por un par de años. Al fi nal, las únicas inversiones que iban a aprovechar la norma eran las que ya estaban diseñadas y que de todas maneras se iban a realizar.

Nadie inventa un proyecto en 24 horas. Si uno quiere hacer que esto funcione promoviendo nuevas inversiones tiene que poner un límite de tiempo mayor. Diez años. Si queremos que haya más inversión es importante la depreciación acelerada, pero tiene que ser permanente.

-¿Y qué le pareció la reacción de Andrés Velasco?

-Creo que él lo interpretó como un ataque personal. Cuando los políticos se empiezan a cobrar cuentas entre ellos, a veces cobran varias en una sola. Parecido a lo que nos pasó a nosotros.

-Usted habló hace un rato del défi cit energético. Como hombre del sector, ¿cuál sería la matriz energética ideal para Chile?

Chile tiene que tener desarrollo hidroeléctrico porque tenemos la ventaja de tener la cordillera. También debiéramos apostar por la energía solar, tomando en cuenta el gran sol que tenemos en el norte. Y a la larga también debiéramos llegar a la energía nuclear. Yo creo que todos los países desarrollados van a terminar reinstalando plantas de energía nuclear como una fuente segura de abastecimiento eléctrico.

-¿Y el GNL?

Es una segunda opción para salir del paso.

-¿Debiéramos suprimir el gas natural argentino?

No, me parece una buena alternativa, pero controlada. Lo mismo que el gas boliviano.

-¿Le daría mar a Bolivia a cambio de gas?

-Creo que no debiéramos buscar soluciones geopolíticas a una cosa que es netamente comercial. Ellos tienen que convencerse de que vendiéndonos su gas van a recibir un beneficio económico. Yo, en vez de darles mar, buscaría la forma en que el gobierno boliviano, o empresas bolivianas, generen, con gas boliviano, electricidad en Chile y la comercialicen. Ganarían mucho dinero y así harían que su pueblo y su país progrese.